Crédit Mutuel AM

Charlotte Peuron señala sobrerreacción tras rally del 165% en el oro y mineras

Crédit Mutuel AM cree que el castigo es táctico y que el fondo sigue intacto.
Charlotte Peuron_Credit Mutuel AM
Charlotte Peuron_Credit Mutuel AM

El oro subió un 65% en 2025, pero sus mineras volaron aún más: +165% en el NYSE Arca Gold Miners. Ahora, con el shock geopolítico, el mercado hace lo de siempre: vende lo líquido para cubrir márgenes. El resultado es un doble castigo para el sector: cae el metal y caen las acciones. Para Charlotte Peuron (Crédit Mutuel AM), el movimiento es brusco, pero no “anómalo”. Y, sobre todo, no invalida los motores estructurales del oro.

Doble castigo: cuando el refugio también se vende

El detonante, según Charlotte Peuron, gestora de renta variable temática de Crédit Mutuel Asset Management, fue el ataque de Irán a instalaciones gasísticas en Catar. La reacción fue transversal: venta masiva de activos de riesgo y, en ese barrido, el oro también se liquidó por necesidades de liquidez. Es el punto más incómodo para el inversor minorista: el activo refugio no siempre sube cuando hay miedo; a veces, se vende precisamente porque es lo más fácil de convertir en caja.

Las mineras reciben el impacto por partida doble. Por un lado, sufren la caída del oro; por otro, la corrección bursátil general reduce apetito por riesgo y presiona valoraciones. Peuron lo resume sin ambages: “las acciones de las mineras de oro están sufriendo un doble golpe”. La clave no es el susto, sino la mecánica: en episodios de estrés, el mercado prioriza liquidez sobre narrativa.

Beneficios tras un rally histórico y el efecto “recogida”

El movimiento, además, llega después de un tramo excepcional. El oro acumuló +65% en 2025 y el índice de mineras +165%, una combinación que deja el sector expuesto a un clásico: la recogida de beneficios en lo que más ha subido. En ese contexto, la corrección no necesita una tesis sofisticada; basta con un catalizador para que el inversor cierre posiciones ganadoras.

La gestora subraya que la volatilidad actual “no es inusual” cuando confluyen guerra, petróleo al alza y ventas generalizadas. Y aporta un dato que relativiza el dramatismo: el día del ultimátum de Trump (07/04/2026), el oro y el índice aurífero todavía acumulaban +7,7% y +10,7% en dólares desde principios de año. El diagnóstico es inequívoco: el sector cae, sí, pero lo hace desde niveles muy elevados y con un colchón de rentabilidad reciente que invita a rotar.

Tipos, dólar y presión técnica: el corto plazo manda

En el corto plazo, Peuron detecta varios vientos en contra que se retroalimentan. El entorno potencialmente inflacionista reduce las expectativas de recortes de tipos —especialmente por parte de la Fed— y eso, en un mercado hipersensible al precio del dinero, tiende a penalizar al oro. A la vez, un dólar fuerte actúa como freno adicional para el metal.

A ese marco macro se suman factores técnicos: ventas de ETFs de oro y liquidación de posiciones en COMEX que “lastran” los precios. Es el tipo de dinámica que agrava movimientos: no siempre es una opinión sobre el oro, sino un ajuste de posicionamiento. “A corto plazo, las ventas de ETFs de oro y la liquidación de posiciones en COMEX están lastrando los precios”. Lo más grave es la velocidad: cuando el flujo se da la vuelta, el mercado no negocia; ejecuta.

Bancos centrales: del comprador estructural al vendedor táctico

Uno de los puntos más delicados del análisis es el papel de los bancos centrales. Peuron señala que algunos están aprovechando precios altos y recurriendo a reservas para financiar gasto, con menciones explícitas a Polonia y Rusia. Ese giro importa por lo que simboliza: cuando el “comprador paciente” pasa a ser un vendedor oportunista, el mensaje al mercado es inmediato.

Sin embargo, la propia gestora matiza la lectura a medio plazo: tras el shock, la demanda física debería repuntar si el precio baja, porque el rally de finales de 2025 y comienzos de 2026 frenó compras, sobre todo en joyería, el segmento más sensible. También cita el vaivén de Polonia: a inicios de enero anunció intención de continuar compras y +15 toneladas previstas en 2026, pero a finales de febrero dio marcha atrás. La consecuencia es clara: el mercado no tiene una línea recta; tiene intereses cambiantes y ventanas tácticas.

Costes de producción: suben, pero no rompen el caso de inversión

El miedo recurrente en mineras es el coste. Peuron lo descarta como alarma estructural: “el aumento de los costes de producción no es motivo de preocupación”. Su previsión para 2026 sitúa el coste de producción entre 1.700 y 1.800 dólares por onza, frente a 1.540 dólares en 2025, incorporando posibles impactos de energía y reactivos químicos.

El matiz relevante está en la dispersión: el impacto del encarecimiento energético varía entre minas porque la energía suele proceder de la red del país y no todas las geografías sufren igual. En términos empresariales, el foco se desplaza a ejecución, disciplina de capex y capacidad de cumplir guías de producción. Peuron mantiene un sesgo optimista: si las compañías cumplen previsiones, debería verse crecimiento de beneficios y flujo de caja libre. En un mercado nervioso, la caja vuelve a ser el argumento más convincente.

Fundamentos a largo plazo: desdolarización, geopolítica y miedo “persistente”

Peuron insiste en que los motores estructurales no han desaparecido. La desdolarización —como tendencia de fondo— sigue ahí, y la guerra contra Irán y la batalla por el Estrecho de Ormuz añaden un cóctel de riesgos: estanflación, recesión, interrupciones energéticas e inestabilidad financiera. Todos ellos, recuerda, suelen favorecer al oro y a los activos refugio, especialmente cuando el calendario del conflicto es incierto.

El oro se debilita cuando el mercado necesita liquidez o cuando los tipos dominan el titular; se fortalece cuando la incertidumbre se hace estructural y el sistema busca cobertura. El contraste explica el ruido actual: corrección táctica sobre una narrativa que sigue viva. En el fondo, el mercado está discutiendo el “cuándo”, no el “por qué”. Y esa diferencia, en el oro, lo cambia todo.

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