Apple retrasa el iPhone 18 y se vuelca en el plegable
La decisión ya está tomada en Cupertino. Apple ha optado por concentrar sus recursos de 2026 en tres modelos de iPhone de gama alta, incluido su primer iPhone plegable, y dejar en segundo plano el modelo estándar, el llamado iPhone 18 “normal”, que no vería la luz hasta la primera mitad de 2027, según adelantan Nikkei Asia y Reuters.El cambio rompe la liturgia a la que se ha acostumbrado el mercado en la última década: un lanzamiento anual con una familia completa de dispositivos, desde el modelo base hasta la versión más avanzada. Esta vez, Apple se decanta por el segmento que más margen deja en plena escalada de costes de componentes clave como la memoria, cuyo precio mayorista ha repuntado en torno a un 20%-30% en los últimos meses, según fuentes del sector. La compañía confía en que la combinación de plegable y “superpremium” le permita defender ingresos y beneficios en un contexto en el que cada unidad fabricada cuenta. Y lanza un mensaje claro al resto de la industria: el futuro inmediato del smartphone pasa por el cliente dispuesto a pagar más de 1.300 euros por un terminal.
Un giro en la hoja de ruta del iPhone
Según las filtraciones recogidas por Nikkei Asia, el plan de Apple para 2026 pasa por lanzar tres modelos de iPhone de gama alta en la segunda mitad del año: un plegable y dos dispositivos “tradicionales” con pantallas más grandes y cámaras reforzadas.
Este movimiento supone apartarse del esquema clásico de cuatro modelos (incluidos los “base” y “mini” o “no Pro”) que la compañía ha venido explotando para cubrir distintos tramos de precio y públicos.
La explicación oficial no existe; Apple no comenta rumores. Pero en la industria se da por hecho que confluyen dos factores:
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la necesidad de optimizar una cadena de suministro tensionada,
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y una estrategia de marketing que quiere concentrar todo el foco en la gama más rentable.
Un directivo de un proveedor asiático lo resume así, según Nikkei: «La suavidad de la cadena de suministro es uno de los grandes retos de este año, y el cambio de estrategia de marketing también ha influido en la decisión de centrarse en los modelos premium».
El diagnóstico es inequívoco: con recursos productivos limitados y un producto de enorme complejidad industrial como el plegable a punto de debutar, Apple prefiere priorizar la parte del negocio donde cada iPhone vendido genera más caja.
El primer iPhone plegable como apuesta central
El gran protagonista del calendario de 2026 será el primer iPhone plegable. El dispositivo, conocido en los despachos como iPhone Fold o como parte de la familia iPhone 18, llegaría en la segunda mitad de 2026 con una pantalla interior cercana a las 7,5-7,8 pulgadas y un panel exterior de algo más de 5 pulgadas, según estimaciones de analistas de la cadena de suministro.
Se trata de un salto tecnológico mayor de lo que parece. La bisagra, el grosor (se habla de apenas 4,5 milímetros cuando esté abierto) y la durabilidad del panel flexible obligan a rediseñar el interior del teléfono, reorganizar baterías, antenas y cámaras, y recurrir a materiales como el titanio para evitar problemas de rigidez.
Lo más relevante, sin embargo, es cómo condiciona esta apuesta al resto de la gama. Fabricar un plegable no es simplemente añadir un modelo más: exige reservar líneas de producción específicas, ajustar rendimientos de pantalla —donde un pequeño porcentaje de fallos puede disparar el coste por unidad— y trabajar con volúmenes más prudentes en los primeros meses.
En este contexto, lanzar a la vez un iPhone 18 estándar corría el riesgo de canibalizar recursos y protagonismo. Apple ha optado por concentrar la narrativa de 2026 en un mensaje muy claro al mercado: el iPhone más importante del año es, por primera vez, el más caro.
Memoria más cara y cadenas de suministro en tensión
El movimiento también responde a algo tan prosaico como el coste de los chips. El informe de Nikkei y otras fuentes del sector apuntan a un repunte significativo en los precios de la memoria DRAM y NAND, después de años de caída, por el ajuste de capacidad de los grandes fabricantes y la fuerte demanda de centros de datos y dispositivos de IA.
Ese cambio de ciclo rompe uno de los supuestos que ha guiado la industria durante una década: que cada año el hardware sería más potente y, al mismo tiempo, más barato. Directivos del sector han advertido ya de que 2026 será un ejercicio de smartphones más caros, no tanto por el margen de las marcas como por una estructura de costes claramente al alza.
Para Apple, el cálculo es sencillo: si el coste de componentes por dispositivo aumenta en un 10%-15% de media, tiene más sentido concentrarse en teléfonos de gama alta, donde es posible trasladar esos incrementos al precio final sin hundir la demanda. El iPhone lleva años con un precio medio de venta en torno a los 1.000 dólares, muy por encima de la media del mercado, y el empuje del segmento “Pro” ha permitido al grupo sostener márgenes operativos superiores al 25% en su división de hardware.
La consecuencia es clara: cada hueco en la cadena de producción se reserva para el cliente que está dispuesto a pagar más. El resto, tendrá que esperar o conformarse con generaciones anteriores.
Una estrategia para blindar el margen… y el riesgo
Apple llega a este giro con viento de cola. La compañía acaba de superar las previsiones de Wall Street gracias a un repunte de las ventas de iPhone y a una recuperación “sorprendente” en China, según el propio Tim Cook. En otras palabras: no está reaccionando a una crisis, sino aprovechando una posición de fuerza para reordenar prioridades.
Al centrar el catálogo de 2026 en tres modelos ultra premium, el grupo busca maximizar ingresos con un volumen potencialmente menor de unidades, manteniendo el prestigio de la marca y reforzando la idea de exclusividad. Además, el retraso del iPhone 18 estándar hasta 2027 le da más tiempo para ajustar diseño, costes y posicionamiento en un contexto de inflación tecnológica.
Sin embargo, la estrategia no está exenta de riesgos. Un calendario centrado en los modelos más caros puede:
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aumentar la dependencia de un segmento sensible a cualquier enfriamiento del consumo de lujo,
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abrir espacio a rivales que sí renueven anualmente sus gamas medias,
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y tensar la relación con operadores y distribuidores, que utilizan el modelo base como puerta de entrada a nuevos clientes.
El contraste con otros fabricantes resulta demoledor: mientras Samsung o los grupos chinos refuerzan sus catálogos de 400-800 euros, Apple asume que su crecimiento pasa por empujar aún más arriba la frontera del precio.
Impacto en el consumidor medio y en los operadores
La primera víctima indirecta de este cambio puede ser el usuario que se mueve entre los 800 y los 1.000 euros de presupuesto. En 2026 no tendrá un nuevo iPhone específico para él; su alternativa será estirar el ciclo de renovación, optar por un modelo anterior rebajado o, sencillamente, cruzar la línea hacia Android.
En la práctica, Apple empuja a buena parte de su base de usuarios a convivir un año más con la generación actual —algo que, por otra parte, encaja con el alargamiento generalizado del ciclo de vida del smartphone, que ya roza los 3,5 años en muchos mercados desarrollados—.
Los operadores, por su parte, verán cómo desaparece del calendario uno de sus hitos comerciales del año: la llegada del nuevo modelo base, utilizado para campañas de portabilidades y renovaciones masivas. En su lugar, tendrán un catálogo dominado por terminales de más de 1.300 o 1.400 euros, que exigen financiaciones más largas y elevan el riesgo de morosidad si el contexto económico empeora.
Este hecho revela un cambio de equilibrio en la relación de fuerzas: Apple se permite pensar primero en su margen y después en la comodidad comercial de su canal. Será el mercado quien dicte si el movimiento es sostenible más allá de un ejercicio.
La carrera con Samsung y los fabricantes chinos
El giro de Apple no se produce en el vacío. Samsung, que lleva años liderando el segmento de plegables, prepara también para 2026 una nueva generación de dispositivos, incluido un modelo “Wide” que busca competir de forma directa con el futuro iPhone plegable y podría superar el millón de unidades producidas.
En paralelo, fabricantes chinos como Huawei, Oppo o Xiaomi han inundado el mercado asiático y europeo con plegables en la franja de 1.000-1.200 euros, obligando a desplazar hacia arriba el precio de referencia de la gama alta. El aterrizaje de Apple en este segmento, con un dispositivo que previsiblemente se situará por encima de los 1.500 euros, puede actuar como techo psicológico para todo el mercado.
La consecuencia probable es una polarización aún mayor: por un lado, teléfonos muy caros con prestaciones de vanguardia; por otro, una gama media cada vez más competente en torno a los 400-600 euros. El espacio intermedio se estrecha.
Para Apple, el desafío no es solo tecnológico, sino también de volumen: si el iPhone plegable vende por debajo de los 8-10 millones de unidades en su primer año, la apuesta de desplazar el modelo estándar podría empezar a generar dudas dentro y fuera del consejo.
Qué puede significar para la Apple de 2027
El retraso del iPhone 18 estándar hasta 2027 convierte a ese modelo en algo más que un simple relevo generacional. Tendrá que ser, inevitablemente, el teléfono que reconcilie a Apple con el grueso de su base de usuarios tras un año de foco total en la parte alta de la pirámide.
Si la estrategia de 2026 funciona, Apple llegará a 2027 con:
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una gama plegable ya asentada y optimizada en costes,
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un parque de usuarios “Pro” dispuesto a seguir pagando precios récord,
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y un modelo estándar que podrá incorporar parte de las innovaciones estrenadas un año antes en los dispositivos de élite.
Si, por el contrario, el mercado castiga el giro hacia lo ultra premium, la compañía se verá obligada a recalibrar rápidamente su oferta y quizá adelantar o rediseñar ese iPhone 18 base para recuperar terreno frente a Android en segmentos clave.
En todo caso, el mensaje que deja la decisión de hoy es claro: Apple ha elegido jugar la próxima partida en la parte alta del tablero, allí donde cada unidad cuenta más en la cuenta de resultados, pero también donde el margen de error es más estrecho. El experimento plegable no será solo una apuesta de diseño; será una prueba de hasta dónde está dispuesto a llegar el consumidor global por seguir dentro del ecosistema de la manzana.