SpaceX levanta 75.000 millones y desafía a Wall Street

SpaceX

La compañía de Elon Musk debuta en Nasdaq con una valoración cercana a 1,78 billones de dólares, una cifra que convierte su OPV en una prueba de fuego para la nueva burbuja tecnológica.

75.000 millones de dólares en una sola salida a bolsa. SpaceX llega este viernes al Nasdaq bajo el símbolo SPCX con la mayor OPV registrada hasta ahora y una valoración que ronda los 1,77-1,78 billones de dólares, por encima del listón histórico que Saudi Aramco dejó en 2019. Nasdaq confirmó que las acciones de Clase A de Space Exploration Technologies Corp. comenzarían a cotizar el 12 de junio de 2026 en Nasdaq Global Select Market y Nasdaq Texas. El mensaje para Wall Street es inequívoco: el mercado vuelve a estar dispuesto a pagar múltiplos extremos por una promesa de dominio tecnológico.

La OPV que rompe todos los registros

SpaceX ha fijado el precio de sus acciones en 135 dólares y ha colocado 555,6 millones de títulos, lo que le permite captar cerca de 75.000 millones. La operación deja atrás los 29.400 millones de Saudi Aramco y sitúa a la empresa de Elon Musk en la élite bursátil mundial desde el primer minuto.

Lo relevante no es solo el tamaño. Es la naturaleza de la valoración. SpaceX no sale al mercado como una compañía industrial clásica, sino como una plataforma que mezcla cohetes reutilizables, internet satelital, defensa, datos e inteligencia artificial. El inversor no compra únicamente lanzamientos espaciales. Compra una tesis de monopolio tecnológico.

Starlink, el verdadero motor

El negocio que sostiene el relato no está en Marte, sino en la órbita baja terrestre. Starlink se ha convertido en el eje de ingresos más visible de SpaceX, con capacidad para vender conectividad en zonas rurales, barcos, aviones, ejércitos y mercados emergentes. Esa diversificación explica buena parte del entusiasmo institucional.

Sin embargo, lo más grave para los analistas prudentes es que el precio incorpora décadas de ejecución perfecta. SpaceX debe mantener su liderazgo frente a Blue Origin, Rocket Lab y los fabricantes chinos, ampliar su red satelital y monetizar su infraestructura sin que los costes de capital erosionen el margen.

Demanda institucional desbordada

La operación llega con una demanda extraordinaria. Reuters, citado por Yahoo Finance, señaló que SpaceX había recibido más de 250.000 millones de dólares en interés inversor, entre 3,5 y 4 veces el tamaño previsto de la oferta.

BlackRock habría solicitado al menos 5.000 millones de dólares en acciones, según The Wall Street Journal. Este dato revela el cambio de ciclo: los grandes gestores quieren exposición directa a la economía espacial antes de que la compañía entre en índices y carteras pasivas. La consecuencia es clara: el pequeño inversor llega con menos margen y más riesgo de comprar después del primer salto.

El riesgo de una valoración extrema

La compañía no cotiza solo por sus cifras actuales. Cotiza por una expectativa. The Guardian recoge que SpaceX generó 18.700 millones de dólares de ingresos el año pasado, pero registró una pérdida operativa de 4.300 millones.

El contraste resulta demoledor: una empresa aún no rentable alcanza una valoración comparable a los gigantes tecnológicos consolidados. Esa tensión no invalida la tesis, pero la vuelve frágil. Si el mercado exige beneficios, caja libre y disciplina financiera, la acción puede pasar de icono de crecimiento a activo volátil en cuestión de sesiones.

Musk, control y concentración

El debut también reordena el mapa del poder económico. Si la valoración se mantiene, Elon Musk reforzará su posición como el empresario más influyente del planeta y se acercará a la frontera simbólica del billón de dólares de patrimonio. The Guardian subraya que Musk conserva una posición dominante y una capacidad de control decisiva sobre la compañía.

Este hecho revela una paradoja: el mercado premia la visión individual, pero concentra el riesgo de gobierno corporativo. SpaceX depende de una figura capaz de atraer capital masivo, pero también de provocar incertidumbre regulatoria, reputacional y estratégica.