La plata vuela a máximos históricos de 93,5 dólares la onza
La plata ha roto todas las referencias conocidas y ha marcado un nuevo máximo histórico, al superar los 93,5 dólares por onza, con una subida diaria superior al 7 %. El movimiento consolida un rally que lleva días acelerándose mientras los inversores buscan refugio ante un cóctel inédito: tensiones geopolíticas crecientes, dudas abiertas sobre la independencia de la Reserva Federal y un giro en las expectativas de tipos tras la moderación de la inflación en Estados Unidos.
A las 15:22 horas ET, la plata se negociaba un 7,82 % por encima del cierre previo, en esos 93,5 dólares. Al mismo tiempo, el oro avanzaba hasta los 4.633,33 dólares por onza, el platino hasta 2.421,73 dólares y el paladio hasta 1.848,03 dólares, confirmando un movimiento sincronizado en todo el complejo de metales preciosos.
Lo que hasta hace dos años era un mercado lateral en torno a los 25 dólares se ha convertido en el nuevo epicentro del riesgo global. Y la pregunta es evidente: ¿refugio racional o nueva burbuja en gestación?
Un rally histórico en la plata
El salto hasta los 93,5 dólares supone más que un máximo nominal: coloca a la plata muy por encima de los picos de 1980 y 2011, cuando el metal rozó los 50 dólares por onza en plena especulación de los hermanos Hunt primero y tras la crisis financiera después.
Ahora, el avance ha sido más gradual, pero no menos intenso. Según datos de mercado, la plata acumula subidas superiores al 150 % en los últimos dos años y en torno al 25-30 % en lo que va de 2026, después de un 2025 ya especialmente alcista.
“El mercado de la plata no había visto nada parecido en más de cuatro décadas”, resume un gestor de materias primas consultado por este periódico.
La diferencia respecto a otros episodios es que, junto a la pata especulativa clásica, aparece un componente estructural: la demanda industrial ligada a tecnologías verdes (fotovoltaica, electrónica de potencia, baterías) y al rearme tecnológico global. Este hecho revela que una parte del movimiento no responde solo a miedo, sino a expectativas de consumo físico sostenido.
Sin embargo, el diagnóstico es inequívoco: a estos niveles, cualquier corrección de 20-30 % encajaría dentro de la volatilidad histórica del metal. Y eso deja un margen amplio para sobresaltos si el flujo de noticias se normaliza.
El refugio preferido en un mundo en tensión
El contexto geopolítico actúa como gasolina sobre un mercado ya de por sí estrecho. Las últimas semanas han estado marcadas por nuevos focos de tensión y riesgo de escalada militar, especialmente en Oriente Medio y otras áreas estratégicas, que han disparado la búsqueda de activos refugio.
A diferencia de otros episodios, la plata se beneficia de un doble rol: activo refugio y metal industrial crítico. Mientras el oro sigue siendo la referencia clásica de seguridad, muchos gestores combinan ahora ambas posiciones: oro como ancla de cartera y plata como apuesta táctico-estratégica con mayor beta al riesgo global.
Los flujos de entrada en fondos y productos cotizados respaldados por plata han aumentado de forma notable en los últimos meses, con estimaciones de algunos bancos de inversión que hablan de incrementos de posiciones superiores al 40 % frente al año anterior.
La consecuencia es clara: un mercado históricamente ilíquido y muy sensible a órdenes direccionales relativamente pequeñas se ha convertido en una especie de amplificador del miedo geopolítico. Cuando sube la tensión, la ráfaga de compras se traduce en saltos de varios dólares por sesión; cuando se relaja, las ventas son igual de abruptas.
La incertidumbre sobre la Fed y el golpe a su credibilidad
Lo más grave para los mercados es que, por primera vez en décadas, la solidez institucional de la Reserva Federal entra en cuestión. La investigación penal vinculada al testimonio de Jerome Powell en junio y las acusaciones cruzadas de interferencias políticas han encendido todas las alarmas sobre la independencia del banco central estadounidense.
En paralelo, la tensión abierta entre la Casa Blanca y la Fed —con presiones explícitas para acelerar y profundizar los recortes de tipos— ha deteriorado la percepción de neutralidad monetaria. Para los inversores globales, este elemento es clave: cuando se duda del guardián del dólar, se dispara el atractivo de activos que no dependen de decisiones discrecionales.
“La sensación de que la política monetaria puede convertirse en un instrumento electoral es un catalizador perfecto para el oro y la plata”, advierte un estratega de un gran banco europeo.
Este hecho revela un riesgo sistémico: que los metales preciosos estén dejando de descontar solo inflación o tipos, y empiecen a incorporar una prima por riesgo institucional. Si esa percepción se consolida, el soporte de precios podría mantenerse incluso aunque el ciclo de datos macro se normalice.
Inflación a la baja, tipos a la baja: cóctel perfecto para los metales
El rally de la plata no se entiende sin el giro en expectativas sobre los tipos de interés en Estados Unidos. Los últimos datos de IPC mostraron una subida mensual del 0,2 % y una tasa interanual del 2,6 %, por debajo de lo que estimaba el consenso.
El mercado descuenta ya al menos dos recortes de 25 puntos básicos en los próximos meses, con un calendario que sitúa el primer movimiento en torno a mitad de año. En la práctica, esto significa rendimientos reales más bajos o incluso negativos en buena parte de la curva, un entorno en el que los activos que no pagan cupón —como la plata y el oro— dejan de estar en desventaja frente a la deuda soberana.
El contraste con 2022-2023, cuando la Fed encadenaba subidas agresivas y el dólar se fortalecía, resulta demoledor. Entonces, los metales preciosos sufrían por el endurecimiento financiero; hoy, el mismo mecanismo actúa a la inversa: un dólar más débil y tipos reales a la baja alimentan la búsqueda de cobertura en materias primas.
El riesgo, no obstante, es evidente: si la inflación repuntara de nuevo hacia el 3-3,5 % y la Fed se viera obligada a frenar los recortes, el ajuste de expectativas podría traducirse en una corrección brusca del precio de la plata.
Oro, platino y paladio: el resto del tablero
La sesión no ha sido solo de la plata. El oro, que ya venía de marcar máximos sucesivos, se situó en torno a los 4.633 dólares por onza, con una subida diaria del 1,03 %, consolidando una revalorización superior al 80 % en los últimos dos años.
El platino avanzó un 3,16 % hasta los 2.421,73 dólares, mientras que el paladio sumó un 0,45 % hasta los 1.848,03 dólares. La fotografía de conjunto muestra un movimiento amplio de búsqueda de refugio, pero también una recomposición de valor relativo entre metales.
La relación oro/plata, que históricamente se ha movido en rangos de 60-80, se sitúa ahora en torno a 50, una señal de que la plata está corriendo más que el oro y, por tanto, concentrando mayor riesgo de corrección futura.
“El oro parece una apuesta estratégica de largo plazo; la plata, en estos niveles, se comporta más como un activo táctico de alta volatilidad”, resume otro analista.
Ese diferencial se extiende a las carteras institucionales: mientras las posiciones en oro tienden a ser estructurales, las de plata se ajustan con más rapidez ante cualquier cambio de narrativa.
Ganadores y perdedores: mineras, industria y ahorradores
En el lado ganador, las grandes mineras de plata y productores diversificados están registrando revalorizaciones bursátiles de dos dígitos, con algunos grupos viendo cómo su margen operativo se ha duplicado frente a niveles de hace tres años. Una onza producida a costes medios de 15-18 dólares y vendida por encima de 90 genera un exceso de rentabilidad difícil de replicar en otros sectores.
También se benefician los países con fuerte presencia extractiva, desde México a Perú, que ven cómo mejoran sus ingresos por exportaciones y por recaudación fiscal ligada a royalties y beneficios extraordinarios.
En el lado perdedor, la industria intensiva en plata —especialmente fotovoltaica, electrónica de precisión y ciertos segmentos de automoción— afronta un encarecimiento de costes que puede trasladarse a precios finales o a compresión de márgenes. Algunas estimaciones internas apuntan a aumentos de costes de entre el 8 % y el 12 % en determinadas cadenas de valor si estos precios se mantienen durante varios trimestres.
Para el pequeño ahorrador, el mensaje es ambiguo: quien entró en niveles de 20-30 dólares acumula plusvalías muy relevantes; quien se plantee entrar ahora se enfrenta a un perfil de riesgo-retorno mucho más asimétrico.
El espejo de 1980 y 2011: lecciones incómodas
La historia de la plata ofrece dos referentes claros: el pico de 1980, en plena maniobra de acaparamiento de los hermanos Hunt, y el de 2011, en la resaca de la crisis financiera global y las políticas de tipos cero. En ambos casos, las subidas verticales fueron seguidas por desplomes de más del 50 % en pocos meses.
Entonces, la combinación de endurecimiento monetario, cambios regulatorios y liquidación forzosa de posiciones puso fin al episodio. Hoy, el patrón es diferente: no hay un gran actor tratando de controlar el mercado, pero sí una suma de ingredientes —apalancamiento, derivados, FOMO inversor— que recuerdan a otras fases de exuberancia.
“La lección de 1980 y 2011 es sencilla: las burbujas en la plata no avisan, simplemente estallan”, señalan desde una gestora especializada en materias primas.
El contraste con el contexto actual es relevante: a diferencia de aquellos momentos, la demanda industrial estructural de plata es hoy mayor, lo que podría poner un suelo más alto tras cualquier corrección. Pero eso no invalida el paralelismo: cuando el precio se separa demasiado de los fundamentales, la historia tiende a repetirse.
¿Burbuja de plata o nuevo régimen de precios?
¿Qué puede pasar ahora? Los analistas manejan, grosso modo, dos grandes escenarios. En el primero, la inflación sigue moderada, la Fed ejecuta los recortes de tipos previstos sin sobresaltos, las tensiones geopolíticas no escalan y parte de la prima de riesgo se desinfla. En ese caso, no sería extraño ver la plata corrigiendo hacia la zona de 60-70 dólares, todavía muy por encima de los niveles pre-rally pero lejos del vértigo actual.
En el segundo escenario, más extremo, la combinación de recortes agresivos, mayor deterioro institucional en Estados Unidos y nuevos episodios de tensión internacional podría empujar al metal por encima de los 100 dólares por onza, un nivel que algunos bancos ya contemplan en sus escenarios de estrés.
Entre ambos extremos, el consenso prudente recomienda reducir apalancamiento, proteger beneficios y tratar la plata como lo que es en este momento: un activo de refugio, sí, pero sobre todo un termómetro hipersensible de la desconfianza hacia las instituciones monetarias y la estabilidad geopolítica.
El diagnóstico, en todo caso, es claro: cuando la plata marca máximos históricos, no es solo una noticia de mercados, sino un síntoma de que algo más profundo se está rompiendo en el tablero global.