La salida de la mitad de los cofundadores y un recorte de equipos clave tensan el aterrizaje de la nueva división de IA

Musk fusiona xAI con SpaceX tras una reestructuración relámpago

La última sacudida de Elon Musk en el tablero tecnológico mundial no ha sido un nuevo cohete ni un coche eléctrico, sino una reorganización interna. El empresario ha confirmado que su compañía de inteligencia artificial xAI “fue reorganizada” hace unos días para mejorar la “velocidad de ejecución”, movimiento que ha ido acompañado de salidas relevantes en la cúpula y de despidos en varias áreas de producto. La operación llega justo después de que xAI haya sido absorbida por SpaceX, en una fusión que crea un conglomerado valorado en torno a 1,25 billones de dólares y que prepara su salto a bolsa. Lo más llamativo es que seis de los doce cofundadores originales han abandonado el proyecto en apenas dos años, dejando a Musk con un control todavía más directo sobre la estrategia.

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Un terremoto en el núcleo de xAI

La reestructuración no es un simple cambio de organigrama. Según la prensa económica, las salidas incluyen a los cofundadores Jimmy Ba y Tony Wu, que se suman a otros cuatro fundadores que ya habían dejado xAI desde 2024. Resultado: la “sala de máquinas” que diseñó el proyecto se ha reducido a la mitad.

El dato es especialmente sensible porque xAI se ha vendido desde su creación en 2023 como la “start-up de élite” de Musk para competir en la frontera de la IA generativa. En poco más de dos años ha levantado más de 20.000 millones de dólares y se ha movido en valoraciones que, según distintos documentos para inversores, oscilan entre los 200.000 y los 250.000 millones.
Detrás de esas cifras hay una plantilla que algunas estimaciones sitúan en torno a los 4.000 empleados, alimentada por una agresiva campaña de fichajes desde laboratorios rivales y grandes tecnológicas.

El diagnóstico es inequívoco: xAI ha pasado de ser una “boutique” de talento a convertirse en un mastodonte de alto crecimiento. Y toda organización que crece tan rápido acaba tensionando sus costuras. La reestructuración actual es, en buena medida, la factura de esa expansión acelerada.

Despedidos para ganar velocidad

En un mensaje publicado en X, Musk justificó el giro asegurando que xAI “fue reorganizada hace unos días para mejorar la velocidad de ejecución” y que, a medida que una empresa crece, su estructura “debe evolucionar como un organismo vivo”, lo que ha hecho “necesario separarse de algunas personas”.

Tras esa formulación casi biológica se esconde una cirugía concreta: el grupo se organiza ahora en cuatro grandes áreas —el chatbot y la voz de Grok, la división de código, el producto de vídeo Imagine y el proyecto Macrohard, centrado en automatizar trabajo de oficina con agentes de IA—, con nuevos responsables al frente de cada unidad y recortes en los equipos menos avanzados.

Lo más grave, a ojos del mercado, es que Musk ya había expresado su frustración con el ritmo de dos de esos productos, Grok Imagine y Macrohard. Según revelan fuentes internas, varios empleados vinculados a estos proyectos han sido despedidos en las últimas semanas y otros han visto sus funciones reubicadas o absorbidas por otros equipos.

El mensaje implícito es claro: prioridad absoluta a las líneas de negocio que pueden generar ingresos significativos y visibilidad tecnológica a corto plazo. El riesgo es igualmente evidente: que la búsqueda de velocidad sacrifique la estabilidad de la organización y erosione aún más la confianza de una plantilla ya golpeada por salidas encadenadas.

La fusión con SpaceX: sinergias y fricciones

La reorganización de xAI no puede entenderse al margen de su integración en SpaceX. La compañía espacial ha cerrado la compra de la start-up de IA en una operación que, según información a inversores, valora el grupo resultante en unos 1,25 billones de dólares, una cifra que lo situaría entre los conglomerados tecnológicos privados más valiosos del planeta.

Sobre el papel, las sinergias son potentes. SpaceX aporta infraestructuras, capacidad industrial y una plataforma de lanzamiento global —desde el lanzador Starship hasta la constelación de satélites de comunicaciones—, mientras xAI contribuye con modelos generativos, sistemas de planificación y herramientas de automatización que pueden aplicarse tanto al negocio espacial como a los servicios digitales asociados.

Sin embargo, este hecho revela también la otra cara de la operación: concentrar bajo un mismo paraguas cohetes, satélites, redes de datos, redes sociales e inteligencia artificial multiplica los riesgos de ejecución, regulatorios y financieros. Informes recientes apuntan a que la propia fusión podría agravar las tensiones de caja de xAI, obligada a financiar a la vez centros de datos, compra masiva de chips y crecimiento de plantilla.

El contraste con otros grandes laboratorios de IA, más focalizados en un único negocio, resulta demoledor: mientras sus rivales afinan modelos y productos, Musk juega varias partidas estratégicas a la vez dentro del mismo grupo corporativo.

La apuesta lunar de la inteligencia artificial

El giro organizativo llega, además, en plena redefinición del relato de Musk sobre el espacio. En los últimos días, el empresario ha explicado que SpaceX ha decidido priorizar la construcción de una “ciudad autosuficiente” en la Luna en menos de diez años, aplazando el viejo objetivo de centrar todos los esfuerzos en Marte, cuya colonización admite que llevaría “más de 20 años”.

En ese contexto, xAI se convierte en pieza central del nuevo plan. Desde la propia compañía, Musk ha animado a los ingenieros a unirse al proyecto “si la idea de lanzadores de masas en la Luna te resulta atractiva”, sugiriendo el uso de IA avanzada para diseñar sistemas de transporte, minería y construcción automatizada en el entorno lunar.

La consecuencia es clara: el laboratorio de IA deja de ser solo un rival de OpenAI en el terreno del software para convertirse en el cerebro que debe coordinar cohetes, satélites, centros de datos orbitales y, potencialmente, operaciones industriales en la superficie lunar.

El diagnóstico estratégico es ambicioso, pero también arriesgado. Vincular tanto la narrativa del espacio a un único laboratorio de IA significa que cualquier tropiezo interno —desde un fallo de producto hasta un conflicto laboral— puede contagiar directamente a la credibilidad del plan lunar de Musk.

Plantilla en ebullición y cultura en tensión

Las cifras de salidas ayudan a entender el clima interno. Con la marcha de Ba y Wu, ya son seis los cofundadores que han abandonado xAI desde 2024, incluyendo perfiles clave del equipo técnico original.
A ellos se suman varias decenas de ingenieros y mandos intermedios que han comunicado públicamente su salida en redes en las últimas semanas, coincidiendo con la reestructuración.

Musk insiste en que, pese a los recortes, xAI “está contratando de forma agresiva” y que la intención es seguir ampliando la capacidad de cálculo y el número de proyectos.
Pero una rotación tan alta en el núcleo fundador en tan poco tiempo es, en cualquier start-up, una señal de alerta. Las informaciones sobre tensiones internas por la dirección técnica y por la presión para acortar plazos alimentan la percepción de una cultura muy dependiente del propio Musk y poco tolerante con el desacuerdo.

Para una empresa que aspira a atraer a los mejores investigadores del mundo, esa reputación puede convertirse en un lastre. El talento de frontera en IA no solo busca compensación económica y visibilidad: también exige autonomía, estabilidad y una gobernanza clara sobre el uso de la tecnología que desarrolla.

Competencia feroz y riesgos regulatorios crecientes

La reestructuración también debe leerse en clave competitiva. xAI irrumpe en un mercado donde laboratorios como OpenAI y Anthropic han consolidado ya su marca, sus acuerdos empresariales y sus ecosistemas de desarrolladores. Musk no oculta que quiere que Grok —el modelo generativo de xAI— alcance, e incluso supere, a estos rivales en capacidad de razonamiento y casos de uso.

Sin embargo, mientras aprieta el acelerador, se multiplican los focos reguladores. En los últimos meses, la función de generación de imágenes de Grok ha estado en el centro de la polémica por la creación masiva de deepfakes sexuales de personajes reales, incluidos menores, lo que ha llevado a varios reguladores a abrir investigaciones y a algunos países a plantear restricciones temporales.

Este contexto ayuda a entender por qué Musk recalca tanto la “velocidad de ejecución”. Cada trimestre que xAI tarda en estabilizar su estructura es un trimestre en el que sus rivales consolidan cuota de mercado y alianzas. Pero avanzar deprisa en un terreno tan sensible como la IA generativa —con impacto directo en derechos fundamentales, mercados financieros y seguridad— también aumenta el coste de cualquier error.

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