Novartis advierte: el plan MFN de Trump apretará precios en 18 meses
La advertencia llega con el mercado ya nervioso: las ventas del primer trimestre se quedaron en 13.113 millones de dólares.
Y, con el peso de los genéricos, la acción llegó a ceder en torno al 3% en Zúrich tras los resultados.
La iniciativa de “nación más favorecida” (MFN) no es un eslogan: es un mecanismo para aproximar el precio de los fármacos en Estados Unidos al de otras economías desarrolladas, con el argumento de que el contribuyente americano paga un “premium” injustificable. La Casa Blanca lo formalizó con una orden ejecutiva firmada el 12 de mayo de 2025, que abre la puerta a objetivos de precio y a ulteriores desarrollos regulatorios.
En paralelo, la Administración ha ido cerrando acuerdos bilaterales como palanca política: el caso más visible, el pacto con Regeneron anunciado el 23 de abril de 2026, que incluye rebajas en Medicaid y un canal de venta con descuento. Este diseño tiene una consecuencia incómoda para el sector: introduce incertidumbre sobre qué parte del mercado quedará “referenciada” y en qué plazos. Y, cuando el CEO de una ‘big pharma’ habla de 18 meses, lo que está señalando es un impacto que no será inmediato… pero sí acumulativo.
Trimestre bajo
Novartis no llega a este pulso regulatorio desde una posición cómoda. En el primer trimestre, las ventas se situaron en 13,1 billion (13.113 millones) y cayeron en términos reportados frente al año anterior, lastradas por la erosión de genéricos en EEUU. Aun así, el grupo presume de fortaleza operativa: el margen del beneficio operativo “core” fue del 37,3%, un nivel que muchas compañías envidiarían… pero que refleja una presión creciente cuando el volumen ya no compensa.
El mercado, además, comparó contra el listón del consenso. Medios financieros situaron la expectativa de ventas en torno a 13.400 millones y el beneficio operativo ajustado cerca de 5.100 millones, por encima de lo reportado. El catalizador negativo tiene nombre propio: Entresto y el “patent cliff”. El medicamento vio caer sus ingresos un 42% en el trimestre tras la entrada de competencia.
Apuesta Rhapsido
En este tablero, la prioridad estratégica es acelerar lanzamientos que sostengan crecimiento cuando los blockbusters maduros se desinflan. Ahí encaja Rhapsido (remibrutinib), el nuevo tratamiento oral para la urticaria crónica espontánea. La Comisión Europea lo aprobó el 27 de abril de 2026 como primer tratamiento oral dirigido para esta indicación en adultos, con pauta dos veces al día y sin necesidad de monitorización analítica rutinaria.
La oportunidad de mercado es real: Novartis estima que la CSU afecta a casi 4 millones de personas en Europa y que más del 50% sigue con síntomas pese a antihistamínicos convencionales. En EEUU, el propio grupo reportó ventas de 37 millones de dólares en el trimestre para Rhapsido, señal de tracción temprana, aunque aún lejos de ser material en la cuenta total. Lo relevante es el ángulo político: Narasimhan ha insistido en que la exposición inicial del fármaco al MFN es “gestionable” por su encaje en Medicaid.
Corredores estrechos
Aquí está la tensión que el mercado intenta cuantificar. El MFN no solo presiona el precio en EEUU: puede rediseñar la secuencia de lanzamientos globales. Si el precio estadounidense acaba atado —directa o indirectamente— a lo que se paga en Alemania, Japón o Canadá, la industria se enfrenta a un incentivo perverso: retrasar o restringir introducciones fuera de EEUU para evitar que un precio “bajo” se convierta en referencia. El riesgo, por tanto, no es únicamente de margen; es de acceso y calendario comercial.
En la última temporada de resultados, el CEO lo verbalizó con crudeza al hablar de Rhapsido: “Habrá corredores de precio más estrechos, pero creemos que podemos gestionarlo y avanzar con el lanzamiento global”. Ese matiz es decisivo: la compañía admite menos grados de libertad, pero no asume (todavía) un frenazo total. La consecuencia es clara: cada decisión de precio fuera de EEUU se convierte en un movimiento con impacto potencial “de vuelta” en el mayor mercado del mundo.
Batalla legal
El MFN, además, tiene historial. En la primera presidencia de Trump ya se intentó un modelo MFN para fármacos de Medicare Part B, y acabó bloqueado judicialmente, con dudas sobre autoridad legal y procedimiento. El propio CMS llegó a publicar una hoja de ruta del “Most Favored Nation Model”, que ilustra hasta qué punto el diseño técnico puede chocar con la realidad regulatoria.
¿Qué cambia ahora? Dos factores. Primero, la Administración ha combinado el discurso de precios con acuerdos y palancas comerciales —incluida la promesa de alivio arancelario—, ampliando el perímetro de negociación. Segundo, la presión política es más transversal: el coste del medicamento se ha convertido en bandera electoral y en símbolo de “alivio” al consumidor, como evidenció el acto de abril con Regeneron. Para Novartis, el diagnóstico es inequívoco: incluso si el MFN se litiga, el simple “marco” ya condiciona estrategia.
Pulso inversor
Con esta mezcla —patent cliff, consenso incumplido y ruido regulatorio—, los inversores miran tres cosas. La primera: cuánto margen adicional se sacrifica para sostener volumen en EEUU cuando la referencia internacional aprieta. La segunda: si los lanzamientos (Rhapsido y el resto del pipeline) pueden compensar el agujero que deja la erosión de genéricos en 2026. Y la tercera: hasta qué punto la compañía puede blindar su exposición política con inversión doméstica y capacidad productiva en EEUU, un argumento que Narasimhan ya ha utilizado al hablar de la expansión industrial y la reducción del riesgo de aranceles.
En ese horizonte, los “próximos 18 meses” no son un reloj abstracto. Son el tramo en el que se decide si el MFN queda como amenaza negociadora, o si se convierte en una regla de precios que reordene —de verdad— el mapa global de innovación, acceso y rentabilidad del medicamento.