Las bolsas estadounidenses borran las ganancias iniciales a pocas horas del dato clave de inflación de enero, con fuertes caídas en tecnológicas, transporte y materias primas

El Dow Jones pierde 400 puntos

El optimismo inicial ha durado muy poco en Wall Street. A media sesión de este jueves, los principales índices estadounidenses se han dado la vuelta con brusquedad, arrastrados por la incertidumbre ante el dato de inflación de enero que se publicará este viernes en Estados Unidos. El Dow Jones retrocedía un 0,81%, lo que supone una caída de 403 puntos, mientras el Nasdaq 100 se desplomaba un 1,59% y el S&P 500 cedía un 1,09%. Las ventas se concentran en valores tecnológicos y de transporte, con desplomes superiores al 10% en Cisco, más del 18% en AppLovin y caídas de más del 20% en C.H. Robinson Worldwide. Al mismo tiempo, el ajuste alcanza a materias primas como el oro y el petróleo, que encadenan descensos significativos. Todo ello dibuja un giro claro de sentimiento: de un arranque de sesión confiado a un cierre de filas defensivo. El mercado mira ya al dato de inflación de enero, que puede reordenar de nuevo las expectativas sobre la Reserva Federal.

Dow Jones - Nasdaq
Dow Jones - Nasdaq

Un giro brusco tras un inicio optimista

La jornada había comenzado en positivo para las bolsas estadounidenses. Los futuros apuntaban a nuevas subidas tras las últimas sesiones de calma, apoyados en la idea de que la inflación sigue moderándose y de que la Reserva Federal podría recortar tipos en la segunda mitad del año. Sin embargo, conforme avanzaba la mañana en Nueva York, el tono ha cambiado de forma abrupta.

A media sesión, cuando en la costa este eran las 11.20 horas (17.20 en España), los tres grandes índices habían pasado a terreno claramente negativo. Lo que al inicio parecía una simple toma de beneficios se ha transformado en un movimiento de ventas más amplio, con órdenes automáticas acelerando el giro a la baja. Este comportamiento intradía —apertura fuerte, giro y cierre débil— suele interpretarse como una señal de fatiga del rally y de creciente preocupación por un catalizador inminente; en este caso, el dato de precios al consumo de enero.

El diagnóstico es inequívoco: los inversores prefieren reducir exposición antes de conocer una cifra que puede obligar a reescribir los guiones sobre tipos de interés, crecimiento y resultados empresariales. El comportamiento de hoy encaja con un patrón clásico de mercado cuando el riesgo macro supera al apetito por seguir persiguiendo máximos.

El Dow cede 403 puntos: la señal desde la economía real

El Dow Jones, el índice más ligado a la economía tradicional estadounidense, se dejaba en torno a 403 puntos, un 0,81%, lastrado por varios de sus componentes industriales y de consumo. Esto no es una corrección dramática en términos históricos, pero sí es significativa por el contexto: llega después de varias semanas en las que los índices parecían inmunes a las malas noticias y en las que cualquier retroceso se compraba rápidamente.

La caída del Dow refleja la inquietud sobre cómo puede impactar un escenario de tipos altos más prolongados en sectores cíclicos como industria, consumo discrecional o financieras. El mercado ha ido descontando en los últimos meses hasta tres recortes de tipos para este año; cualquier indicio de que la inflación se resiste a bajar por debajo del 3% pondría en duda ese guion. La consecuencia es clara: las compañías más expuestas al ciclo real son las primeras en sufrir.

Además, el Dow incorpora nombres emblemáticos muy presentes en las carteras de inversores institucionales y minoristas. Ver al índice perder más de 400 puntos a media sesión, después de un arranque en verde, funciona como un mensaje visual potente de que algo ha cambiado en el tono del mercado. No es solo una corrección técnica: es un recordatorio de que la macroeconomía sigue mandando.

Índice Dow Jones Industrial Average

Tecnología bajo presión: Cisco y AppLovin encajan el golpe

Si el Dow envía la señal, el Nasdaq 100 muestra la intensidad del ajuste. El índice tecnológico se desplomaba un 1,59%, víctima de un doble golpe: el miedo a tipos altos durante más tiempo y varios profit warnings que han actuado como detonante. El caso más evidente es Cisco, cuyas acciones caían más de un 10% después de publicar una guía de beneficios por acción (EPS) por debajo de lo esperado por el mercado.

Los inversores penalizan con especial dureza cualquier indicio de desaceleración en empresas que habían sido refugio durante la fase de subidas. En un contexto de coste del capital elevado, un recorte en previsiones se traduce de inmediato en una rebaja del valor presente de los flujos de caja futuros. De ahí que movimientos de doble dígito, como el de Cisco, se hayan convertido en un patrón recurrente esta temporada de resultados.

Más extremo todavía es el caso de AppLovin, que se desplomaba más de un 18%. El castigo refleja la fragilidad de los modelos de negocio más dependientes de la publicidad digital y de ciclos de inversión muy volátiles. En estos valores de crecimiento, la línea que separa un trimestre brillante de una corrección brutal suele ser muy fina. Lo más grave, a ojos de los gestores, es que estas caídas se producen con los índices aún relativamente cerca de máximos, lo que aumenta el riesgo de que se desencadene una rotación fuera de tecnología si el dato de inflación decepciona.

El S&P 500 y el castigo a C.H. Robinson

El S&P 500, referencia más amplia del mercado estadounidense, cedía alrededor de un 1,09% a media sesión. Más allá del movimiento del índice, el foco está en algunos nombres concretos que concentran las ventas. Entre ellos destaca C.H. Robinson Worldwide, gigante del transporte y la logística, que se dejaba más de un 20% tras decepcionar al mercado con sus cifras y su visión para los próximos trimestres.

El desplome de C.H. Robinson es relevante por dos motivos. Primero, porque su negocio se considera un termómetro de la economía real: una caída brusca en márgenes o volúmenes sugiere enfriamiento del comercio y de la demanda global. Segundo, porque la logística fue uno de los sectores que más se benefició de las disrupciones postpandemia, con márgenes extraordinarios que ahora se normalizan. El contraste con esos años de bonanza resulta demoledor.

Este tipo de compañías no solo sufren por sus propios fundamentales; también se convierten en vehículo para expresar apuestas macro. Cuando el mercado teme una inflación persistente y tipos altos, las empresas cíclicas y con gran intensidad de capital son las primeras en aparecer en las listas de venta. El castigo a C.H. Robinson actúa así como un aviso de que, si el dato de precios sorprende al alza, el ajuste podría extenderse a otros sectores ligados al ciclo global.

Índice S&P 500

Bonos, dólar y materias primas: el reflejo del miedo

El movimiento de las bolsas no se entiende sin mirar al resto de activos. En el mercado de bonos, las rentabilidades del Treasury a diez años repuntaban varios puntos básicos, reflejando un ajuste al alza en las expectativas de tipos. Un rendimiento más alto de la deuda pública estadounidense encarece el coste de financiación para empresas y hogares y reduce el atractivo relativo de la renta variable. El diagnóstico es claro: el mercado empieza a asumir que el dinero barato no volverá tan deprisa como se había descontado.

En paralelo, el dólar se fortalecía frente a las principales divisas, un patrón típico en jornadas de aversión al riesgo. Pero lo más llamativo se ha visto en materias primas. El oro, tradicional refugio en momentos de tensión, cedía en torno a un 2%, presionado por la perspectiva de tipos reales más altos. El petróleo Brent retrocedía alrededor de un 1,5%, volviendo a situarse cerca de los 78 dólares por barril, lastrado por el temor a un menor dinamismo económico si la inflación obliga a mantener la política monetaria restrictiva.

Que caigan a la vez bolsas, metales preciosos y crudo revela un patrón de liquidación cruzada: los inversores reducen riesgo de forma amplia antes de un evento binario. El resultado es un mapa de mercado en rojo que contrasta con la complacencia de la que se venía de semanas anteriores. El mensaje es sencillo: hasta que no se despeje la incógnita de la inflación, nadie quiere quedar atrapado al lado equivocado del gráfico.

El dato de inflación que lo condiciona todo

El centro de gravedad de la jornada está en el dato de inflación de enero en Estados Unidos, que se conocerá este viernes. El consenso del mercado espera una continuidad en la moderación de los precios, con la tasa general acercándose al umbral del 3% y la subyacente ampliando su descenso, pero los inversores temen cualquier sorpresa al alza.

Tras meses de mensajes ambiguos por parte de la Reserva Federal, el mercado ha construido un delicado equilibrio: asumía que la inflación seguiría bajando sin necesidad de un deterioro fuerte del crecimiento, lo que permitiría recortes de tipos graduales. Una lectura más alta de lo previsto rompería ese escenario central. “Un mal dato de inflación puede borrar en semanas todo el rally de principios de año”, podría resumirse en los parqués.

Además, la composición del dato será tan importante como la cifra titular. Si la presión viene de servicios y alquileres, la Fed podrá argumentar que la lucha contra la inflación aún no ha terminado. Si, por el contrario, la moderación es amplia y alcanza componentes especialmente pegajosos, el mercado podría recuperar rápidamente el apetito por riesgo. En este contexto, la sesión de hoy ha funcionado como una suerte de ensayo general de lo que podría ocurrir en uno u otro escenario.

Comentarios