Apple rompe récords mientras la guerra de la IA sacude Wall Street, Dow Jones y Nasdaq

El gigante del iPhone firma el mejor trimestre de su historia mientras Microsoft se hunde, Amazon negocia invertir 50.000 millones en OpenAI y Musk prepara una megafusión en torno a SpaceX
EPA/ADAM S DAVIS
EPA/ADAM S DAVIS

Apple ha decidido nadar a contracorriente en una de las semanas más volátiles del año para el sector tecnológico. La compañía ha anunciado ingresos trimestrales de 143.800 millones de dólares, un 16% más que un año antes, y un beneficio neto de 42.100 millones, también al alza un 16%, con un beneficio por acción de 2,84 dólares (+18%). El dato que lo explica todo: ventas de iPhone de 85.300 millones de dólares, un 23% más y en máximos históricos, con récords en todos los segmentos geográficos. Mientras tanto, en esa misma Wall Street, Microsoft se desplomaba más de un 10% por frenar el crecimiento de la nube, el Nasdaq caía en torno al 2% entre amenazas cruzadas con Irán y el oro y la plata vivían un violento giro bajista tras marcar máximos nunca vistos. En paralelo, Amazon negocia inyectar hasta 50.000 millones en OpenAI, el Tesoro de EE. UU. apunta a China por su escasa transparencia cambiaria y Elon Musk estudia fusionar SpaceX y xAI a las puertas de una salida a bolsa histórica. El nuevo mapa de poder de la tecnología y la geopolítica se está dibujando en tiempo real.

Apple bate récords y consolida el trono del iPhone

Los números del primer trimestre fiscal de 2026 confirman que Apple sigue jugando en su propia liga. Ingresos de 143.800 millones, beneficio neto de 42.100 millones y un EPS de 2,84 dólares, con crecimientos de doble dígito en todas las líneas, son cifras que muchos países envidiarían como PIB anual. Pero el dato más simbólico está en el iPhone, que ha ingresado 85.300 millones, un 23% más y el mejor trimestre de su historia.

Tim Cook lo resumía así: «iPhone ha tenido su mejor trimestre de todos los tiempos, con récords en cada región, y Servicios también ha marcado un máximo histórico, un 14% por encima del año pasado». Apple presume además de una base instalada de más de 2.500 millones de dispositivos activos, una fortaleza que convierte cada nuevo servicio en un flujo potencialmente recurrente de ingresos.

La reacción del mercado fue inmediata: las acciones subieron en torno al 2% en el after-hours, un movimiento modesto si se compara con la magnitud de las cifras, pero significativo en una jornada dominada por las caídas del resto del Big Tech. El diagnóstico es inequívoco: la máquina de generar caja de Cupertino sigue en plena forma, justo cuando el resto del sector empieza a mostrar grietas.

Un Nasdaq en rojo entre Irán, metales y renta fija

El contraste con el resto de Wall Street fue rude. En mitad de la sesión, la tensión geopolítica se apoderó de los parqués: tras las amenazas de Donald Trump y la advertencia de Teherán de que se “defenderá y responderá como nunca”, el mercado empezó a descontar un escenario de riesgo creciente en el Estrecho de Ormuz. La Unión Europea elevó la presión al declarar organización terrorista a la Guardia Revolucionaria iraní, mientras ésta anunciaba maniobras navales en la zona.

El resultado fue un giro brusco de los índices: el Dow Jones llegó a caer más de 300 puntos (-0,64%), el Nasdaq 100 se hundió en torno al 2% y el S&P 500 llegó a retroceder un 1,24%. El movimiento se vio acompañado por un repunte del petróleo de alrededor del 3,5%, un dólar más fuerte, un Bitcoin cediendo más del 5,5% y una rentabilidad del Treasury a diez años en torno al 4,24%, ligeramente a la baja. El mercado envió un mensaje claro: el riesgo de conflicto en Oriente Medio vuelve a ser una variable central en los modelos de valoración.

Microsoft tropieza y arrastra al software: la factura de la nube

En el epicentro del desplome tecnológico estuvo Microsoft, que vio cómo sus acciones se hundían más de un 10%, hasta la zona de 430 dólares, en la apertura del jueves. Paradójicamente, el castigo llegaba justo después de anunciar ingresos récord de 81.300 millones (+17%) y un salto del 60% en el beneficio neto. ¿Qué ha cambiado entonces? La desaceleración del crecimiento de la nube y una guía de márgenes para el próximo trimestre menos ambiciosa de lo que el mercado esperaba.

En un índice dominado por la narrativa de la inteligencia artificial, cualquier señal de que la facturación de Azure ya no acelera al ritmo soñado se traduce en ventas masivas. El efecto contagio fue inmediato: el índice de software estadounidense cayó cerca de un 8%, con casos como ServiceNow desplomándose otro 10% pese a haber batido previsiones de beneficio. El mensaje es nítido: la fase en la que bastaba con invocar la IA para justificar cualquier múltiplo empieza a agotarse. Ahora los inversores quieren crecimiento rentable, no solo promesas.

Oro y plata: de máximos históricos a desplome en horas

Si la sesión fue violenta en tecnología, el movimiento en los metales preciosos fue directamente vertiginoso. La plata había alcanzado la barrera simbólica de 120 dólares la onza, su nivel más alto de la historia, antes de desplomarse más de un 6%, hasta los 108,40 dólares en cuestión de horas. El oro, que apenas días atrás había superado por primera vez los 5.000 dólares y tocado un máximo intradía de 5.596, cayó más de un 4%, hasta la zona de 5.140-5.150 dólares.

La corrección no responde a una noticia concreta, sino a la lógica de un mercado que venía extremadamente cargado de posiciones alcistas. Tras semanas de subidas casi parabólicas, cualquier atisbo de toma de beneficios se convierte en avalancha. Aun así, el contexto de fondo no ha cambiado: bancos centrales acumulando metal, dudas crecientes sobre la sostenibilidad de la deuda estadounidense y un dólar sometido a vaivenes políticos y geopolíticos. Para muchos gestores, la caída es menos un cambio de tendencia que una limpieza de excesos a corto plazo.

Amazon, OpenAI y la nueva carrera por la hegemonía de la IA

Mientras los mercados digerían el shock Microsoft, otra noticia añadía gasolina a la batalla por la inteligencia artificial. Según avanzó la prensa estadounidense, Amazon negocia invertir hasta 50.000 millones de dólares en OpenAI, en el marco de una ronda de financiación en la que la creadora de ChatGPT aspiraría a levantar en torno a 100.000 millones. El esquema incluiría también un papel relevante de SoftBank, con hasta 30.000 millones, y la participación de fondos soberanos de Oriente Medio, que ya habrían mostrado interés por otros 50.000 millones.

Si el acuerdo se materializa, el mapa competitivo de la IA cambiará de inmediato. Amazon reforzaría su posición como proveedor de infraestructura (AWS) y socio estratégico de uno de los líderes en modelos generativos, al tiempo que presiona a Microsoft, que hasta ahora ha sido el gran beneficiado de su alianza con OpenAI. Para la propia compañía de Sam Altman, el movimiento supondría multiplicar su músculo financiero y acelerar la carrera por entrenar modelos cada vez más costosos en términos de cómputo.

La pregunta obvia es cuánto de esta financiación se traducirá en negocio real y rentable y cuánto en una nueva ola de gasto que los mercados solo tolerarán mientras los tipos se mantengan controlados y los beneficios del resto del Big Tech sigan sosteniendo las valoraciones.

Musk fusiona SpaceX y xAI: cohetes, satélites, X y chatbot en un mismo bloque

El otro gran movimiento corporativo del día llegó del universo Musk. Según fuentes citadas por la prensa estadounidense, SpaceX y xAI negocian una fusión que agruparía bajo un mismo paraguas los cohetes reutilizables, la constelación de satélites Starlink, la red social X y el chatbot Grok. El acuerdo implicaría canjear acciones de xAI por títulos de SpaceX, a las puertas de una salida a bolsa de esta última que muchos ya anticipan como la mayor OPV de la historia reciente.

La operación tiene una lógica clara: consolidar un ecosistema cerrado de lanzamiento, conectividad e inteligencia artificial, con capacidad para ofrecer desde servicios de internet global hasta plataformas de contenidos y modelos generativos propios. Para los mercados, supone además abrir la puerta a un vehículo cotizado que concentre una parte sustancial del “imperio Musk” más allá de Tesla.

El reverso de la moneda es que la OPV de SpaceX podría drenar parte del “Musk premium” que aún sostiene la valoración de Tesla: los inversores que hasta ahora solo podían apostar por el conjunto de proyectos del empresario a través del fabricante de coches eléctricos tendrían por fin otra ficha que jugar en la mesa.

El Tesoro de EE. UU. apunta a China y reabre la guerra de divisas

En paralelo a las sacudidas tecnológicas, la Secretaría del Tesoro estadounidense publicó su informe semestral sobre socios comerciales, con un foco inusual en China. El documento no llega a etiquetarla oficialmente como “manipulador de divisa”, pero subraya una “falta de transparencia” en sus prácticas cambiarias y advierte sobre superávits externos masivos y una moneda infravalorada.

Ningún país cumple los tres criterios formales para un análisis reforzado, pero diez economías pasan al “Monitoring List”: China, Japón, Corea, Taiwán, Tailandia, Singapur, Vietnam, Alemania, Irlanda y Suiza. El Tesoro anuncia además una vigilancia más estricta sobre fondos de pensiones públicos, posiciones a plazo y otras herramientas con las que los gobiernos podrían influir en sus tipos de cambio sin hacerlo de forma visible en los mercados al contado.

El mensaje subyacente es claro: Washington quiere mantener la puerta abierta a acusar de ventaja competitiva desleal a quienes acumulen superávits persistentes mientras el dólar sigue siendo el pilar central del sistema. Para los inversores, es un recordatorio de que la guerra de divisas nunca está del todo cerrada, solo entra en fases de mayor o menor intensidad.

El denominador común es la incertidumbre estructural: sobre tipos, sobre deuda, sobre geopolítica y sobre quién dominará la IA de la próxima década. En ese entorno, las carteras que combinen diversificación, liquidez suficiente y una gestión activa del riesgo estarán mejor posicionadas que las que sigan confiando ciegamente en que Wall Street siempre acaba salvando el trimestre.

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