La plata se dispara un 10% tras su peor desplome desde 1980
La montaña rusa de la plata ha dado un nuevo giro. Tras hundirse un 35% el viernes, la mayor caída desde el histórico Silver Thursday de 1980, el metal ha rebotado un 10% y cotiza ya en torno a 87,94 dólares por onza, borrando parte de las pérdidas de la llamada “matanza de los metales”. Al mismo tiempo, el oro sube casi un 6%, rozando los 4.931 dólares, mientras platino y paladio avanzan entre un 5% y un 6%. El detonante sigue siendo político: el anuncio del presidente Donald Trump sobre su elección para presidir la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y el súbito relajamiento de las tensiones entre Washington y Irán.
Un rebote del 10% tras el mayor desplome desde 1980
El dato es contundente: +10% en una sola sesión, hasta los 87,94 dólares por onza, después de un viernes negro en el que la plata se dejó un 35%, la mayor caída diaria desde 1980. Traducido en niveles de precios, el metal llegó a cotizar hace apenas unos días por encima de los 120 dólares, para desplomarse hasta la zona de 80 dólares y ahora recuperar casi 8 dólares en cuestión de horas.
Este comportamiento no encaja con un activo defensivo clásico, sino con un activo dominado por el apalancamiento y la especulación. Las casas de análisis hablan ya de un “mini Silver Thursday” en referencia al desplome de 1980, cuando el intento de los hermanos Hunt de acaparar el mercado provocó una caída del 50% en cuestión de días y obligó a un rescate bancario a la vieja usanza.
Lo más grave, señalan varios informes, es que la liquidez se ha evaporado en los momentos clave. El viernes, muchos intermediarios dejaron de cotizar precios firmes ante las llamadas de margen en cascada, y el lunes el rebote se ha producido con un volumen anémico en comparación con las jornadas de subida de enero. Según estimaciones de mercado, el volumen negociado en futuros de plata se ha reducido cerca de un 40% respecto a los máximos de hace dos semanas, una señal inequívoca de que una parte del dinero especulativo ha salido del tablero, al menos de momento.
De refugio seguro a activo hipervolátil
Durante los últimos doce meses, la narrativa dominante era simple: metales preciosos como refugio frente a la inflación, la depreciación del dólar y la inestabilidad geopolítica. La plata, tradicionalmente más ligada a la industria, se subió a ese tren a rebufo del oro. Entre principios de 2025 y enero de 2026, distintos informes cifran la revalorización acumulada de la plata en torno al 150%, con subidas mensuales superiores al 20% en algunos momentos.
Este hecho revela hasta qué punto el mercado se había desconectado de los fundamentales. La demanda física para usos industriales –paneles solares, electrónica, automoción– crece, pero a ritmos de 3%-5% anual, muy lejos del rally registrado. El diagnóstico es inequívoco: ha sido el flujo financiero, no el consumo real, el que ha dictado el precio. Fondos especializados, ETF respaldados por plata y traders minoristas coordinados en redes sociales han amplificado los movimientos.
La consecuencia es clara: cuando el sentimiento cambia, la corrección no se parece a la de un activo defensivo, sino a la de un “meme asset”. En cuestión de horas, posiciones muy apalancadas fueron liquidadas, obligando a vender metal en cascada. Varios bancos de inversión hablan ya de una “purga necesaria” que podría devolver la plata a una banda más sostenible, entre 60 y 90 dólares, siempre que no regresen los sobresaltos geopolíticos extremos.
Trump, la Reserva Federal y el giro de guion
El origen inmediato del desplome del viernes y del rebote de hoy hay que buscarlo en Washington. El anuncio de Estados Unidos de quién será el próximo presidente de la Fed ha cambiado, de golpe, la percepción sobre la política monetaria. La elección de un perfil más hawkish de lo esperado implica, para los mercados, tipos de interés más altos durante más tiempo y un dólar potencialmente más fuerte.
La secuencia ha sido clara. Durante meses, el temor a un banco central dócil y presionado políticamente alimentó la compra masiva de oro y plata como cobertura frente a una posible “devaluación por la puerta de atrás”. Con el giro de guion, ese miedo se ha enfriado. Al mismo tiempo, la distensión entre Washington y Teherán, con mensajes de voluntad de acuerdo por parte de Trump tras semanas de tensión militar, ha rebajado la prima geopolítica que había impulsado los metales a récords.
El contraste con otras regiones resulta demoledor. Mientras el mercado estadounidense descuenta ya un ciclo de tipos más restrictivo, el Banco Central Europeo se enfrenta todavía a una zona euro con crecimiento débil y presiones para flexibilizar las condiciones financieras. Esta asimetría podría seguir apoyando al dólar frente al euro, reduciendo el atractivo de los metales para el inversor europeo, que ve cómo la cobertura en oro o plata puede quedarse corta frente al simple efecto tipo de cambio.
Un mercado que revive el fantasma del ‘Silver Thursday’
Cada vez son más las comparaciones con el “Silver Thursday” de 1980, cuando el desplome de la plata, tras el intento de los hermanos Hunt de acaparar el mercado, sacudió al sistema financiero. Entonces, el metal cayó de unos 21 a 10,80 dólares por onza en apenas unos días, un descenso cercano al 50%, y obligó a una línea de crédito de 1.100 millones de dólares para evitar un daño sistémico.
La situación actual es diferente en escala, pero similar en dinámica: subida vertiginosa alimentada por crédito y derivado de una narrativa de “fin del dinero fiat”, seguida de un desplome cuando las reglas del juego cambian. Hoy no hay tres magnates texanos cargando aviones de lingotes, pero sí miles de inversores minoristas y profesionales jugando con futuros y opciones en un entorno de tipos reales negativos prolongados.
Los reguladores observan la situación con creciente inquietud. Un desplome desordenado de los metales preciosos podría generar pérdidas significativas en bancos con exposición a derivados, en fondos que ofrecen productos apalancados al cliente minorista e incluso en gobiernos que han incrementado sus reservas oficiales de oro. Aunque por ahora no se han producido episodios de estrés sistémico, varios supervisores han recordado que los metales no son un sustituto perfecto del efectivo ni de la deuda soberana, por mucho que la narrativa digital los haya idealizado.
El efecto contagio en oro, platino y paladio
La plata no está sola en esta sacudida. El oro ha subido casi un 6% en la sesión, hasta los 4.931,61 dólares por onza, después de haber sufrido también caídas intradía superiores al 8% en la ola vendedora del lunes. Platino y paladio han avanzado un 4,8% y un 6,1%, respectivamente, recuperando parte del terreno perdido.
Sin embargo, el trasfondo es menos benigno de lo que parece. El rally de hoy llega tras una jornada en la que los metales habían registrado descensos históricos, con titulares que hablaban abiertamente de “meltdown” y flash crash en los mercados de futuros. Los mineros de oro y plata, por ejemplo, encadenan caídas de doble dígito en bolsa en los últimos días, reflejando el temor a que los precios del metal vuelvan a niveles mucho más bajos durante 2026.
Además, el rebote no ha sido homogéneo. Mientras el oro mantiene su reputación como activo de reserva para bancos centrales y grandes patrimonios –las compras oficiales han aumentado en torno a un 10%-15% interanual, según distintas estimaciones–, la plata sigue acusando su doble condición de metal monetario e industrial. Si el ciclo económico se enfría más de lo previsto, la demanda para usos productivos puede resentirse, añadiendo presión a un mercado ya muy nervioso.