Sanae Takaichi logra una mayoría incontestable y abre una nueva etapa en Japón

El PLD asegura la mayoría absoluta pese a la baja participación, mientras Washington celebra el resultado y Takaichi promete escuchar a la oposición.

Sanae Takaichi EPA_KIM KYUNG-HOON _ POOL
Sanae Takaichi EPA_KIM KYUNG-HOON _ POOL

El panorama político de Japón ha dado un giro inesperado pero definitivo. Las recientes elecciones generales han confirmado un respaldo mayoritario a Sanae Takaichi, que hace apenas unos meses asumía el cargo entre controversias y dudas internas. Los primeros sondeos tras el cierre de urnas otorgan al Partido Liberal Democrático (PLD) entre 274 y 328 escaños de un total de 465, una horquilla que supera con holgura la mayoría absoluta y consolida a la primera ministra como figura dominante del sistema político japonés.

Este resultado no solo blinda su posición al frente del partido, sino que le otorga un mandato reforzado para desplegar su agenda económica y diplomática. En paralelo, la propia Takaichi ha querido enviar un mensaje de apertura, asegurando que está dispuesta a escuchar «buenas sugerencias» de la oposición, mientras que desde Estados Unidos llueven felicitaciones y señales de apoyo a la nueva etapa política de Tokio.

Una mayoría que desborda las previsiones

Los rangos que manejan los sondeos —entre 274 y 328 escaños— sitúan al PLD muy por encima del umbral de los 233 escaños necesarios para la mayoría absoluta. En la práctica, esto significa que Takaichi contará con una Cámara Baja claramente alineada con su Ejecutivo, reduciendo la necesidad de pactos constantes con sus socios y recortando el margen de maniobra de una oposición ya de por sí fragmentada.

Para los analistas, la clave del resultado reside tanto en la capacidad de movilizar al voto fiel del PLD como en la incapacidad de las fuerzas rivales para articular una alternativa creíble. Lo que muchos consideraban una etapa de transición se ha convertido, con estas cifras, en el arranque de un ciclo político en el que la primera ministra tendrá manos libres para dejar su impronta en la economía, la política de defensa y la diplomacia regional.

La economía, eje del mandato de Takaichi

Una parte esencial de la confianza depositada en la primera ministra se explica por su propuesta económica de corte expansivo. Su plan de gasto, cuestionado por algunos sectores por el riesgo de deteriorar la sostenibilidad de la deuda, ha conectado sin embargo con un electorado cansado de años de crecimiento débil y salarios estancados.

En la noche electoral, Takaichi quiso subrayar que seguirá centrada en la sostenibilidad fiscal y en la estabilidad del yen, consciente de que cualquier desliz puede tensionar a los mercados y al ciudadano de a pie. También anunció su intención de presentar cuanto antes un proyecto de reforma fiscal una vez constituido el nuevo Parlamento, con el objetivo declarado de equilibrar estímulos y responsabilidad presupuestaria. El reto será mantener la coherencia entre un discurso de gasto expansivo y la promesa de disciplina fiscal, en un país con una de las deudas públicas más elevadas del mundo desarrollado.

Nevada, baja participación y legitimidad

La jornada electoral estuvo condicionada por factores ajenos a la política, pero no por ello irrelevantes. Una intensa nevada complicó el transporte en múltiples regiones, afectando especialmente a las áreas rurales y a la población de más edad, donde la dependencia del transporte público es mayor.

A ello se sumó una participación a la baja, con un 26,01% registrado a las 18:00 horas, claramente inferior a la de comicios anteriores a la misma hora. El dato apunta a un cierto cansancio o desapego político que contrasta con la contundencia de la victoria del PLD. La combinación de mala meteorología y apatía ha amplificado el peso específico de los votantes más movilizados, en su mayoría favorables al partido gobernante, y abre el debate sobre hasta qué punto la mayoría absoluta refleja un apoyo entusiasta o más bien una falta de alternativas percibidas.

Apertura a la oposición… con mayoría absoluta

Pese a la fuerza de sus números, Takaichi ha querido presentarse como una líder pragmática. Desde la sede del PLD, se declaró «abierta a escuchar buenas sugerencias de la oposición» y se comprometió a no confundir mayoría parlamentaria con cheque en blanco. El mensaje busca desactivar críticas sobre un posible giro hegemónico y proyectar una imagen de responsabilidad en un momento en que los equilibrios institucionales preocupan tanto dentro como fuera de Japón.

En la práctica, sin embargo, la nueva correlación de fuerzas otorga al Gobierno un margen de maniobra muy amplio para legislar sin apoyos adicionales. La gestión que haga Takaichi de ese poder —incluida su disposición real a incorporar propuestas ajenas y a dialogar con minorías parlamentarias— será uno de los termómetros de la calidad democrática en esta nueva etapa.

Proyección exterior: entre Pekín y Washington

En el plano internacional, Takaichi se consolida como primera mujer al frente de una de las grandes potencias asiáticas, lo que refuerza su visibilidad en las cumbres multilaterales y en las negociaciones bilaterales. Su liderazgo llega en un momento delicado, marcado por la rivalidad estratégica con China y por el reposicionamiento de Estados Unidos en la región indo-pacífica.

El respaldo público de figuras como Donald Trump y, de forma más institucional, del secretario del Tesoro Scott Bessent, que la ha calificado de «gran aliada» y ha subrayado que «cuando Japón es fuerte, Estados Unidos es fuerte en Asia», dibuja un eje Tokio–Washington especialmente estrecho. Estos gestos refuerzan la idea de un Japón más asertivo en seguridad y economía, pero también pueden suscitar recelos en otros actores regionales y en una parte del electorado japonés reticente a quedar demasiado vinculado a los vaivenes de la política estadounidense.

Una etapa nueva con riesgos conocidos

El resultado electoral marca, en definitiva, el inicio de una nueva fase política para Japón. Con un mandato reforzado, Takaichi dispone de la estructura necesaria para impulsar cambios significativos en la política interna, reorientar prioridades presupuestarias y redefinir el papel del país en Asia y en el mundo.

Las incógnitas, no obstante, son considerables. En el frente económico, la apuesta por un gasto expansivo combinado con promesas de disciplina fiscal exigirá una ejecución fina para evitar tensiones en el yen y en los mercados de deuda. En el plano político, una mayoría demasiado holgada puede derivar en estabilidad… o en tentaciones de gobernar sin contrapesos efectivos.

Por ahora, la imagen que resume el momento es la de Sanae Takaichi celebrando su victoria electoral rodeada de simpatizantes y medios de comunicación, en un país que le ha otorgado un voto de confianza contundente pero no irreversible. De cómo administre ese capital político dependerá que esta noche se recuerde como el inicio de una etapa de consolidación o como el preludio de nuevas turbulencias en la tercera economía del planeta.

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