Apple se deja 200.000 millones por retrasar nueva Siri
La jornada del 12 de febrero dejó a los inversores de Apple uno de esos sustos que quedan grabados en los gráficos: unos 200.000 millones de dólares evaporados en horas y una caída cercana al 5% en Bolsa, la peor desde 2025. El detonante no fue un iPhone defectuoso ni un profit warning clásico, sino algo más intangible pero decisivo: el enésimo retraso de la “nueva Siri” con inteligencia artificial, el producto llamado a demostrar que Cupertino no ha perdido el tren de la IA generativa.
Los informes filtrados apuntan a que las funciones estrella del asistente, que debían llegar con iOS 26.4 en marzo, se desplazarán a iOS 26.5 en mayo y, en los casos más ambiciosos, incluso a iOS 27 en septiembre. Todo ello pese a que la compañía solo se ha comprometido oficialmente a un vago “llegará en 2026” para el gran relanzamiento de Siri.
Lo más grave, según coinciden analistas tecnológicos y gestores de fondos, no es tanto el calendario concreto como el mensaje de fondo: Apple vuelve a admitir, de facto, que no está lista para competir de tú a tú en asistentes conversacionales avanzados frente a Microsoft, Google o OpenAI. Y la consecuencia es clara: el mercado empieza a descontar que 2026 será otro año de transición en IA para el iPhone, el iPad y el Mac.
Mientras la compañía insiste en que prioriza la privacidad y la estabilidad por encima de la velocidad, la paciencia de los inversores parece agotarse. Una capitalización cercana a los 3 billones de dólares convierte cualquier tropiezo en cifras descomunales: esos 200.000 millones borrados suponen aproximadamente un 7% del valor de la compañía en un solo día.
El mayor castigo bursátil desde 2025
Los datos dejan poco margen a la interpretación. El desplome de alrededor del 5% en la sesión, provocado en buena medida por las noticias sobre el retraso de la nueva Siri, se tradujo en una pérdida de capitalización superior a 200.000 millones de dólares, la segunda mayor de la historia de Apple en un solo día, solo superada por el hundimiento de abril de 2025, cuando el mercado reaccionó a otra combinación de resultados y dudas sobre su estrategia de IA.
En términos relativos, puede parecer “solo” un bache del 6-7% en una compañía que ha encadenado trimestres de resultados récord. Pero en términos absolutos, el castigo equivale a borrar de un plumazo el valor completo de gigantes del S&P 500. Este hecho revela hasta qué punto la narrativa de la IA se ha convertido en el verdadero motor —o freno— de la valoración tecnológica.
Los informes de casas de análisis que circularon tras el cierre coinciden en el diagnóstico: el problema no es que Siri llegue en mayo en lugar de marzo, sino la sensación de que Apple va siempre un paso por detrás en un terreno donde sus competidores anuncian modelos cada pocas semanas. “El mercado no está castigando un retraso de dos meses, sino la acumulación de promesas incumplidas desde 2024”, resumía un gestor estadounidense citado en varias notas internas.
El contraste con los resultados recientes aumenta la dureza del golpe. La compañía acaba de comunicar ingresos trimestrales de 143.800 millones de dólares, un 16% más interanual, impulsados por el tirón del iPhone 17 y por un ecosistema de más de 2.500 millones de dispositivos activos. Que una empresa con estas métricas pierda 200.000 millones en un día es la prueba de que, a estas alturas del ciclo, la IA ya no es un complemento: es el relato central que sostiene la prima de valoración.
Qué se retrasa exactamente de la nueva Siri
Detrás del titular bursátil hay una pregunta clave para el usuario: ¿qué se retrasa exactamente? No se trata de un simple retoque de interfaz, sino del núcleo del proyecto con el que Apple pretende transformar OpenAI y sus rivales en aliados circunstanciales mientras refuerza su propia plataforma de IA, Apple Intelligence.
En la hoja de ruta interna, filtrada en las últimas horas y confirmada por distintos medios especializados, el gran salto de Siri incluye tres bloques de funciones:
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Comprensión de contexto personal: capacidad para cruzar información de Mensajes, Mail, Calendario o Notas para responder preguntas complejas (“reorganiza mis reuniones de mañana si el vuelo se retrasa”, “resúmeme las últimas conversaciones con este cliente”).
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Acciones entre apps: el asistente debería poder encadenar acciones en distintas aplicaciones con un solo comando de voz, apoyándose en los llamados App Intents y en flujos similares a los atajos, pero sin que el usuario tenga que configurarlos.
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Modo conversacional avanzado: una Siri capaz de mantener diálogos largos, recordar el contexto de las interacciones y generar texto o imágenes sencillas apoyándose en modelos generativos, tanto propios como de terceros.
El retraso afecta especialmente a este último bloque, el más visible y el que habría de poner a Cupertino en una posición comparable a la de ChatGPT o Gemini en el imaginario del usuario medio. Muchas de las demostraciones internas —y parte del material preparado para marketing— giraban precisamente en torno a esta Siri “de tú a tú”, capaz de funcionar casi como un asistente personal permanente en el dispositivo.
“La gran promesa era un Siri que, por fin, entendiera de verdad al usuario y a su entorno digital; lo que se aplaza es ese salto cualitativo, no un simple cambio de icono”, explican fuentes del sector que han tenido acceso a versiones preliminares.
Del sueño de iOS 26.4 al calendario iOS 26.5 / iOS 27
El calendario original situaba el grueso de la nueva Siri en iOS 26.4, una actualización prevista para marzo de 2026 que debía actuar como escaparate de Apple Intelligence en el ecosistema de móviles y tabletas. Ahora, los ingenieros trabajan sobre un escenario mucho más prudente: dividir el lanzamiento en varias oleadas y desplazar las piezas más delicadas a iOS 26.5 (mayo) e incluso a iOS 27 (septiembre), coincidiendo con el lanzamiento del próximo iPhone de gama alta.
Según estas filtraciones, iOS 26.4 se quedaría como una actualización “puente”: mejoras en reconocimiento en pantalla, algunos gestos conversacionales y una integración más discreta de los modelos generativos, pero sin el gran modo conversacional ni la automatización profunda entre apps que Apple llevaba prometiendo desde la WWDC de 2024.
La consecuencia es demoledora para la percepción pública: por tercera vez desde 2024, el gran “año de Siri” se desplaza unos meses más hacia el futuro. Primero fue el salto de principios de 2025 a finales de ese mismo año; después, el deslizamiento a un genérico 2026; ahora, el reconocimiento implícito de que muchas funciones no llegarán antes del último trimestre.
Mientras tanto, la competencia no se detiene. En Android, asistentes basados en modelos de última generación ya están integrándose en el teclado, el navegador o el cliente de correo con un ritmo que contrasta con la prudencia —o lentitud— de Apple. El diagnóstico es inequívoco: cada retraso hace más difícil que la compañía reescriba la narrativa de que “ha llegado tarde” a la revolución de la IA.
La trastienda del retraso: pruebas internas y modelos externos
¿Por qué se vuelve a retrasar un producto anunciado hace casi dos años? Los informes apuntan a una combinación de factores técnicos y estratégicos. El primero es un problema clásico en Apple: las pruebas internas no alcanzan el nivel de fiabilidad exigido. Las versiones más recientes de Siri han mostrado comportamientos erráticos en tareas complejas, con respuestas inconsistentes y errores en la interpretación de contexto que la compañía considera inaceptables para un producto masivo.
El segundo elemento es más delicado para la imagen de marca: la dependencia de modelos externos. Parte de las nuevas capacidades de Siri se apoya en modelos generativos de socios como Google y, en menor medida, en la integración con ChatGPT, en lugar de basarse exclusivamente en modelos propios. Eso obliga a coordinar calendarios, costes y garantías de privacidad con terceros, justo en el terreno —los datos del usuario— donde Apple ha construido buena parte de su relato diferencial.
“Si Apple lanza un asistente inestable o que se perciba como un simple envoltorio de modelos ajenos, el golpe reputacional sería mucho mayor que el actual retraso”, resume un exdirectivo de la compañía. De ahí la insistencia en que, antes de iluminar el interruptor para 2.500 millones de dispositivos, el sistema sea no solo potente, sino también predecible.
La presión no viene solo de fuera. Internamente, las áreas de ingeniería de software y de privacidad han chocado en varias ocasiones por la arquitectura elegida: qué se ejecuta en el dispositivo, qué viaja a la nube, cuánto se delega en modelos externos y qué trazas de datos se conservan. Este tipo de debates retrasan decisiones clave, pero también explican por qué Apple insiste en que su IA será “más lenta en llegar, pero más alineada con su promesa de seguridad y privacidad”.
Europa y la regulación: un despliegue aún más lento
Al margen de los problemas técnicos, hay otra pieza que complica el rompecabezas: Europa. El impacto del Reglamento de Mercados Digitales (DMA) lleva tiempo obligando a Apple a retrasar o modificar el lanzamiento de sus funciones de Apple Intelligence en la UE. La compañía ya avisó en 2024 de que algunas características de IA y duplicado de pantalla no estarían disponibles en Europa al mismo tiempo que en EEUU, para evitar sanciones millonarias.
En 2025, Apple elevó el tono y llegó a culpar al propio DMA de haber forzado a posponer o rediseñar al menos tres grandes funciones, iniciando una batalla política y jurídica con la Comisión Europea. El resultado práctico es que, incluso cuando la nueva Siri esté lista a nivel global, el calendario europeo podría ir desfasado varios meses, con funcionalidades capadas o modificadas para cumplir los requisitos de interoperabilidad.
Este retraso adicional no es menor: casi uno de cada cuatro smartphones activos del planeta es un iPhone, y el mercado europeo sigue siendo uno de los pilares de ese parque de más de 2.500 millones de dispositivos. Mantener a este bloque de usuarios sin acceso pleno a las nuevas capacidades de IA al mismo ritmo que el resto del mundo diluye parte del efecto “wow” que Apple busca con cada gran lanzamiento.
El contraste con otras regiones resulta demoledor: mientras en Estados Unidos y Asia la compañía puede presentar la nueva Siri como la culminación de su apuesta por la IA privada, en Europa corre el riesgo de ofrecer una versión recortada o llegada con meses de retraso, alimentando la percepción de que los usuarios comunitarios reciben un producto de segunda categoría.
Apple responde: calma oficial frente al nerviosismo del mercado
La reacción oficial de Apple, por ahora, ha sido la de rebajar las expectativas sin admitir abiertamente un retraso. Portavoces de la compañía recuerdan que la única promesa pública firme es que la nueva Siri y Apple Intelligence “llegarán a lo largo de 2026”, sin una fecha concreta para todas las funciones.
En la última presentación de resultados, la dirección insistió en que su prioridad es lanzar capacidades de IA “significativamente útiles, profundamente integradas en el sistema y respetuosas con la privacidad”, incluso si eso implica ir más lento que los rivales en el calendario. “Nuestro objetivo no es ser los primeros, sino entregar algo en lo que los usuarios confíen durante años”, es la frase que se repite en las llamadas con analistas.
Esa narrativa encaja con una realidad incómoda: Apple ha construido un ecosistema tan valioso —2.500 millones de dispositivos y más de 850 millones de usuarios semanales en su App Store— que no puede permitirse un tropiezo masivo en su IA de consumo. Un fallo de seguridad, un escándalo de privacidad o un asistente que recomienda contenido inadecuado tendrían un impacto mucho mayor que en competidores con menos control de la experiencia.
Sin embargo, el mercado empieza a enviar un mensaje claro: la paciencia tiene límites. Con rivales que ya comercializan asistentes generativos plenamente funcionales y con un ciclo de hardware que ofrece cada vez menos sorpresas, la “gran Siri de 2026” se ha convertido en algo más que un proyecto de software: es la prueba de fuego de si Apple puede seguir marcando el paso en la era de la IA.