La fuerte subida de Seúl contrasta con las caídas en Hong Kong

El Kospi sube un 2,6% y divide a Asia

EPA-EFE/ALEX PLAVEVSKI El Kospi sube un 2,6% y divide a Asia

Las bolsas de Asia-Pacífico han amanecido este jueves con un mapa claramente mixto tras la última sorpresa del mercado laboral de Estados Unidos. A primera hora de la sesión, el Kospi surcoreano se disparaba un 2,57%, liderando las subidas de la región, mientras el Nikkei 225 japonés se mantenía prácticamente plano. En paralelo, el S&P/ASX 200 australiano avanzaba un 0,58% y los índices de la China continental apenas lograban avances testimoniales. Al otro lado del espectro, el Hang Seng de Hong Kong retrocedía un 0,83%, reflejando la persistente debilidad de los valores ligados a la segunda economía del mundo. El movimiento se producía en un contexto de repunte de las rentabilidades del Tesoro estadounidense y de un dólar más fuerte, que avanzaba en torno al 0,4% frente al yen hasta la zona de los ¥152,6. Este comportamiento cruzado revela una vez más que Asia ya no se mueve como un bloque homogéneo: los inversores premian a los mercados que ofrecen crecimiento y visibilidad de beneficios y castigan a los que siguen atrapados en problemas estructurales.

Un Kospi disparado frente a un Nikkei plano

Los datos de la sesión dibujan un contraste llamativo. A las 3.35 horas CET, el Nikkei 225 se movía prácticamente sin cambios respecto al cierre previo, con los inversores en Tokio optando por consolidar beneficios tras varias jornadas de máximos históricos. Solo un minuto después, a las 3.36 horas CET, el Kospi avanzaba un 2,57%, apoyado en el rally de los grandes valores tecnológicos y de semiconductores.

Índice Korea Composite Stock Price

En Sídney, el S&P/ASX 200 sumaba un 0,58%, reflejando el tirón de las mineras y de los grupos ligados a materias primas. Mientras tanto, en el continente, el Shanghai Composite cotizaba plano a las 3.37 horas CET y el Shenzhen Composite avanzaba apenas un 0,36%. El Hang Seng, por su parte, caía un 0,83% a las 3.38 horas CET, encadenando otra sesión de debilidad.

Índice Hang Seng

Este mapa tan fragmentado revela algo más profundo que una simple reacción táctica al último dato macro. Los inversores distinguen entre los mercados que están sabiendo aprovechar el ciclo global —Corea, Australia, en parte Japón— y los que siguen atrapados en ajustes regulatorios, inmobiliarios o de confianza, como Hong Kong y buena parte de la exposición china.

La señal que envía el empleo estadounidense

El detonante de la sesión asiática ha sido un nuevo dato de empleo en Estados Unidos mejor de lo previsto, que ha reforzado la idea de que la primera economía del mundo sigue creciendo a un ritmo sólido. El mercado asume que la creación de puestos de trabajo se ha situado claramente por encima de las estimaciones —del orden de un 30%-40% más de lo esperado— y que la tasa de paro se mantiene en niveles históricamente bajos.

Ese cuadro obliga a reescribir, una vez más, el guion sobre la Reserva Federal. La narrativa de recortes de tipos rápidos y profundos pierde terreno frente al escenario de “tipos altos durante más tiempo”. Las expectativas de mercado pasan ahora por uno o dos recortes menos de los que se descontaban hace apenas unas semanas y por un tipo de referencia que podría seguir instalado por encima del 4% más allá de 2025.

Este hecho revela por qué la reacción en Asia ha sido tan desigual. Los mercados más dependientes del ahorro externo o con sectores muy apalancados sufren ante las perspectivas de un dólar fuerte y de financiación más cara. En cambio, aquellos con empresas netamente exportadoras, balances saneados y exposición al ciclo tecnológico global tienden a interpretar los buenos datos de empleo como una señal de demanda firme para sus productos.

Rally selectivo: tecnología y materias primas al alza

La subida del Kospi tiene un protagonista claro: el sector tecnológico. Los grandes grupos de semiconductores y electrónica se benefician de un doble viento de cola. Por un lado, la demanda global de chips vinculados a inteligencia artificial, centros de datos y automoción inteligente sigue sorprendiendo al alza. Por otro, la solidez del mercado laboral en Estados Unidos sugiere que el consumo y la inversión empresarial en tecnología mantendrán el pulso.

En Australia, son las materias primas las que tiran del índice. Empresas mineras ligadas al hierro, el cobre o el litio se apoyan en la expectativa de un ciclo industrial más robusto en Norteamérica y en la posibilidad de nuevos estímulos selectivos en China, aunque de momento los datos de Pekín siguen siendo tibios.

Sin embargo, el rally es selectivo. Los sectores más sensibles a los tipos —inmobiliario, utilities, parte del consumo discrecional— quedan rezagados. El diagnóstico es inequívoco: el mercado empieza a exigir crecimiento real de beneficios para justificar valoraciones que, en muchos casos, superan ya las 18-20 veces ganancias previstas. En este contexto, cualquier decepción en resultados o en guía futura puede desencadenar correcciones bruscas, especialmente en valores que han liderado las subidas en el último año.

China y Hong Kong, el eslabón débil de la sesión

Mientras Corea y Australia capitalizan el tono constructivo en renta variable, la parte china del mapa vuelve a funcionar como freno. El Shanghai Composite y el Shenzhen Composite apenas consiguen avanzar unas décimas, incapaces de aprovechar el viento de cola global. Mucho más preocupante es la situación en Hong Kong, donde el Hang Seng pierde otro 0,83% y consolida una tendencia bajista que se prolonga desde hace más de dos años.

SSE Composite Index

Las razones son conocidas: crisis inmobiliaria prolongada, dudas sobre la fortaleza del consumo interno, tensiones geopolíticas y un marco regulatorio imprevisible para las grandes plataformas tecnológicas. En este entorno, cada repunte en los rendimientos de los bonos norteamericanos y cada apreciación del dólar refuerzan el incentivo para reducir exposición a activos chinos.

El contraste con otros mercados asiáticos resulta demoledor. Mientras Japón, Corea o India atraen flujos netos positivos, Hong Kong registra salidas recurrentes y sus grandes valores cotizan con descuentos históricos frente a comparables internacionales. El riesgo es que esta dinámica se convierta en una profecía autocumplida: menos inversión, menos liquidez y más volatilidad en un mercado que durante años fue la puerta de entrada natural a la economía china.

El dólar fuerte, el yen débil y la presión sobre las divisas

Otro de los vectores clave de la sesión ha sido el movimiento en el mercado de divisas. Tras conocerse el dato laboral estadounidense, el dólar avanzaba un 0,39% frente al yen, hasta situarse en torno a los ¥152,6. Ese nivel, cercano a zonas que en el pasado han motivado comentarios o intervenciones de las autoridades japonesas, vuelve a situar la política cambiaria en el radar de los inversores.

Para Japón, un yen débil tiene un efecto ambivalente. Mejora la competitividad de sus exportaciones —algo que favorece a las compañías que dominan el Nikkei 225—, pero encarece la factura energética y puede erosionar el poder adquisitivo de los hogares si se traslada a la inflación. Para otros países de la región, desde Corea del Sur hasta Australia, un dólar más fuerte implica mayor presión sobre las divisas locales y, en muchos casos, una menor capacidad para relajar sus propias políticas monetarias.

La consecuencia es clara: la nueva fase de la batalla contra la inflación se libra tanto en los mercados de bonos como en el de divisas. Y Asia, altamente integrada en el comercio mundial y dependiente del dólar para buena parte de su financiación, es especialmente sensible a estos movimientos.