Pekín da luz verde a pilotos de conducción L3 en tramos específicos de vías públicas

China autoriza por primera vez coches autónomos de nivel 3 para pruebas en carretera

El Ministerio de Industria y Tecnología de la Información de China ha concedido las primeras aprobaciones condicionales a turismos convencionales con funciones de conducción autónoma de nivel 3, permitiendo a dos fabricantes iniciar programas piloto en segmentos concretos de carreteras públicas tras superar pruebas de producto y evaluación de seguridad.

EPA/WU HAO
EPA/WU HAO

Primeras aprobaciones condicionales para la conducción autónoma L3

China ha dado un paso relevante en la carrera por la movilidad inteligente. El Ministerio de Industria y Tecnología de la Información (MIIT) anunció este lunes que ha concedido las primeras aprobaciones condicionales a determinadas compañías para comercializar, en formato de prueba, turismos convencionales equipados con funciones de conducción autónoma de nivel 3 (L3).

Se trata de un hito regulatorio: por primera vez, el gobierno chino valida que vehículos de pasajeros con capacidades L3 puedan desplegarse en programas piloto bajo condiciones específicas, abriendo la puerta a un marco de experimentación en vías públicas y a una futura expansión del modelo en el mercado.

Changan y BAIC, primeras compañías autorizadas

Según el comunicado del MIIT, las aprobaciones se otorgaron a China Changan Automobile Group Co., Ltd. (CCAG) y a Beijing Automotive Group Co., Ltd. La autorización afecta a dos modelos concretos de sedán eléctrico, identificados por los números SC7000AAARBEV y BJ7001A61NBEV, ambos descritos como vehículos 100% eléctricos.

La decisión posiciona a estos dos grupos como los primeros en obtener un permiso formal —aunque condicionado— para sacar a la calle turismos con capacidades L3 dentro del perímetro regulado por el Estado.

Programas piloto en tramos concretos de carreteras públicas

El MIIT precisó que, tras recibir el visto bueno, los vehículos podrán operar en programas piloto sobre porciones específicas de carreteras públicas. Este matiz es clave: la autorización no implica un despliegue generalizado e ilimitado, sino un esquema de pruebas controlado, con delimitación geográfica y operativa.

En la práctica, este tipo de permisos suele asociarse a corredores urbanos o periurbanos seleccionados, con supervisión, recogida de datos y protocolos estrictos de seguridad. El objetivo es validar el rendimiento del sistema en condiciones reales de tráfico, sin perder el control normativo y minimizando riesgos.

Pruebas y evaluación de seguridad antes de obtener el permiso

Antes de conseguir la aprobación, ambas empresas tuvieron que superar un proceso de test de producto y una evaluación de seguridad realizada por un equipo de expertos constituido por el propio ministerio. Este filtro técnico busca asegurar que las funciones L3 se ajustan a estándares exigentes en aspectos como fiabilidad del sistema, gestión de escenarios complejos y procedimientos de contingencia.

El énfasis en la evaluación experta sugiere que China quiere avanzar con velocidad, pero también con un enfoque de control y trazabilidad, especialmente en un terreno —la autonomía L3— donde la interacción entre software, sensores, conductor y normativa puede generar zonas grises de responsabilidad.

Qué implica el nivel 3 en la conducción autónoma

En términos generales, la conducción autónoma de nivel 3 se asocia a sistemas capaces de asumir la conducción en determinadas circunstancias y entornos, con la posibilidad de que el conductor delegue tareas de conducción durante periodos concretos. Sin embargo, la operación L3 suele requerir condiciones definidas y la capacidad de gestionar transiciones de control cuando el sistema lo solicita.

Con estas aprobaciones, China no solo habilita pruebas: también manda una señal clara de que la autonomía avanzada empieza a salir del laboratorio para entrar en la fase de validación en carretera bajo supervisión oficial.

Un paso regulatorio con impacto industrial

El movimiento del MIIT puede acelerar la competencia tecnológica y la inversión en plataformas de conducción autónoma dentro del mercado chino, especialmente en el segmento de eléctricos, donde el país ya lidera por escala. Además, sienta un precedente para que otros fabricantes busquen permisos equivalentes, consolidando un ecosistema de pilotos que, si se demuestra seguro, podría evolucionar hacia despliegues más amplios.

Por ahora, el mensaje es claro: China empieza a formalizar, con autorizaciones concretas y condicionadas, la transición del L3 desde la promesa tecnológica hacia la aplicación real en vías públicas.

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