La plata rebota un 40% desde el mínimo del viernes

El oro se dispara un 5% y arrastra al resto de los metales preciosos

El mercado de metales preciosos ha vivido en apenas cuatro días uno de los episodios más violentos de su historia reciente. Tras un desplome de más del 35% en la plata el pasado viernes, que supuso la mayor caída diaria desde 1980, la sesión de este martes ha traído un rebote igualmente extremo. El oro ha llegado a subir más de un 5% hasta rozar los 4.900 dólares por onza, mientras que la plata ha recuperado terreno por encima de los 86 dólares, muy cerca de los niveles previos al crash. La secuencia deja un mensaje inequívoco: en un contexto de tensión entre Estados Unidos e Irán y con el mercado intentando digerir la posible llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal, los metales se han convertido en el epicentro de la volatilidad global.

El oro se dispara un 5% y arrastra al resto de los metales preciosos 

UNSPLASH / ZLATÁKY.CZ
El oro se dispara un 5% y arrastra al resto de los metales preciosos UNSPLASH / ZLATÁKY.CZ

Un rebote fulgurante tras el desplome histórico del viernes

La madrugada del martes (hora europea) ha confirmado que el desplome del viernes no fue un simple ajuste técnico. A las 1:27 am ET, el oro repuntaba un 4,66% hasta 4.870,08 dólares por onza, mientras la plata escalaba un 6,29% hasta 84,97 dólares. Apenas una hora más tarde, el movimiento se aceleró: la plata llegó a un +7,8% hasta 86,18 dólares, y el oro amplió su subida al 5,14% hasta 4.891,80 dólares.

El resto del complejo de metales preciosos también se contagió. El platino avanzó desde un tímido +1,41% (2.161,77 dólares) hasta un +3,76% (2.211,63 dólares), mientras el paladio pasó del +1,87% (1.714,49 dólares) a un +6,2% (1.787,42 dólares) en cuestión de minutos.

Este movimiento refleja un patrón cada vez más habitual: caídas abruptas seguidas de rebotes igual de violentos, en sesiones de liquidez reducida y con una fuerte presencia de algoritmos y derivados. Lo más grave es que, detrás de estas cifras, se estima que más de 70.000 millones de dólares en posiciones apalancadas han cambiado de manos desde el jueves, en un entorno donde el inversor minorista llega casi siempre tarde.

De máximos históricos a desplome: el péndulo de la plata

La plata es el mejor termómetro de esta espiral. Hace apenas unos días, el metal superaba la cota de los 120 dólares por onza, un máximo histórico impulsado por la búsqueda desesperada de activos refugio ante la escalada de tensión entre Washington y Teherán. Desde ese pico, el precio se hundió más de un 35% en una sola sesión, firmando la mayor corrección diaria en más de cuatro décadas.

Este hecho revela hasta qué punto el mercado había entrado en territorio de burbuja táctica: posiciones especulativas extremas, compras masivas vía ETF y futuros, y una narrativa de “refugio absoluto” que no tenía en cuenta la realidad física del mercado. Según estimaciones de mesas de negociación, solo el viernes se habrían liquidado entre un 20% y un 25% de las posiciones largas en futuros de plata en los principales mercados, forzadas por márgenes adicionales y llamadas de garantías.

El rebote de este martes, que devuelve al metal a la franja de 86 dólares, no borra el daño: muchos inversores que entraron por encima de 100 dólares siguen atrapados con pérdidas de doble dígito. La consecuencia es clara: el mercado está enviando una señal de que la plata se ha convertido en un activo de altísimo riesgo táctico, más cercano a una “meme stock” global que a un refugio clásico y estable.

La geopolítica como chispa: tensión entre Estados Unidos e Irán

El detonante inicial de este rally fue la intensificación de las tensiones entre Estados Unidos e Irán, con amenazas cruzadas, ataques selectivos y riesgo de escalada abierta en una región clave para el suministro energético mundial. Cada titular ha actuado como gasolina sobre un mercado ya predispuesto al miedo.

Históricamente, episodios de riesgo geopolítico han impulsado el precio del oro entre un 10% y un 20% en cuestión de semanas. Sin embargo, el contraste con otras crisis resulta demoledor: esta vez, el movimiento se ha concentrado en apenas unos días, con amplitudes que duplican las registradas en conflictos como la invasión de Irak en 2003 o las tensiones nucleares con Corea del Norte.

La razón no está solo en la magnitud de la amenaza, sino en la arquitectura del mercado actual. “Cualquier titular con la palabra ‘Irán’ activa en segundos miles de órdenes de compra automatizadas sobre oro y plata”, resume un operador de un banco de inversión europeo. El diagnóstico es inequívoco: la geopolítica ya no es solo un factor de fondo, sino el gatillo directo de oleadas especulativas, amplificadas por la tecnología y un exceso de liquidez global que aún no se ha drenado del todo tras los años de tipos cero.

El factor Fed: la sombra de Kevin Warsh sobre el dólar

Al ruido geopolítico se suma otro elemento desestabilizador: la nominación por parte de Donald Trump de Kevin Warsh, exgobernador de la Reserva Federal, como candidato a presidir el banco central estadounidense. El mercado interpreta este movimiento como una posible ruptura parcial con la línea de continuidad que representaban otros nombres, y eso se traduce en más incertidumbre sobre el futuro del dólar y de los tipos de interés.

Warsh es percibido como un perfil más crítico con las políticas ultraexpansivas de la última década. Un giro hacia una Fed más dura con la inflación, o más sensible al riesgo de burbujas de activos, podría reforzar al dólar en el medio plazo. Sin embargo, la fase de transición abre un periodo de opacidad en la hoja de ruta monetaria, y ese vacío suele ser terreno fértil para el oro.

En las últimas 24 horas, los mercados han comenzado a descontar un escenario en el que la Fed podría acelerar el debate sobre la retirada de estímulos o incluso anticipar subidas de tipos si la inflación repunta. El oro, que históricamente sufre con los tipos altos, se beneficia en cambio de la incertidumbre previa: mientras no haya una dirección clara, muchos gestores prefieren añadir entre un 2% y un 5% de exposición a metales preciosos en cartera como seguro de transición.

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