Ormuz vuelve a incendiar los mercados: el Treasury alcanza el 4,67%
Los rendimientos de los bonos estadounidenses repuntan ante el temor a que Teherán imponga fuertes penalizaciones a los buques que incumplan sus normas en el estrecho de Ormuz.
El mercado de deuda estadounidense vuelve a acusar la escalada de tensión en Oriente Próximo. El rendimiento del bono del Tesoro a diez años subió 5,5 puntos básicos, hasta el 4,672%, después de conocerse informaciones que apuntan a que Irán estudia imponer multas de hasta el 20% del valor de la carga a los barcos que incumplan sus normas de navegación en el estrecho de Ormuz.
El movimiento fue todavía más acusado en los vencimientos cortos. El bono estadounidense a dos años avanzó 7,1 puntos básicos, hasta el 4,25%, mientras que la rentabilidad de la deuda a 30 años aumentó 3,9 puntos básicos, hasta el 5,212%. El mensaje de los inversores resulta claro: el riesgo geopolítico vuelve a trasladarse con rapidez al precio del dinero.
Ormuz vuelve a sacudir los mercados
El estrecho de Ormuz es uno de los principales puntos estratégicos para el transporte marítimo mundial de hidrocarburos. Cualquier amenaza que pueda encarecer, ralentizar o dificultar el tránsito por esta zona tiene capacidad para propagarse casi inmediatamente hacia los mercados energéticos, la inflación y, finalmente, la deuda pública.
La posibilidad de imponer sanciones equivalentes a una quinta parte del valor de la mercancía transportada supone un salto relevante en el riesgo económico asumido por armadores y compañías.
Más allá de que la medida llegue finalmente a aplicarse en toda su extensión, el mercado ya empieza a descontar costes adicionales en seguros, transporte y cobertura frente a eventuales interrupciones.
El golpe llega al bono estadounidense
Las ventas de deuda provocan un aumento de su rentabilidad. Eso es precisamente lo que ocurrió durante la sesión del jueves, cuando los inversores exigieron mayores retornos para mantener exposición a los bonos del Tesoro.
El movimiento del diez años hasta el 4,672% resulta especialmente significativo porque esta referencia actúa como termómetro para numerosos costes financieros dentro y fuera de Estados Unidos.
Hipotecas, préstamos empresariales y valoraciones bursátiles están indirectamente condicionados por este rendimiento. Cuanto más elevados sean los tipos de mercado durante más tiempo, mayor será la presión sobre empresas endeudadas y consumidores.
La inflación vuelve al centro del tablero
El temor no se limita a una posible interrupción física del tráfico marítimo. Un encarecimiento persistente del transporte energético podría trasladarse al precio final del petróleo y sus derivados, dificultando cualquier proceso de moderación de la inflación.
Ese escenario resulta incómodo para los bancos centrales. Si la energía vuelve a impulsar los precios, la Reserva Federal tendría menos margen para relajar su política monetaria de forma rápida.
El verdadero riesgo para Wall Street no es únicamente Ormuz, sino que Ormuz termine prolongando unos tipos de interés elevados.
Israel eleva todavía más la tensión
La incertidumbre aumentó después de las declaraciones del ministro israelí de Energía, Eli Cohen, quien señaló que Israel podría volver a atacar Irán incluso si Washington y Teherán alcanzasen un acuerdo, en caso de que la República Islámica intentara reactivar su programa nuclear.
El mensaje introduce una variable especialmente difícil de descontar para los mercados: un acuerdo diplomático no garantizaría necesariamente el fin de las tensiones.
Un nuevo deterioro de las relaciones entre Israel e Irán tendría consecuencias que irían mucho más allá de ambos países. Energía, transporte marítimo, defensa y deuda soberana quedarían nuevamente expuestos a episodios de elevada volatilidad.
El tramo corto lanza una advertencia
Que el bono a dos años avanzase 7,1 puntos básicos, más que el diez y el treinta años, refleja la sensibilidad inmediata de los inversores hacia las próximas decisiones monetarias.
Los vencimientos cortos están estrechamente vinculados a las expectativas sobre los tipos oficiales de la Reserva Federal.
Si el shock energético mantiene elevada la inflación, el mercado puede empezar a retrasar cualquier expectativa de reducción significativa de tipos, con consecuencias directas sobre el crédito y el crecimiento estadounidense.
Wall Street afronta un nuevo riesgo
El episodio llega en un momento en el que las valoraciones de numerosos activos dependen de una progresiva normalización del coste del dinero. Una rentabilidad cercana al 4,7% en el Treasury a diez años eleva el listón que deben superar las inversiones de mayor riesgo para seguir resultando atractivas.
Las bolsas pueden convivir con tipos elevados cuando los beneficios crecen con fuerza. La ecuación cambia si aparecen simultáneamente energía más cara, inflación persistente y menor capacidad de los bancos centrales para estimular la economía.
Ese es precisamente el escenario que los inversores intentan evitar.
El efecto dominó que preocupa al mercado
Las amenazas sobre Ormuz ilustran hasta qué punto una decisión política localizada puede terminar afectando al coste de financiación de la mayor economía del planeta.
Primero aumentan los riesgos para los buques. Después se encarecen transporte y seguros. A continuación aparece el temor sobre el petróleo y la inflación. Finalmente, los inversores venden deuda y exigen mayores rentabilidades.
El mercado estadounidense ha vuelto así a recordar que la geopolítica puede convertirse en política monetaria en cuestión de horas. Mientras persista la incertidumbre sobre Irán, Israel y la seguridad marítima en el Golfo Pérsico, los bonos del Tesoro seguirán funcionando como uno de los principales indicadores del nerviosismo global.