La mayoría de dos tercios del Partido Liberal Democrático dispara la bolsa japonesa por encima de los 57.000 puntos

El Nikkei 225 marca un récord histórico tras la victoria de Takaichi

EPA-EFE/ALEX PLAVEVSKI El Nikkei 225 marca un récord histórico tras la victoria de Takaichi

El Nikkei 225 superó este lunes los 57.000 puntos por primera vez en su historia tras la contundente victoria electoral del Partido Liberal Democrático, liderado por la primera ministra Sanae Takaichi. El índice de referencia de la bolsa de Japón llegó a dispararse un 4,45% en la sesión asiática, en un movimiento que los gestores interpretan como un voto de confianza en la continuidad de las políticas proempresariales y reformistas. El PLD se aseguró una mayoría de dos tercios en la Cámara de Representantes, lo que reduce drásticamente el riesgo de bloqueo legislativo en los próximos años. El efecto político ha sido inmediato en los mercados: suben los bancos, los exportadores y las tecnológicas, mientras el yen se aprecia frente al dólar. La consecuencia es clara: los inversores globales vuelven a mirar a Tokio como uno de los grandes polos de rentabilidad de la renta variable mundial.

Un récord que reescribe la historia del Nikkei

El nuevo máximo por encima de los 57.000 puntos marca un hito simbólico para la bolsa de Tokio. El Nikkei 225 no solo ha dejado atrás los niveles de la burbuja de finales de los 80 —en torno a los 39.000 puntos—, sino que se sitúa ya casi un 45% por encima de aquellos registros. El salto de este lunes, con una subida intradía del 4,45%, supone uno de los movimientos más bruscos de los últimos años en un índice tradicionalmente percibido como más estable que sus homólogos estadounidenses.

El volumen negociado se disparó, con un incremento cercano al 30% frente a la media de las últimas cuatro semanas, según estimaciones de mercado. Bancos, aseguradoras, grandes industriales y valores tecnológicos concentraron buena parte de las órdenes de compra. El mensaje que lanza el parqué es sencillo: el riesgo político se reduce y la visibilidad sobre la hoja de ruta económica mejora.

El contraste con la década perdida y los años de deflación resulta demoledor. Entonces, cada repunte del Nikkei era visto como una oportunidad para vender. Hoy, los inversores internacionales interpretan los recortes como ventanas para aumentar exposición a un mercado que, pese al rally, sigue cotizando a múltiplos inferiores a los de Wall Street en muchos sectores clave.

Nikkei Stock Average, Nikkei 225

Un mandato político que tranquiliza a los mercados

El detonante del rally ha sido la victoria clara del Partido Liberal Democrático, el histórico partido conservador japonés. La formación, que gobernará con una mayoría reforzada de dos tercios, se asegura el control de las principales comisiones parlamentarias y la posibilidad de aprobar reformas clave sin depender de socios minoritarios. Partido Liberal Democrático logra así una posición inédita en la última década.

Para los mercados, la lectura es nítida. Un Ejecutivo fuerte reduce la probabilidad de parálisis presupuestaria y de giros bruscos en la regulación de sectores sensibles como banca, energía o tecnología. La primera ministra Takaichi se ha comprometido a acelerar la agenda de crecimiento, con especial foco en digitalización, defensa y transición energética. Son precisamente los ámbitos que más capital necesitan y donde se concentran buena parte de las grandes compañías cotizadas.

«Los inversores están comprando estabilidad política y tiempo para que Japón complete sus reformas estructurales», resume un gestor de renta variable asiática. El diagnóstico es inequívoco: mejor un Gobierno con amplio margen de maniobra —aunque genere recelos en otros frentes— que un Parlamento fragmentado incapaz de sacar adelante reformas impopulares pero necesarias. El mercado prefiere certezas, incluso cuando estas implican ajustes dolorosos.

La reacción en cadena en Asia-Pacífico

El efecto arrastre del rally japonés ha sido inmediato en el resto de Asia. El Kospi Composite surcoreano se disparó un 4,36%, impulsado por gigantes tecnológicos y fabricantes de chips que se benefician de la mejora del sentimiento global de riesgo. En Australia, el S&P/ASX 200 avanzó un 1,93%, con los mineros y valores ligados a materias primas acompañando el movimiento.

Índice Korea Composite Stock Price

En los parqués chinos, el tono también fue claramente alcista. El Hang Seng de Hong Kong sumó un 1,81%, mientras el Shanghai Composite avanzó un 1,22% y el Shenzhen Composite lo hizo un 1,75%. Aunque en el caso de China pesan factores propios —desde los estímulos selectivos a la vivienda hasta los planes de apoyo a la tecnología local—, el tirón japonés ha servido como catalizador adicional en una región que venía lastrada por meses de salidas de capital.

Índice Hang Seng

Lo más relevante para los gestores globales es que, por primera vez en mucho tiempo, Asia se mueve en bloque en la misma dirección. «La victoria del PLD y el récord del Nikkei permiten que el relato pase de la fragilidad de China al renacimiento de Japón como gran mercado desarrollado», apuntan desde una gran gestora europea. A partir de ahora, cualquier corrección será vista como una prueba de fuego para calibrar si hay entradas estructurales de dinero o solo un rebote táctico.

El yen se mueve y los bancos centrales miran de reojo

La reacción del mercado de divisas ha sido más contenida, pero no menos significativa. El dólar retrocedía en torno a un 0,20% frente al yen, hasta la zona de los 156,8 yenes por dólar, en una sesión dominada por el buen tono de los activos de riesgo. Una apreciación tan suave sugiere que los inversores no esperan por ahora cambios bruscos en la política monetaria del Banco de Japón.

Sin embargo, el contexto es delicado. Con una inflación que se ha estabilizado por encima del 2% y un mercado laboral cada vez más ajustado, el margen del banco central para mantener tipos ultrabajos y un control laxo de la curva de rendimientos es cada vez más estrecho. Cualquier señal de endurecimiento más agresivo podría chocar frontalmente con un Gobierno que necesita tipos bajos para financiar una deuda pública que supera el 260% del PIB.

Los analistas dan por hecho que en los próximos trimestres habrá más volatilidad en el cruce dólar/yen. Si la confianza en la agenda reformista de Takaichi se consolida, el país podría atraer flujos de inversión directa y financiera que apoyen al yen de manera más sostenida. Pero si los mercados perciben que el Ejecutivo presiona excesivamente al banco central, la moneda podría volver a debilitarse, reactivando el eterno debate sobre la sostenibilidad del modelo japonés.

Ganadores sectoriales: bancos, exportadores y tecnológicas

El liderazgo del rally ha estado claramente concentrado. Los grandes bancos japoneses registraron avances cercanos al 6%, beneficiados por la perspectiva de una curva de tipos algo más empinada y por la mejora del apetito de crédito empresarial. Las aseguradoras, muy expuestas a los movimientos de tipos y a la renta variable doméstica, siguieron la misma estela.

Entre los exportadores, fabricantes de automóviles y de maquinaria industrial anotaron subidas de entre el 5% y el 8%, impulsados por un mix atractivo: divisa todavía competitiva, demanda sólida en Estados Unidos y Europa y expectativas de mayor inversión en infraestructuras y defensa. En tecnología, los productores de componentes para semiconductores y los proveedores de equipos para centros de datos se consolidan como los grandes ganadores estructurales del nuevo ciclo bursátil japonés.

No todos han celebrado por igual. Compañías más defensivas —utilities, consumo básico, telecomunicaciones— han quedado rezagadas, con avances mucho más modestos. Esto revela una rotación clara hacia riesgo dentro del propio mercado japonés. Para los gestores, el mensaje es doble: Japón vuelve a estar de moda, pero el rally es selectivo y premia a las compañías con crecimiento visible, disciplina de capital y políticas de remuneración al accionista más generosas que en el pasado.

Los riesgos que el rally prefiere ignorar

Detrás de los récords y los titulares eufóricos persisten los viejos problemas de la economía japonesa. La demografía sigue siendo un lastre: la población en edad de trabajar cae alrededor de un 0,5% anual, lo que limita el potencial de crecimiento y tensiona las cuentas públicas. La productividad mejora, pero a un ritmo insuficiente para compensar por completo este deterioro demográfico.

Además, el país sigue cargando con la mayor deuda pública del mundo desarrollado, por encima del 260% del PIB, lo que deja poco margen para nuevos estímulos fiscales masivos si la economía se enfrenta a una nueva recesión global. A ello se suman las dudas sobre la capacidad real del Gobierno para acometer reformas profundas en el mercado laboral, la regulación de servicios o la apertura a inmigración cualificada.

«El Nikkei puede marcar máximos y seguir subiendo, pero eso no significa que Japón haya resuelto de un plumazo sus desafíos estructurales», advierten varios economistas. El contraste con la euforia bursátil es evidente. Un cambio en el ciclo global de tipos, una corrección brusca en Wall Street o un empeoramiento del entorno geopolítico en la región podrían pinchar parte del optimismo actual con la misma rapidez con la que ha entrado.