Nueva tensión en la relación bilateral

India congela su misión comercial a EEUU tras el portazo del Supremo

La decisión de India de posponer su visita comercial a Washington llega en el peor momento posible para la relación económica entre ambos países. El movimiento se produce apenas horas después de que el Tribunal Supremo de Estados Unidos declarase ilegal la arquitectura jurídica de la política arancelaria de Donald Trump. Lejos de rebajar la tensión, la Casa Blanca reaccionó con un nuevo golpe: un arancel global del 10%, que poco después elevó hasta el 15%. El mensaje que envía Nueva Delhi al aplazar el viaje es inequívoco: sin seguridad jurídica, no hay negociación posible.

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Un viaje aplazado con mensaje político

El viaje de la delegación india no era un gesto menor. Estaba previsto que el jefe negociador, Darpan Jain, encabezara esta misma semana una ronda de tres días de reuniones en Washington centradas en la rebaja de aranceles y en nuevos acuerdos de inversión. Según adelantó CNBC, los equipos ya tenían cerrada una agenda con varios departamentos clave de la Administración estadounidense y encuentros con grandes multinacionales tecnológicas y farmacéuticas.

Todo eso queda ahora congelado. India ha optado por pulsar el botón de pausa tras la sentencia del Supremo, que ha dinamitado la base legal de la política arancelaria de Trump. El comunicado filtrado por una fuente conocedora de las conversaciones es revelador: «La reunión se reprogramará en una fecha mutuamente conveniente… después de que cada parte haya tenido tiempo de evaluar los últimos acontecimientos y sus implicaciones». Lo que se traduce en términos diplomáticos en un «no ahora, y puede que no en estas condiciones».

Este hecho revela una voluntad deliberada de Nueva Delhi de elevar el coste político del choque institucional en EEUU. Al aplazar la misión, India no solo gana tiempo para analizar el nuevo marco, sino que lanza una señal al resto de socios comerciales: el riesgo de improvisación arancelaria en Washington se ha convertido en un factor a tener en cuenta en cualquier negociación.

La sentencia que dinamita la estrategia arancelaria de Trump

El punto de inflexión lo marca la decisión del Tribunal Supremo estadounidense de declarar ilegal el diseño de la política arancelaria impulsada por Trump. El alto tribunal cuestiona tanto la delegación de poderes en el Ejecutivo como la ausencia de límites claros a la imposición de gravámenes bajo el pretexto de la “seguridad nacional”. El diagnóstico es inequívoco: la Casa Blanca había estirado hasta el extremo las competencias que le otorga la ley comercial.

Lo más grave, desde la perspectiva de un socio comercial como India, es la sensación de péndulo institucional. Primero, una Administración adopta una batería de aranceles extraordinarios; después, el Supremo invalida esa arquitectura; y acto seguido el presidente contraataca con una nueva ronda de gravámenes globales. El resultado es un entorno en el que las reglas cambian en cuestión de semanas.

Este vaivén jurídico no es un tecnicismo. Las grandes decisiones de inversión —desde levantar una planta de semiconductores a deslocalizar una cadena de montaje— se toman con horizontes de 10 o 15 años, no a golpe de titular judicial. Cuando la máxima instancia judicial de EEUU lanza el mensaje de que el Ejecutivo ha sobrepasado sus límites, los socios toman nota. India, que aspira a captar decenas de miles de millones en nuevas fábricas que hoy están en China o el sudeste asiático, difícilmente puede ignorar esa señal.

Del 10% al 15%: el nuevo salto en la guerra arancelaria

Lejos de interpretar la sentencia como un aviso para contenerse, Trump ha respondido con un nuevo giro de tuerca: un arancel global del 10% sobre las importaciones, que poco después elevó hasta el 15%. La medida se presenta como un instrumento para proteger a la industria estadounidense frente a lo que la Casa Blanca define como prácticas desleales, pero su alcance es mucho más amplio.

Un gravamen uniforme de este calibre altera de inmediato las cadenas de valor globales. Sectores como la automoción, la electrónica de consumo, la química o la farmacéutica trabajan con márgenes ajustados en los que un 5% adicional puede cambiar por completo la ecuación de rentabilidad. Para muchos productos, la suma de aranceles ya existentes y el nuevo recargo situará los costes de acceso al mercado estadounidense entre un 20% y un 30% por encima de los niveles previos a la guerra comercial.

El contraste con otras potencias resulta demoledor. Mientras la Unión Europea opta por ajustes selectivos y negociados, Washington se embarca en una escalada de carácter casi automático. Para socios como India, que en los últimos años habían visto aumentar sus exportaciones a EEUU hasta rondar los 100.000 millones de dólares, el riesgo es quedar atrapados en una espiral de medidas y contramedidas que no controlan.

India, socio clave en la rivalidad con China

El aplazamiento del viaje cobra aún más relevancia si se coloca en el tablero geopolítico. India es, junto con México y Vietnam, uno de los grandes beneficiarios potenciales del proceso de desacoplamiento parcial de China que promueve Washington. En la última década, el comercio bilateral entre EEUU e India se ha casi duplicado, y el país asiático se ha consolidado entre los cinco primeros socios comerciales de la primera economía del mundo.

Para Nueva Delhi, la relación con EEUU es también una palanca estratégica frente a Pekín. Las inversiones estadounidenses en sectores como las telecomunicaciones, el software, la defensa o las energías renovables son cruciales para sostener tasas de crecimiento superiores al 6% anual. Al mismo tiempo, las multinacionales norteamericanas necesitan el mercado indio —con más de 1.400 millones de habitantes— como contrapeso a su exposición en China.

Por eso, que India decida levantar el pie del acelerador justo ahora envía un mensaje que va más allá de los aranceles. Viene a decir: si Washington quiere que Nueva Delhi sea un aliado de largo plazo en la reconfiguración de las cadenas de suministro, tendrá que ofrecer algo más que retórica. Tendrá que garantizar previsibilidad regulatoria y respeto a las reglas del juego. Lo contrario es alimentar la tentación india de diversificar aún más sus apuestas hacia Europa, Japón o los países del Golfo.

Empresas y cadenas de suministro, atrapadas en la incertidumbre

Mientras los gobiernos juegan su partida, las empresas se encuentran en el centro del huracán. Más de 1.500 compañías estadounidenses tienen presencia operativa significativa en India, y cientos de grupos indios cotizados dependen de EEUU como uno de sus principales mercados exteriores. Cada decisión arancelaria se traduce en ajustes inmediatos en precios, márgenes y planes de inversión.

En la práctica, el aplazamiento de la misión significa que acuerdos que podían cerrarse en los próximos meses quedan, como mínimo, aparcados. Los fabricantes de componentes electrónicos que estudiaban trasladar líneas de producción desde China a India para exportar a EEUU deberán rehacer sus números. Las farmacéuticas que aprovechan la potente industria de genéricos india para abastecer al mercado norteamericano temen verse atrapadas entre una subida de aranceles y presiones sobre los precios finales.

Cuanto más tiempo se mantenga la incertidumbre, mayor será la tentación de buscar alternativas. México, por proximidad geográfica, y países del sudeste asiático como Tailandia o Malasia, ya compiten por la misma inversión que persigue India. Un calendario indefinido en las negociaciones con Washington puede salir muy caro a quienes, sobre el terreno, tienen que decidir dónde abrir la próxima planta.

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