El G7 se despide sin voz mientras Trump firma con Irán y Europa sigue ausente
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Amanece el mundo de hoy con una fotografía engañosa: la de un armisticio rubricado bajo las arañas de Versalles —el presidente Trump estampó su firma en el «Memorando de Entendimiento de Islamabad» (MOU, por sus siglas en inglés) durante una cena de gala posterior a la cumbre del G7, mientras el presidente Macron y el resto de comensales aplaudían— y la de un estrecho de Ormuz que vuelve a respirar petróleo después de tres meses de asfixia. Conviene, sin embargo, no confundir la coreografía diplomática con la paz. Vengo sosteniendo desde el primer día de esta guerra que el problema no era derribar al régimen, (algo anunciado y no conseguido) sino la ausencia clamorosa de una estrategia clra a medio y largo plazo: un acuerdo que concede a Teherán réditos inmediatos a cambio de promesas difusas y diferidas, no es un tratado de paz, es una tregua administrada cuya solidez dependerá de quién mande de verdad en la oligarquía yihadista que aún gobierna Persia. |
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En esta entrega analizo seis vectores que, lejos de ser compartimentos estancos, dibujan una misma fractura sistémica contenida: |
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II. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS |
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1. La firma del “MOU de Islamabad”: el armisticio que todavía no es paz |
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Hechos |
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El 18 de junio, Estados Unidos e Irán suscribieron por vía electrónica un memorando de entendimiento de catorce puntos destinado a poner fin a las hostilidades. El presidente Donald Trump lo firmó en el Palacio de Versalles, tras la cena que siguió a la cumbre del G7; el presidente iraní Masud Pezeshkian lo rubricó en remoto, y el primer ministro paquistaní Shehbaz Sharif lo refrendó como mediador. El texto ordena el cese inmediato y permanente de las operaciones militares —Líbano incluido—, el desmantelamiento del bloqueo naval estadounidense y la reapertura del estrecho de Ormuz, que Irán se compromete a franquear sin peaje durante un periodo inicial de sesenta días. Abre, además, una ventana de negociación de sesenta días sobre el programa nuclear y las sanciones, con alivio sancionador por fases, liberación de activos congelados y exenciones del Tesoro para las exportaciones de crudo iraní. La Organización de Operaciones Comerciales Marítimas del Reino Unido (UKMTO) confirmó ese mismo jueves que Ormuz estaba abierto y que el bloqueo había cesado; los petroleros reanudaron el tránsito y el Brent retrocedió en torno a los 79 dólares por barril, acumulando una caída semanal cercana al 9,5 %. |
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Implicaciones |
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El mérito de haber detenido una guerra que amenazaba con incendiar el Golfo es real y conviene reconocerlo sin mezquindad: la reapertura del punto de estrangulamiento (choke point) por el que circula casi una quinta parte del crudo mundial y el 30% del gas natural alivia de inmediato la economía global. Pero el diablo, como siempre, está en los detalles, en este caso los clamorosos silencios del MOU y una incierta negociación de 60 días. Tal como reconocen legisladores de ambos partidos en Washington —y también Israel—, el acuerdo regala a Teherán beneficios por adelantado mientras difiere a un futuro incierto la única cuestión que justificó la guerra: impedir que el régimen terrorista de Irán obtenga el arma nuclear y sin obtener ninguna concesión real en su apoyo y utilización de sus proxies terroristas y la bendición expresa de Trump al programa de misiles iraní (llegó a declarar que era normal que ellos tuviesen misiles si sus vecinos los tiene… un disparate como pocas veces se ha oído de un jefe de Estado). El enviado especial Steve Witkoff anunció que Irán invitará al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) a inspeccionar sus instalaciones y a localizar el material enriquecido; conviene recordar que ese material —más de cuatrocientos kilogramos de uranio altamente enriquecido— sigue, según las estimaciones contrastadas con múltiples fuentes, enterrado bajo los escombros, sin embargo fuentes de inteligencia citadas por algún medio de comunicación revelan que seguramente fue puesto a buen recaudo antes de los ataques de Israel y EEUU. Estos 454 Kg. De uranio enriquecido a más de 60% podría alcanzar el 90% en pocos días y esa cantidad sería suficiente para fabricar 18 bombas nucleares (siguiendo los criterios de la OIEA otros indican que 12) cada una de hasta 25 kilotones, más potentes que Hiroshima y Nagasaki (15 y 21 kilotones respectivamente). Conviene concluir de manera contundente: un memorando no es un tratado, y una promesa de inspección no es una inspección y las negociaciones de 60 días que deberían haberse iniciado hoy tiene un resultado desastroso para la paz y la seguridad regional y global, pues se parte de una serie muy importante de cesiones por parte de los EE.UU. |
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Perspectivas y escenarios |
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Escenario A — Consolidación frágil (35 %): el alto el fuego se sostiene los sesenta días, Ormuz permanece abierto y arranca una negociación tortuosa pero viva sobre el dossier nuclear. Es el desenlace que descuentan los mercados, y por ello mismo el más vulnerable a una sorpresa. |
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Escenario B — Tregua zombi (40 %): el marco no se rompe formalmente, pero se vacía de contenido; Irán cumple lo mínimo en Ormuz y dilata todo lo demás, mientras Washington declara victoria y desvía la mirada. Una guerra de temperatura variable que nadie gana ni puede permitirse perder. |
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Escenario C — Recaída (25 %): un incidente en el estrecho, una inspección bloqueada o una represalia cruzada en el Líbano hacen saltar el armisticio antes del plazo. La probabilidad no es despreciable precisamente porque el acuerdo carece de mecanismo de verificación robusto. |
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2. Ormuz se reabre, pero el “día después” sigue sin diseñarse |
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Hechos |
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Apenas firmado el memorando, la maquinaria diplomática tropezó con su propia precipitación. El Ministerio de Asuntos Exteriores suizo confirmó que las conversaciones entre Estados Unidos e Irán previstas para este viernes en el complejo de Bürgenstock no se celebrarían según lo planeado, y el vicepresidente J. D. Vance —que debía viajar a Suiza— canceló el desplazamiento. Paralelamente, Vance ha asumido el papel de principal valedor del pacto: ha concedido una batería de entrevistas y difundido un vídeo reivindicándolo, hasta el punto de que el senador Lindsey Graham, halcón confeso, lo bautizó en redes como «el arquitecto del acuerdo». Resulta llamativo —lo subrayo porque encierra una lección— que sea precisamente Vance, el más escéptico de cuantos rodean a Trump respecto a las aventuras militares exteriores y veterano él mismo de Irak, quien capitalice un armisticio que el secretario de Estado Marco Rubio, mucho más prudente y atlantista, ha gestionado en discreto segundo plano. |
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Implicaciones |
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La filtración del borrador desató, según la prensa estadounidense, una oleada de cólera y escepticismo en el Capitolio —demócratas y republicanos por igual— y en Jerusalén. Las objeciones coinciden con lo que este analista viene advirtiendo: el acuerdo parece ofrecer a Irán victorias por anticipado garantizando a cambio bien poco, y la finalidad declarada de la guerra sigue sin resolverse. La Administración no ha ofrecido siquiera una sesión informativa formal al Congreso. Estamos ante el síntoma de una política exterior transaccional gobernada por la intuición y el golpe de efecto, en la que el sistema y la sensatez de figuras como Rubio operan como cortafuegos frente al exceso presidencial. Conviene ser justos: la diplomacia del presidente Trump ha cosechado éxitos genuinos —Camboya-Tailandia, Azerbaiyán-Armenia, Gaza— cuando ha actuado con prudencia y bien aconsejado; el problema asoma cuando la toma de decisiones se vuelve errática y presidida por el exabrupto, y entonces el titular se firma antes que la arquitectura que debería sostenerlo. |
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Perspectivas y escenarios |
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Escenario A — El sistema impone la cordura (38 %): Rubio y el aparato de seguridad reconducen el proceso, se reabre un canal de negociación serio y el escepticismo del Congreso se traduce en condicionalidad útil. |
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Escenario B — Inercia y opacidad (40 %): el acuerdo sobrevive como objeto de propaganda doméstica; Vance lo defiende, la Casa Blanca declara la paz y la verificación queda en suspenso indefinido. |
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Escenario C — Fractura interna en Washington (22 %): la rebelión de los halcones y la presión proisraelí erosionan el respaldo político al pacto, que se descompone por implosión doméstica antes que por incumplimiento iraní. |
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3. El Líbano, la grieta por la que puede desangrarse el acuerdo |
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Hechos |
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Pese a que el memorando ordena el cese de hostilidades también en el Líbano, los ataques aéreos israelíes contra el sur del país no han cesado. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha sido inequívoco: las Fuerzas de Defensa de Israel permanecerán «sin límite temporal» en las zonas de seguridad del Líbano, Siria y Gaza, y advierte de que, si Irán ataca a Israel a cuenta de lo que ocurra en el Líbano, responderá «con toda su fuerza». Hezbolá, organización terrorista chií financiada por Teherán, quedó excluida de toda mesa de negociación y, por boca de Naim Qasem, ya había rechazado el alto el fuego previo por considerar que satisface «los objetivos del enemigo». Amnistía Internacional, por su parte, denuncia que Israel ha declarado «zona vedada» en torno al 6 % del territorio libanés, impidiendo el regreso de decenas de miles de civiles. |
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Implicaciones |
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He aquí la contradicción que amenaza con dinamitar el conjunto. Israel se niega a subordinar su política de seguridad a un acuerdo que Washington firmó sin garantizarle nada sobre Hezbolá, y Teherán había advertido durante toda la negociación que las operaciones israelíes en el Líbano podían descarrilar las conversaciones. El presidente Trump, según diversas fuentes, expresó su irritación por los bombardeos cruzados mientras se cerraba el pacto. La paradoja es brutal: el mismo memorando que proclama el fin de la guerra es incapaz de detener la guerra que se libra en su flanco más inflamable. Y conviene no olvidar que Hezbolá no es una milicia ni un «grupo armado» —terminología complaciente que rechazo de plano—, sino una organización terrorista cuyos cuadros son, individual y colectivamente, terroristas, y cuyo desarme sigue siendo la condición sine qua non de cualquier estabilidad duradera en el Levante. |
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Perspectivas y escenarios |
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Escenario A — Contención tácita (32 %): Israel mantiene sus posiciones pero modera la intensidad de los ataques; Hezbolá, descabezada y exhausta, no abre un segundo frente. La grieta no se cierra, pero tampoco se ensancha. |
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Escenario B — Tensión permanente de baja intensidad (40 %): se cronifica un statu quo de ocupación y golpeo selectivo que erosiona el espíritu del MOU sin romperlo formalmente, manteniendo al Líbano como Estado mártir entre dos fuegos. |
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Escenario C — Escalada que arrastra a Teherán (28 %): un ataque israelí de envergadura o una represalia de Hezbolá obligan a Irán a responder para no perder la cara, reactivando la confrontación general que el acuerdo pretendía clausurar. |
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4. El ascenso del general Ahmed Vahidi y la paradoja del descabezamiento |
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Mientras el mundo celebra firmas, conviene preguntarse quién manda de verdad en Teherán. El general Ahmed Vahidi es, desde el 1 de marzo de 2026, comandante en jefe del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI), tras la muerte de su predecesor Mohammad Pakpour en la fase inicial de la Operación Epic Fury. Vahidi —exministro de Defensa con Ahmadineyad, exministro del Interior con Raisí y antiguo jefe de la Fuerza Quds— arrastra desde hace décadas una notificación roja de Interpol por el atentado de 1994 contra el centro judío AMIA de Buenos Aires, que asesinó a ochenta y cinco personas. Sancionado por la Unión Europea y por Estados Unidos por su papel en la represión interna, es uno de los artífices del nombramiento del actual y nominal líder, Mojtaba Jamenei. Y aquí el dato decisivo de las últimas horas: un mensaje atribuido a Mojtaba Jamenei —inexplicablemente llamado «supremo»— reconoce que autorizó la firma del MOU «pese a tener otra opinión en principio». |
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Implicaciones |
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Esa frase —«pese a tener otra opinión en principio»— es la radiografía exacta de lo que he bautizado como la paradoja del descabezamiento. Conviene precisar el concepto, porque suele malinterpretarse: la paradoja no consiste en que hayan sido eliminados los moderados —no los había—, sino en que los halcones supervivientes carecen, individualmente, de la autoridad ideológica, del rango y de la personalidad dominante necesarios para imponer su voluntad a sus pares y forzar la aceptación de las concesiones. El antiguo líder podía imponer disciplina interna; el triunvirato que hoy gobierna de facto —el propio Vahidi al frente del CGRI, Mohamed B. Zolghadr como secretario del Consejo Nacional de Seguridad y mando de las brigadas Al-Quds, y Rezaei como asesor militar interino— está formado por iguales sin árbitro. Es, por tanto, una paradoja de gobernanza, no de moderación. Pezeshkian es sistemáticamente bloqueado y Ghalibaf responde ante Vahidi, no ante el presidente. |
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De ahí la fragilidad congénita del acuerdo: una firma existe, pero la autoridad capaz de garantizar su cumplimiento, no. Un Mojtaba Jamenei que confiesa haber cedido contra su criterio es un líder que ni impone su voluntad ni puede asegurar que el triunvirato la acate. Confiar en Vahidi —como advirtió el analista Yigal Carmon, del Middle East Media Research Institute— es un error de bulto: pertenece al núcleo duro del «Muerte a América». La cuestión, pues, no es si Irán quiere una tregua, sino si el hombre que de verdad calla o concede en la sombra del CGRI considera que la confrontación sirve mejor a sus intereses. |
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Perspectivas y escenarios |
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Escenario A — Pragmatismo táctico (30 %): Vahidi acepta la tregua como respiro para reconstituir el aparato militar diezmado, sin renunciar a la doctrina de fondo. Gana tiempo, no por convicción. |
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Escenario B — Cumplimiento errático por falta de árbitro o primus inter pares (40 %): la ausencia de una autoridad que imponga disciplina genera señales contradictorias; el régimen cumple en un frente e incumple en otro, no por estrategia, sino por incapacidad de coordinación interna. |
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Escenario C — Sabotaje del núcleo duro (30 %): el ala más intransigente del CGRI dinamita el acuerdo para preservar la razón de ser ideológica del régimen, demostrando que la firma de Pezeshkian no vinculaba a quienes empuñan de verdad las armas. |
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5. La cumbre del G7 de Évian se clausura sin comunicado: el espejo de la fractura occidental |
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La 52.ª cumbre del Grupo de los Siete (G7), celebrada del 15 al 17 de junio en Évian-les-Bains bajo presidencia francesa, se clausuró el miércoles sin un comunicado final conjunto —por segundo año consecutivo, tras idéntico fracaso en 2025 bajo presidencia canadiense. Pese a alumbrar algunos resultados temáticos (gobernanza de la inteligencia artificial, minerales críticos, seguridad económica, salud global), los líderes fueron incapaces de pactar un documento unificado. Las divisiones afloraron también en el terreno de la seguridad: los socios europeos se mostraron dispuestos a participar en operaciones de escolta marítima en el estrecho de Ormuz, mientras el presidente Trump sostuvo que restablecer la navegación no requería implicación externa alguna. Según el medio Politico, las capitales europeas maniobraron para evitar una confrontación directa con Trump, que desplazó el foco de la crisis iraní de vuelta al conflicto ruso-ucraniano. En presencia del presidente ucraniano Zelensky, no obstante, el G7 reafirmó su compromiso con la soberanía e integridad territorial de Ucrania y acordó incrementar el apoyo militar —defensa aérea, interceptores y capacidades de largo alcance. |
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Implicaciones |
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Que la principal alianza de las democracias avanzadas sea incapaz, por segunda vez consecutiva, de firmar un comunicado no es una anécdota protocolaria: es el síntoma de un Occidente fracturado y de la menguante capacidad del bloque para representar y gestionar los asuntos globales en un mundo multipolar. Los analistas señalan ya, sin eufemismos, a Estados Unidos como la principal fuente de incertidumbre dentro del propio G7 —una inversión histórica que debería sonrojar a cuantos durante décadas vimos en Washington el ancla del orden liberal. El episodio de Ormuz es revelador en su miniatura: Europa, dispuesta a poner barcos; Trump, despachando el ofrecimiento con un gesto. Y esta parálisis diplomática se inscribe en la misma abdicación estratégica que, hace apenas diez días, certificó el entierro del programa franco-alemán de caza de sexta generación (FCAS/SCAF): una Europa mediocre y miope, incapaz de tomarse en serio su propia defensa, que prefiere el reparto de prebendas a la soberanía real. Quien no construye un avión en común difícilmente firmará un comunicado en común. |
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Perspectivas y escenarios |
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Escenario A — Rearme transatlántico pragmático (35 %): la presión sobre Europa la obliga a asumir más carga —escoltas en Ormuz, apoyo sostenido a Ucrania—, reconstruyendo una unidad de mínimos sobre la base del realismo y no de la retórica. |
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Escenario B — Deriva hacia la irrelevancia (40 %): el G7 se cronifica como foro fotográfico sin capacidad decisoria; las divisiones se enquistan y el bloque pierde tracción frente al Sur Global y a los foros alternativos que China cultiva con paciencia. |
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Escenario C — Ruptura abierta (25 %): un choque frontal —comercial o sobre Ucrania— entre Washington y las capitales europeas fractura visiblemente la alianza, con consecuencias directas para la cohesión de la OTAN. |
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6. Ucrania lanza su mayor ataque con drones contra Moscú y golpea una refinería |
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Hechos |
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En la madrugada del 18 de junio, Ucrania ejecutó el mayor ataque con drones contra Moscú desde el inicio de la invasión rusa a gran escala, impactando en una refinería de petróleo; al menos diecisiete personas, dos de ellas niños, resultaron heridas en el óblast de Moscú, según fuentes ucranianas. Ese mismo día, el presidente Zelensky afirmó que alrededor de diez países habían respaldado los nuevos paquetes de la Lista Priorizada de Requerimientos para Ucrania (PURL, por sus siglas en inglés). El frente diplomático, en cambio, sigue empantanado: las treguas de Pascua ortodoxa (abril) y del Día de la Victoria (mayo) se saldaron con miles de violaciones mutuas, y el presidente Trump, preguntado en el G7 por la guerra, llegó a afirmar que el conflicto «no nos afecta… estamos a miles de kilómetros». |
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Implicaciones |
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El ataque ucraniano sobre Moscú —y sobre la infraestructura energética que financia la maquinaria bélica del Kremlin— demuestra que Kiev no se resigna al papel de víctima pasiva y que la guerra de drones de largo alcance ha alcanzado el corazón simbólico de Rusia. Soy, y lo he sido siempre, contrario sin matices a la agresión rusa y al uso de la fuerza como medio para adquirir territorios; por ello celebro que Europa empiece —tímidamente— a hablar de defensa antibalística propia y que el G7 reafirme su compromiso. Pero el contraste entre ese «despertar estratégico» retórico y la indiferencia transaccional de un Trump que despacha la mayor guerra terrestre en suelo europeo desde 1945 como un asunto ajeno, «a miles de kilómetros», resume la tragedia de nuestro tiempo: el garante histórico de la seguridad europea ha dejado de creer en ella, y Europa aún no se cree a sí misma capaz de sustituirlo. |
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Perspectivas y escenarios |
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Escenario A — Internacionalización del apoyo (33 %): los paquetes PURL y el compromiso del G7 se materializan en defensa aérea efectiva; Ucrania estabiliza el frente y eleva el coste para Moscú. |
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Escenario B — Guerra de desgaste prolongada (40 %): ni las treguas religiosas ni la presión diplomática alteran la dinámica; la guerra de temperatura variable se cronifica, con golpes recíprocos en profundidad y sin vencedor a la vista. |
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Escenario C — Desenganche estadounidense (27 %): la deriva transaccional de Trump se traduce en una retirada efectiva del apoyo, forzando a una Europa mal preparada a sostener en solitario el esfuerzo, con riesgo de claudicación. |
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III. RACK DE MEDIOS |
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La cobertura internacional de las últimas veinticuatro horas confirma un consenso fáctico sobre la firma, y una notable divergencia sobre su solidez —divergencia que, como suele ocurrir, dice más del prisma de cada cabecera que del propio acontecimiento. |
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Prensa estadounidense de referencia. The Washington Post y Associated Press centran el foco en J. D. Vance como inesperado «rostro» del pacto y en la cólera bipartidista ante un texto que concede ventajas anticipadas a Teherán; The Hill insiste en el escepticismo histórico del vicepresidente hacia las guerras exteriores; el Post recoge además el gélido «no nos afecta» de Trump sobre Ucrania. La cadena conservadora Fox News mantiene el reflector sobre Vahidi como factor decisivo del cumplimiento iraní. |
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Prensa británica y económica. Financial Times, Reuters y Bloomberg lideran la lectura económica de la reapertura de Ormuz y de la caída del Brent, y glosan el fracaso del G7 a la hora de alumbrar un comunicado conjunto como prueba de la erosión del orden liberal. |
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Prensa continental y china. Le Monde, Le Figaro y la prensa alemana subrayan las divisiones de Évian y el pivote de Trump de Irán a Ucrania; la agencia oficial Xinhua, desde Pekín, capitaliza con fruición la ausencia de comunicado como prueba de la «decadencia occidental» —recordatorio de que cada grieta nuestra es, para el régimen chino, una oportunidad propagandística. |
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Prensa de Oriente Próximo. Al Jazeera titula con la continuación de los ataques israelíes sobre el Líbano «pese al acuerdo»; The Times of Israel recoge la negativa de Katz a retirarse; Iran International —fuente disidente de notable fiabilidad— aporta el dato capital del mensaje de Mojtaba Jamenei autorizando la firma «contra su criterio», así como la confirmación de la reapertura de Ormuz vía UKMTO y la caída del Brent. |
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Prensa de mediación, asiática y ucraniana. Geo.tv y la prensa paquistaní glosan el protagonismo de Islamabad como mediador; Outlook India y The Times of India detallan los catorce puntos del memorando; The Kyiv Independent y Ukrainska Pravda informan del mayor ataque ucraniano con drones sobre Moscú y del respaldo a los paquetes PURL. |
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IV. SEMÁFORO DE RIESGOS |
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● Estrecho de Ormuz y energía global: Reabierto y con el Brent a la baja, pero sin mecanismo de verificación que impida un nuevo cierre. Riesgo elevado de reversión ante cualquier incidente. |
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● Programa nuclear y cumplimiento del régimen terrorista de Irán: El uranio altamente enriquecido sigue sin localizar y la inspección del OIEA es, por ahora, una promesa. Vector crítico: aquí se juega la razón última de la guerra. |
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● Líbano e Israel-Hezbolá: Los ataques no cesan pese al MOU; la organización terrorista Hezbolá, excluida, rechaza la tregua. Grieta con potencial de incendiar el conjunto. |
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● Estructura de poder en Teherán: El triunvirato del CGRI gobierna sin árbitro; la paradoja del descabezamiento hace impredecible el cumplimiento. Vahidi es el verdadero termómetro. |
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● Cohesión occidental y G7: Segunda cumbre consecutiva sin comunicado; EE. UU. señalado como fuente de incertidumbre. La abdicación estratégica europea —del FCAS al G7— es estructural, no coyuntural. |
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● Frente ruso-ucraniano: Mayor ataque ucraniano con drones sobre Moscú; el desenganche transaccional de Washington amenaza el esfuerzo aliado. Riesgo elevado y persistente. |
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● Mercados y precio del crudo: Distensión inmediata por la reapertura de Ormuz; el alivio energético es real, aunque la normalización plena llevará meses. |
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V. COMENTARIO EDITORIAL |
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Hay días en que la diplomacia se viste de gala y firma, en el esplendor de Versalles y con el aplauso de los comensales, lo que todavía no existe. El «Memorando de Islamabad» detiene una guerra —y eso, lo repito, merece reconocimiento sin mezquindad—, pero no fabrica una paz, porque una paz exige lo que este acuerdo no contiene: un plan estratégico claro y una autoridad en Irán capaz de garantizar el cumplimiento. Vengo describiendo desde el primer disparo de esta contienda que el pecado original no fue golpear a la oligarquía yihadista, dictatorial y mafiosa que asola Irán y masacra a su propio pueblo —ataques que, en su día, respaldé—, sino la ausencia clamorosa de un diseño para el escenario en que el régimen ni se plegara o ni hiciera implosión. Hoy ese vacío tiene nombre técnico: la firma de Pezeshkian no vincula a quienes empuñan de verdad las armas, porque en Teherán ya no hay un árbitro que imponga disciplina, sino un triunvirato de iguales presidido por el brutal general Vahidi. He ahí la fractura sistémica contenida que define nuestro tiempo. |
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Y mientras Oriente Próximo administra su tregua zombi, Occidente exhibe en Évian su propia parálisis. Que el G7 se clausure por segundo año consecutivo sin un comunicado conjunto no es un tropiezo protocolario: es la radiografía de una alianza que ha dejado de saber para qué existe. Lo más grave —y lo escribo con el dolor de quien es atlantista de corazón y europeísta convencido— es que sean hoy los propios analistas quienes señalen a Estados Unidos como la principal fuente de incertidumbre del club que un día encarnó la promoción y la defensa del orden liberal. Esta parálisis no nace de la nada: es la misma abdicación estratégica que hace diez días enterró el caza europeo de sexta generación, esa Europa mediocre y miope que prefiere el reparto de prebendas a la soberanía real. Quien no es capaz de construir un avión en común difícilmente defenderá un continente en común. |
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Y en el frente del Este, mientras Ucrania lleva sus drones hasta el corazón de Moscú y golpea las refinerías que financian la agresión, el presidente Trump despacha la mayor guerra terrestre en suelo europeo desde 1945 con una frase glacial: «no nos afecta, estamos a miles de kilómetros». Debemos oponernos sin matices a la agresión rusa y al uso de la fuerza para conquistar territorios, y precisamente por ello celebro cada paso —aún tímido— hacia una defensa europea autónoma. Pero la tragedia de nuestro tiempo cabe en ese contraste: el garante histórico de la seguridad europea ha dejado de creer en ella, y Europa todavía no se cree capaz de sustituirlo. En estos tres frentes —Teherán, Évian, Kiev— se libra la misma batalla: la del sentido común y la responsabilidad frente a la intuición y el exabrupto. Confío, como siempre, en que el sistema, y la sensatez de quienes lo sostienen acaben imponiéndose. |