Trump carga contra la ‘Bolsa de Nueva York’ que nace en Dallas
La apertura de NYSE Texas, el nuevo mercado electrónico de la familia New York Stock Exchange en Dallas, ha saltado de las páginas salmón al centro del tablero político estadounidense. En un mensaje publicado en Truth Social, Donald Trump ha denunciado que levantar una “Bolsa de Nueva York” en Texas es “un hecho increíblemente malo para Nueva York” y lo ha definido como “una gran prueba para el nuevo alcalde” de la ciudad.
Detrás de la frase, cargada de pólvora política, late un debate más profundo: ¿hasta qué punto la expansión de los mercados hacia el sur amenaza el peso fiscal y económico de Wall Street?
La paradoja es evidente: la propia Trump Media & Technology Group (TMTG) fue la primera compañía en estrenarse en NYSE Texas en marzo de 2025, en un movimiento presentado entonces como un triunfo simbólico del presidente sobre la vieja costa Este.
Mientras tanto, la ciudad de Nueva York estrena alcalde, el demócrata Zohran Mamdani, con una agenda fuertemente intervencionista y una dependencia creciente de los ingresos de la industria financiera y del ladrillo para sostener un presupuesto que supera ya los 120.000 millones de dólares. La combinación de estos elementos convierte el mensaje de Trump en algo más que una simple pataleta en redes sociales.
Un mensaje explosivo en Truth Social
La secuencia es conocida: de madrugada, y con su estilo habitual de mayúsculas y exclamaciones, Trump escribe en Truth Social: “Building a ‘New York Stock Exchange’ in Dallas is an UNBELIEVABLY BAD THING FOR NEW YORK. I can’t believe they would let this happen. A big test for the new Mayor!”
La frase condensa tres claves. Primero, la idea de agravio: Nueva York estaría dejando escapar parte de su poder financiero al permitir que el emblema de Wall Street extienda su marca a Texas. En segundo lugar, la acusación directa a las autoridades locales: la decisión se convierte en un “test” para el recién estrenado alcalde Zohran Mamdani, que tomó posesión el 1 de enero de 2026 como 112º alcalde de la ciudad.
Y, en tercer lugar, el silencio calculado sobre un dato incómodo: fue precisamente Trump Media, matriz de Truth Social, la que inauguró la cotización en NYSE Texas, manteniendo su listado principal pero sumando un segundo mercado en Dallas. Ese estreno concedió a la nueva plataforma un golpe de efecto mediático y una primera prueba de liquidez.
Lo que ahora se presenta como una “amenaza” para Nueva York fue hace nueve meses un instrumento útil para reforzar el relato trumpista de migración del negocio hacia estados de baja regulación y fiscalidad amable, como Texas y Florida. La consecuencia es clara: el presidente intenta capitalizar una decisión empresarial como si fuera una concesión política, y colocar al alcalde en una posición defensiva ante cualquier movimiento que afecte a Wall Street.
Qué es realmente NYSE Texas
Más allá de la retórica, NYSE Texas está lejos de ser una “segunda Bolsa de Nueva York” con parquet, campanazo y brokers a pie de calle. Se trata de un mercado totalmente electrónico, fruto de la reconfiguración de una plataforma que la NYSE ya operaba desde Chicago y que ha sido rebautizada y domiciliada en Dallas.
Las órdenes se siguen casando en centros de datos ubicados en Nueva Jersey, el mismo corazón tecnológico que da servicio a los grandes mercados de la costa Este. No hay traslado de edificios ni de miles de empleos; lo que existe es un nuevo “venue” regulado para listados secundarios, pensado para compañías que quieren enfatizar su vínculo con Texas o beneficiarse de incentivos específicos, pero manteniendo sus listados principales en Nueva York o en el Nasdaq.
En sus primeros meses de vida, la nueva plaza ha captado alrededor de 10 compañías en régimen de doble cotización, entre ellas Halliburton, Trump Media o AT&T, que anunció su llegada para agosto de 2025. El objetivo es sencillo: ofrecer a los emisores una puerta de entrada al ecosistema texano sin obligarles a abandonar los mercados tradicionales.
Este hecho revela que el movimiento de Intercontinental Exchange (ICE), matriz de la NYSE, es ante todo una jugada competitiva frente a otros proyectos locales, como la Texas Stock Exchange (TXSE), impulsada por grandes gestores como BlackRock y Citadel y prevista para empezar a operar en 2026. No es una fuga de Wall Street, sino un intento de ocupar el terreno antes de que lo hagan otros.
Dallas contra Wall Street: el pulso por el capital
El contexto juega a favor de Texas. El estado se ha convertido en el gran imán corporativo de Estados Unidos, con oleadas de traslados de sedes desde California y Nueva York, atraídas por impuestos más bajos, menor regulación y costes laborales y de vivienda sensiblemente inferiores.
Según datos recientes, Texas ya alberga más valor de compañías cotizadas en la NYSE que ningún otro estado, con más de 3,7 billones de dólares de capitalización agregada, gracias a gigantes de la energía, las telecomunicaciones y la distribución. Esa masa crítica explica el interés de ICE por ofrecer una marca “NYSE Texas” capaz de fidelizar a los emisores locales y disputar espacio a nuevas iniciativas.
En paralelo, el empleo financiero se está desplazando lentamente hacia el sur. Informes citados por la prensa neoyorquina indican que en 2024 Texas superó a Nueva York en número de trabajadores del sector financiero, con unos 519.000 frente a 507.000, mientras ciudades como Dallas o Austin registraban crecimientos de doble dígito en banca y servicios financieros desde 2019, frente a un escueto 4% en Nueva York.
El contraste con el relato oficial de la ciudad resulta demoledor: mientras Nueva York continúa presentándose como capital indiscutible de las finanzas globales, parte de los empleos de alto valor añadido y de la nueva economía financiera se está desplazando a jurisdicciones con menor presión fiscal y regulatoria.
Las cifras detrás del nuevo mercado
NYSE Texas nace con poco volumen en comparación con Wall Street, pero con un entorno macro favorable. ICE, su matriz, tiene una capitalización cercana a los 100.000 millones de dólares y viene de marcar máximos históricos en Bolsa antes de la corrección general de los mercados en 2025. En la sesión en la que se conocieron las palabras de Trump, sus títulos avanzaban en torno a un 0,4%, hasta el entorno de los 174 dólares, señal de que los inversores no perciben la crítica presidencial como un riesgo inmediato para el negocio.
En términos de listados, los números siguen modestos pero crecientes: al menos una decena de compañías han optado ya por la doble cotización en Dallas durante los primeros meses de vida de NYSE Texas, incluyendo nombres de peso en energía y telecomunicaciones.
La foto cambia cuando se observan los datos agregados del viejo centro financiero. El sector de servicios financieros aporta alrededor de 280.000 millones de dólares anuales a la economía de la ciudad de Nueva York y representa en torno al 22% del PIB local, según estimaciones recogidas por la patronal y por el fiscalizador estatal.
Lo más grave, sin embargo, es la tendencia: estudios recientes apuntan a una caída del peso del empleo financiero sobre el total de ocupados en Nueva York, del 11,5% en 1990 al 7,7% en 2025, en un proceso que algunos economistas han bautizado como “desfinanciarización” de la ciudad. Si esa deriva continúa, cualquier trasvase de actividad hacia plazas como Dallas o Miami puede tener un efecto multiplicador sobre la recaudación y la capacidad de inversión pública.
¿Amenaza real o gesto político?
La pregunta de fondo es si NYSE Texas supone una amenaza estructural para Wall Street o si estamos ante un gesto principalmente político y simbólico. La respuesta, por ahora, apunta a lo segundo.
Desde el punto de vista operativo, la profundidad de mercado, la liquidez y la infraestructura de Nueva York siguen siendo inalcanzables para cualquier nuevo competidor. La reubicación formal de una plataforma electrónica a Dallas no altera dónde se toman las grandes decisiones de inversión ni dónde se concentran los grandes bancos de inversión y gestoras globales.
Sin embargo, este hecho revela otra realidad incómoda: la batalla ya no es entre intercambios, sino entre jurisdicciones. Estados con impuestos más bajos y agenda pro-empresa están ofreciendo un paquete completo —fiscal, regulatorio y de costes— que resulta atractivo para sedes corporativas, “back offices” financieros y nuevos proyectos de mercado. NYSE Texas es un síntoma de esa competencia, no su origen.
Trump lo sabe y utiliza el caso para reforzar su narrativa de “Estados ganadores” frente a “ciudades decadentes”, colocando a Nueva York como ejemplo de lo segundo. Al convertir un movimiento técnico de ICE en una “prueba” para el alcalde, traslada al terreno político una cuestión de estrategia empresarial, y se reserva la posibilidad de culpar al Ayuntamiento de cualquier pérdida de peso financiero futuro.
Un reto incómodo para el nuevo alcalde Mamdani
Para Zohran Mamdani, recién llegado a la alcaldía con un programa de fuerte gasto social, la crítica de Trump llega en el peor momento. El nuevo regidor necesita, más que ninguno de sus predecesores recientes, que los ingresos vinculados a las finanzas y al inmobiliario sigan fluyendo para financiar promesas como la gratuidad del transporte público o la expansión de la vivienda asequible.
Solo en 2024, los ingresos fiscales ligados al sector inmobiliario alcanzaron un récord de 37.000 millones de dólares, casi la mitad de toda la recaudación municipal, impulsados por la recuperación del mercado de oficinas y por el tirón de las grandes operaciones corporativas. Un frenazo en el sector financiero implicaría, previsiblemente, menos demanda de espacio de oficinas, menor recaudación por impuestos a la propiedad y menos margen para sostener el actual nivel de gasto.
El diagnóstico es inequívoco: Nueva York necesita retener tanto a sus grandes bancos como a los nuevos actores de la economía digital y financiera si quiere mantener su modelo fiscal. Mientras Mamdani defiende subidas selectivas de impuestos a las rentas altas y a las grandes corporaciones, la amenaza de un goteo de empleos hacia Texas dota de munición a los opositores de cualquier endurecimiento tributario.
En este contexto, la advertencia de Trump —por exagerada que pueda parecer— obliga al Ayuntamiento a mostrar que aún tiene una estrategia para mantener a Wall Street y a sus derivados dentro de la ciudad, incluso cuando algunos listados emblemáticos empiecen a mirar al sur.