La brusca corrección de los metales preciosos evidencia el desconcierto de los mercados tras la sentencia del Supremo de EEUU

El oro y la plata caen tras el nuevo arancel global del 15%

El oro y la plata caen tras el nuevo arancel global del 15%

El mercado de metales preciosos se despertó este martes con un giro inesperado. El oro llegó a caer un 1,20%, hasta los 5.173,44 dólares por onza, mientras que la plata retrocedió un 1,04%, hasta los 88 dólares, en una sesión marcada por la incertidumbre sobre la política comercial de Estados Unidos. Al mismo tiempo, el platino avanzó un 0,31% hasta 2.168,12 dólares, y el paladio sumó un 0,36%, hasta 1.747,53 dólares por onza, reflejando un mercado más nervioso que ordenado. El detonante fue la decisión del Tribunal Supremo estadounidense de tumbar los aranceles heredados de la anterior guerra comercial y la inmediata reacción de Donald Trump, que anunció nuevos gravámenes globales del 15%. La demanda presentada por FedEx para recuperar parte de los aranceles ya abonados añade una dimensión jurídica y empresarial al conflicto.

Un giro brusco en los metales refugio

La caída de más de un 1% en oro y plata no es, en sí misma, un terremoto para un mercado acostumbrado a oscilaciones diarias. Sin embargo, el contexto convierte el movimiento en una señal preocupante. Los metales preciosos suelen actuar como refugio cuando aumenta la inestabilidad geopolítica o regulatoria. Que el oro recorte posiciones tras tocar máximos recientes indica que una parte de los inversores está recogiendo beneficios ante un escenario más volátil de lo previsto.

En los últimos meses, el precio del oro había acumulado una subida de doble dígito, apoyado en la expectativa de tipos de interés más bajos en Estados Unidos y en la demanda de bancos centrales. La corrección de este martes puede interpretarse como un ajuste técnico, pero también como un síntoma de algo más profundo: la duda sobre hasta qué punto el nuevo ciclo de tensiones comerciales afectará al crecimiento global y, por extensión, a la demanda industrial y de joyería.

Lo más llamativo es que el movimiento no ha sido homogéneo. Mientras el oro retrocede, el platino y el paladio, ligados a la industria automovilística, repuntan ligeramente. El mensaje implícito del mercado es ambiguo: los inversores no huyen del riesgo, pero sí recalibran rápidamente sus posiciones ante un entorno normativo que se ha vuelto imprevisible en cuestión de horas.

La sentencia del Supremo que lo cambia todo

El punto de partida de esta nueva fase de incertidumbre fue la decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos de invalidar los aranceles anteriores impulsados por Donald Trump en el marco de la guerra comercial. El fallo, de enorme calado jurídico y económico, cuestiona la amplitud de los poderes del Ejecutivo para imponer gravámenes unilaterales amparándose en razones de seguridad nacional.

Este hecho revela una fractura entre el poder judicial y la agenda económica de la Casa Blanca. Al tumbar el andamiaje legal de los antiguos aranceles, el Supremo no solo corrige el pasado, sino que complica el futuro de cualquier política comercial agresiva sin pasar por el Congreso. La consecuencia es clara: las empresas que han soportado sobrecostes durante años ven ahora una ventana para reclamar compensaciones millonarias.

Al mismo tiempo, el fallo abre interrogantes sobre la seguridad jurídica de las decisiones comerciales futuras. Si los aranceles pueden ser revertidos años después, la planificación de inversiones a medio plazo se vuelve mucho más compleja. Este grado de duda institucional se traslada de inmediato a los mercados de materias primas, que reaccionan no solo a los precios actuales, sino a la credibilidad del marco regulatorio que los sustenta.

Trump redobla la apuesta con un arancel del 15%

Lejos de asumir la derrota judicial, Donald Trump ha optado por redoblar la apuesta. Apenas horas después de conocerse la sentencia, anunció un nuevo paquete de aranceles globales del 15%, presentados como una herramienta para “proteger a los trabajadores estadounidenses” y recuperar margen de negociación frente a sus socios comerciales. El mensaje político es contundente, pero la lectura económica resulta mucho más sombría.

Un arancel plano del 15% sobre un amplio abanico de importaciones supone, en la práctica, un aumento de costes para las empresas y los consumidores estadounidenses. Las multinacionales con cadenas de suministro complejas deberán decidir si absorben parte del impacto en márgenes o trasladan el sobrecoste a precios finales. En ambos casos, el riesgo para el crecimiento es evidente.

El contraste con otras economías avanzadas resulta demoledor. Mientras la Unión Europea y varias economías asiáticas intentan estabilizar el comercio tras años de tensión, la nueva ronda de gravámenes reabre el expediente de la fragmentación comercial. Para los inversores en metales, este tipo de anuncios suelen traducirse en dos movimientos simultáneos: búsqueda de refugio a corto plazo y revisión a la baja de las previsiones de demanda industrial para los próximos trimestres.

La primera ofensiva empresarial: la demanda de FedEx

La reacción de FedEx introduce un elemento clave: la respuesta de las grandes corporaciones. La compañía logística ha presentado la primera demanda relevante para reclamar la devolución de aranceles previamente pagados, apoyándose precisamente en la sentencia del Supremo. Si los tribunales dan la razón a FedEx, se abriría la puerta a reclamaciones por miles de millones de dólares.

“No se puede exigir a las empresas que soporten sobrecostes declarados inconstitucionales años después, sin un mecanismo claro de compensación”, señalan fuentes jurídicas consultadas por el sector, en una reflexión que comparten numerosos grupos exportadores. El diagnóstico es inequívoco: el conflicto se traslada ahora a los tribunales civiles y mercantiles, donde se dirimirá quién asume la factura de los errores regulatorios.

Para los mercados, este pulso judicial añade una capa más de complejidad. Las compañías afectadas podrían aprovechar cualquier victoria en los tribunales para recomprar acciones, reducir deuda o financiar nuevas inversiones. Pero también existe el riesgo de que el Gobierno responda con más medidas proteccionistas para compensar la eventual pérdida de ingresos fiscales. Entre tanto, los metales preciosos actúan como termómetro de la desconfianza: suben cuando el conflicto se percibe como descontrolado y corrigen cuando el mercado apuesta por una salida negociada.

Impacto en dólar, bonos y bolsas

El movimiento de los metales no puede entenderse sin mirar al resto del tablero financiero. Tras el anuncio del nuevo arancel, el dólar llegó a apreciarse en torno a un 0,5% frente a una cesta de divisas, apoyado en la percepción de que Estados Unidos seguirá siendo un destino preferente para los flujos de capital en tiempos de turbulencias. Al mismo tiempo, la rentabilidad del Treasury a diez años repuntó hasta la zona del 4,2%, encareciendo el coste de financiación global.

Este repunte de los tipos a largo plazo ejerce presión bajista sobre el oro, que no ofrece rentabilidad por sí mismo. Cuanto más atractivos resultan los bonos del Tesoro, menor es el incentivo para mantener grandes posiciones en metal físico. De ahí que parte de la corrección de este martes pueda explicarse como un simple reajuste frente al tirón de la deuda estadounidense.

Las bolsas, por su parte, se mueven en un equilibrio incómodo. Los sectores más expuestos al comercio internacional –automoción, tecnología, bienes de consumo duradero– encajan recortes, mientras que algunos valores ligados a defensa, energía o infraestructuras resisten mejor. El efecto dominó de la nueva ronda de aranceles aún no se ha desplegado por completo, pero los índices ya descuentan un escenario de mayor volatilidad en los próximos meses.

Riesgos para el comercio global y para Europa

Más allá de la foto de la sesión, lo relevante es el riesgo de un nuevo deterioro del comercio mundial. Un arancel global del 15% aplicado por la primera economía del planeta puede desencadenar respuestas similares de otros bloques, desde la Unión Europea hasta China. El precedente de la guerra comercial de 2018-2019 muestra que las represalias cruzadas tienden a expandirse a varios sectores y a prolongarse en el tiempo.

Para Europa, el escenario es especialmente delicado. Muchas de sus grandes compañías exportadoras ya operan con márgenes ajustados tras años de inflación elevada y costes energéticos superiores a los de Estados Unidos. Un nuevo ciclo de trabas comerciales reduciría la competitividad de la industria europea en sectores clave, desde el automóvil hasta la maquinaria avanzada. El contraste con la estrategia comunitaria, más orientada a la negociación multilateral, subraya la brecha transatlántica en materia de política comercial.

En este contexto, la reacción de los metales preciosos adquiere una dimensión adicional. Si el conflicto se extiende, es probable que los bancos centrales de mercados emergentes aumenten sus reservas de oro como póliza de seguro frente a la inestabilidad del sistema. Ello podría compensar, al menos en parte, la caída de la demanda financiera a corto plazo observada en la sesión de este martes.