Wall Street ignora Ormuz, el Dow Jones suma 92 puntos por la IA

Nueva York reabrió el lunes festivo con un guion que ya es costumbre: geopolítica en portada, tecnología en la pantalla de compras. El Dow avanzó casi 100 puntos, el S&P 500 subió alrededor de 0,54% y el Nasdaq trepó cerca de 0,95% gracias a los semiconductores. Mientras, la negociación EE. UU.-Irán sigue en el aire y el crudo se mueve con latigazos. El mercado, en realidad, está votando otra cosa: crecimiento por IA… y tipos.
Kevin Warsh
Kevin Warsh

El martes fue una fotografía útil del nuevo mercado estadounidense: inversores capaces de digerir un conflicto en Oriente Medio sin cambiar el sesgo de cartera. El Dow Jones añadió unos 92 puntos (en torno al 0,18%), el S&P 500 avanzó cerca de 0,54% y el Nasdaq Composite se impuso con más de 0,95%, apoyado en el ciclo de semiconductores. La lectura es incómoda: el riesgo geopolítico se ha convertido en ruido de fondo… hasta que deja de serlo.

La atención se repartió entre tres pantallas: resultados corporativos, petróleo y Reserva Federal. Y, por debajo, un hilo conductor: la confianza en que la demanda de IA seguirá sosteniendo beneficios aunque el coste energético vuelva a tensar la inflación. El contraste resulta demoledor con otros episodios de volatilidad: hoy se vende pánico solo a golpe de sorpresa, no por acumulación.

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Chips de IA: el combustible del Nasdaq en plena incertidumbre

La subida tuvo nombres propios, y fueron de silicio. Marvell se disparó cerca de 9% y Micron rondó el 12%, arrastrando al conjunto del sector y reactivando la narrativa de “capex infinito” para centros de datos. No es solo una apuesta por resultados: es una apuesta por estructura. El mercado asume que la IA mantiene viva la inversión, incluso si el consumidor se enfría y el crudo encarece el transporte.

Este hecho revela una asimetría peligrosa: la bolsa se comporta como si existieran dos economías. La de la calle, expuesta a gasolina e inflación; y la de la nube, blindada por contratos, demanda empresarial y expectativas. También aparecieron otros catalizadores: Pony AI subió más de 4% tras anunciar expansión de robotaxis, reforzando el relato de automatización como “siguiente ola”. La euforia, de momento, tapa el ruido.

Ormuz y la negociación: una prima de riesgo que no desaparece

La geopolítica, sin embargo, no se fue. El mercado siguió muy pegado a los titulares sobre Washington y Teherán tras los ataques estadounidenses en el sur de Irán, descritos como “autodefensa” contra lanzaderas de misiles y embarcaciones presuntamente destinadas a colocar minas. Irán, por su parte, elevó el listón con una exigencia central: liberar 24.000 millones de dólares en fondos congelados como parte del paquete negociador.

Rubio reconoció que la conversación podría «llevar unos días» y Trump sostuvo en Truth Social que iba «muy bien». «Las negociaciones van de maravilla, estamos avanzando», trasladó el entorno presidencial, en una frase diseñada más para la pantalla doméstica que para los negociadores. El problema es que Ormuz no espera: cualquier duda se traduce en fletes, seguros y volatilidad.

Petróleo bajo 100 y inflación en guardia: la gasolina manda

La reacción del crudo fue una síntesis del nerviosismo controlado. El Brent llegó a repuntar hasta 2%, pero se mantuvo por debajo de los 100 dólares; el WTI se movió alrededor de 92 dólares tras caer al inicio de la sesión. Esa estabilidad aparente es engañosa: en un entorno donde el petróleo marca expectativas de inflación, cada rebote reabre el debate sobre tipos.

Los inversores vigilan un triángulo que se ha vuelto tóxico: energía, expectativas inflacionistas y margen de la Reserva Federal. Con la gasolina presionando la confianza del consumidor, el dato de confianza previsto para el martes se convirtió en termómetro político y monetario. La consecuencia es clara: si el petróleo deja de ser “ruido” y vuelve a ser tendencia, la Fed se ve empujada a sostener credibilidad aunque la actividad se desgaste.

Warsh al frente de la Fed y el FedWatch que se recalienta

La política monetaria recuperó protagonismo con un cambio institucional que el mercado aún está digiriendo: la toma de posesión de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal. El mensaje implícito es vigilancia: inflación arriba, crecimiento en discusión y un banco central presionado para no equivocarse en público. Los futuros ya lo reflejan. Según FedWatch, los operadores asignan 8,5% de probabilidad a una subida en julio, frente a menos del 1% hace un mes.

No son cifras enormes, pero sí un giro de dirección, y eso basta para mover valoraciones. En un mercado apoyado en múltiplos de crecimiento, cualquier endurecimiento adicional tiene efecto dominó. Lo más grave es la coexistencia de dos creencias: que la IA justifica múltiplos altos y que el petróleo puede forzar un sesgo más hawkish. Cuando ambas se cruzan, la volatilidad no avisa: explota.

Beneficios al 29% y compras por 4.000 millones: la bolsa se agarra a los números

El soporte final del apetito por riesgo fue corporativo. Reuters, citando datos de LSEG, eleva la expectativa de crecimiento de beneficios del primer trimestre al 29% interanual, muy por encima de lo previsto un mes antes. Ese dato es gasolina para un mercado que quiere creer que la economía aguanta incluso si el coste energético aprieta. Además, Eli Lilly alimentó el ciclo de operaciones con acuerdos para adquirir tres desarrolladores de vacunas por hasta casi 4.000 millones de dólares combinados.

Con los índices cerca de máximos, el Dow incluso viene de marcar récord reciente, lo que refuerza la idea de que el mercado ha aprendido a convivir con la tensión. Pero convivir no es neutralizar. La bolsa puede subir con Ormuz en el radar; lo difícil es sostener el rally si la inflación se recalienta y la Fed deja de prometer paciencia.

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