Los BRICS tientan a Bangladesh y aceleran el pulso al dólar

Análisis exhaustivo sobre la expansión del bloque BRICS y la posible incorporación de Bangladesh como nuevo miembro. Se evalúan las implicaciones de este paso para desafiar la hegemonía del dólar y reconfigurar el poder económico mundial a través del Nuevo Banco de Desarrollo y el comercio en monedas propias.
Representación gráfica del bloque BRICS con la inclusión potencial de Bangladesh, simbolizando la expansión y desafío al predominio del dólar estadounidense.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
BRICS se expande: Bangladesh asoma como nuevo actor clave para desafiar al dólar

Once países, diez socios y una lista creciente de aspirantes. Los BRICS han dejado de ser una sigla cómoda para describir a cinco economías emergentes y se han convertido en una plataforma geopolítica de mayor alcance. La última señal llega desde Moscú: Rusia ve con buenos ojos la entrada de Bangladesh cuando termine la pausa interna sobre nuevas adhesiones. No es un movimiento menor. Daca aporta población, industria, posición estratégica y una ambición clara: ganar margen financiero en un mundo menos dependiente del dólar.

El bloque BRICS está formado oficialmente por 11 países: Brasil, China, Egipto, Etiopía, India, Indonesia, Irán, Rusia, Arabia Saudí, Sudáfrica y Emiratos Árabes Unidos. Además, cuenta con 10 países socios incorporados en 2025, entre ellos Bielorrusia, Bolivia, Cuba, Kazajistán, Malasia, Nigeria, Tailandia, Uganda, Uzbekistán y Vietnam.

Este mapa revela una transformación evidente. Ya no se trata solo de comercio sur-sur, sino de una arquitectura paralela de influencia. El mensaje hacia Washington y Bruselas es claro: las economías emergentes quieren más voz, más crédito y menos dependencia de los centros financieros tradicionales.

Rusia abre la puerta a Bangladesh

El movimiento más relevante es diplomático. El ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, afirmó que, cuando termine la pausa de ampliación, Moscú mirará favorablemente la candidatura de Bangladesh, al que definió como un gran país asiático.

La señal es inequívoca: Rusia no fuerza una adhesión inmediata, pero coloca a Bangladesh en la antesala política del bloque.

La precisión importa. No hay ingreso automático. Los BRICS están intentando digerir su última expansión y evitar que una incorporación desordenada convierta el grupo en una suma de intereses contradictorios. Sin embargo, el respaldo ruso ya altera el tablero: sitúa a Daca como candidato serio y presiona al resto de miembros a posicionarse.

Bangladesh no es un actor menor

Bangladesh tiene una economía de 450.119 millones de dólares en 2024, según el Banco Mundial, y registró un crecimiento del 4,2% ese mismo año. El FMI proyecta para 2026 un avance del PIB real del 4,7% y una población de 175,4 millones de habitantes.

Estos datos explican el interés. Bangladesh no aporta petróleo como Irán o Arabia Saudí, ni escala financiera como China, pero sí una combinación valiosa: demografía, manufactura textil, ubicación en el golfo de Bengala y necesidad de financiación para infraestructuras. En un bloque que busca masa crítica, esa pieza encaja.

El dólar, objetivo indirecto

El relato de los BRICS gira cada vez más en torno a la reducción de la dependencia del dólar. No porque el billete verde vaya a perder su hegemonía de forma inmediata, sino porque el uso de monedas locales en comercio bilateral permite limitar sanciones, abaratar ciertas transacciones y reforzar soberanía financiera.

La entrada de Bangladesh tendría sentido en esa estrategia. Su comercio exterior, sus remesas y sus necesidades de energía hacen que la estabilidad cambiaria sea un asunto central. Si Daca consigue ampliar pagos en divisas locales con India, China, Rusia o Emiratos, el efecto no sería simbólico: afectaría a importaciones, financiación y reservas.

El Nuevo Banco de Desarrollo gana peso

El Nuevo Banco de Desarrollo es la herramienta financiera más concreta del ecosistema BRICS. Su cartera incluye proyectos de infraestructura y desarrollo sostenible, y en marzo de 2026 aprobó el proyecto NESCO Power Distribution System Strengthening en Bangladesh.

Este hecho revela una relación previa que puede facilitar el salto político. Bangladesh no parte de cero: ya participa en la lógica financiera del bloque, busca capital alternativo y necesita modernizar energía, transporte y redes urbanas. La adhesión plena reforzaría esa vía, aunque no sustituiría de golpe al Banco Mundial, al FMI o al Banco Asiático de Desarrollo.

El riesgo de una alianza demasiado heterogénea

El gran problema de los BRICS es su propia diversidad. India y China compiten por liderazgo asiático. Irán y Arabia Saudí arrastran tensiones regionales. Rusia busca oxígeno geopolítico. Brasil y Sudáfrica intentan equilibrar pragmatismo económico y autonomía estratégica.

Bangladesh tendría que maniobrar con cautela. Su entrada puede abrir financiación y mercados, pero también elevar la exposición a disputas entre bloques. El diagnóstico es inequívoco: sumarse a los BRICS ya no es solo una decisión económica; es una declaración de posicionamiento internacional.

El cambio será lento, pero real

El dólar no caerá por la adhesión de Bangladesh. Tampoco lo hará por una cumbre o por una declaración diplomática. Su dominio descansa en mercados profundos, liquidez, deuda estadounidense y confianza institucional. Sin embargo, el contraste con hace una década resulta demoledor: cada vez más países buscan un plan B.

Bangladesh representa precisamente eso. No una ruptura, sino una cobertura. No una revolución monetaria inmediata, sino una estrategia de diversificación. Y en geopolítica, los grandes cambios rara vez empiezan con un golpe brusco: suelen comenzar con acuerdos discretos, bancos alternativos y países que deciden que depender de una sola moneda ya no es prudente.

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