El petróleo se hunde un 4% ante un posible pacto con Irán

Las expectativas de reapertura del estrecho de Ormuz arrastran al WTI hasta los 76 dólares y devuelven al mercado una volatilidad extrema.

Petróleo
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El petróleo ha borrado en cuestión de horas las subidas acumuladas durante la sesión. El West Texas Intermediate (WTI) cayó más de un 4%, mientras el Brent retrocedió hasta el entorno de los 80 dólares por barril, después de que Washington sugiriera que el acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz podría alcanzarse entre este martes y el miércoles.

El giro revela hasta qué punto el mercado energético está operando al ritmo de cada declaración diplomática. Una solución permitiría recuperar parte del tráfico marítimo, pero las diferencias entre Estados Unidos e Irán siguen abiertas. El precio incorpora esperanza, no todavía un pacto cerrado.

Una caída superior al 4%

Los futuros del WTI para entrega en septiembre llegaron a bajar un 4,46%, hasta 76,76 dólares, tras haber alcanzado durante la misma jornada los 82,33 dólares. El Brent de octubre cedió cerca de un 3,7%, hasta 80,66 dólares, después de tocar un máximo intradía de 86,33 dólares.

La amplitud del movimiento resulta especialmente significativa. Entre máximos y mínimos, el WTI recorrió más de cinco dólares por barril en pocas horas. Ambos contratos descendieron hasta niveles no vistos desde el 13 de julio, confirmando que la prima geopolítica puede desaparecer con la misma rapidez con la que se incorpora.

El mensaje que cambió el mercado

El detonante fue Scott Bessent. El secretario del Tesoro estadounidense aseguró que el entendimiento con Irán podría llegar de forma inminente y que cualquier acuerdo debería garantizar la «libertad de movimiento» de los buques.

La declaración fue interpretada como una señal de que las conversaciones indirectas habían avanzado más de lo previsto. Bessent añadió que había observado la salida de varios barcos a través del estrecho, un dato que alimentó la expectativa de normalización.

Sin embargo, las versiones no son plenamente coincidentes. Irán ha negado que existan negociaciones directas con Washington, mientras los mediadores trabajan intercambiando propuestas entre las partes.

Qatar acelera la mediación

Qatar ha confirmado que los esfuerzos diplomáticos continúan, aunque sin anunciar un acuerdo definitivo. Su portavoz de Exteriores, Majed al-Ansari, señaló que el objetivo inmediato consiste en reducir la escalada, reabrir Ormuz y recuperar la vía diplomática.

Doha está coordinándose con Pakistán y Omán para facilitar el intercambio de borradores. La prioridad sería alcanzar una solución provisional que permita restablecer el tráfico mientras se prepara una negociación más amplia.

La diplomacia intenta construir un mecanismo temporal antes de abordar las diferencias políticas y militares de fondo. Esa arquitectura puede aliviar los precios, pero seguirá siendo vulnerable mientras no existan garantías verificables.

El cuello de botella mundial

Antes del conflicto, el estrecho de Ormuz canalizaba aproximadamente una quinta parte del suministro diario mundial de petróleo y gas natural licuado. Su importancia explica que cualquier incidente naval tenga un impacto inmediato sobre las cotizaciones.

La producción de Oriente Próximo se ha recuperado parcialmente, pero continúa por debajo de los niveles anteriores a la crisis. Además, el tráfico por Ormuz apenas ha mejorado desde sus mínimos, manteniendo limitada la capacidad exportadora de los productores del Golfo.

La consecuencia es clara: incluso con un pacto preliminar, el mercado necesitará pruebas de que los buques pueden transitar de forma regular y segura.

La seguridad sigue en duda

El optimismo coincidió con un nuevo incidente marítimo cerca de Omán, donde un carguero fue alcanzado por un proyectil de origen desconocido. El episodio recordó que la desescalada diplomática todavía convive con un riesgo operativo elevado.

Este contraste resulta demoledor. Mientras los negociadores intercambian documentos, las navieras continúan afrontando amenazas físicas, mayores costes de seguros y posibles desvíos. Reabrir formalmente el estrecho no equivale a normalizarlo.

Las compañías exigirán garantías sobre escoltas, responsabilidades y compensaciones antes de recuperar plenamente las rutas anteriores.

El efecto sobre la inflación

Una consolidación del Brent cerca de los 80 dólares aliviaría las presiones sobre combustibles, transporte y costes industriales. Europa, altamente dependiente de las importaciones energéticas, sería una de las principales beneficiadas.

No obstante, el descenso también expone la fragilidad de las previsiones. Un fracaso de las conversaciones podría devolver rápidamente la prima de riesgo al barril, especialmente si se intensifican los ataques o vuelven a caer las exportaciones.

Goldman Sachs sitúa el Brent en una horquilla de 80 a 90 dólares mientras no exista claridad definitiva. El diagnóstico es inequívoco: la diplomacia ha ganado tiempo, pero todavía no ha eliminado el riesgo.

Una tregua todavía frágil

La caída del petróleo anticipa un escenario favorable antes de que se haya materializado. Los inversores descuentan una reapertura próxima, mayor circulación de buques y recuperación gradual de las exportaciones.

Lo más grave para el mercado sería haber interpretado unas conversaciones preliminares como una solución estructural. Las diferencias sobre el control del tráfico, las sanciones y las garantías de seguridad continúan siendo sustanciales.

Por ahora, cada titular puede mover el barril entre un 3% y un 5% en cuestión de minutos. El petróleo ha dejado de cotizar únicamente oferta y demanda. Cotiza, sobre todo, la credibilidad de una negociación que aún debe superar su fase más difícil.

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