Darbinyan :"Irán puede asestar un impacto sin precedentes con el cierre de Bab el-Mandeb"
Irán podría ampliar la guerra energética más allá del golfo Pérsico y trasladarla hasta la entrada meridional del mar Rojo. Según tres fuentes regionales, Teherán habría pedido a los hutíes de Yemen que se preparen para interrumpir Bab el-Mandeb si Estados Unidos ataca centrales eléctricas iraníes.
No existe todavía una orden pública de ejecución ni un bloqueo efectivo. Pero la amenaza resulta suficiente para inquietar a navieras, aseguradoras y operadores energéticos.
«Irán puede asestar un impacto sin precedentes con el cierre de Bab el-Mandeb», advierte Mikael Darbinyan. El riesgo no reside únicamente en perder una ruta: consiste en que Bab el-Mandeb y Ormuz queden comprometidos simultáneamente.
La información disponible exige cautela. Irán no habría ordenado a los hutíes cerrar inmediatamente el estrecho, sino permanecer preparados para actuar si Washington extiende sus ataques a la infraestructura eléctrica del país.
La diferencia es relevante. Teherán estaría utilizando Bab el-Mandeb como instrumento de disuasión: convertir cualquier bombardeo estadounidense contra servicios esenciales en una perturbación económica para numerosos países.
Los hutíes ya habrían desplegado drones y misiles cerca del corredor marítimo. Sin embargo, la preparación operativa no demuestra que la ofensiva vaya a producirse. Por ahora, se trata de una amenaza creíble, pero todavía condicionada.
Cuatro millones de barriles diarios
Bab el-Mandeb conecta el golfo de Adén con el mar Rojo y, a través del canal de Suez, con el Mediterráneo. Durante la primera mitad de 2025 transitaban por esta zona aproximadamente 4,2 millones de barriles diarios de petróleo y productos derivados.
La cifra se encuentra muy por debajo de los 8,7 millones de barriles diarios registrados en 2023. Los ataques hutíes redujeron el flujo a unos cuatro millones durante los primeros ocho meses de 2024, al obligar a numerosas compañías a evitar la ruta.
Este precedente demuestra que no hace falta controlar físicamente todo el estrecho. Basta con elevar el riesgo hasta que las navieras decidan marcharse.
El desvío que paga Europa
Los buques que abandonan el mar Rojo deben rodear África por el cabo de Buena Esperanza. El desvío añade días de navegación, eleva el consumo de combustible y obliga a mantener más embarcaciones para transportar el mismo volumen de mercancías.
Europa sería una de las regiones más expuestas. El continente depende de Suez para recibir productos asiáticos, componentes industriales, petróleo y gas. Una nueva interrupción encarecería los fletes y retrasaría los suministros precisamente cuando la industria europea afronta costes energéticos elevados y un crecimiento débil.
El golpe llegaría antes a las fábricas y a los consumidores europeos que a la economía estadounidense.
El doble bloqueo no suma: multiplica
Darbinyan alerta del efecto combinado con el Estrecho de Ormuz. La estimación de que ambos corredores concentran el 30% del comercio marítimo mundial debe manejarse con prudencia: las estadísticas miden petróleo, contenedores, tonelaje o valor económico mediante metodologías distintas y no pueden sumarse directamente.
Pero el riesgo estructural sí resulta evidente. Ormuz condiciona las exportaciones del golfo Pérsico, mientras Bab el-Mandeb permite que parte de esos cargamentos alcance Europa sin rodear África.
Si las dos rutas quedan comprometidas, el mercado perdería al mismo tiempo su arteria principal y una de sus grandes vías de salida.
Petróleo, manufacturas e inflación
El primer movimiento aparecería previsiblemente en el petróleo. Después llegarían los seguros marítimos, el gas, los fertilizantes, los alimentos y los bienes manufacturados.
Una interrupción prolongada podría obligar a utilizar reservas estratégicas y rutas alternativas. No obstante, esos mecanismos permiten ganar tiempo, pero no sustituyen indefinidamente el transporte ordinario.
El impacto también alcanzaría a los bancos centrales. El encarecimiento energético puede reactivar la inflación, retrasar bajadas de tipos y deteriorar las valoraciones bursátiles. Una operación hutí ejecutada con drones relativamente baratos podría provocar pérdidas económicas muy superiores al coste militar del ataque.
La apuesta más peligrosa de Teherán
La estrategia permitiría a Irán responder indirectamente a Estados Unidos, utilizando a un aliado regional y evitando inicialmente una confrontación naval frontal. Sin embargo, también podría perjudicar a Arabia Saudí, Egipto y otros países que necesitan estabilidad en el mar Rojo.
Un ataque contra las exportaciones saudíes podría romper los frágiles equilibrios regionales y desencadenar una respuesta militar más amplia. Además, cualquier daño grave a un buque comercial aumentaría la presión internacional sobre los hutíes y sobre Teherán. Bab el-Mandeb concede a Irán una capacidad de presión desproporcionada frente al reducido tamaño geográfico del estrecho.