Wall Street se enfría antes del PPI y el discurso de Trump
Los futuros de la renta variable estadounidense arrancan el viernes con descensos moderados pero significativos. A las 4.16 horas (ET), el Dow Jones retrocedía un 0,34% y el S&P 500 cedía un 0,14%, mientras el Nasdaq 100 se mantenía prácticamente plano. El mercado entra así en modo espera antes de conocer el índice de precios de producción (PPI) de enero, una referencia clave para evaluar la persistencia de las presiones inflacionistas en la economía estadounidense. Los analistas anticipan que la inflación mayorista se moderará desde el 0,5% mensual de diciembre y que la tasa interanual se alejará del entorno del 3%. Sin embargo, cualquier desviación al alza reabriría el debate sobre el calendario de recortes de tipos de la Reserva Federal. Como telón de fondo adicional, el presidente Donald Trump tiene previsto pronunciar este viernes un discurso sobre exportaciones energéticas en el puerto de Corpus Christi (Texas), en pleno pulso global por el suministro de gas y petróleo. El resultado es un mercado tenso, con baja visibilidad y operadores muy atentos a cada dato.
Futuros en rojo tras un tramo de fuerte revalorización
Los descensos de esta mañana llegan después de varias sesiones marcadas por subidas sólidas en Wall Street, impulsadas por unos resultados empresariales mejor de lo esperado y por la expectativa de una relajación progresiva de la política monetaria. Precisamente por eso, cualquier corrección en los futuros tiene hoy un fuerte componente de toma de beneficios. Los inversores prefieren asegurar parte de las plusvalías acumuladas antes de enfrentarse a un dato macroeconómico que puede alterar por completo el guion de las próximas semanas.
El Dow Jones, más expuesto a valores industriales y financieros, es el que refleja una mayor sensibilidad con esa combinación de factores: enfriamiento del ciclo, dudas sobre los márgenes y un dólar relativamente fuerte. El S&P 500, más diversificado sectorialmente, muestra un retroceso más contenido, mientras que el Nasdaq 100 se mantiene prácticamente estable, sostenido por las grandes tecnológicas que siguen actuando como refugio relativo en un contexto de crecimiento moderado pero no recesivo.
Este comportamiento dispar revela una idea de fondo: el mercado no descuenta un shock inmediato, pero sí está reasignando riesgos entre sectores. Industriales, energéticas y bancos sufren algo más en la preapertura, mientras que consumo defensivo, salud y tecnología de gran capitalización muestran una mayor resiliencia.
El dato clave: la inflación mayorista de enero
El verdadero protagonista de la jornada es el índice de precios de producción (PPI) de enero, la referencia que mide la evolución de los precios mayoristas que afrontan las empresas. Se trata de un indicador adelantado relevante para anticipar futuras tensiones en los precios al consumo. En diciembre, el PPI repuntó un 0,5% en términos mensuales, generando cierta inquietud entre los bancos centrales y obligando a recalibrar las expectativas de tipos.
Para enero, el consenso del mercado apunta a un avance mensual más moderado y a una tasa interanual por debajo del 3%, lo que consolidaría la narrativa de una inflación que se enfría, aunque de forma irregular. Sin embargo, la experiencia reciente ha demostrado que el comportamiento de los precios continúa siendo volátil, muy condicionado por la energía, los costes logísticos y determinados cuellos de botella sectoriales.
Lo más relevante para los operadores no será solo el dato principal, sino la lectura de los componentes subyacentes: bienes intermedios, servicios empresariales y, especialmente, aquellos ligados a la cadena de suministro industrial. Un PPI más alto de lo previsto reavivaría el temor a un nuevo repunte del IPC, mientras que una sorpresa a la baja reforzaría el escenario de aterrizaje suave que hoy sostiene a los activos de riesgo.
Un mercado hipersensible a la política monetaria
Desde hace meses, la narrativa dominante en los mercados gira en torno a una pregunta: cuándo y a qué ritmo podrá la Reserva Federal recortar los tipos de interés. Con el precio del dinero en máximos de varias décadas, cada dato inflacionista se convierte en un referéndum sobre la credibilidad de ese calendario. El PPI de enero no es una excepción.
En este contexto, el movimiento de los futuros antes de la apertura refleja un ajuste fino en las expectativas de política monetaria. Los traders de tipos descuentan una trayectoria de recortes graduales, pero condicionada a que la inflación continúe acercándose al objetivo del 2% sin sobresaltos. "El mercado ha pasado de temer la recesión a temer volver a la inflación", resumen varios analistas consultados en las últimas semanas.
La consecuencia es clara: cualquier señal de resistencia de los precios mayoristas podría traducirse en un repunte inmediato de las rentabilidades de la deuda y, por extensión, en una presión adicional sobre los múltiplos de valoración de la renta variable. El diagnóstico es inequívoco: Wall Street opera en un equilibrio frágil entre la esperanza de recortes y el miedo a un rebote inflacionista.
La otra cita del día: energía y geopolítica
Más allá de los datos macro, la agenda política introduce un segundo foco de atención. El presidente Donald Trump tiene previsto ofrecer este viernes unas declaraciones sobre exportaciones energéticas en el Puerto de Corpus Christi, en Texas, uno de los enclaves clave para las salidas de crudo y gas natural licuado (GNL) hacia Europa y Asia.
El mensaje llega en un momento de competencia feroz por los mercados internacionales de energía, con Estados Unidos consolidado como primer exportador global de GNL y en pleno debate interno sobre el equilibrio entre seguridad energética, precios domésticos y compromisos climáticos. Cualquier anuncio relacionado con licencias, infraestructuras o marcos regulatorios podría tener un impacto directo en las compañías del sector, muy presentes en índices como el S&P 500.
Este hecho revela la creciente interdependencia entre política energética y valoración bursátil. Un discurso que refuerce la apuesta por las exportaciones y por nuevas inversiones en terminales y oleoductos sería bien recibido por las grandes petroleras y empresas de midstream. Por el contrario, un giro hacia mayores restricciones ambientales o regulatorias podría presionar a la baja al sector en el corto plazo. Los futuros reflejan esa cautela, con movimientos contenidos pero claramente atentos al tono que adopte la Casa Blanca.
Dólar estable y euro plano en un cruce vigilado
En el mercado de divisas, la reacción inicial es de prudencia extrema. El euro se mantiene prácticamente plano frente al dólar, en torno a 1,1807, en una sesión marcada igualmente por la espera a los datos de precios industriales y al discurso político. La ausencia de movimientos bruscos refleja que, por el momento, no se anticipa un cambio radical en el diferencial de tipos entre la Reserva Federal y el Banco Central Europeo.
Sin embargo, este aparente inmovilismo es engañoso. "Cada décima del PPI tiene potencial para mover el cruce euro/dólar de forma significativa", señalan operadores de divisas. Un dato más alto de lo previsto reforzaría la tesis de tipos altos durante más tiempo en Estados Unidos, lo que normalmente tiende a apreciar el dólar frente a sus principales pares. Una lectura más benigna, en cambio, daría algo de aire al euro, muy castigado en los últimos trimestres por la debilidad relativa del crecimiento en la eurozona.
El contraste con otras fases de estrés reciente resulta demoledor: antes, cualquier discurso presidencial podía alterar el cruce de forma abrupta; hoy, son los datos macro y las expectativas de los bancos centrales los que marcan el ritmo, mientras la retórica política actúa como ruido adicional más que como detonante principal.
Qué miran ahora los gestores internacionales
Para los grandes gestores de fondos, la sesión de este viernes es menos una apuesta táctica y más un ejercicio de calibración del riesgo. La mayoría de estrategias globales ya han incrementado su exposición a renta variable estadounidense en los últimos meses, aprovechando la combinación de beneficios sólidos y ausencia de recesión. A partir de aquí, la pregunta clave es cuánta volatilidad están dispuestos a tolerar.
Muchos equipos de inversión están revisando sus escenarios de base con tres variables: inflación, tipos de interés y beneficios empresariales. Si el PPI confirma una trayectoria de desinflación ordenada, será más sencillo mantener posiciones en sectores cíclicos y en valores de crecimiento. Si, por el contrario, el dato sorprende al alza, veremos previsiblemente un giro hacia activos defensivos, liquidez y deuda de corto plazo.
En paralelo, la cita de Trump en Texas introduce un componente sectorial relevante: compañías energéticas, infraestructuras de exportación y firmas industriales vinculadas a la cadena de suministro de hidrocarburos podrían experimentar movimientos diferenciados respecto al mercado. El resultado es un tablero complejo en el que cada gestor trata de ajustar su exposición sin quedar atrapado en un giro brusco de sentimiento.