Wall Street se juega el rally del año en los resultados de Nvidia
La sesión de este miércoles arranca con los futuros de Wall Street en verde y una idea fija en la mente de los inversores: todo gira en torno a Nvidia. A primera hora, el Dow Jones subía un 0,17%, el Nasdaq 100 un 0,23% y el S&P 500 un 0,18%, en un movimiento moderado pero significativo antes de una batería de resultados corporativos que incluye a Salesforce, Nvidia, Zoom y Paramount Skydance. Al mismo tiempo, el mercado de renta fija y vivienda aguarda el dato semanal de solicitudes de hipoteca de la MBA, uno de los termómetros más finos del impacto de los tipos altos sobre el consumo. En divisas, el euro se apreciaba un 0,15% frente al dólar, hasta los 1,1793 dólares, reforzando la sensación de ligera mejora del apetito por riesgo.
Futuros en verde a la espera del veredicto
Los movimientos en el premarket dibujan un patrón clásico de “espera tensa”. Los avances de entre el 0,17% y el 0,23% en los principales futuros estadounidenses indican compras, pero lejos de un optimismo desbocado. No es un rally, es una apuesta controlada a que las grandes tecnológicas volverán a cumplir —o, al menos, no decepcionarán de forma dramática—.
En este contexto, el Nasdaq 100 vuelve a actuar como barómetro de la narrativa dominante: la economía de la inteligencia artificial. El índice tecnológico concentra buena parte del peso de los grandes beneficiarios del ciclo de inversión en centros de datos y chips avanzados. Nvidia, incorporada ya al Dow Jones e instalada en la élite de la capitalización mundial, se ha convertido en el símbolo de ese proceso.
La lectura es clara: si los resultados de la compañía confirman que el boom de IA sigue intacto, el mercado validará las valoraciones actuales y dará continuidad al rally de los últimos trimestres. Si, por el contrario, aparecen señales de fatiga —en márgenes, guías o capex de sus grandes clientes—, el ajuste no se limitará a un solo valor. El riesgo es sistémico para el conjunto del Nasdaq y, por extensión, para el S&P 500.
Nvidia, el gigante que mueve los índices
Lo que distingue a esta temporada de resultados de otras no es solo el tamaño de Nvidia, sino su peso desproporcionado en los índices. Distintas estimaciones sitúan ya a la compañía en torno al 8% del S&P 500, hasta el punto de que su comportamiento explica varios puntos porcentuales de la revalorización del índice en 2025.
En otras palabras: un único valor está condicionando tanto como nunca antes la percepción del ciclo bursátil estadounidense. El diagnóstico de los gestores es inequívoco: “si Nvidia estornuda, la cartera se resfría”. Lo que antes era un componente más de la “Magnificent 7” se ha convertido en un macroactivo en sí mismo, con capacidad para alterar expectativas de beneficios agregadas, decisiones de asignación sectorial e incluso la lectura que el mercado hace de la política monetaria.
Los analistas esperan para este trimestre incrementos de ingresos y beneficios de entre el 60% y el 70% interanual, apoyados en pedidos masivos de chips de IA por parte de las grandes tecnológicas y de los nuevos gigantes de la nube soberana. La cuestión ya no es si Nvidia bate previsiones de consenso, algo que ha hecho de forma recurrente en los últimos años, sino cuánto margen queda para seguir revisando al alza esas expectativas sin alimentar el temor a una burbuja.
Lo más grave, desde el punto de vista de la estabilidad del mercado, es que una parte relevante del rally del S&P 500 y del Nasdaq se sustenta en esta única historia de éxito. En 2025, las grandes compañías de IA explicaron hasta el 16,4% de la subida del S&P 500, un grado de concentración que no se veía desde los años de la burbuja puntocom.
Salesforce, Zoom y Paramount Skydance: el resto del tablero
Aunque Nvidia se lleva los titulares, el calendario de resultados de hoy incluye otros nombres clave que dibujan la amplitud real del ciclo tecnológico. Salesforce aportará pistas sobre el gasto corporativo en software, un segmento donde los clientes empiezan a priorizar proyectos ligados a IA generativa y automatización, mientras recortan licencias menos productivas.
Zoom, por su parte, funciona como barómetro de la economía híbrida post-pandemia. Sus cifras dirán si el modelo de trabajo remoto ha entrado definitivamente en fase de madurez, con crecimientos mucho más modestos, o si la integración de funciones de IA puede abrir una segunda ola de monetización. Un crecimiento de ingresos de un dígito alto, combinado con mejora de márgenes, sería interpretado como prueba de que la compañía puede reinventarse y evitar ser otro “value trap” tecnológico.
Paramount Skydance, resultado de la reconfiguración de activos audiovisuales y de ‘streaming’, añade una capa distinta: la economía del contenido en plena revolución de IA. Sus resultados no moverán el índice como Nvidia, pero sí aportarán información sobre dos variables que preocupan a los inversores: la rentabilidad del streaming tras años de guerra de precios y el impacto que la generación de contenidos asistidos por IA puede tener en costes y en poder negociador frente a creadores.
En conjunto, estos nombres permiten testar si el impulso de la IA se está traduciendo en beneficios tangibles más allá de los fabricantes de hardware.
El termómetro oculto: las hipotecas como prueba de estrés
Más allá de la renta variable, el dato semanal de solicitudes de hipoteca de la Mortgage Bankers Association (MBA) será otro punto de control crucial para el mercado. Este indicador, publicado cada miércoles, recoge la evolución de dos subíndices: solicitudes de compra de vivienda y solicitudes de refinanciación.
En los últimos meses, el índice ha mostrado oscilaciones significativas, con semanas de alzas de más del 10% en el volumen total de solicitudes y saltos de más del 20% en la refinanciación cuando las expectativas de bajadas de tipos ganan fuerza. La consecuencia es clara: cada dato de la MBA se ha convertido en una especie de referéndum semanal sobre la capacidad de las familias para soportar hipotecas caras.
Si la publicación de hoy confirmase una mejora sostenida de las solicitudes de compra, el mensaje sería doble. Por un lado, que el mercado inmobiliario estadounidense ha dejado atrás el punto más duro del ajuste. Por otro, que el consumo ligado a la vivienda —muebles, reformas, electrodomésticos— puede aportar un suelo adicional al crecimiento. Estudios recientes muestran que un aumento del 10% en el índice de compra puede arrastrar un alza de entre el 6% y el 8% en ventas de bienes duraderos para el hogar.
Si, por el contrario, el dato decepciona y se observa un nuevo frenazo en compras mientras solo crece la refinanciación, el mercado leerá el mensaje como señal de agotamiento de la demanda real y de búsqueda defensiva de alivio financiero.
Por qué el mercado mira más al 2026 que al trimestre
Aunque la cita de hoy se presenta como un examen trimestral, el verdadero debate es estructural y de largo plazo. El rally de IA ha empujado al S&P 500 a nuevos máximos históricos en distintos momentos de 2025 y 2026, apoyado en la idea de que la productividad que aportarán estos sistemas justificará valoraciones hoy exigentes.
La pregunta que sobrevuela las mesas de negociación es si la curva de crecimiento de beneficios seguirá siendo casi exponencial en los próximos años o si, por el contrario, el mercado está adelantando demasiado valor futuro al presente. El caso de Nvidia es paradigmático: los pedidos de chips de nueva generación para 2026 se cuentan ya en cientos de miles de millones de dólares, con estimaciones que apuntan a encargos superiores a 500.000 millones si se suman grandes tecnológicas, gobiernos y proveedores de nube.
En este contexto, cualquier matiz que hoy introduzca la compañía en su guía —sobre ritmos de inversión en centros de datos, disponibilidad de componentes, restricciones regulatorias o exposición geopolítica— puede alterar las previsiones para los próximos 18-24 meses. Más que un resultado, el mercado busca una historia creíble que permita seguir sosteniendo el discurso de la “segunda ola de digitalización”.
Riesgos de un rally apoyado en pocos nombres
El contraste con otros ciclos de mercado resulta demoledor. Nunca antes tan pocas compañías habían explicado una porción tan grande de la rentabilidad de los índices. En 2025, varios estudios de mercado apuntan a que menos de una decena de valores han aportado más de la mitad del retorno del S&P 500, con Nvidia en primera línea.
Este hecho revela un riesgo evidente: la fragilidad del rally ante cualquier shock idiosincrático. Un profit warning, un cambio regulatorio agresivo sobre el uso de datos o un incidente de seguridad en grandes modelos de IA podrían desencadenar ventas masivas no solo en el valor afectado, sino en toda la cadena de proveedores y clientes.
Los gestores más prudentes han empezado a reducir exposición concentrada, rotando parte de los beneficios hacia sectores más defensivos —infraestructuras, utilities, salud— y hacia compañías de “segunda fila” de IA con valoraciones más razonables. Sin embargo, el grueso de los flujos sigue persiguiendo a los líderes del ciclo, reforzando una dinámica de momentum que se alimenta a sí misma.
Como sintetizaba recientemente un responsable de renta variable de una gran gestora europea: “la concentración actual es el precio que estamos pagando por no perdernos la revolución de la IA”. La frase resume el dilema del mercado: participar en el rally implica asumir que buena parte de la cartera depende de un puñado de resultados trimestrales.
