El petróleo cae por debajo de 70 dólares al aliviarse Ormuz

Petróleo Foto de Grant Durr en Unsplash

El WTI perfora una barrera psicológica clave por primera vez desde marzo y el Brent retrocede más de un 4% tras mejorar el tránsito por el estrecho de Ormuz.

El petróleo vuelve a corregir con fuerza. El West Texas Intermediate (WTI) cayó este miércoles por debajo de los 70 dólares por barril, un nivel que no tocaba desde comienzos de marzo, mientras el Brent se situó en torno a los 73,7 dólares. La explicación inmediata está en el estrecho de Ormuz: el mercado empieza a descontar que el principal cuello de botella energético del planeta no quedará bloqueado. La consecuencia es clara: se desinfla parte de la prima geopolítica que había elevado los precios en las últimas sesiones.

La caída que cambia el tono del mercado

El contrato del WTI para agosto llegó a caer un 3,82%, hasta los 69,92 dólares, mientras el Brent del mismo vencimiento retrocedió un 4,10%, hasta los 73,72 dólares. No es una bajada menor: supone borrar buena parte del repunte asociado a la tensión en Oriente Medio y devuelve el crudo a una zona mucho más cómoda para bancos centrales, consumidores y gobiernos.

Lo relevante no es sólo el precio. Es el mensaje. El mercado está diciendo que, al menos por ahora, no ve una interrupción inmediata del suministro. Ese cambio de percepción pesa más que cualquier dato aislado de inventarios.

Ormuz vuelve al centro del tablero

El estrecho de Ormuz concentra una parte esencial del comercio energético mundial. Por ese paso marítimo circula alrededor de una quinta parte del suministro global de petróleo, lo que explica que cualquier amenaza sobre la zona se traduzca casi automáticamente en subidas del crudo.

Sin embargo, la mejora del tráfico marítimo ha reducido el miedo. Barron’s señala que los cruces de buques aumentaron de 32 entre el 12 y el 14 de junio a 93 entre el 19 y el 21 de junio, un salto que el mercado interpreta como señal de normalización.

La prima geopolítica se evapora

Durante los episodios de tensión en Oriente Medio, el petróleo suele incorporar una prima de riesgo inmediata. Esa prima no responde tanto al volumen perdido como al temor a que se pierda. Lo más grave, para los países importadores, es que esa expectativa se traslada con rapidez a carburantes, transporte y costes industriales.

Ahora ocurre lo contrario. Al no producirse un bloqueo efectivo de Ormuz, los operadores deshacen posiciones defensivas. El miedo compró petróleo; la calma lo está vendiendo. Esa frase resume el giro de una sesión que puede marcar el tono de las próximas semanas.

Inflación y bancos centrales respiran

La caída del crudo llega en un momento sensible para la política monetaria. Un petróleo por encima de 80 dólares habría complicado el relato de desinflación en Estados Unidos y Europa. Un WTI por debajo de 70 dólares, en cambio, reduce presión sobre gasolina, logística y producción.

El alivio no será inmediato en el bolsillo del consumidor, pero sí puede notarse en las expectativas. Si el barril se mantiene en esta zona durante varias semanas, el impacto sobre los índices de precios será más favorable. Para la Reserva Federal y el Banco Central Europeo, el dato es políticamente útil y económicamente relevante.

El riesgo no ha desaparecido

Conviene no confundir corrección con estabilidad definitiva. Trading Economics apuntaba este miércoles que el crudo caía a mínimos desde antes del conflicto entre Estados Unidos e Irán por el aumento del tráfico en Ormuz y el avance de las conversaciones, pero el equilibrio sigue siendo frágil.

Un incidente naval, una sanción adicional o una ruptura diplomática podrían devolver la prima de riesgo en cuestión de horas. El mercado energético ha demostrado en los últimos años que puede pasar de la complacencia al pánico con una velocidad extraordinaria.

Europa gana margen, pero no independencia

Para Europa, la caída del Brent es una buena noticia. La región sigue siendo vulnerable a los shocks externos, especialmente desde la ruptura energética con Rusia. Cada dólar menos en el barril reduce la factura importadora y mejora el margen de empresas intensivas en energía.

El contraste con Estados Unidos resulta claro. Washington cuenta con producción propia, reservas estratégicas y capacidad de respuesta interna. Europa, en cambio, depende más de proveedores externos. Por eso, aunque la bajada del petróleo ofrece oxígeno, no resuelve el problema estructural: la seguridad energética europea sigue siendo demasiado dependiente de decisiones ajenas.

Qué vigilar ahora

El foco estará en tres variables: el tráfico real por Ormuz, la evolución de las negociaciones geopolíticas y la respuesta de la demanda global. Si el Brent se consolida por debajo de 75 dólares, el mercado asumirá que el shock ha quedado contenido. Si recupera rápidamente los 80 dólares, la lectura será muy distinta.

El diagnóstico es inequívoco: el petróleo no cae porque sobre energía en el mundo, sino porque el peor escenario no se ha materializado. Esa diferencia importa. Y explica por qué una sola vía marítima puede mover en horas miles de millones en futuros, divisas, inflación esperada y beneficios empresariales.