La versión más ambiciosa del asistente se escapa del calendario original y obliga a Apple a trocear el lanzamiento entre iOS 26.5 y iOS 27 para ganar tiempo en calidad y privacidad

Apple retrasa la nueva Siri: de iOS 26.4 a 27

La llamada “nueva Siri” vuelve a quedarse a las puertas. Las funciones de asistente tipo chatbot, más personalizadas y capaces de actuar dentro de las apps, no debutarán finalmente en iOS 26.4, como Apple había marcado de forma interna, sino que se desplazan a un despliegue escalonado: parte se moverá a iOS 26.5, previsto para mayo, y otra al gran salto de iOS 27 en septiembre. El retraso afecta justo a las piezas que convertían a Siri en algo más que un comando de voz: comprensión de contexto, memoria personal y automatización avanzada. La compañía reconoce desde hace meses que estas capacidades “tardarán más de lo previsto” y que se irán activando “a lo largo del próximo año”, fórmula que en la práctica encadena ya casi dos años de desvíos sobre el calendario anunciado en 2024.

Apple retrasa la nueva Siri: de iOS 26.4 a 27
Apple retrasa la nueva Siri: de iOS 26.4 a 27

Qué funciones de Siri se quedan en la puerta

El nuevo retraso no afecta a cualquier ajuste cosmético, sino al núcleo de la promesa de Apple Intelligence aplicada a Siri. Según la última filtración detallada de la hoja de ruta interna, las funciones que se caen de iOS 26.4 son principalmente tres bloques: las respuestas realmente personalizadas, la conciencia de contexto mucho más profunda y la integración avanzada con apps y contenidos en pantalla.

En la práctica, esto significa que Siri seguirá sin ser capaz –al menos para el gran público– de cosas tan llamativas como: entender qué hay en la pantalla para continuar una conversación, recordar instrucciones ligadas a una persona o proyecto (“organiza todo lo del viaje a Berlín con Marta”) o encadenar varias acciones en distintas aplicaciones a partir de una sola orden corta. La automatización basada en App Intents —esa promesa de que el asistente pueda reservar un billete, adjuntar un documento y enviar un correo sin que el usuario toque nada— también entra en el lote retrasado.

Igualmente se aplaza la capacidad de que Siri extraiga datos de fotos de documentos para rellenar formularios o trabaje con información dispersa en correos, notas y mensajes para responder preguntas complejas. Es, precisamente, la parte que debía acercar a Siri a los grandes modelos conversacionales del mercado y que la convertiría en un “copiloto personal” con memoria a largo plazo.

Un calendario que se desplaza a iOS 26.5 y 27

El calendario oficial que Apple ha trasladado a desarrolladores y analistas es cada vez más complejo. Los planes iniciales pasaban por desplegar la Siri avanzada dentro del ciclo de iOS 18, después en una primera tanda de actualizaciones de 2025, y más tarde en iOS 26.4 en primavera de 2026.

La última información disponible apunta ahora a un despliegue en tres tiempos: un iOS 26.4 en marzo con mejoras limitadas y sobre todo preparatorias; una iOS 26.5 en mayo donde empezarían a llegar parte de las nuevas capacidades; y finalmente iOS 27 en septiembre, coincidiendo con la nueva generación de iPhone, como el momento en que se activaría el grueso de la experiencia tipo chatbot.

El motivo inmediato es técnico: en las pruebas internas, la nueva Siri ha mostrado respuestas lentas, errores al entender consultas y fallos al combinar la arquitectura clásica del asistente con la nueva capa generativa, lo que ha obligado a frenar el lanzamiento una vez más. Apple prefiere trocear la actualización antes que forzar un “gran día de Siri” que pueda terminar en un colapso de servidores o en titulares sobre respuestas erróneas con datos personales. Lo llamativo es que la compañía vuelve así a una situación incómoda: un producto estrella anunciado a bombo y platillo que va encadenando posposiciones públicas, algo muy poco habitual en su historia reciente.

Lo que sí llegará antes en iOS 26.4

Pese al retraso del “gran bloque” de Siri, iOS 26.4 no será una actualización vacía. Apple mantiene en el calendario una serie de mejoras que ya estaban en marcha: una Siri algo más conversacional, el modo escribir a Siri, ajustes en la interfaz y una ampliación de los usos de Apple Intelligence en tareas de escritura, resúmenes y generación de contenido básico dentro de apps del sistema como Mail o Notas.

También se espera que iOS 26.4 extienda a más mercados las funciones de reescritura de mensajes, resúmenes de notificaciones y gestión inteligente del correo que ya debutaron de forma limitada con iOS 18 y posteriores, así como una integración más pulida con el acceso a modelos externos tipo ChatGPT, que Siri puede invocar cuando el usuario pide respuestas largas o creativas.

Sin embargo, lo que no veremos todavía es esa Siri “2.0” capaz de mantener diálogos largos, recordar contexto de semanas atrás y mover información entre apps como lo haría un asistente humano. Apple parece dispuesta a aceptar que, durante varios meses, la percepción sea la de una “Siri 1.5”: mejorada, pero lejos de las demostraciones que enseñó en 2024. El riesgo es claro: cuanto más se parezca la experiencia diaria a la Siri de siempre, mayor será la sensación de que la revolución de Apple Intelligence no termina de llegar.

Conservadurismo deliberado: calidad por encima de la prisa

Detrás de este frenazo hay algo más que simples bugs. Desde 2025, ejecutivos como Craig Federighi han reconocido que las primeras versiones de la nueva Siri “no alcanzaban el nivel de fiabilidad que la compañía exige” y que preferían retrasar el lanzamiento antes que ofrecer una experiencia errática. La frase oficial —“va a llevarnos más tiempo de lo que pensábamos”— se ha convertido casi en un mantra en Cupertino.

A esa preocupación por la calidad se suma un componente crítico: la privacidad. La nueva Siri se apoya tanto en modelos locales como en modelos en la nube, y para las capacidades más avanzadas Apple ha firmado un acuerdo para utilizar los modelos Gemini de Google a través de su infraestructura de Private Cloud Compute. Esto implica procesar fragmentos de información personal del usuario —mensajes, correos, fotos de documentos— en servidores externos aunque bajo fuertes garantías criptográficas y sin almacenamiento persistente.

En un entorno de escrutinio regulatorio creciente, especialmente en la Unión Europea, un desliz en esa frontera entre utilidad y privacidad sería devastador. La consecuencia es clara: Apple está dispuesta a asumir el coste reputacional de otro retraso antes que el riesgo de un escándalo de datos. Ese conservadurismo, que le ha funcionado en seguridad durante años, choca ahora frontalmente con el ritmo acelerado del resto de la industria de la IA generativa.

La batalla de la IA: Apple gasta menos que sus rivales

El retraso de Siri también debe leerse en clave de inversión. Mientras los grandes competidores han disparado su gasto en centros de datos para IA, Apple ha optado por una estrategia más contenida. En 2025, su capex total rondó los 12.700 millones de dólares, frente a los 125.000 millones de Amazon o los 71.000 millones de Meta destinados, en gran parte, a capacidad de cómputo para modelos de IA. Buena parte del esfuerzo de Apple se canaliza a través de un modelo híbrido: servidores propios para Private Cloud Compute y compra de capacidad a terceros.

Al mismo tiempo, la compañía ha anunciado un compromiso de más de 500.000 millones de dólares en inversión en EEUU en los próximos cuatro años, donde la IA y la ingeniería de silicio son uno de los ejes declarados. Esa cifra, enorme en términos absolutos, contrasta con la agresividad de otros actores: Alphabet planea 75.000 millones de dólares de capex solo en 2025 para reforzar la infraestructura que alimenta Gemini, su familia de modelos generativos.

El diagnóstico es inequívoco: Apple quiere estar en la carrera de la IA, pero sin entrar en la misma espiral de gasto que sus rivales. En Siri esto se traduce en depender de alianzas (como la de Gemini), exprimir al máximo el procesamiento local en el iPhone y priorizar el control extremo sobre los datos. El contraste con otras tecnológicas, que prefieren “mover rápido y romper cosas”, es demoledor cuando se mira el calendario: sus asistentes ya ofrecen funciones que Siri sigue prometiendo “para el año que viene”.

El usuario en el limbo: promesas, campañas y frustración

Mientras tanto, los usuarios viven en un territorio intermedio. Desde el anuncio de Apple Intelligence en 2024, la nueva Siri se ha utilizado como argumento central en campañas de iPhone 16 y 17, con anuncios donde se mostraba al asistente recordando nombres a partir del Calendario o recomponiendo planes de viaje a partir de correos y mensajes. Sin embargo, gran parte de esas escenas siguen siendo, a día de hoy, aspiracionales.

La audiencia ha recibido pequeñas mejoras —una Siri algo más fluida, integración con ChatGPT, opciones de escritura—, pero no el salto cualitativo prometido. Según datos de la propia compañía, el asistente gestiona alrededor de 1.500 millones de peticiones diarias, lo que significa que cualquier fallo masivo tendría un impacto inmediato en la percepción de la marca. Pero esa escala también amplifica la frustración: millones de usuarios sienten que llevan casi dos años esperando a que el icono multicolor haga por fin algo realmente diferente.

Las bolsas empiezan a leer estos vaivenes con cautela. El último informe sobre el retraso de Siri provocó caídas puntuales en la cotización de Apple al conocerse que parte de las funciones se iba a mayo y otra al otoño, señal de que el mercado empieza a descontar que la compañía llega tarde al gran relato de la IA conversacional. Lo más grave, sin embargo, es el desgaste de expectativas: cada nueva fecha marcada en rojo en el calendario corre el riesgo de percibirse como “otra promesa más”.

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