Los índices asiáticos reaccionan con alivio al beneficio récord del gigante de chips, pero las dudas sobre China, las divisas y los bancos centrales mantienen el tono mixto

Los índices asiáticos dudan pese al tirón de Nvidia y la pausa coreana

EPA-EFE/ALEX PLAVEVSKI Los índices asiáticos dudan pese al tirón de Nvidia y la pausa coreana

La sólida publicación de resultados de Nvidia ha devuelto algo de oxígeno a las bolsas asiáticas, muy expuestas al ciclo de inteligencia artificial y semiconductores. El alivio, sin embargo, ha sido selectivo: Japón y Corea han recogido con fuerza el rebote tecnológico, mientras que Hong Kong y la China continental siguen rezagadas frente al resto de la región. En paralelo, el Banco de Corea ha optado por mantener los tipos en el 2,50%, reflejando un delicado equilibrio entre inflación todavía elevada y una economía que pierde impulso. El Nikkei 225 avanzaba un 0,49%, el Kospi surcoreano se disparaba un 1,91% y el S&P/ASX 200 australiano sumaba otro 0,62%, frente a las caídas del 0,62% en el Hang Seng y del 0,42% en el Shanghai Composite. Al mismo tiempo, el dólar cedía un 0,31% frente al yen hasta la zona de los ¥155,95, señal de que parte del mercado empieza a cuestionar el consenso complaciente sobre los tipos en Estados Unidos y Japón.

Un rebote tecnológico con matices

El catalizador inmediato de la sesión asiática ha sido el nuevo trimestre de Nvidia, que vuelve a batir previsiones y refuerza la narrativa de un ciclo de IA todavía en fase expansiva. Los inversores han interpretado el mensaje como una validación de las fuertes inversiones en centros de datos, chips de alto rendimiento y capacidades de computación, elementos clave para los grandes grupos tecnológicos de Japón, Corea y Taiwán. De ahí que el primer reflejo haya sido un repunte de las compañías de semiconductores y fabricantes de equipos.

Sin embargo, el rebote dista de ser homogéneo. Mientras el sector de chips en Tokio y Seúl llegaba a avanzar en torno al 3%, otros segmentos más ligados a la demanda interna –consumo discrecional, inmobiliario o banca– mostraban un comportamiento más plano. Este hecho revela que la sesión ha sido, sobre todo, un rally de expectativas, más que una mejora estructural del tono macro en Asia. Lo más grave, desde la óptica de los gestores, es que la región continúa muy condicionada por lo que ocurra con un puñado de grandes tecnológicas estadounidenses, lo que incrementa el riesgo de correcciones bruscas si se enfría el entusiasmo por la IA.

Nikkei y Kospi se enganchan al efecto Nvidia

El tirón se ha notado con especial intensidad en Tokio y Seúl. El Nikkei 225, con fuerte peso de industriales y tecnológicas, sumaba un 0,49% en los primeros compases de la sesión, manteniéndose cerca de los máximos de varias décadas alcanzados en los últimos meses. El índice se beneficia de un yen todavía débil, que mejora la competitividad de los exportadores japoneses y amplifica en divisa local los beneficios generados en el exterior.

Nikkei Stock Average, Nikkei 225

En Corea del Sur, el Kospi Composite avanzaba un notable 1,91%, claramente por delante del resto de grandes plazas regionales. El mercado surcoreano es uno de los más sensibles al ciclo de semiconductores, con gigantes como Samsung Electronics o SK Hynix entre sus principales componentes. La lectura de muchos analistas es que el anuncio de Nvidia respalda la idea de que el capex global en chips de memoria y lógica avanzada seguirá creciendo a doble dígito, lo que ofrece visibilidad a las exportaciones coreanas.

Índice Korea Composite Stock Price

La consecuencia es clara: Japón y Corea se consolidan como los grandes ganadores asiáticos de la apuesta mundial por la IA, mientras otros mercados de la región siguen atrapados en problemas domésticos que frenan su capacidad de engancharse a ese ciclo.

Hong Kong y China continental, de nuevo descolgadas

El contraste llega desde China. El Hang Seng de Hong Kong retrocedía un 0,62%, y el Shanghai Composite cedía un 0,42%, en una nueva muestra de la desconexión entre el entusiasmo global por la tecnología y la desconfianza persistente hacia los activos chinos. Solo el Shenzhen Composite, de corte más tecnológico, conseguía avanzar un 0,06%, una subida muy modesta si se compara con los movimientos del Nikkei o el Kospi.

Índice Hang Seng

Detrás de esta debilidad laten factores conocidos: el prolongado ajuste del sector inmobiliario, la presión regulatoria sobre grandes plataformas digitales y la percepción de que la respuesta de Pekín en materia de estímulos sigue siendo gradual y limitada. Aunque algunas compañías chinas de IA y hardware se benefician indirectamente del ciclo de Nvidia, el mercado no termina de comprar la idea de una recuperación sólida y sostenida de la segunda economía mundial.

El diagnóstico es inequívoco: mientras Wall Street revaloriza a sus campeones tecnológicos a múltiplos exigentes, los inversores internacionales siguen exigiendo descuentos de doble dígito para exponerse a China. El contraste con otras regiones resulta demoledor y limita la capacidad del conjunto de Asia para capitalizar el viento de cola de la IA.

La cautela del Banco de Corea

En este contexto de volatilidad contenida, el Banco de Corea ha optado por mantener el tipo oficial en el 2,50%, una decisión ampliamente anticipada por el mercado. La autoridad monetaria se mueve en un estrecho margen: por un lado, una inflación que, aunque moderándose, permanece en torno al objetivo; por otro, un crecimiento que se ha ido enfriando, con la demanda interna mucho más débil que el sector exterior.

El mensaje implícito es que la prioridad sigue siendo no reavivar tensiones inflacionistas, pero sin ahogar aún más la actividad. De ahí que el banco central insista en la necesidad de observar con cautela los datos de los próximos meses antes de plantear recortes más agresivos. La presión viene también del exterior: cualquier movimiento que se aleje demasiado de la Reserva Federal podría generar tensiones sobre el won, en un contexto de salidas de capital de mercados emergentes.

Este equilibrio inestable tiene implicaciones directas para los activos coreanos. Unos tipos estables y relativamente altos sostienen la moneda y contienen riesgos financieros, pero también encarecen la financiación para hogares y empresas, en un país con niveles de endeudamiento privado cercanos al 200% del PIB si se combinan familias y corporaciones.

El papel del yen y el dólar en el sentimiento global

La divisa ha sido otro de los focos de atención de la sesión asiática. El dólar retrocedía un 0,31% frente al yen, hasta los ¥155,9545 por billete verde, un movimiento modesto pero simbólico tras meses de fuerte depreciación de la moneda japonesa. Cada pequeño avance del yen se interpreta como una prueba de que el Banco de Japón podría verse forzado a normalizar su política más rápido de lo que descuenta el consenso.

Para los mercados de renta variable, el asunto no es menor. Un yen excesivamente débil ha sido uno de los pilares del rally del Nikkei, pero también ha aumentado la sensibilidad del país a posibles salidas de capital si se percibe que las autoridades pierden el control del tipo de cambio. Por ahora, los operadores siguen apostando por una normalización muy gradual, con subidas de tipos limitadas y un abandono progresivo del control de la curva de tipos.

La consecuencia práctica es que los movimientos en el cruce dólar/yen se han convertido en una variable clave para calibrar el apetito global por riesgo. Un yen más firme puede aliviar temores sobre desequilibrios financieros en Japón, pero también recortar parte del atractivo de sus exportadores.

Lo que dice Asia sobre el apetito por la IA

La reacción mixta en las bolsas asiáticas ofrece una fotografía bastante precisa del momento actual del ciclo de IA. Por un lado, los beneficios récord de Nvidia y de otros gigantes de chips demuestran que la primera ola de inversión en infraestructuras de IA sigue en marcha: centros de datos, redes de alta capacidad y hardware especializado. Por otro, aumenta la discusión sobre hasta qué punto esa inversión se trasladará al resto de la economía real y qué regiones serán capaces de capturar ese valor añadido.

En Asia, la división es evidente. Las economías con cadenas de suministro sofisticadas en semiconductores y electrónica –Japón, Corea, Taiwán– se posicionan como ganadoras de primera ronda. Sin embargo, países con mayor peso de servicios tradicionales o manufacturas de bajo valor añadido corren el riesgo de quedar al margen de esta transformación. La brecha de productividad podría ampliarse si no se producen reformas para atraer inversión en industrias de alto contenido tecnológico.

Este hecho revela un punto incómodo para los gobiernos de la región: no basta con subvencionar proyectos de IA o anunciar planes estratégicos; se necesita un ecosistema completo de talento, capital y regulación estable que hoy solo está plenamente consolidado en unos pocos hubs.