Donald Trump ha convertido el Capitolio en el epicentro de una nueva arquitectura económica y geopolítica que desafía los pilares del sistema estadounidense. Durante su discurso del Estado de la Unión, el mandatario no solo ha arremetido contra la «desafortunada» decisión de la Corte Suprema sobre sus gravámenes, sino que ha propuesto una revolución fiscal sin precedentes: sustituir sustancialmente el sistema moderno del impuesto sobre la renta por un muro arancelario universal. En un clima de euforia contenida en Wall Street, donde el Nasdaq ha repuntado un 1,09% hasta los 24.977 puntos, Trump ha dejado claro que su administración no aceptará vetos, ni de los jueces ni de las tecnológicas como Anthropic, situando la seguridad nacional y la soberanía comercial por encima de la autonomía corporativa y el consenso judicial previo.
El asalto al impuesto sobre la renta y mercados
La propuesta más disruptiva del discurso no ha sido de orden militar, sino fiscal. Ante la atenta mirada de cuatro magistrados de la Corte Suprema —incluyendo a John Roberts y Amy Coney Barrett—, Trump calificó el reciente fallo contra sus aranceles unilaterales como una decisión «muy desafortunada». Sin embargo, lo más grave ha sido su declaración de intenciones de utilizar los aranceles no solo como arma comercial, sino como el motor recaudatorio del Estado. El mandatario sugirió que los ingresos aduaneros podrían reemplazar sustancialmente el impuesto sobre la renta, aliviando la carga de los ciudadanos a costa de las importaciones extranjeras.
Este hecho revela un giro hacia un modelo de autarquía fiscal que obligaría a reescribir la política presupuestaria de los últimos cien años. La consecuencia es clara: el Ejecutivo busca un enfrentamiento directo con el poder legislativo y judicial para recuperar la soberanía sobre el flujo de capitales. Al ampararse en la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, Trump intenta esquivar la fiscalización judicial, alegando una situación de emergencia en la balanza de pagos que justifica un arancel global del 15%. El diagnóstico de los analistas de Washington es inequívoco: estamos ante una presidencia decidida a desmantelar el orden multilateral mediante una agresividad fiscal que el mercado ha recibido con un incremento del 0,77% en el S&P 500.
| Símbolo |
Última |
Cbo |
Cambio% |
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6.890,07 |
52,32 |
0,77% |
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18.189,49 |
-99,22 |
-0,54% |
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24.977,04 |
268,10 |
1,09% |
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97,650 |
-0,232 |
-0,24% |
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19,56 |
-1,46 |
-6,95% |
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70,715 |
-0,220 |
-0,31% |
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65,80 |
-0,27 |
-0,41% |
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64.982,50 |
924,35 |
1,44% |
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5.190,490 |
48,060 |
0,93% |
El pulso Anthropic-Pentágono: la IA como arma de guerra
En el plano tecnológico, el discurso ha servido de telón de fondo para un ultimátum sin precedentes a Silicon Valley. El Pentágono, liderado por Pete Hegseth, mantiene un pulso crítico con la startup de inteligencia artificial Anthropic. Tras una reunión estéril entre el secretario de Defensa y el CEO de la firma, Dario Amodei, Washington ha dado de plazo hasta este viernes para que la empresa flexibilice sus restricciones y permita el uso de sus modelos en redes clasificadas y aplicaciones militares sensibles. Este hecho revela que la Administración Trump considera a la IA no como un producto comercial, sino como un recurso estratégico de defensa.
Lo más grave es la amenaza de invocar la Ley de Producción de Defensa para obligar a Anthropic a colaborar. Si la firma se niega, el Ejecutivo podría declararla un «riesgo para la cadena de suministro», lo que habilitaría al Estado para intervenir su operativa. El diagnóstico es nítido: el Pentágono no permitirá que principios éticos privados limiten la capacidad de combate de los Estados Unidos en un escenario de guerra fría tecnológica con China. La consecuencia para el ecosistema tecnológico es un clima de incertidumbre que, paradójicamente, no ha frenado el apetito inversor por el Nasdaq, que sigue dopado por la expectativa de los resultados de Nvidia.
Irán en la diana: la amenaza de los misiles intercontinentales
La retórica hacia Teherán ha alcanzado hoy su punto más álgido. Trump endureció su mensaje al afirmar que Estados Unidos «nunca permitirá que el principal patrocinador del terrorismo tenga un arma nuclear». Sin embargo, el dato más alarmante ha sido la advertencia sobre el desarrollo de misiles iraníes capaces de alcanzar no solo las bases estadounidenses en el extranjero y Europa, sino territorio directo de los Estados Unidos en el futuro cercano. Este hecho revela una justificación preventiva para un incremento del gasto militar y, potencialmente, una intervención aérea en las próximas semanas.
El diagnóstico geopolítico es preocupante: el presidente prefiere la vía diplomática, pero su despliegue de fuerza sugiere que el tiempo de la negociación se ha agotado. La consecuencia inmediata en los mercados de energía ha sido una volatilidad persistente, con el petróleo Brent cotizando en los 70,71 dólares tras una caída marginal del 0,31%. No obstante, la caída del VIX en un 6,95% hasta los 19,56 puntos indica que los inversores perciben las advertencias de Trump más como una herramienta de negociación electoral que como un aviso de guerra inminente.
Wall Street celebra el ruido de sables mientras el Ibex sucumbe
El contraste entre las plazas financieras este martes resulta demoledor. Mientras Wall Street ha reaccionado con optimismo al tono combativo del presidente —con el Nasdaq subiendo un 1,09%—, la bolsa española ha tomado el camino inverso. El Ibex 35 se ha dejado un 0,54%, situándose en los 18.189,49 puntos, arrastrado por el temor a que la nueva arquitectura arancelaria de Trump castigue de forma irreversible a las exportaciones europeas. Este hecho revela una divergencia profunda: lo que para EE. UU. es una promesa de alivio fiscal, para Europa es una amenaza de asfixia comercial.
La consecuencia es un trasvase de liquidez desde los mercados europeos hacia los activos estadounidenses. El dólar ha mostrado una ligera debilidad del -0,24% (DXY a 97,65), pero el oro ha repuntado un 0,93% hasta los 5.190 dólares la onza, actuando como el último refugio ante un escenario de inestabilidad institucional. El diagnóstico de los gestores de fondos es que el mercado está «comprando» el relato de fortaleza de Trump, ignorando momentáneamente la fragilidad que supone gobernar mediante el desafío sistemático a la Corte Suprema y al orden constitucional de las finanzas públicas.
HSBC: la paradoja de unos ingresos récord con beneficios en retroceso
En el flanco bancario, los resultados de HSBC ofrecen una lectura técnica de la complejidad del entorno financiero actual. El gigante británico ha reportado unos ingresos récord de 71.000 millones de dólares, impulsados por el margen de intereses. Sin embargo, su beneficio antes de impuestos ha caído un 7%, hasta los 36.600 millones, debido a partidas extraordinarias y una mayor provisión de riesgos. Este hecho revela que incluso las instituciones financieras más resilientes están sintiendo el impacto de la desaceleración del comercio global y la inestabilidad en los mercados asiáticos.
El CEO del grupo, Georges Elhedery, ha prometido construir un banco «más simple y ágil», pero el diagnóstico de los analistas es que la entidad se prepara para un escenario de mayor litigiosidad y presiones regulatorias. La consecuencia para el accionista ha sido, no obstante, positiva en el corto plazo gracias a la aprobación de un dividendo total anual de 0,75 dólares. Este hecho revela una estrategia de «placer inmediato» para retener al capital mientras la estructura de costes operativos se deteriora ante el aumento de la burocracia transfronteriza impuesta por las nuevas reglas de la Administración estadounidense.
El laberinto de los datos y el veredicto del FMI
La jornada de este martes deja además un calendario macroeconómico que marcará el pulso de la semana. La publicación del PIB de Alemania y el sentimiento del consumidor alemán GfK pondrán a prueba la resistencia de la locomotora europea frente al órdago proteccionista de Washington. Simultáneamente, el FMI publicará su visión sobre la economía estadounidense, un informe que se espera sea crítico con la espiral de déficit y la política de aranceles globales. Este hecho revela que el consenso internacional sigue en desacuerdo con la hoja de ruta de la Casa Blanca.
Lo más grave para la estabilidad monetaria es que la inflación PCE de EE. UU. se mantiene en el 0,4%, una cifra pegajosa que dificulta la bajada de tipos de interés que Trump exige de forma recurrente. La consecuencia es una parálisis operativa: el presidente promete incentivos al ahorro jubilatorio mientras sus propias políticas arancelarias encarecen el coste de la vida. El diagnóstico final del mercado queda supeditado a los resultados que Nvidia presente en las próximas horas, los cuales determinarán si el repunte tecnológico de hoy tiene base real o es solo un refugio especulativo ante la tormenta política.
Tras el ultimátum al Pentágono y el desafío al Supremo, esprobable una negociación tensa en la que empresas como Anthropic cedan parcelas de su tecnología a cambio de evitar una intervención directa del Estado. Sin embargo, el riesgo de una ruptura constitucional es real. Si Trump insiste en ignorar los fallos judiciales sobre los aranceles, los Estados Unidos entrarán en una fase de inseguridad jurídica que podría ahuyentar la inversión extranjera directa a largo plazo.
En definitiva, el discurso sobre el Estado de la Unión ha sido el certificado de nacimiento de una nueva era de «capitalismo de choque». El diagnóstico final es el de un país que se proclama fuerte mientras dinamita sus propios contrapesos institucionales. La subida del oro a los 5.190 dólares y la caída del Ibex 35 son el precio que el mundo está empezando a pagar por la incertidumbre de una administración que ya no reconoce límites a su autoridad ejecutiva. La lección de esta madrugada es clara: en el mundo de 2026, las reglas solo sirven mientras no estorben la agenda del Despacho Oval.