Ormuz dispara el petróleo: Brent roza 100 y WTI 91
Los ataques a buques y el pulso entre Washington y Teherán reactivan la prima de riesgo energética.
El Brent ha vuelto a rozar los 100 dólares y el WTI se ha instalado en la zona de los 91. El detonante no es un dato macro, sino el mar: nuevos ataques y abordajes en el Estrecho de Ormuz. Estados Unidos ha prorrogado el alto el fuego, pero mantiene el bloqueo y el mercado compra incertidumbre. Cuando el corredor por el que circula una quinta parte del crudo mundial se convierte en un cuello de botella, el barril deja de ser un número y pasa a ser un seguro.
La prima de riesgo se paga al contado
El repunte de los futuros de crudo del miércoles —con avances en torno al 1%— es, sobre todo, un recordatorio de cómo funciona el precio cuando la oferta se vuelve política. El Brent ha escalado hacia los 99-100 dólares y el WTI ha rebotado por encima de los 90 tras una sesión marcada por incidentes en Ormuz. La consecuencia es clara: el mercado no está valorando barriles que faltan hoy, sino barriles que podrían no llegar mañana.
Lo más grave es que la volatilidad ya no depende de un comunicado, sino de un parte de navegación. En las últimas horas se han reportado disparos y la incautación de buques comerciales, un mensaje de fuerza que complica cualquier desescalada real. En ese escenario, la curva de precios deja de reflejar fundamentos y se convierte en termómetro del riesgo.
El corredor que sostiene una quinta parte del crudo
Ormuz no es un punto en el mapa: es el mayor cuello de botella energético del planeta. En 2024, el flujo de crudo y líquidos petrolíferos que atravesó el estrecho promedió 20 millones de barriles diarios, el equivalente a cerca del 20% del consumo mundial. La Agencia Internacional de la Energía también subraya su dimensión comercial: en 2025 pasaron por allí cerca de 15 millones de barriles diarios de crudo, alrededor del 34% del comercio global de crudo, con Asia como destino mayoritario.
Ese dato explica el nervio de los traders: no hay una ruta alternativa capaz de absorber el volumen si el estrecho se estrecha aún más. La oferta global puede ser suficiente sobre el papel, pero la logística es la que manda. Y la logística, ahora mismo, tiene escolta.
Tránsito al mínimo: el dato que nadie quiere ver
El diagnóstico es inequívoco cuando se mira la actividad marítima. Un informe de UNCTAD constata que el tránsito diario por Ormuz se ha desplomado: de una media de 129 tránsitos diarios a principios de febrero a apenas 6 a finales de marzo, una caída del 95%. No se trata de un susto puntual, sino de un parón sostenido.
Este hecho revela una grieta que va más allá del petróleo. Menos buques significa menos producto circulando —crudo, condensados, gas, refinados— y más presión sobre inventarios y tiempos de entrega. A partir de ahí, el efecto dominó es casi automático: suben los diferenciales regionales, se encarece el combustible para el transporte y reaparece el fantasma de la inflación importada. UNCTAD advierte de un impacto directo sobre el coste de la vida y sobre el crecimiento de 2026 si la disrupción persiste.
Seguros y fletes: el “impuesto” invisible del conflicto
El precio del barril es solo la primera línea de la factura. La segunda —y más silenciosa— se escribe en pólizas y fletes. Tras los ataques, el coste del seguro para cruzar Ormuz se ha disparado y las coberturas se negocian como si fueran derivados: con exclusiones, primas especiales y límites por bandera o destino. En paralelo, Washington ha llegado a plantear un programa de reaseguro de 20.000 millones de dólares para “reactivar” el tráfico, señal de que el problema ya se considera sistémico.
La consecuencia es clara: aunque el crudo exista, moverlo cuesta más y tarda más. Y ese diferencial se traslada a refinerías, aerolíneas y, finalmente, al consumidor. “En días como estos, el mercado no compra petróleo: compra protección. Y la protección siempre se paga dos veces: en el futuro y en la prima.” Ese mecanismo —más que un recorte formal— es el que empuja el Brent hacia el umbral psicológico de los 100.
Alto el fuego con bloqueo: la negociación que no cuadra
Estados Unidos ha optado por una prórroga del alto el fuego con Irán, pero mantiene su bloqueo sobre los puertos iraníes, un equilibrio inestable que alimenta el riesgo en vez de reducirlo. Teherán, por su parte, ha vinculado la vuelta a la mesa de negociación a un levantamiento de esas restricciones. El resultado es un tira y afloja donde cada día sin acuerdo añade tensión a la cadena de suministro.
Mientras tanto, la Guardia Revolucionaria ha elevado la presión en el mar, disparando e incautando buques, un movimiento que sirve como palanca negociadora y como advertencia a terceros. El contraste con otros episodios recientes resulta demoledor: en crisis anteriores bastaba con un desmentido o un corredor marítimo “asegurado” para enfriar precios. Hoy, la señal es la contraria: más presencia militar y menos previsibilidad. Y el mercado, cuando no puede calcular, sobrerreacciona.
Europa y Asia: quién paga primero la escalada
La factura no se reparte igual. Asia, principal destino del crudo que sale del Golfo, es la primera en sentir el golpe logístico; Europa lo nota por precio y por competencia: cuando Asia paga más por asegurar suministro, arrastra al alza los benchmarks globales. A eso se suma un factor incómodo: incluso si Europa importa una parte menor del crudo que pasa por Ormuz, el Brent marca el listón para todo el continente.
El paralelismo histórico más útil no es 1973, sino 2022: entonces, una disrupción geopolítica prolongada se filtró a inflación, tipos y consumo. La diferencia ahora es la velocidad. UNCTAD ya habla de precios energéticos elevados y de freno al comercio si la interrupción se enquista. Por eso los 100 dólares no son solo un número redondo: son un umbral psicológico que condiciona expectativas, márgenes empresariales y decisiones de inversión en cuestión de semanas.