La nueva fiebre del coche usado: así se fija el precio justo

La profesionalización del mercado de ocasión promete más transparencia, pero también obliga a concesionarios y particulares a jugar con nuevas reglas

El coche de segunda mano se ha convertido en el verdadero termómetro del bolsillo de los hogares españoles. Por cada turismo nuevo que se matricula, se venden ya más de dos vehículos de ocasión, y todo apunta a que esa brecha seguirá ampliándose en 2025. En este contexto, entender qué es un precio justo y quién lo determina deja de ser una cuestión de intuición para convertirse en un asunto estratégico.
El último Desayunos Ruta 2030 de Negocios TV ha puesto cifras y contexto a esta revolución silenciosa, con la irrupción de plataformas como Veiko, que prometen tasaciones instantáneas, peritaciones exhaustivas y un marketplace B2B que ordena un negocio históricamente opaco.
La consecuencia es clara: la compraventa de coches usados ya no es solo una negociación entre particulares, sino un ecosistema en el que datos, algoritmos y procesos de certificación definen el valor de cada vehículo. Y mientras tanto, el vehículo eléctrico de segunda mano se ha convertido en la gran incógnita de un mercado que crece, pero que aún no sabe cómo valorar la transición energética.

Un mercado de ocasión en pleno cambio de ciclo

El punto de partida es contundente: el mercado de VO roza ya los 2,2 millones de operaciones anuales en España, frente a unas 950.000 matriculaciones de vehículos nuevos. Tras años de precios al alza por falta de stock, la demanda de segunda mano se ha consolidado como válvula de escape para familias y autónomos que necesitan movilidad pero no pueden asumir las tarifas de los concesionarios oficiales.

La inflación, la subida de tipos de interés y el encarecimiento de los seguros han empujado a muchos compradores a aplazar la compra de un vehículo nuevo y mirar al mercado de ocasión. El resultado es un ecosistema en el que los coches de entre 3 y 8 años concentran la mayor parte del interés, mientras los modelos muy viejos se venden por pura necesidad y los seminuevos compiten directamente con el renting.

Sin embargo, este auge no está exento de tensiones. La falta de vehículos jóvenes procedentes de flotas y rentacar —tras el parón de matriculaciones durante la pandemia— ha generado un agujero de oferta en ciertos tramos de edad, lo que complica el cálculo del valor residual y obliga a afinar la tasación como nunca antes. En este contexto aparecen actores dispuestos a profesionalizar un terreno donde durante décadas mandó la improvisación.

 

Startups que profesionalizan un mercado opaco

La compraventa de ocasión ha sido durante años un mercado casi artesanal”, reconoce Rodrigo Manrique, fundador de Veiko, una de las plataformas que están intentando cambiar las reglas del juego. Su propuesta pasa por convertir cada vehículo en un activo perfectamente trazable: peritación independiente, diagnosis, informe fotográfico detallado y subasta o venta en un marketplace B2B donde compiten talleres, compraventas y concesionarios.

Detrás de una tasación “instantánea” hay un engranaje complejo: bases de datos históricas, modelos estadísticos que cruzan kilometraje, edad, historial de averías, provincia, rotación media de stock y, cada vez más, la evolución de la tecnología embarcada. El precio deja de ser una corazonada del vendedor para asentarse sobre decenas de variables objetivas, algo que los profesionales del sector consideran imprescindible en un contexto de márgenes ajustados.

Esta profesionalización tiene un doble efecto. Por un lado, saca del mercado las operaciones más opacas, donde el comprador se enfrentaba a vicios ocultos, manipulaciones de kilómetros o historiales incompletos. Por otro, eleva el listón de exigencia para los propios concesionarios, que ya no pueden limitarse a “limpiar y poner a la venta”, sino que necesitan informes, garantías y procesos claros si quieren competir por el mejor género.

Cómo se construye hoy el “precio justo”

Hablar de precio justo en un VO es hablar de transparencia y de gestión del riesgo. La información detallada sobre el estado del vehículo —desde el porcentaje de desgaste de neumáticos hasta el resultado de una prueba de compresión— reduce la incertidumbre y acota el rango de negociación. Donde antes había un margen de 1.000 euros sujeto a regateo, hoy la horquilla real se estrecha a 300-400 euros porque ambas partes saben qué están comprando y vendiendo.

Las plataformas más avanzadas cruzan cada unidad con historias similares vendidas en los últimos 6-12 meses, corrigen por ubicación y tiempo en stock y generan un precio objetivo que, en muchos casos, acierta la venta real con desviaciones inferiores al 5%. El "precio de anuncio", tradicionalmente inflado, empieza a converger con el precio de cierre, y el comprador final se acostumbra a ver justificadas las cifras con informes y garantías.

Esta transparencia tiene implicaciones macro. Cuando el mercado acepta de forma generalizada rangos de depreciación —por ejemplo, en torno al 20%-25% en los tres primeros años para un turismo de combustión—, se pueden diseñar mejores productos de financiación, rentas garantizadas o fórmulas de recompra. El VO deja de ser un mercado residual y se convierte en una pieza más del ciclo de vida del vehículo, con sus propias métricas y lógicas financieras.

2025: el año clave para el vehículo de ocasión

Los expertos coinciden en señalar 2025 como un año de inflexión para el sector. Por un lado, se espera una normalización parcial de los plazos de entrega de vehículos nuevos, lo que puede aliviar algo de presión sobre el VO. Por otro, la demanda de coches asequibles sigue creciendo: con los salarios avanzando muy por detrás del coste de la vida, el segmento de vehículos por debajo de 15.000 euros será el verdadero campo de batalla.

Para los concesionarios, el gran reto no es solo comprar barato y vender caro, sino rotar el stock con rapidez. Una unidad que permanece más de 60-90 días en exposición empieza a erosionar márgenes: inmoviliza capital, ocupa espacio y obliga a ajustes de precio cada pocas semanas. Aquí, las plataformas B2B y la analítica avanzada están cambiando el juego: identificar qué modelos se venden en 30 días y cuáles se eternizan es ya una cuestión de supervivencia.

Además, el mercado tendrá que digerir los primeros efectos de las zonas de bajas emisiones a pleno rendimiento en las grandes ciudades. Ciudades como Madrid o Barcelona penalizan la circulación de vehículos sin etiqueta, lo que empuja a muchos compradores a buscar turismos con distintivo C o ECO incluso en segunda mano. Esta preferencia reordena precios y puede dejar atrapados ciertos modelos diésel que hace apenas cinco años eran objeto de deseo.

El coche eléctrico usado, asignatura pendiente

Si hay un punto de consenso entre los profesionales es que el vehículo eléctrico de ocasión es, hoy por hoy, el gran quebradero de cabeza. Pese a descuentos muy agresivos —con caídas de valor que en algunos modelos superan el 40% en los tres primeros años, frente al 25% habitual de la combustión—, ciertos eléctricos se quedan atascados en stock durante meses.

Las causas son conocidas: desconfianza del comprador respecto a la batería, dudas sobre la autonomía real frente a la de catálogo, desconocimiento del coste de sustitución y un ecosistema de recarga todavía irregular fuera de las grandes urbes. Un compacto eléctrico de tres años puede ofrecer en papel una autonomía de 350 kilómetros, pero si el usuario percibe que en invierno no pasa de 220, la disposición a pagar se desploma.

Para intentar cerrar esa brecha, concesionarios y plataformas como Veiko están introduciendo peritaciones específicas de baterías, con informes de estado de capacidad, garantías adicionales y, en algunos casos, extensiones de cobertura hasta los 8-10 años. El objetivo es trasladar al comprador la idea de que la batería se puede medir y asegurar, igual que un motor de combustión. Pero la realidad es que el mercado aún no ha fijado una tabla de depreciación clara para el eléctrico, y eso se traduce en volatilidad de precios y en mucha prudencia por parte de la demanda.

Del garaje a la ciudad: smart parking y nueva movilidad

Mientras el mercado de VO se profesionaliza, la movilidad urbana se redespliega a gran velocidad. Ciudades como Madrid y Barcelona avanzan en sistemas de smart parking con sensores, reservas digitales y tarifas dinámicas que premian la rotación y penalizan la ocupación prolongada en zonas de alta demanda. Este tipo de soluciones no son solo una curiosidad tecnológica: reducen hasta un 15%-20% el tráfico asociado a la búsqueda de aparcamiento, con impacto directo en emisiones y tiempo perdido.

En paralelo, municipios medianos como Dénia o Alcoy experimentan con aparcamientos específicos para bicicletas y patinetes eléctricos, integrados en aplicaciones de movilidad que permiten combinar coche privado, transporte público y micromovilidad. El resultado es una ciudad en la que poseer un vehículo ya no garantiza necesariamente facilidades para usarlo, y donde la decisión de compra se cruza con preguntas sobre acceso, aparcamiento y restricciones futuras.

Para el mercado de ocasión, todo esto supone un cambio silencioso pero profundo: no es lo mismo vender un SUV de gasolina en un municipio sin zonas de bajas emisiones que en el centro de una gran ciudad con restricciones crecientes. Las herramientas de tasación avanzadas empiezan a incorporar estas variables urbanas, anticipando que el código postal influirá cada vez más en el valor residual de un vehículo.

Menos improvisación y más datos

El último mensaje que deja Desayunos Ruta 2030 es claro: el coche de segunda mano ha dejado de ser un terreno para valientes. La combinación de plataformas B2B, peritaciones exhaustivas y herramientas de datos está desplazando la intuición en favor de modelos más racionales, tanto para el profesional como para el particular.

Para el vendedor, la clave será elegir bien el canal, cuidar el mantenimiento y entender que cada revisión registrada, cada factura guardada y cada peritaje favorable suman euros al valor final. Para el comprador, el reto pasa por exigir informes completos, comparar más allá del precio de anuncio y entender cómo su decisión encaja en un ecosistema urbano cambiante.

En 2025 y 2026, el mercado de VO seguirá creciendo, pero ya no bastará con colgar un cartel de “se vende” en la luneta trasera. El precio justo se construirá con datos, procesos y garantías, y quien no se adapte a esta lógica corre el riesgo de quedarse fuera de un negocio que, lejos de agotarse, vive su etapa más sofisticada hasta la fecha.

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