Wall Street tropieza tras el récord de 50.000 puntos del Dow Jones
La apertura de la sesión de este lunes en los mercados estadounidenses ha sido el reverso inmediato del récord del viernes. Tras superar por primera vez la barrera psicológica de los 50.000 puntos, el Dow Jones ha iniciado la semana con caídas moderadas, en un contexto marcado por la incertidumbre sobre el mercado laboral, la trayectoria de los precios y el impacto de la última paralización parcial de la Administración federal. La corrección llega además en plena recta final de la temporada de resultados, con nombres icónicos como Coca-Cola y Ford Motor bajo el escrutinio de los analistas. Lo que está en juego no es solo el cierre de un trimestre brillante en bolsa, sino la respuesta a una pregunta incómoda: si el rally de Wall Street descansa sobre fundamentos sólidos o sobre una confianza que podría evaporarse al primer dato adverso.
El vértigo tras el récord histórico
La semana arranca con un sabor a resaca en Wall Street. El viernes, el Dow Jones superó por primera vez los 50.000 puntos, un umbral eminentemente psicológico que alimentó titulares y celebraciones, pero también dudas sobre la sostenibilidad de las valoraciones. Este lunes, el índice cedía en la apertura alrededor de un 0,25%, corrigiendo parte del avance acumulado en las últimas semanas.
El retroceso ha sido compartido por el resto de grandes indicadores. El Nasdaq 100 caía en torno a un 0,5%, lastrado por las tecnológicas de crecimiento, mientras que el S&P 500 retrocedía cerca de un 0,2%, en un movimiento más de ajuste que de pánico. Sin embargo, este inicio de sesión apunta a un mensaje claro: cualquier excusa macroeconómica puede servir para tomar beneficios después de meses de subidas casi ininterrumpidas.
En los últimos doce meses, los principales índices han sumado revalorizaciones de entre el 18% y el 25%, impulsadas por la expectativa de bajadas de tipos y por unos resultados empresariales mejores de lo previsto. El diagnóstico es inequívoco: cuanto más se estira la valoración de los activos, más sensible se vuelve el mercado a cualquier decepción, ya venga en forma de dato de empleo, inflación o guidance corporativo.
La sombra del empleo y la inflación
El elemento más delicado de la semana será el informe de empleo de enero, cuya publicación se ha visto retrasada por el último cierre parcial del Gobierno federal. La estadística, que normalmente se conoce a principios de mes, llegará con varias semanas de retraso, alimentando la sensación de que los inversores vuelan parcialmente a ciegas.
El consenso del mercado baraja la creación de entre 150.000 y 200.000 nuevos puestos de trabajo, con una tasa de paro en torno al 4,0%-4,1%. La clave, sin embargo, estará en la evolución de los salarios y en posibles revisiones a la baja de los meses anteriores. Una cifra moderada podría respaldar la tesis de un aterrizaje suave; un dato demasiado fuerte reabriría el miedo a que la inflación se enquiste por encima del objetivo de la Reserva Federal.
A este informe se sumará el dato de inflación de enero, con especial atención a la subyacente. Un registro por encima del 3% anual en el componente subyacente complicaría el relato de normalización de precios, mientras que una lectura más cercana al 2,5% reforzaría las apuestas por recortes de tipos en la segunda mitad del año. La consecuencia es clara: cada décima en estos indicadores puede mover miles de millones en capitalización bursátil en cuestión de minutos.
Un mercado pendiente de la Reserva Federal
En este contexto, la Federal Reserve sigue siendo el actor silencioso que determina el tono de fondo. Tras el ciclo de subidas más agresivo en cuatro décadas, el precio del dinero se mantiene en máximos de quince años y el mercado debate ahora no tanto si habrá bajadas de tipos, sino cuándo y cuántas.
Los futuros sobre fondos federales descuentan, de forma aproximada, entre tres y cuatro recortes de 25 puntos básicos a lo largo del año. Pero esa previsión es extraordinariamente sensible a los datos que se publicarán esta semana. Una combinación de empleo fuerte e inflación terca podría reducir esas expectativas a dos recortes, o incluso a uno solo, con un impacto inmediato en los sectores más apalancados y de crecimiento.
Mientras tanto, la rentabilidad del bono a diez años se mueve en la zona del 3,9%-4,1%, niveles que hace solo dos años habrían resultado impensables. Este hecho revela una realidad incómoda para las bolsas: buena parte de la liquidez que ha alimentado el rally procede de inversores que dan por hecho un giro monetario relativamente rápido. Si esa hipótesis se debilita, el contraste entre unos tipos altos y unas valoraciones exigentes puede volverse demoledor para los índices.
Resultados empresariales bajo la lupa
La semana es también clave desde el punto de vista micro. La temporada de resultados entra en su tramo final con la presentación de compañías tan emblemáticas como Coca-Cola y Ford Motor, dos termómetros muy distintos de la economía norteamericana.
En el caso de Coca-Cola, los analistas examinarán con detalle la evolución del consumo masivo, la capacidad de trasladar subidas de precios al consumidor y el impacto de las divisas en sus cuentas, en un momento en que el dólar se ha debilitado ligeramente frente al euro. Una mejora de márgenes de apenas 0,3 o 0,4 puntos porcentuales puede marcar la diferencia entre un mercado complaciente y uno mucho más exigente.
Ford, por su parte, afronta un escenario más complejo: transición hacia el coche eléctrico, presiones salariales tras los últimos acuerdos con los sindicatos y una demanda más selectiva en el segmento de vehículos de alta gama. Cualquier ajuste a la baja en su inversión en electrificación o en sus objetivos de producción será interpretado como una señal de que la “nueva movilidad” avanza más despacio de lo proclamado en los últimos años.
La consecuencia de fondo es clara: en un entorno de tipos altos, los inversores ya no compran solo narrativas; exigen beneficios crecientes y flujos de caja sólidos.
Tecnológicas en revisión: Amazon y Workday
Entre los movimientos individuales, ha destacado la caída de alrededor del 2,3% de Amazon en la apertura. El gigante del comercio electrónico y la nube, que había sido uno de los grandes ganadores del último tramo alcista, sufre una recogida de beneficios en un momento en el que se cuestiona hasta qué punto su crecimiento puede seguir sorprendiendo al alza en un contexto de consumo más moderado.
Más llamativo aún ha sido el desplome cercano al 8% de Workday, después de anunciar el regreso de su cofundador Aneel Bhusri al puesto de consejero delegado. Aunque el mercado suele recibir con buenos ojos el retorno de figuras fundacionales, en este caso la reacción apunta a dudas sobre la capacidad de la compañía para seguir ganando cuota en el competitivo negocio del software de recursos humanos en la nube.
El diagnóstico es inequívoco: las tecnológicas han dejado de ser un bloque monolítico en bolsa. Los inversores discriminan cada vez más entre modelos de negocio, visibilidad de ingresos y disciplina en costes. Una simple señal de desaceleración en la contratación de nuevos clientes o en el crecimiento de facturación puede traducirse en correcciones de doble dígito en cuestión de horas.
El caso Waters y los avisos del ciclo
Uno de los movimientos más fuertes de la jornada lo protagoniza Waters Corporation, que se dejaba más de un 11% tras publicar una guía para el primer trimestre por debajo de lo esperado. La compañía, especializada en instrumentación analítica y soluciones para laboratorios, suele actuar como indicador adelantado de la inversión en sectores como el farmacéutico, el químico y el académico.
Su advertencia sobre un entorno de gasto más prudente en equipos de alta gama puede interpretarse como un aviso temprano de enfriamiento en áreas de I+D e inversión productiva. Cuando empresas de nicho con una clientela altamente sofisticada empiezan a recortar pedidos, suele significar que la prudencia se abre paso en los presupuestos corporativos mucho antes de que ese reflejo se vea en los grandes agregados macroeconómicos.
Lo más grave es que este tipo de señales tienden a pasar desapercibidas en las portadas, eclipsadas por los grandes índices. Sin embargo, a medio plazo resultan a menudo más reveladoras sobre el punto del ciclo. Si compañías como Waters encadenan varios trimestres de guías conservadoras, el relato del “aterrizaje suave” podría empezar a resquebrajarse, con consecuencias directas sobre las expectativas de beneficios del conjunto del mercado.
Un dólar más débil y el papel del euro
En el mercado de divisas, el euro se apreciaba alrededor de un 0,8% frente al billete verde, hasta la zona de 1,19 dólares, en la apertura de la sesión en Nueva York. Este movimiento, aunque moderado, añade otra capa de complejidad al escenario. Un dólar algo más débil alivia a las compañías estadounidenses con fuerte presencia exterior, pero al mismo tiempo resta competitividad a parte de su sector exportador.
Para las firmas europeas, la ecuación es inversa: un euro más fuerte encarece sus productos en el exterior, pero abarata las importaciones de materias primas denominadas en dólares, como el petróleo o determinados metales industriales. En este contexto, resulta especialmente relevante observar cómo reaccionan los índices europeos si el cruce se consolida por encima de los 1,18-1,20 dólares.
El contraste con Estados Unidos resulta demoledor en un aspecto: mientras la economía norteamericana ha sorprendido sistemáticamente al alza en crecimiento y empleo, la zona euro avanza a trompicones, con tasas de expansión que en algunos trimestres apenas superan el 0,5% anualizado. Una apreciación adicional de la moneda única sin una mejora clara del ciclo podría suponer un nuevo lastre para las bolsas del Viejo Continente.
