La tecnología sostiene a las bolsas estadounidenses mientras los inversores esperan nuevas señales sobre empleo, inflación y resultados empresariales clave

El Dow Jones permanece estable tras superar los 50.000 puntos

La superación de la barrera de los 50.000 puntos del Dow Jones el pasado viernes ha colocado a Wall Street en un nuevo territorio psicológico que pocos habrían imaginado hace solo unos años. Este lunes, sin embargo, el cierre dejó un matiz importante: el índice industrial terminó prácticamente plano, mientras la fuerza volvió a concentrarse en la tecnología. El Nasdaq 100 avanzó un 0,77% y el S&P 500 sumó un 0,47%, apoyados en un rally que tuvo a AppLovin como protagonista, con una subida del 13,38%. En paralelo, el euro escaló hasta 1,1915 dólares, con una apreciación cercana al 0,8%, introduciendo un factor adicional para los inversores europeos. Todo ello ocurre a las puertas de una semana cargada: datos de empleo e inflación en Estados Unidos y resultados de empresas de referencia como Coca-Cola y Ford Motor marcarán el tono del mercado.

El Dow Jones permanece estable tras superar los 50,000 puntos
El Dow Jones permanece estable tras superar los 50.000 puntos

Un hito psicológico con letra pequeña

El salto del Dow Jones por encima de los 50.000 puntos tiene una enorme carga simbólica. Cada cifra redonda actúa como un espejo del momento económico y del apetito de riesgo de los inversores. Sin embargo, la sesión de este lunes introduce un matiz relevante: tras celebrar el hito, el mercado industrial optó por la prudencia y cerró casi en tablas, mientras el dinero buscaba de nuevo refugio en el crecimiento tecnológico.

Este comportamiento revela dos cosas. Primero, que el rally que ha llevado al índice a esta cota se apoya en una combinación de expectativas de “aterrizaje suave” de la economía estadounidense, políticas monetarias algo menos agresivas y beneficios empresariales todavía resistentes. Segundo, que buena parte de la inercia procede de sectores más ligados al ciclo tecnológico que al industrial clásico.

El diagnóstico es inequívoco: la marca de los 50.000 puntos es más psicológica que fundamental. Los múltiplos de valoración del mercado se han estirado, en algunos sectores, por encima de sus medias de la última década, y cualquier sorpresa negativa en datos de empleo o inflación puede convertir este hito en un techo temporal. La experiencia con otros máximos históricos del Dow —los 10.000, los 20.000 o los 30.000 puntos— muestra un patrón repetido: tras la euforia inicial suelen llegar fases de digestión, corrección o rotación interna.

Índice Dow Jones Industrial Average

La tecnología vuelve a marcar el paso

Mientras el Dow Jones se tomaba un respiro, la fotografía en los índices más ligados al crecimiento fue distinta. El Nasdaq 100 subió un 0,77% y el S&P 500 avanzó un 0,47%, con el sector tecnológico como principal motor. En un contexto de tipos de interés que el mercado da por cercanos a su pico, las compañías de software, servicios digitales y semiconductores vuelven a ser las grandes beneficiadas.

El caso más llamativo de la sesión fue AppLovin, que se disparó un 13,38%, confirmando que los inversores siguen premiando con intensidad cualquier señal de crecimiento superior al esperado o mejora en márgenes. Más allá de este nombre, el patrón se repite: un grupo reducido de compañías de alta capitalización concentra una parte desproporcionada de las subidas, hasta el punto de que en algunos momentos del año menos del 20% de los valores explican más del 60% del avance del S&P 500.

Este hecho revela una alta concentración del riesgo. Si el mercado depende de un número muy limitado de gigantes tecnológicos, cualquier tropiezo en resultados, regulación o expectativas de crecimiento puede arrastrar al conjunto de los índices. El contraste con sectores más cíclicos —industria tradicional, energía o consumo discrecional— resulta demoledor: sus revalorizaciones son mucho más modestas y muestran una mayor sensibilidad a los datos macroeconómicos trimestrales.

Resultados empresariales bajo la lupa

La semana que comienza es clave para medir la solidez real del rally. Empresas de consumo global como Coca-Cola y grupos industriales como Ford Motor presentarán sus cuentas trimestrales en un contexto de máxima exigencia. Tras varios trimestres de sorpresas positivas, el mercado descuenta que el crecimiento de beneficios del conjunto del S&P 500 se sitúe en el entorno del 7-8% interanual; cualquier desviación relevante podría provocar movimientos bruscos.

Los inversores mirarán tres variables: la evolución de los márgenes, el tono de las guías para 2025 y los comentarios sobre costes laborales y financiación. En un entorno en el que las grandes empresas han conseguido trasladar parte de la inflación a precios finales, la cuestión ahora es cuánto margen queda para seguir haciéndolo sin erosionar demanda.

En compañías como Coca-Cola, con una fuerte exposición global y una elevada capacidad de fijación de precios, el mercado espera resiliencia. En el caso de Ford, el foco estará en el ritmo de inversión en vehículos eléctricos y en la capacidad de mantener rentabilidades aceptables en un sector donde la competencia se ha intensificado. Si los resultados confirman la fortaleza de los beneficios, el hito de los 50.000 puntos del Dow encontrará respaldo; si no, puede convertirse en un punto de inflexión prematuro.

Índice Nasdaq 100

Empleo, inflación y el pulso con la Fed

Más allá de las cuentas empresariales, el verdadero juez de este rally será la macroeconomía. En los próximos días se publicarán nuevos datos de empleo e inflación en Estados Unidos, que el mercado seguirá al milímetro. Tras varios meses de moderación de precios, la inflación subyacente sigue situada en niveles algo superiores al objetivo del 2% de la Reserva Federal, y cualquier repunte podría obligar a prolongar un tiempo más el actual nivel de tipos.

El mercado descuenta actualmente entre una y dos bajadas de tipos en los próximos doce meses, frente a las cinco o seis que llegó a anticipar en los momentos de mayor optimismo. La consecuencia es clara: el margen para sorpresas positivas por la vía monetaria es cada vez más estrecho, mientras que el riesgo de decepción aumenta.

En empleo, una creación de puestos de trabajo demasiado robusta podría alimentar el temor a una inflación más persistente; una desaceleración brusca, en cambio, reavivaría el fantasma de una recesión que hasta ahora se ha conseguido esquivar. El equilibrio es precario: suficiente fuerza para evitar una contracción, pero no tanta como para reactivar presiones inflacionistas. En ese filo se mueve hoy el Dow Jones, ya en zona de máximos, y ahí se decidirá si los 50.000 puntos son suelo de una nueva etapa o techo de ciclo.

Un dólar más débil y la lectura desde Europa

El movimiento del euro, que se apreció un 0,79% hasta 1,1915 dólares, introduce otra capa de análisis, especialmente para inversores europeos con fuerte exposición a activos denominados en divisa estadounidense. Un euro más fuerte reduce el valor en moneda local de las posiciones en Wall Street y, al mismo tiempo, abarata las importaciones de materias primas y productos intermedios.

Para las empresas europeas que venden en Estados Unidos, la ecuación es más compleja: una divisa común apreciada puede restar competitividad a las exportaciones, aunque parte de este efecto se compensa con la cobertura de tipo de cambio que utilizan las grandes cotizadas. En paralelo, un dólar algo más débil suele asociarse a una mayor tolerancia al riesgo en los mercados globales, lo que tiende a favorecer a los activos de emergentes y a la renta variable frente a la deuda soberana.

El contraste con los principales índices europeos resulta elocuente. Mientras el Dow Jones ha roto la barrera de los 50.000, el EuroStoxx 50 y otros selectivos continentales avanzan a un ritmo más moderado, lastrados por un crecimiento potencial menor y por dudas estructurales sobre la productividad. Este diferencial de dinamismo empuja a muchos gestores europeos a mantener una exposición a Estados Unidos superior al 50% de sus carteras de renta variable global, pese al riesgo divisa.

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