Trump quiere a Warsh al frente de la Fed en pleno mini cierre de Gobierno

El relevo de Powell, un PPI más caliente de lo previsto y el bloqueo sobre Seguridad Interior desatan ventas en Wall Street y hunden oro y plata
EPA/JUSTIN LANE
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Estados Unidos ha encadenado en unas horas tres movimientos con potencial sísmico para los mercados: Donald Trump ha elegido al exgobernador Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal, el Senado ha aprobado in extremis un paquete de financiación que no evitará un cierre parcial del Gobierno hasta el lunes, y la inflación mayorista (PPI) ha sorprendido al alza. El cóctel se tradujo en una jornada de caídas en Wall Street, desplome histórico de los metales preciosos y un repunte de las dudas sobre la capacidad de la primera economía del mundo para gestionar a la vez política fiscal, monetaria y geopolítica.

Warsh, el halcón reconvertido en adalid del dinero barato

El anuncio más esperado llegó desde la Casa Blanca. Trump confirmó que Kevin Warsh, miembro del Consejo de la Fed entre 2006 y 2011, será el sustituto de Jerome Powell al frente del banco central. “Le conozco desde hace mucho tiempo y no tengo dudas de que será uno de los GRANDES presidentes de la Fed, quizá el mejor”, proclamó el mandatario.

La elección no es neutra. Warsh fue considerado en su día un halcón en el seno de la institución, partidario de una política más dura frente a la inflación. Sin embargo, en los últimos meses se ha alineado con Trump al reclamar rebajas agresivas de tipos, en línea con la obsesión del presidente por situar el precio del dinero “dos o tres puntos por debajo” del nivel actual.

Para parte del mercado, el nombramiento tiene una lectura ambivalente. Por un lado, colocar a un antiguo insider de la Fed puede interpretarse como un gesto de continuidad institucional que frena los temores a un asalto político total al banco central. Por otro, el giro doctrinal de Warsh y la presión pública de Trump alimentan la sospecha de que la independencia de la Fed será, más que nunca, una cuestión de matiz y no de principios.

Un cierre parcial inevitable por el bloqueo en Seguridad Interior

El relevo en la Fed se produce mientras Washington entra en un nuevo “shutdown” parcial. El Senado aprobó por 71 votos a 29 un paquete que financia la mayor parte del Gobierno federal hasta septiembre, pero la Cámara de Representantes no votará hasta el lunes. El resultado: desde esta medianoche, varias agencias operarán sin presupuesto formal durante al menos dos días.

La maniobra legislativa tiene truco. Para desbloquear el acuerdo, republicanos y demócratas han pactado separar la financiación del Departamento de Seguridad Interior (DHS), que solo contará con una prórroga de dos semanas. La decisión responde a la indignación por dos muertes recientes a manos de agentes de inmigración (ICE) en Minnesota, que han convertido a estas agencias en epicentro de la batalla política.

El objetivo declarado de los demócratas es aprovechar esa ventana de 14 días para imponer límites a las redadas y reforzar la supervisión de los cuerpos migratorios. La Casa Blanca, por su parte, intenta evitar que la reforma descafeíne el corazón de su agenda de seguridad. El resultado es un presupuesto medio salvado, pero con el núcleo de la política migratoria en el aire y la sensación de que cada prórroga es solo un capítulo más de una crisis institucional crónica.

Wall Street registra pérdidas moderadas pero significativas

Con este telón de fondo, los inversores optaron por reducir riesgo. Al cierre del viernes, el Dow Jones cedió un 0,36% hasta los 48.892,47 puntos, borrando el avance de la sesión anterior. El S&P 500 cayó un 0,43% hasta 6.939,03 puntos, mientras que el Nasdaq Composite retrocedió un 0,94%, hasta 23.461,82 puntos.

Las caídas no fueron dramáticas, pero sí reveladoras. Llegan justo después de que el S&P 500 coqueteara con los 7.000 puntos y en una semana dominada por la volatilidad en las grandes tecnológicas. El mensaje de fondo es que el mercado empieza a dudar de que la combinación de tipos aún elevados, inflación pegajosa y ruido político permanente justifique seguir pagando múltiplos crecientes por las mismas historias de siempre.

El relevo de Powell por Warsh añadió una capa extra de incertidumbre: si el nuevo presidente de la Fed cede a la presión de la Casa Blanca y recorta tipos antes de tiempo, el riesgo es reavivar las tensiones de precios justo cuando el banco central intentaba anclar expectativas.

Un PPI más caliente recuerda que la inflación no ha dicho su última palabra

La macro no ayudó a calmar los ánimos. El Índice de Precios a la Producción (PPI) subió en diciembre un 0,5% mensual, por encima del 0,2% anterior y de lo que esperaba el mercado. En términos interanuales, el PPI para demanda final se sitúa en el 3%, algo por debajo del 3,5% de 2024, pero todavía lejos del objetivo de confort de la Fed.

La inflación subyacente de producción, que excluye alimentos, energía y servicios comerciales, avanzó un 0,4% mensual y acumula una subida del 3,5% en el año, apenas una décima por debajo del registro del ejercicio precedente. Es decir, ocho meses consecutivos de repunte que confirman que las presiones de precios siguen presentes en la cadena productiva.

El contraste con el Índice de Negocios de Chicago, que saltó de 42,7 a 54 puntos en enero, marcando su primera lectura en zona expansiva tras 25 meses de contracción, complica aún más el análisis. La economía real parece acelerar justo cuando los precios mayoristas dejan de aflojar. Para un Warsh presionado por Trump para bajar tipos, el margen de maniobra se estrecha: cualquier gesto dovish puede percibirse como complacencia ante una inflación que se resiste a desaparecer.

Oro y plata, del refugio a la capitulación relámpago

La reacción más extrema se vio en los metales preciosos. El oro se desplomó cerca de un 9% y la plata se hundió alrededor de un 28% tras conocerse el nombramiento de Warsh y los datos de inflación. El movimiento llega después de un rally que había llevado al oro a situarse un 67% por encima de hace un año y a la plata a dispararse aproximadamente un 142% en el mismo periodo.

El mercado interpretó que un presidente de la Fed con credenciales históricas de halcón, aunque ahora partidario de recortes, aumenta la probabilidad de que el banco central mantenga cierta disciplina frente a la inflación. Si a ello se suma un PPI más caliente, la lectura es que los tipos reales podrían dejar de caer tan rápido como descontaban los más optimistas. El ajuste fue especialmente violento en las posiciones apalancadas que habían entrado tarde al rally del metal.

Pese al desplome, la foto de medio plazo sigue favoreciendo a los metales: la deuda pública en máximos, los sucesivos amagos de shutdown y la presión política sobre la Fed mantienen vivo el argumento de que el sistema de dinero fiduciario atraviesa una fase de credibilidad frágil.

Apple brilla, Chevron y Exxon cumplen y el consumo premium resiste

No todo fueron malas noticias en el frente corporativo. Apple volvió a demostrar su capacidad para desafiar el ciclo. La compañía registró ingresos récord de 143.800 millones de dólares en su primer trimestre fiscal, un 16% más interanual, impulsados por ventas de iPhone de 85.300 millones, máximo histórico. El mercado recibió las cifras con una subida del 0,46% en el valor, en una sesión complicada para el sector.

En energía, Chevron y ExxonMobil batieron expectativas gracias a producciones récord y a la aportación de proyectos de bajo coste en Guyana y la cuenca del Pérmico, que compensaron la debilidad de los precios del crudo anterior al repunte provocado por la tensión con Irán. Algo similar ocurrió en servicios financieros y consumo premium: American Express apuntó a beneficios anuales por encima de lo previsto, apoyada en el gasto resistente de su clientela de alta renta, mientras Colgate-Palmolive superó previsiones pese a asumir un deterioro en su división de salud de la piel.

Estos resultados recuerdan que, aunque la macro se enfría y el ruido político crece, los balances de muchas grandes compañías estadounidenses siguen mostrando una fortaleza notable, especialmente en segmentos de clientes menos sensibles a los tipos.

La gran batalla de la IA: Amazon–OpenAI y el tablero Musk

En paralelo, la guerra por el control de la inteligencia artificial generativa siguió avanzando entre bambalinas. The Wall Street Journal reveló que Amazon negocia invertir hasta 50.000 millones de dólares en OpenAI, una cifra que, de confirmarse, redibujaría la alianza estratégica en torno al líder de los modelos de lenguaje.

Al mismo tiempo, Reuters apuntó a que Elon Musk estudia fusionar SpaceX con Tesla o con su firma de IA xAI, en un intento de integrar cohetes, satélites, coches eléctricos, la red social X y el chatbot Grok bajo un mismo paraguas antes de una eventual salida a bolsa de SpaceX. El movimiento podría ofrecer al mercado un nuevo vehículo para exponerse al “ecosistema Musk” y, de paso, diluir parte de la prima que ahora se concentra en Tesla.

Estas maniobras corporativas muestran que, más allá del ruido de tipos y shutdowns, el verdadero pulso estructural de esta década se libra en torno a quién controlará la infraestructura y las aplicaciones de la IA, tanto en la nube como en el espacio y en la movilidad.

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