La plata salta un 138% y supera los 92 dólares

plata, UNSPLASH / SCOTTSDALE_MINT
La nueva guerra arancelaria de Trump y las tensiones con Irán disparan el apetito por el metal mientras el mercado digiere caídas previas del 18% en apenas un mes

La plata ha vuelto a convertirse en protagonista absoluta de los mercados de materias primas. El metal blanco se disparó más de un 4% en la sesión del viernes, superó los 91 dólares y llegó a negociarse en torno a los 92,62 dólares por onza, su nivel más alto desde finales de enero. Lo hizo, además, en un contexto paradójico: acumula un rally del 138% en los últimos seis meses, pero arrastra todavía una corrección cercana al 18% en apenas un mes.

El detonante inmediato ha sido una combinación explosiva: los nuevos aranceles globales del 10% anunciados por la Administración Trump —con potencial de escalar al 15% para países concretos— y un frágil respiro geopolítico tras el acuerdo entre Estados Unidos e Irán para retomar conversaciones nucleares. El diagnóstico es inequívoco: el mercado ha decidido pagar un precio récord por la seguridad que percibe en los metales preciosos.

Un rally histórico en plena tormenta arancelaria

El movimiento del viernes no encaja en la etiqueta de “rebote técnico”. La subida del 4,28% en una única sesión, en un activo ya de por sí volátil, consolida un tramo alcista que ha llevado a la plata a multiplicar por más de dos su precio en medio año.

El impulso coincide con un nuevo frente de incertidumbre: tras un fallo desfavorable del Tribunal Supremo de Estados Unidos, la Administración Trump respondió con un arancel global del 10%, acompañado de una amenaza explícita de elevarlo al 15% para determinados socios comerciales.

El mensaje para el mercado es directo: vuelve el riesgo de guerra comercial, con cadenas de suministro, costes industriales y márgenes empresariales de nuevo en el punto de mira. Cada vez que el comercio mundial se tensiona, los activos percibidos como refugio —tradicionalmente el oro, pero también la plata— tienden a registrar entradas masivas de capital. En las últimas semanas, los principales ETF respaldados por plata han visto aumentar sus posiciones en torno a un 20%-25%, según estimaciones de mercado.

El contraste con otros activos de riesgo es demoledor: mientras los índices bursátiles más expuestos al comercio global encadenan correcciones de doble dígito, la plata se ha convertido en uno de los pocos activos capaces de ofrecer rentabilidades extraordinarias en un horizonte muy corto. La conclusión es incómoda pero clara: el mercado tolera volatilidad extrema a cambio de protección frente a un giro imprevisible en la política comercial de Washington.

De activo industrial a refugio frente al riesgo político

Históricamente, cerca de la mitad de la demanda mundial de plata procede de usos industriales —desde la electrónica hasta la energía solar—, lo que la convertía en un activo muy vinculado al ciclo económico. Pero el movimiento de los últimos meses apunta a algo más profundo: el metal blanco está mutando, al menos en esta fase del ciclo, en un refugio híbrido, a medio camino entre oro y cobre.

La subida del 138% en seis meses no se explica solo por expectativas de mayor consumo en tecnologías verdes o semiconductores. La señal más sensible, desde el punto de vista de la estabilidad financiera, es otra: una parte creciente de las compras responde a órdenes de cobertura de riesgo político y monetario. Entran fondos macro que buscan blindaje ante shocks de divisa, bancos centrales periféricos que diversifican reservas y minoristas que intentan escapar de una inflación todavía elevada en economías avanzadas.

“La plata se está convirtiendo en la válvula de escape de un mercado que no termina de confiar ni en las divisas ni en la renta fija soberana. No compra solo industria; compra tiempo ante un posible accidente político”, resume el responsable de materias primas de una gestora europea. El diagnóstico es claro: cuando un activo industrial empieza a valorarse como si fuera un seguro contra el desorden global, el riesgo de sobrecalentamiento se dispara.

El oro roza máximos: sube un 1% y la plata un 4%

La reacción en cadena sobre oro, platino y paladio

El viernes no fue solo el día de la plata. El movimiento se extendió al resto del complejo de metales preciosos, configurando un efecto dominó que refuerza la lectura de “modo refugio”.

El oro avanzó un 0,71% hasta los 5.233,60 dólares por onza, consolidando máximos históricos en un recorrido que, en términos acumulados de un año, supera ya el 40%. El platino se disparó un 5,64% hasta los 2.385,04 dólares por onza, una señal de que el mercado empieza a descontar un encarecimiento generalizado de la cadena de valor industrial. El paladio sumó un 2,10% y se situó en 1.805,90 dólares por onza, revirtiendo parcialmente las fuertes caídas de tramos anteriores del ciclo.

El movimiento coordinado ofrece dos lecturas. Primero, la búsqueda de refugio no se limita a un activo: hay un reposicionamiento amplio hacia materias primas con liquidez, almacenamiento relativamente sencillo y demanda estructural. Segundo, el riesgo se traslada a la cuenta de resultados: sectores intensivos en estos metales —automoción, electrónica de consumo— podrían ver sus márgenes comprimidos en los próximos trimestres. Si los precios actuales se sostienen, algunos analistas estiman un aumento de entre 0,3 y 0,5 puntos en los costes de producción de productos finales, con impacto directo sobre el consumidor.

Qué teme realmente el mercado con los nuevos aranceles

Los aranceles anunciados por la Administración Trump llegan tras un revés judicial significativo. El fallo del Tribunal Supremo, percibido como una limitación a ciertas prerrogativas ejecutivas, ha tenido una consecuencia inmediata: elevar la escalada comercial como herramienta política. El arancel del 10% —y la amenaza del 15%— opera como un impuesto indirecto sobre el comercio global y, por extensión, sobre el consumidor estadounidense.

El mercado teme dos derivadas. La primera, un repunte adicional de inflación importada si los socios comerciales responden con medidas espejo. La segunda, un deterioro de la confianza empresarial que frene inversión y contratación en sectores expuestos al comercio internacional. En ese entorno, plata y oro funcionan como póliza ante un escenario de “estanflación suave”: crecimiento débil y precios persistentemente altos.

Además, los inversores anticipan que la tensión comercial pueda contaminar otras áreas —control tecnológico, sanciones financieras—. Cuanto más fragmentado se vuelve el sistema económico global, más valor adquieren los activos que no dependen de la promesa de pago de un gobierno. La plata, por su dualidad industrial-financiera, captura esa lógica con especial fuerza.

El papel de Irán y el delicado equilibrio geopolítico

En paralelo a la crisis arancelaria, Washington y Teherán acordaron retomar las conversaciones sobre el programa nuclear iraní tras avanzar en una ronda de contactos en Ginebra. A priori, una distensión con Irán debería relajar la demanda de refugio. El mercado, sin embargo, hizo lo contrario.

La explicación también es doble. Primero, los inversores han internalizado que las negociaciones con Irán suelen ser largas, frágiles y propensas a rupturas abruptas. Segundo, el choque comercial abierto por la Casa Blanca introduce un nivel de ruido que eclipsa cualquier mejora táctica en el frente diplomático. El mercado no compra paz a plazos; compra protección inmediata.

Este aparente contrasentido —un avance geopolítico parcial acompañado de un salto en metales refugio— retrata una realidad más profunda: la incertidumbre estructural ya domina el proceso de inversión. Incluso si un acuerdo estable con Irán aliviara tensiones en el petróleo, el tablero global sigue condicionado por rivalidad entre potencias, sanciones cruzadas y fragmentación de bloques. En ese escenario, la plata se consolida como un instrumento único para cubrir riesgos múltiples.

Escenarios si la plata corrige… o sigue escalando

Con la plata en torno a los 92,62 dólares por onza y una revalorización del 138% en seis meses, la pregunta ya no es si el movimiento es extraordinario, sino qué tipo de ajuste puede absorber el mercado sin romper la narrativa.

El primer escenario es una corrección técnica profunda, de entre un 20% y un 30%, que drenaría posiciones especulativas apalancadas y devolvería al precio a una banda más sostenible. Se activaría si aparece un gesto creíble de enfriamiento arancelario o si los bancos centrales endurecen el tono y anclan expectativas monetarias.

El segundo es una meseta volátil: precios altos, bandas amplias y un mercado dominado por estrategias de corto plazo. En este caso, la plata podría oscilar durante meses entre 80 y 100 dólares, generando oportunidades tácticas, pero también el tipo de pérdidas que castiga a los inversores menos sofisticados.

El tercero —menos probable, pero no descartable— es la extensión de la burbuja hacia niveles aún más extremos, alimentada por entradas masivas de capital minorista y la narrativa de “nuevo paradigma” en metales. En ese supuesto, la plata rompería con claridad la barrera de los 100 dólares por onza, con una desconexión creciente respecto a fundamentales industriales. El precedente de episodios de exuberancia sugiere prudencia: cuando la narrativa pesa más que los datos, el aterrizaje suele ser brusco.