Los futuros del S&P 500 y el Nasdaq rebotan mientras los inversores miran a la Fed y vuelven a apostar por las grandes tecnológicas de la IA

Los futuros de Wall Street repuntan gracias al megacontrato de Nvidia

Los futuros de Wall Street repuntan gracias al megacontrato de Nvidia

Los principales índices de Wall Street Wall Street encaran la sesión del miércoles con tono positivo tras varios días de fuertes bandazos. Los futuros del Dow Jones Dow Jones Industrial Average avanzan en torno a un 0,25%, los del S&P 500 S&P 500 un 0,4% y los del Nasdaq 100 rozan el 0,5%, en un rebote apoyado en el giro del sentimiento sobre las grandes tecnológicas de inteligencia artificial. La pieza clave del día es el nuevo megacontrato de Nvidia Nvidia con Meta Platforms Meta Platforms para suministrar millones de chips de IA en los próximos años, interpretado por el mercado como una señal de que el ciclo inversor en esta tecnología sigue muy vivo. Al mismo tiempo, los inversores contienen el entusiasmo: las actas de la última reunión de la Reserva Federal de Estados Unidos Reserva Federal de Estados Unidos y el dato de inflación PCE, previstos esta semana, pueden redefinir las expectativas de tipos. 

Una apertura en verde tras una jornada de bandazos

La sesión arranca con un telón de fondo volátil. El martes, el S&P 500 llegó a caer alrededor de un 0,9% intradía para terminar cerrando con un tímido avance del 0,1%, una montaña rusa similar a la vivida por el Nasdaq y el Dow. Ese patrón de caídas bruscas seguidas de compras de última hora se ha convertido en la norma de febrero, reflejo de un mercado que no encuentra todavía una narrativa dominante.

Como resume el estratega de CFRA, Sam Stovall Sam Stovall, más que un desplome lo que se observa es “una sucesión de bandazos diarios que indica que el mercado está en una encrucijada y espera un catalizador claro hacia arriba o hacia abajo”. La consecuencia es un aumento de la volatilidad realizada, pero sin una corrección profunda que “limpie” el exceso de optimismo acumulado en 2023 y 2024.

Lo más llamativo es que, pese a los sobresaltos, los grandes índices apenas se han movido en el conjunto del año, mientras que por debajo de la superficie hay una rotación violenta entre sectores. Buena parte de las ventas recientes se ha concentrado en software, intermediación financiera y transporte por carretera, precisamente los segmentos más expuestos al riesgo de disrupción acelerada por la IA.

Nvidia y Meta, el nuevo eje del relato de la IA

En este contexto, el anuncio de que Nvidia ha firmado un acuerdo plurianual para vender a Meta millones de sus chips de IA actuales y de próxima generación actúa como catalizador. En el ‘premarket’, el valor se anota en torno a un 2%-3%, suficiente para sostener el rebote de los futuros tecnológicos. El mensaje que descodifica el mercado es doble: por un lado, Meta refuerza su apuesta por el ecosistema de Nvidia frente a alternativas propias o de otros proveedores; por otro, las grandes plataformas siguen dispuestas a dedicar decenas de miles de millones de dólares a infraestructura de IA.

El contrato incluye no solo GPU de las familias actuales y futuras (como Blackwell o Rubin), sino también las CPU Grace y Vera, con las que la compañía aspira a ganar tracción en el corazón de los centros de datos. La lectura estratégica es clara: Nvidia intenta convertir su dominio en chips de entrenamiento en un control integral de la pila de cómputo, desde el procesador hasta el software de orquestación.

Sin embargo, el acuerdo también reactiva viejos interrogantes. El gasto de capital de los gigantes tecnológicos en IA se ha disparado hasta niveles que algunos analistas comparan ya con el coste del programa Apolo en dólares constantes. La gran incógnita es si los modelos de negocio —publicidad, suscripciones, servicios en la nube— podrán generar flujos de caja suficientes para justificar semejante despliegue inversor.

Un mercado atrapado entre el hype y el miedo a la disrupción

La paradoja de este inicio de año es que el mismo fenómeno —la IA generativa— alimenta simultáneamente el entusiasmo y el miedo. Por un lado, los inversores han comprado con intensidad cualquier narrativa ligada a modelos fundacionales, chips avanzados o automatización inteligente. Por otro, la idea de que estas herramientas puedan erosionar los modelos de negocio de sectores enteros —desde el software empresarial hasta la logística— ha desatado ventas muy agresivas en nombres concretos.

La semana pasada, el temor a una “burbuja de IA” contribuyó a que los tres grandes índices registraran su peor racha desde mediados de noviembre. Al mismo tiempo, informes recientes alertan de un riesgo de concentración sin precedentes: las llamadas “Magnificent Seven” —las siete grandes tecnológicas estadounidenses— ya suponen cerca de un tercio del S&P 500, en torno al 32%-33%.

Este hecho revela un cambio estructural. En la última década, la rentabilidad de los índices estadounidenses se ha apoyado de forma desproporcionada en un puñado de valores de crecimiento vinculados a la tecnología, mientras el resto del mercado avanzaba a un ritmo muy inferior. El contraste con la Bolsa europea, menos dependiente de la tecnología y más cargada de bancos, energía o consumo básico, resulta demoledor: la diversificación sectorial mitiga los bandazos, pero también limita los grandes rallies impulsados por la IA.

La Fed, las actas y la apuesta por una bajada en junio

Si el contrato de Nvidia y Meta ofrece un soporte táctico a corto plazo, el verdadero guion de fondo sigue escribiéndose en la sede de la Reserva Federal. Las actas de la reunión de enero, en la que el banco central mantuvo el tipo de referencia en el entorno del 3,50%-3,75%, serán escrutadas en busca de pistas sobre cuán cerca está el primer recorte.

Las herramientas basadas en futuros de fondos federales, como el FedWatch de CME Group CME Group, asignan actualmente algo más del 50% de probabilidad a una primera rebaja de 25 puntos básicos en la reunión de junio, con expectativas de al menos otro recorte adicional en la segunda mitad del año. No existe, en consecuencia, un consenso cerrado, sino un delicado equilibrio entre quienes temen relajar demasiado pronto y quienes alertan del riesgo de asfixiar el ciclo.

El dato más importante de la semana será, sin embargo, el índice de gasto en consumo personal (PCE), la medida de inflación preferida por la propia Fed. Si este indicador confirma una desinflación ordenada hacia el objetivo del 2%, las actas podrían interpretarse como la hoja de ruta de un aterrizaje suave. Si, por el contrario, revela tensiones en servicios o salarios, el “rally de los recortes” podría frenarse en seco.

Megacaps: del castigo al respiro en un índice hiperconcentrado

Más allá de Nvidia, el rebote previo a la apertura se extiende al resto de megacaps tecnológicas. Amazon Amazon avanza alrededor de un 1,4%, mientras Alphabet Alphabet y Microsoft Microsoft se apuntan subidas más moderadas, tras semanas de corrección alimentadas por dudas sobre la monetización rápida de la IA y por la rotación hacia sectores más cíclicos.

El diagnóstico es inequívoco: el mercado sigue reconociendo a estas compañías como el núcleo de la economía digital, pero ya no les concede la inmunidad casi total que disfrutaron en 2023-2024. Informes recientes muestran que, en lo que va de 2026, el S&P 500 apenas se mueve mientras el conjunto de las “Magnificent Seven” acumula pérdidas de en torno al 6%, con caídas de doble dígito en algunos nombres.

Este reajuste tiene dos lecturas. Por un lado, reduce ligeramente el riesgo de concentración extrema en los índices; por otro, recuerda a los inversores que un peso del 32%-33% en solo siete valores convierte cualquier tropiezo en un problema sistémico para las carteras indexadas. La sesión de hoy, por tanto, será un test de si el rebote en las megacaps responde a una mejora real de expectativas o a simples compras técnicas tras la sobreventa.

Resultados que mueven el mercado: chips, pagos y datos

La microeconomía corporativa también aporta combustible al giro alcista. Analog Devices Analog Devices sube en torno a un 5,6% tras presentar unos resultados del segundo trimestre mejores de lo previsto, respaldados por la demanda de componentes para industria y automoción. El dato es relevante porque su negocio actúa a menudo como termómetro adelantado de la inversión en equipamiento.

En servicios de pago, Global Payments Global Payments se dispara alrededor de un 11% gracias a unas previsiones de beneficio anual por encima de las expectativas, señal de que el consumo digital mantiene un tono sólido pese al endurecimiento de las condiciones financieras. A su vez, la firma de análisis de datos Verisk Verisk se revaloriza casi un 12% tras superar las estimaciones de beneficios del cuarto trimestre, reforzando la tesis de que los modelos de negocio basados en información y ‘pricing’ sofisticado son más resistentes al ciclo.

No todo son buenas noticias. Palo Alto Networks Palo Alto Networks cae cerca de un 7% después de recortar su previsión de beneficios anuales, un recordatorio de que incluso segmentos considerados estructuralmente defensivos, como la ciberseguridad, no son inmunes a la ralentización del gasto corporativo. En el lado opuesto, Cadence Design Systems Cadence Design Systems suma alrededor de un 6% tras batir las previsiones de ingresos, mostrando que los proveedores de software crítico para el diseño de chips siguen capturando parte del boom de la IA.

Moderna, la FDA y el renovado interés por la biotecnología

El rebote no se limita a la tecnología pura. Moderna Moderna repunta cerca de un 7,8% después de que la agencia del medicamento de EE.UU. reabriese la puerta a su vacuna contra la gripe, revirtiendo una decisión previa de rechazo y aceptando revisar de nuevo el expediente. El movimiento tiene impacto más allá de un solo valor: el mercado interpreta que los reguladores mantienen cierto margen de flexibilidad en un sector sometido a una fuerte presión política tras la pandemia.

La biotecnología llegó a 2026 muy penalizada, con varios años de bajo rendimiento respecto al conjunto del mercado. Un giro en nombres emblemáticos como Moderna podría reactivar el interés de los gestores por una industria intensiva en capital, pero con capacidad de generar patentes y flujos de caja altamente defensivos cuando los desarrollos clínicos tienen éxito.

Lo más relevante es el mensaje sobre el apetito de riesgo. Un flujo sostenido de noticias positivas en biotecnología suele coincidir con fases del ciclo en las que los inversores están dispuestos a mirar más allá de los próximos trimestres de beneficios y a valorar proyectos a cinco o diez años vista. Si el rebote actual se consolida, podría señalizar que el mercado empieza a descontar un escenario de tipos algo más bajos y crecimiento razonable, compatible con apuestas en sectores de alto riesgo tecnológico.