Trump promete gasolina a 2,50 dólares si se reabre Ormuz
El presidente estadounidense vincula una rebaja de casi el 40% en el surtidor al alivio de la crisis con Irán, mientras los mercados anticipan una posible reapertura de la principal arteria petrolera mundial.
Donald Trump asegura que el precio de la gasolina podría caer hasta los 2,50 dólares por galón si disminuye la tensión en el estrecho de Ormuz. La promesa supone una rebaja cercana al 40% respecto a los más de cuatro dólares registrados en buena parte de Estados Unidos durante la crisis energética.
El presidente defendió además su gestión económica, destacó los máximos bursátiles y sostuvo que nunca había habido tantos estadounidenses trabajando. Sin embargo, el cumplimiento de su pronóstico no depende exclusivamente de la Casa Blanca. La reapertura efectiva de Ormuz, el comportamiento de las refinerías y la respuesta de las petroleras determinarán cuánto alivio termina llegando al consumidor.
Una promesa de alto impacto
Trump eligió Fox News para lanzar una cifra fácil de recordar: 2,50 dólares por galón, equivalentes aproximadamente a 0,57 euros por litro antes de impuestos y ajustes cambiarios. El objetivo político es evidente. Pocos indicadores trasladan con tanta rapidez la percepción de prosperidad o deterioro económico como el precio visible en las estaciones de servicio.
«Hemos hecho un gran trabajo», afirmó Trump, antes de señalar que su Administración merecería una calificación de «A+» en economía.
El mensaje llega después de que el presidente reclamara públicamente a los distribuidores que redujeran sus tarifas y acusara al sector de reaccionar con demasiada lentitud a la caída del petróleo. A finales de junio, el promedio nacional se situaba cerca de 3,85 dólares, muy lejos de la meta presidencial.
Ormuz marca el precio
La evolución del combustible está ligada a una franja marítima de apenas unas decenas de kilómetros. El estrecho de Ormuz concentra una parte decisiva de las exportaciones energéticas del golfo Pérsico y su bloqueo ha provocado una de las mayores alteraciones de oferta de las últimas décadas.
La posibilidad de un acuerdo entre Washington y Teherán ya ha reducido la presión. El Brent cayó alrededor de un 6%, hasta situarse por debajo de los 80 dólares por barril, después de conocerse avances diplomáticos para restablecer la navegación. Paralelamente, el crudo estadounidense retrocedió hasta los 80,79 dólares, aunque todavía permanecía un 20% por encima de los niveles anteriores al conflicto.
El mercado compra la distensión
Wall Street también ha interpretado la negociación como una señal favorable. El S&P 500 avanzó un 1,8% y el Nasdaq 100 subió un 3,3% tras las declaraciones del secretario del Tesoro, Scott Bessent, sobre la proximidad de un acuerdo.
Trump aprovechó esta reacción para reivindicar el que, según sus palabras, sería el 79.º máximo histórico alcanzado por el mercado durante su mandato. La subida bursátil refuerza su relato económico, pero revela igualmente la dependencia de los activos financieros respecto al desenlace geopolítico. Una ruptura de las conversaciones devolvería presión al petróleo, a la inflación y a las expectativas de tipos de interés.
El beneficio de las petroleras
Lo más grave para la Casa Blanca es el desfase entre la caída del crudo y la rebaja del precio final. Trump ha acusado a las grandes compañías de ganar demasiado dinero durante la crisis y ha reclamado que parte del beneficio se traslade a las familias.
Las cifras explican el giro. Chevron declaró ingresos trimestrales de 70.000 millones de dólares, mientras ExxonMobil alcanzó los 104.700 millones. Los beneficios de Chevron más que se triplicaron y los de Exxon se duplicaron respecto al mismo periodo del año anterior.
Sin embargo, las petroleras no controlan de forma directa todas las estaciones que operan bajo sus marcas. Buena parte funciona mediante distribuidores independientes, con costes distintos de transporte, refinado, almacenamiento e impuestos estatales.
La barrera de los 2,50 dólares
Para alcanzar la cifra prometida no bastaría con una caída puntual del barril. Sería necesaria una normalización duradera del tránsito por Ormuz, una recuperación de inventarios y una reducción de los márgenes de refino y distribución.
El precedente más favorable para Trump se produjo en octubre de 2025, cuando el promedio nacional descendió hasta 2,98 dólares por galón, su nivel intradía más bajo en cuatro años. Llegar a 2,50 dólares exigiría recortar otros 48 centavos desde aquel registro, además de neutralizar el impacto acumulado de la guerra con Irán.
El contraste entre estados también resulta demoledor. Los impuestos y las normas ambientales hacen que California soporte precios muy superiores a los de Texas, Oklahoma o Misisipi. Una media nacional de 2,50 dólares no implicaría, por tanto, que todos los conductores pagasen esa cantidad.
El examen de la economía
Trump sostiene que el empleo, la bolsa y la moderación de determinados costes justifican una nota sobresaliente. Pero el diagnóstico dependerá del bolsillo. Una gasolina más barata reduciría los gastos de transporte, aliviaría a las empresas logísticas y contribuiría a moderar la inflación.
La consecuencia política es clara: cada diez centavos de descenso en el surtidor se convierten en una victoria comunicativa inmediata. No obstante, la promesa de 2,50 dólares sigue siendo un objetivo condicionado. Su viabilidad descansa más en la estabilidad del golfo Pérsico y en la transmisión de los precios mayoristas que en una orden presidencial.
Trump ha colocado una cifra concreta sobre la mesa. Ahora será el mercado energético, y no la retórica de Washington, el que determine si termina reflejada en los surtidores.