Los metales preciosos encadenan dos sesiones de ventas violentas, con caídas acumuladas de más del 30%

La plata se hunde un 6% tras la nominación de Warsh

Plata UNSPLASH/SCOTTSDALE MINT

La brutal corrección en los metales preciosos no se detiene. La plata profundizó en la sesión de este lunes el desplome iniciado el viernes, con una caída adicional del 6,32% hasta los 78,69 dólares por onza a las 22.15 horas (ET), tras haber llegado a ceder casi un 12% en los mínimos intradía. En solo dos jornadas, el metal ha perdido más de un 30% de su valor, en la que ya se considera una de las peores secuencias para el sector desde los años ochenta. El desencadenante ha sido la nominación de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, percibido por el mercado como un perfil más duro con la inflación, y el consiguiente fortalecimiento del dólar. El oro tampoco se ha librado del castigo: llegó a desplomarse un 5% hasta rozar los 4.600 dólares, para terminar el día en 4.717,92 dólares, un descenso del 3,31%. Platino y paladio cedieron cerca del 1%, completando un cuadro de ventas masivas en todo el complejo de metales preciosos.

Un desplome encadenado al “viernes negro” de la plata

El derrumbe de este lunes no puede entenderse sin el precedente inmediato: el llamado “viernes negro” de la plata. Ese día, el metal llegó a caer cerca de un 30% en una sola sesión, arrastrado por ventas masivas en los futuros y por un violento repunte del dólar tras conocerse la nominación de Warsh para liderar la Reserva Federal. Los precios se desplomaron desde máximos históricos por encima de los 120 dólares hasta la zona de los 80, en un movimiento que pilló a contrapié a miles de inversores minoristas y a fondos muy apalancados.

El resultado es que, tras el nuevo retroceso de este lunes, la plata acumula ya un castigo superior al 31% en apenas dos sesiones. La volatilidad ha sido tan extrema que muchos analistas la comparan con episodios como el pinchazo de la burbuja de 1980 o la corrección de 2011, cuando el metal se desinfló rápidamente tras tocar los 50 dólares. Lo más grave, subrayan en las mesas de inversión, es que el desplome se produce después de un rally histórico que había consolidado la narrativa de la plata como “refugio perfecto” frente a la inflación y la depreciación de las divisas. Esa narrativa ha quedado, al menos de momento, seriamente dañada.

Warsh, la Fed y el golpe del dólar a los refugios

El catalizador inmediato ha sido la nominación de Kevin Warsh como próximo presidente de la Fed, interpretada como un giro hacia una política monetaria más restrictiva. Warsh es visto en los mercados como un perfil dispuesto a tolerar tipos de interés más elevados durante más tiempo para doblegar la inflación. La consecuencia ha sido un repunte rápido del dólar, que históricamente suele moverse en dirección opuesta al precio del oro y la plata: cuando la divisa estadounidense se fortalece, los metales —denominados en dólares— se encarecen para el resto del mundo y pierden atractivo como activo refugio.

A esta percepción de endurecimiento monetario se ha sumado un dato inflacionista algo más alto de lo previsto, que refuerza la idea de que los tipos podrían permanecer elevados durante más tiempo. En este contexto, los inversores han optado por reducir exposición a activos sin rendimiento —como los metales preciosos— y rotar hacia bonos y liquidez en dólares. “No es que el oro o la plata hayan dejado de ser refugios, es que en cuestión de horas el mercado ha reordenado sus prioridades y ha decidido que, por ahora, el refugio se llama dólar fuerte”, resume un gestor de renta fija. Este giro de expectativas ha sido el primer empujón de un movimiento que después se ha amplificado por factores puramente técnicos.

El metal “en esteroides”: por qué la plata sufre más

La reacción desproporcionada de la plata frente al oro no es casual. Los especialistas recuerdan que el mercado de la plata es mucho más pequeño y menos líquido, lo que multiplica los movimientos en uno y otro sentido. Estudios recientes muestran que la plata suele ser entre dos y tres veces más volátil que el oro: cuando este sube un 5%, la plata puede subir un 10% o más, pero cuando el oro cae, el ajuste en la plata es todavía más violento.

A esa menor profundidad de mercado se suma la doble naturaleza del metal: además de activo de inversión, la plata es un insumo clave para la industria fotovoltaica, la electrónica y el sector del automóvil. Esa dualidad hace que sea extremadamente sensible tanto a los ciclos económicos como a los flujos financieros. Cuando se combinan un shock de tipos de interés, un dólar fuerte y temores sobre el crecimiento, la reacción puede ser de auténtico “metal en esteroides”. Como señalan desde varias casas de análisis, “la plata suele comportarse como el oro, pero con el volumen al máximo”. El diagnóstico es inequívoco: en un entorno de nerviosismo, el mercado purga primero las posiciones más apalancadas y menos líquidas, y la plata cumple ambas condiciones.

El impacto en oro, platino y paladio: un castigo desigual

Aunque la protagonista del desplome ha sido la plata, el resto de metales preciosos han sufrido el contagio. El oro llegó a perder un 5% en los primeros compases de la sesión, perforando momentáneamente los 4.600 dólares por onza, antes de recuperar parte del terreno hasta los 4.717,92 dólares, todavía un descenso del 3,31% en el día. El movimiento es significativo, pero muy inferior al de la plata, lo que confirma el papel del oro como activo más estable dentro del universo de refugios.

El platino y el paladio, más ligados a la industria automovilística y a la fabricación de catalizadores, registraron caídas mucho más contenidas, de 0,95% y 0,87% respectivamente. En su caso, el efecto macro —tipos, dólar, expectativas de crecimiento— se entrelaza con dinámicas propias de oferta y demanda, menos expuestas al flujo especulativo que domina en la plata. Sin embargo, lo más relevante es el mensaje agregado: el mercado está revisando a la baja, al menos de forma temporal, la prima de refugio que había asignado a todo el complejo de metales en los últimos meses, después de un rally en el que el oro llegó a marcar máximos por encima de los 5.500 dólares.

Márgenes, derivados y el papel de CME Group

Más allá del titular político, buena parte del desplome tiene que ver con un factor mucho más técnico: el aumento de los requerimientos de margen en los contratos de futuros sobre oro y plata. Tras la volatilidad del viernes, la cámara de compensación decidió elevar las garantías exigidas a los operadores, desde aproximadamente un 11% al 15% en el caso de la plata y del 6% al 8% en el oro. El objetivo es proteger al sistema frente a posibles impagos, pero el efecto inmediato ha sido desencadenar una ola de ventas forzadas entre los inversores más apalancados.

Muchos fondos y traders minoristas simplemente no han podido aportar el capital adicional exigido en cuestión de horas. La consecuencia es clara: cierres masivos de posiciones, liquidaciones automáticas y una presión vendedora que se retroalimenta a sí misma. “No estamos ante el fin del mercado alcista del oro, sino ante una purga violenta de posiciones apalancadas”, explica un estratega de materias primas. Este hecho revela hasta qué punto el rally de los últimos meses se había construido sobre una base de derivados y de crédito barato. Cuando ese crédito se encarece o se restringe, los metales dejan de ser una apuesta tranquila y se convierten en un activo radicalmente procíclico.

Mineras e industria: el riesgo de un frenazo en inversión

El desplome de la plata tiene implicaciones que van más allá de los mercados financieros. Los grandes productores —compañías mineras en México, Perú, China o Australia— ven cómo en cuestión de días se estrechan sus márgenes y se reabren dudas sobre proyectos de inversión intensivos en capital. Aunque el precio actual, en torno a los 80 dólares la onza, sigue muy por encima de los costes medios de extracción, la brutalidad del movimiento y la posibilidad de nuevas caídas pueden llevar a retrasar ampliaciones de capacidad o a revisar a la baja planes de exploración.

Al mismo tiempo, sectores que dependen de la plata como insumo —desde los fabricantes de paneles solares hasta la electrónica de consumo— observan el desplome con una mezcla de alivio y cautela. A corto plazo, una plata más barata reduce costes y mejora márgenes. Pero si el crash deriva en una contracción de la oferta por caída de la inversión, el péndulo puede girar de nuevo hacia tensiones de precios en los próximos años. El contraste con otras materias primas resulta demoledor: mientras algunos metales industriales han mantenido cierta estabilidad gracias a la demanda vinculada a la transición energética, la plata demuestra que el estatus de “metal estratégico” no inmuniza frente a los vaivenes financieros.