La plata roza 96 dólares y dispara a los mineros
La plata ha vuelto a hacerlo. En apenas un año ha pasado de ser el “hermano pobre” del oro a marcar máximos históricos por encima de los 95 dólares la onza, en un movimiento que ya muchos en el mercado califican de “parabólico”. Mientras el oro se consolida en zona de récord por encima de los 4.700 dólares, la plata avanza todavía más deprisa y encadena revalorizaciones de doble dígito en pocas semanas. El efecto en Bolsa ha sido inmediato: las mineras de plata que cotizan en Estados Unidos se han disparado en la preapertura, con subidas de entre el 4% y el 6%. Lo que podría parecer un simple episodio de euforia es, en realidad, el síntoma visible de tensiones más profundas: déficit de oferta, carrera industrial por la transición energética y búsqueda desesperada de refugio ante un escenario geopolítico cada vez más inestable.
Un rally histórico del “oro pobre”
La cotización de la plata se mueve ya en torno a 95-96 dólares por onza, muy por encima de los récords de 2025, cuando el metal superó por primera vez los 70 dólares y desató la primera oleada de titulares sobre un nuevo “superciclo” de metales industriales. La subida no es marginal: según datos de mercado, el precio ha avanzado más de un 34% solo en lo que va de año, y se ha multiplicado por más de tres desde los mínimos previos a la actual escalada.
Este comportamiento convierte a la plata en uno de los activos financieros con mejor rendimiento del último bienio, superando no solo a los grandes índices bursátiles, sino también al propio oro en términos relativos. En paralelo, el metal amarillo ha marcado sus propios máximos históricos por encima de los 4.700 dólares por onza, pero la ratio oro/plata se ha comprimido con fuerza, reflejando que la “plata industrial” está capturando un apetito inversor adicional.
El diagnóstico es inequívoco: la plata ha dejado de ser un metal semiolvidado para convertirse en uno de los termómetros más sensibles del nerviosismo financiero global y de la apuesta por la transición energética.
Los valores que más suben en la apertura estadounidense
El impulso del precio se ha trasladado de inmediato a los parqués. En la preapertura de Wall Street, Hecla Mining, propietaria de Greens Creek en Alaska —una de las mayores minas de plata del mundo— avanzaba en torno a un 6,1%. Silvercorp Metals sumaba cerca de un 5,9%, First Majestic Silver se revalorizaba en torno a un 5%, mientras que Endeavour Silver y Coeur Mining subían aproximadamente un 4,7% y un 4,3%, respectivamente. Wheaton Precious Metals, gigante del ‘streaming’ de metales preciosos, ganaba en torno a un 3,8%.
Este comportamiento refleja un patrón clásico en los mercados de materias primas: cuando el precio spot del metal se dispara, las compañías productoras actúan como un multiplicador del movimiento. Cada dólar adicional en la onza tiene un efecto desproporcionado sobre el beneficio operativo de las mineras, especialmente de aquellas con costes de extracción ya amortizados y minas maduras. El contraste con otros sectores resulta demoledor: mientras industrias cíclicas ligadas al consumo o a la tecnología sufren por la incertidumbre macro, las mineras de plata emergen como uno de los pocos segmentos claramente favorecidos por el nuevo entorno.
La consecuencia es clara: el rally está concentrando flujos en unas pocas compañías, incrementando el riesgo de sobrevaloración en un puñado de nombres muy seguidos por el inversor minorista.
Las fuerzas que empujan la plata: industria, déficit y refugio
Detrás del récord no hay un único factor, sino una combinación poco frecuente de demanda industrial récord y búsqueda de refugio financiero. La plata es un metal clave para la transición energética: se utiliza de forma intensiva en paneles fotovoltaicos, electrónica de potencia y componentes para vehículos eléctricos. Según estimaciones sectoriales, la demanda industrial alcanzó en 2024 máximos históricos, superando los 680 millones de onzas, impulsada por la expansión de las renovables y la digitalización.
Al mismo tiempo, el mercado arrastra desde hace años un déficit estructural de oferta, con producción minera estancada y una capacidad limitada para poner en marcha nuevos proyectos a corto plazo. Este hecho revela una paradoja: durante la década previa, los precios bajos desincentivaron la inversión en nuevas minas; ahora, con la demanda disparada, ese retraso se traduce en tensión de precios.
En paralelo, la plata se beneficia de su doble condición: metal industrial y activo refugio. En un contexto de tipos reales presionados a la baja y renovadas dudas sobre la estabilidad geopolítica, parte del capital que tradicionalmente iba solo al oro se está repartiendo también hacia la plata, cuya liquidez ha crecido de forma notable con el auge de los ETF respaldados por metal físico.
Tipos de interés, dólar débil y la sombra de la política
El actual rally sería difícil de entender sin el telón de fondo monetario. Tras años de endurecimiento, los bancos centrales han comenzado a relajar el discurso, con un mercado que descuenta recortes de tipos para los próximos trimestres. Unos tipos reales más bajos reducen el coste de oportunidad de mantener activos que no generan rentas, como oro y plata, y favorecen entradas masivas de capital especulativo.
La debilidad del dólar en determinados tramos de 2025 y el arranque de 2026 ha actuado como catalizador adicional, abaratando el metal para los compradores fuera de Estados Unidos e incentivando la demanda global. A ello se suma un clima político enrarecido: tensiones comerciales renovadas entre Washington y sus aliados, amenazas arancelarias y un discurso más agresivo en la Casa Blanca han reforzado la percepción de riesgo sistémico.
Lo más grave, a ojos de muchos gestores, es que determinados mensajes políticos han sido interpretados como una presión indirecta para mantener condiciones financieras acomodaticias. Si los inversores sospechan que la política va a primar sobre la estabilidad de precios, la huida hacia activos reales se acelera.
El espejo de la historia: 1980, 2011… y ahora
La historia de la plata está jalonada de episodios de euforia seguidos de correcciones abruptas. En 1980, el intento de acaparamiento del mercado por los hermanos Hunt llevó el precio hasta cerca de 50 dólares la onza, antes de desplomarse cuando las autoridades endurecieron las reglas del juego. En 2011, en plena resaca de la crisis financiera, el metal volvió a rozar esa zona de máximos para después corregir con fuerza durante casi una década.
El contraste con el presente es inquietante. A diferencia de aquellas burbujas, el actual rally se produce en un contexto de déficit físico real y de demanda industrial sostenida, factores que otorgan mayor solidez al movimiento. Sin embargo, el diagnóstico no es del todo tranquilizador: también ahora se observa una creciente participación de inversores minoristas, apalancamiento a través de derivados y una narrativa de “nuevo paradigma” que recuerda a otros ciclos de euforia.
La consecuencia podría ser un patrón similar al del pasado: un tramo final de subida muy vertical, con precios por encima de los fundamentales, seguido de correcciones violentas que castiguen precisamente al último en llegar.
Riesgos para el inversor: volatilidad extrema y minas sobrecalentadas
Para el inversor particular, la tentación es evidente: mineras que suben un 5% en una sola sesión y un metal que se ha revalorizado más de un 200% desde el inicio de la actual fase alcista parecen una oportunidad irresistible. Sin embargo, la experiencia demuestra que la volatilidad de la plata es mucho más elevada que la del oro y que las correcciones pueden borrar en semanas lo ganado en meses.
Las compañías mineras añaden una capa adicional de riesgo. Su cotización no solo depende del precio del metal, sino también de factores operativos (costes, problemas técnicos, permisos), políticos (regulación ambiental, regalías) y financieros (apalancamiento elevado). Cuando el mercado se gira, los valores que más han subido son también los que más caen.
Además, el auge de productos apalancados y de derivados accesibles desde plataformas ‘online’ facilita que inversores sin experiencia asuman posiciones muy arriesgadas. El diagnóstico es claro: quien entre ahora en el sector debe ser consciente de que no está comprando un depósito tranquilo, sino un activo de alta beta cuya trayectoria puede ser tan explosiva al alza como devastadora a la baja.