Irán, Kiev, Pekín y la OTAN: todos los frentes apuntan al mismo problema, un Occidente sin estrategia clara

El Papa León XIV y Trump
El Papa León XIV y Trump

El mundo amanece este 28 de mayo de 2026 en una encrucijada de tensiones simultáneas que desafían la arquitectura de seguridad internacional construida con tanto esfuerzo tras 1945. Cinco vectores de crisis convergen en las últimas veinticuatro horas: las negociaciones entre Washington y Teherán sobre el Estrecho de Ormuz y el arsenal nuclear iraní siguen empantanadas pese a las declaraciones optimistas de un presidente Trump que, una vez más, antepone el impacto mediático a la sustancia diplomática; Moscú escalada de manera deliberada y amenazante su campaña de destrucción contra Kiev, ordenando la evacuación de diplomáticos extranjeros en un gesto que los analistas identifican como una intimidación calculada ante el fracaso de sus objetivos bélicos en el terreno; la cumbre Trump-Xi celebrada en Pekín a mediados de mes dejó un regusto agridulce, con más escenografía que contenido real; el debate sobre el gasto en defensa en la OTAN pone de manifiesto la brecha de credibilidad que separa a Europa del sur —encabezada por una España gobernada con una irresponsabilidad que ya no sorprende aunque sigue indignando— de los aliados que sí han tomado en serio su propia seguridad; y el Líbano continúa en un frágil compás de espera en el que Hizbulá, esa organización terrorista brazo armado de la oligarquía yihadista de Teherán, se niega a cumplir los compromisos de alto el fuego.

Este analista viene advirtiendo desde hace meses que el Oriente Próximo atraviesa una reconfiguración tectónica sin precedentes desde la caída del Imperio Otomano. Lo que hoy presenciamos no es una crisis más: es el momento en que el orden o el caos se deciden, y en el que la timidez de Occidente —no de todos, pero sí de algunos de sus miembros más irresponsables— puede resultar irreparablemente costosa.

 

II. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. Las negociaciones EE. UU.-Irán sobre Ormuz y el programa nuclear siguen en impasse crítico

Hechos

El presidente Donald Trump declaró el pasado sábado 23 de mayo, mediante una publicación en redes sociales, que un acuerdo de paz con Irán que reabriría el Estrecho de Ormuz estaba «en gran medida negociado» y sería anunciado en breve. Sin embargo, la agencia de noticias iraní Fars desmintió de inmediato tales afirmaciones, calificándolas de «incompletas e inconsistentes con la realidad». Teherán confirmó que el Estrecho permanecería bajo gestión iraní y que la cuestión nuclear —aspecto central para Washington— no formaba parte de ningún acuerdo preliminar. El secretario de Estado Marco Rubio, desde la cumbre de la OTAN en Suecia el viernes anterior, admitió que existía «un ligero movimiento» en las conversaciones mediadas por Pakistán, pero se cuidó de no exagerar el progreso. Rubio reiteró que los criterios del acuerdo incluyen la prohibición permanente de que Irán obtenga un arma nuclear, la reapertura del estrecho sin peajes y la entrega del uranio enriquecido. El bloqueo naval estadounidense de puertos iraníes ha superado ya los cien buques interceptados o redirigidos desde su imposición en abril. La crisis afecta al flujo de veinte millones de barriles de petróleo diarios —aproximadamente el veinte por ciento del comercio marítimo de crudo a nivel mundial— que transitan por ese cuello de botella estratégico.

Implicaciones

La divergencia entre la narrativa triunfalista de Trump y la realidad sobre el terreno —denunciada con crudeza por la propia agencia semioficial iraní— ilustra, una vez más, la tendencia del presidente estadounidense a confundir el anuncio con el logro. La oligarquía yihadista de Teherán ha aprendido a jugar con los tiempos y las palabras, y la triúnvira del CGRI (Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica) —con el general Ahmed Vahidi al frente, junto a Zolghadr y Rezaei— sabe perfectamente que cada día que pasa con el estrecho cerrado es un día de presión económica sobre el mundo, pero también un día de palanca negociadora para el régimen. La paradoja del descabezamiento —sin árbitro interno capaz de imponer disciplina tras la muerte de Jamenei— convierte estas negociaciones en un laberinto de señales contradictorias en el que nadie en Teherán puede comprometerse con nada de manera definitiva. La cuestión nuclear, deliberadamente apartada por Irán del acuerdo preliminar sobre Ormuz, es la pieza que Washington no puede ceder sin comprometer la esencia misma de sus objetivos de guerra.

Perspectivas y escenarios

El escenario A —acuerdo completo con desnuclearización verificable— sigue siendo el más improbable a corto plazo (probabilidad estimada: 15%). El escenario B —acuerdo parcial sobre Ormuz con posposición indefinida del expediente nuclear— gana enteros (40%), pero entrañaría una victoria estratégica de Teherán que Trump difícilmente podría vender políticamente. El escenario C —ruptura del alto el fuego con reanudación de hostilidades— permanece inquietantemente vivo (35%), especialmente si los ultraconservadores del CGRI deciden que la presión táctica compensa el riesgo de nuevos bombardeos. Este analista estima que la ausencia de un plan para el día después —el talón de Aquiles imperdonable de esta operación desde el primer momento— seguirá lastrando cualquier acuerdo que se alcance, convirtiendo lo que podría ser una victoria histórica en un triunfo efímero.

 

2. Rusia amenaza con “ataques sistemáticos” sobre Kiev y ordena evacuar a diplomáticos extranjeros

Hechos

En una escalada de extraordinaria gravedad, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia publicó el lunes 25 de mayo una declaración en la que advertía que las Fuerzas Armadas rusas iniciarán «ataques sistemáticos y secuenciales» sobre instalaciones militares e industriales de Kiev, instando a todos los ciudadanos extranjeros —incluido el personal de misiones diplomáticas y organizaciones internacionales— a abandonar la capital ucraniana «lo antes posible». El ministro Sergei Lavrov transmitió personalmente esta advertencia al secretario de Estado Marco Rubio en una llamada telefónica, solicitándole que evacuase el personal de la embajada estadounidense. Rubio confirmó conocer el aviso —dirigido a todas las embajadas— y señaló que Lavrov le informó directamente de que «Kiev va a ser un lugar muy peligroso». La amenaza se produce un día después de uno de los ataques rusos más devastadores sobre la capital ucraniana desde 2022, que causó dos muertos y más de noventa heridos. Moscú justificó la escalada como represalia por un ataque ucraniano con drones sobre una residencia estudiantil en Starobilsk —ciudad ocupada en la región de Lugansk—, que habría causado al menos dieciocho muertos. Según el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), las fuerzas rusas han experimentado una pérdida neta de cien millas cuadradas de territorio ucraniano en el período comprendido entre el 28 de abril y el 26 de mayo de 2026.

Implicaciones

La amenaza rusa de evacuar embajadas y atacar de manera sistemática Kiev es, ante todo, un instrumento de guerra psicológica y diplomática. Analistas del Fondo Marshall Alemán en Varsovia señalan con acierto que Rusia recurre a esta táctica de intimidación precisamente porque sus objetivos bélicos «no se están cumpliendo en el terreno» y Ucrania ha ganado la iniciativa táctica. Putin necesita cambiar la narrativa, presionar a Occidente para que abandone Kiev a su suerte y obtener concesiones en una mesa de negociación que hasta ahora no existe —Rubio confirmó que no hay conversaciones de paz programadas—. La amenaza tiene también una dimensión específicamente dirigida a Washington: en un momento en que la atención de Trump está completamente absorbida por el teatro iraní, Moscú intenta recordar que sigue siendo un actor capaz de fijar la agenda. Las guerras de temperatura variable de este período histórico nunca se libran en un único frente: la sinergia entre la presión rusa en Ucrania y el conflicto iraní forma parte de una coordinación estratégica entre Moscú y Teherán que este analista lleva años documentando.

Perspectivas y escenarios

La amenaza rusa puede materializarse en nuevas oleadas de misiles y drones de alta intensidad sobre Kiev, con el objetivo de paralizar las instituciones ucranianas y forzar la evacuación de misiones diplomáticas que privaría a Zelenski de la presencia legitimadora de Occidente en su capital. Lo que Moscú no puede comprar con bombas —el colapso de la resistencia ucraniana— intenta lograrlo mediante el terror psicológico. Europa, cuya clase política mediocre y miope sigue sin entender la dimensión existencial de este conflicto, debe responder con más apoyo a Ucrania, no con llamadas a la negociación que solo benefician al agresor.

 

3. La cumbre Trump-Xi en Pekín: mucha escenografía, escasa sustancia

Hechos

Los días 14 y 15 de mayo de 2026 se celebró en Pekín la primera visita de Estado de Donald Trump a China desde 2017, con una cumbre que concitó enorme expectación internacional. Trump llegó acompañado de algunos de los principales ejecutivos del sector tecnológico y empresarial estadounidense, entre ellos Elon Musk y Jensen Huang, CEO de Nvidia. El acuerdo más concreto alcanzado fue el compromiso de China de adquirir 200 aviones Boeing —una cifra muy por debajo de los 500 que Trump había prometido antes del viaje—, lo que provocó una caída del 4% en las acciones de la compañía. Ambas partes acordaron desarrollar «lazos de cooperación más estrechos» bajo el marco de una «relación estratégica constructiva y estable», fórmula diplomática lo suficientemente vaga como para interpretarse de maneras radicalmente distintas en Washington y en Pekín. Trump afirmó haber resuelto «muchos problemas diferentes», mientras que los análisis independientes del CSIS (Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales), Brookings y el Atlantic Council coincidieron en calificar los resultados como «modestos», «escasos en sustancia» y «centrados en la óptica más que en los resultados». Xi logró una concesión retórica de Trump sobre Taiwán. No hubo extensión explícita de la tregua comercial. China conserva su posición de fuerza en las tierras raras y los semiconductores.

Implicaciones

La cumbre de Pekín confirma lo que este analista ha descrito en reiteradas ocasiones como la rivalidad sistémica entre el poder establecido y el poder ascendente, con modelos incompatibles de organización política y económica. China llega a esta mesa de negociación en una posición objetivamente más fuerte que hace doce meses: controla entre el 75 y el 80% de la producción mundial de tierras raras y el 95% de su capacidad de refinado; Pekín dominó la red continental de comunicaciones cuánticas y sus satélites; y el yuan gana presencia en el sistema de pagos internacionales. El «jardín pequeño, valla alta» —la política estadounidense de restricciones selectivas sobre tecnologías críticas— sigue siendo la apuesta más coherente de Washington, pero exige coherencia y continuidad que la errática política exterior de Trump no siempre garantiza. La trampa de Tucídides —acuñada por Graham T. Allison— es más real que nunca, y la cumbre de Pekín no la ha desactivado: la ha suspendido temporalmente, lo que no es lo mismo.

Perspectivas y escenarios

El período de «estabilidad constructiva» acordado entre Trump y Xi es, ante todo, un compás de espera que ambos líderes necesitan: Trump para gestionar el conflicto iraní y las elecciones de medio mandato; Xi para consolidar su posición interior y avanzar en la modernización militar. Los socios transaccionales de China —Rusia e Irán— siguen siendo socios, no aliados, lo que proporciona cierto margen de maniobra a Washington. Pero ningún analista serio puede ignorar que Pekín sale de Pekín con más de lo que entró, mientras que Trump sale con fotos y un pedido de aviones más pequeño de lo prometido.

 

4. El Líbano y la fragilidad del alto el fuego: Hizbulá sigue siendo el nudo gordiano

Hechos

Israel y Líbano acordaron el 15 de mayo, tras dos días de conversaciones directas en Washington —históricamente inéditas entre los embajadores de ambos países— una prórroga de cuarenta y cinco días del alto el fuego, con vistas a negociar un acuerdo de paz duradero que incluya el pleno reconocimiento de la soberanía mutua y la seguridad en la frontera común. El Departamento de Estado estadounidense calificó las conversaciones de «altamente productivas». Sin embargo, el Soufan Center —uno de los think tanks más rigurosos en materia de contraterrorismo— advirtió el 22 de mayo que el conflicto «sigue activo pese al alto el fuego», con Hizbulá mejorando sistemáticamente su capacidad de guerra de drones contra las fuerzas israelíes. La organización terrorista financiada por Teherán rechaza las negociaciones directas entre Beirut y Tel Aviv como una «capitulación» del gobierno libanés. El Líbano, por su parte, se niega a ordenar directamente a sus fuerzas armadas que combatan a Hizbulá —lo que revelaría la auténtica estructura de poder en el país—, mientras exige a Israel la retirada del sur del país y el respeto al alto el fuego. En este contexto de ambigüedad deliberada, Hizbulá sigue siendo un Estado dentro del Estado, fiel a sus amos de Teherán con la lealtad de quien sabe que su supervivencia depende exclusivamente de ellos.

Implicaciones

La disyuntiva libanesa es, en el fondo, una manifestación más de la fractura sistémica contenida que caracteriza a todo el arco de inestabilidad que va desde el Golfo Pérsico hasta el Mediterráneo oriental. Hizbulá no es una milicia: es una organización terrorista con capacidades militares de primer orden, financiada, armada y dirigida por la oligarquía yihadista de Teherán. Cada uno de sus miembros, desde el combatiente razo hasta el cuadro político, es individualmente un terrorista. El intento de Irán de vincular cualquier acuerdo en el Líbano a un settlement (acuerdo global) sobre el conflicto iraní más amplio ha sido rechazado por Washington e Israel, con razón: ceder en ese punto equivaldría a otorgar a Hizbulá un poder de veto sobre la arquitectura de seguridad regional que ningún Estado democrático puede aceptar.

Perspectivas y escenarios

El desarme de Hizbulá —exigido tanto por la resolución 1559 del Consejo de Seguridad de la ONU como por el gobierno libanés, al menos de boquilla— es el requisito sine qua non para cualquier paz duradera. La historia reciente demuestra que sin esa condición, los altos el fuego no son más que pausas tácticas que el partido de Dios utiliza para rearmarse y reorganizarse. Este analista no alberga grandes ilusiones sobre la capacidad del actual gobierno de Beirut para imponer el desarme: el Estado libanés es, desde hace décadas, un rehén del poder paralelo de Hizbulá. Lo que sí puede ocurrir, y de ello depende el éxito o el fracaso del proceso, es que la presión combinada de EEUU, Francia y Arabia Saudí sobre las facciones sunnitas y cristianas de Beirut genere una dinámica política interna que aisl Hizbulá y erosione su base de legitimidad.

 

5. OTAN: Todos los aliados superan el 2% del PIB en Defensa; España sigue en el banquillo de los irresponsables

Hechos

El informe anual del Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, presentado en Bruselas el 26 de marzo de 2026, confirmó que por primera vez en la historia de la Alianza todos los aliados superan el objetivo del 2% del PIB en gasto de defensa, con un incremento del 20% en el gasto europeo y canadiense respecto a 2024. Noruega se convirtió en el primer aliado europeo en superar a Estados Unidos en gasto de defensa per cápita. En la Cumbre de La Haya de junio de 2025, los aliados acordaron el compromiso de alcanzar el 5% del PIB en defensa y seguridad para 2035. España obtuvo una exención formal a ese compromiso, en el único caso de ese tipo en toda la Alianza. Polonia lidera el gasto relativo con el 4,48% del PIB, seguida de los países bálticos: Lituania (4%), Letonia (3,73%) y Estonia (3,38%). Mientras tanto, el canciller alemán Friedrich Merz ha instado a España a elevar su gasto al 3 o el 3,5%, en línea con lo acordado en la OTAN. En paralelo, Trump ha amenazado con sanciones comerciales a España por su negativa a permitir el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones contra Irán, un escándalo que ha llevado a voces influyentes del entorno republicano a pedir la expulsión de España de la Alianza.

Implicaciones

La situación de España en el seno de la OTAN es, a estas alturas, una anomalía escandalosa que refleja el nivel de irresponsabilidad histórica del gobierno de Sánchez. Las bases de Rota y Morón no son bases españolas prestadas a los americanos: son instalaciones de la Alianza Atlántica, activos estratégicos del mundo libre que el gobierno de Sánchez ha utilizado como moneda de presión ideológica y de alineamiento con narrativas hostiles a Occidente. Los aviones cisterna norteamericanos que operaban desde esas bases fueron retirados ante la negativa española. La incoherencia es tan grosera como perturbadora: las bases siguen formando parte del apoyo logístico operativo de la OTAN —incluyendo el sistema antimisiles con Rota como nodo esencial— mientras el gobierno mantiene un discurso de neutralidad que sus propios aliados califican como, en palabras del senador norteamericano Lindsey Graham, «el modelo de un liderazgo europeo patéticamente débil».

Perspectivas y escenarios

La exención española en el compromiso del 5% no es un triunfo diplomático: es un sello de vergüenza en el historial atlantista de un país que debería ser protagonista de la seguridad del sur de Europa. La presión de Trump, aunque formulada con la exageración que le caracteriza, apunta a una realidad objetiva: no se puede ser miembro de la Alianza y comportarse como si la seguridad colectiva fuera una opción prescindible. La coherencia que este analista exige no es maximalismo: es el mínimo ético que se espera de un socio leal. España debe subir su gasto de defensa al 3% del PIB de manera creíble y urgente, y debe clarificar de una vez por todas el uso de sus bases en el contexto de las obligaciones de la Alianza. Mientras eso no ocurra, el daño a la credibilidad de España será acumulativo e irreparable.

 

6. Ucrania, bajo presión rusa en el terreno mientras Trump mira hacia Irán

Hechos

Según el último informe de Russia Matters (Harvard Kennedy School) del 27 de mayo de 2026, basado en datos del ISW, las fuerzas rusas han experimentado una pérdida neta de cien millas cuadradas de territorio ucraniano en el período del 28 de abril al 26 de mayo. Sin embargo, la fuente ucraniana DeepState ofrece una lectura ligeramente distinta, con una ganancia neta rusa de 20,9 millas cuadradas en el mismo período, lo que refleja la volatilidad y dinamismo del frente. Los cortes de energía provocados por los ataques rusos han reducido el crecimiento económico de Ucrania en 2,5 puntos porcentuales en lo que va de 2026. Rubio confirmó que no existen negociaciones de paz programadas, mientras que Putin utiliza la escalada sobre Kiev —incluyendo la orden de evacuación de diplomáticos— como instrumento de presión psicológica. Moscú y Minsk realizaron ejercicios nucleares estratégicos conjuntos, con participación de los respectivos líderes mediante videoconferencia. Corea del Norte sigue enviando soldados a Ucrania, en lo que Kim Jong Un ha calificado públicamente de «lealtad máxima».

Implicaciones

La guerra en Ucrania atraviesa una fase de agotamiento táctico en la que ninguno de los dos bandos logra imponer una ruptura decisiva en el frente, pero en la que Rusia intenta compensar sus fracasos militares con una estrategia de destrucción económica y terror psicológico. La distracción de Trump con el conflicto iraní es una ventana de oportunidad que Putin no desaprovechará: cada semana que pasa sin presión americana sobre Moscú es una semana que el Kremlin utiliza para consolidar posiciones, cebar su economía de guerra y tentar a los aliados de Kiev a reducir su apoyo. Los ejercicios nucleares con Bielorrusia y la presencia de tropas norcoreanas son señales inequívocas de que Moscú construye una arquitectura de apoyo multilateral que merece atención urgente. La incoherencia de apoyar a Ucrania —como hace la UE— mientras se permite que la presión disminuya —como hace quien no ve más allá de las próximas elecciones— es exactamente el tipo de error que la historia no perdona.

Perspectivas y escenarios

El invierno de 2026-2027 será determinante. Rusia apuesta a que los cortes energéticos acumulados y el cansancio de los aliados europeos produzcan una fisura en el apoyo occidental que le permita negociar desde una posición de fuerza. Ese cálculo solo puede frustrarse si Europa —¡toda Europa, incluidas sus capitales más dubitativas!— redobla su compromiso militar y financiero con Kiev. El agotamiento de Ucrania es el objetivo estratégico central de Putin; impedirlo debería ser el objetivo estratégico central de Occidente. No hay más que decir.

 

III. RACK DE MEDIOS

El New York Times y el Washington Post dedican amplios análisis a las contradicciones entre el optimismo declaratorio de Trump sobre el acuerdo con Irán y la versión iraní de la Fars News Agency, que lo desmiente punto por punto. Ambos rotativos apuntan a la ausencia de avances en la cuestión nuclear —el verdadero núcleo del conflicto— como el factor que hace inviable cualquier acuerdo duradero a corto plazo.

The Times de Londres y The Telegraph subrayan la gravedad estratégica de la amenaza rusa de atacar sistemáticamente Kiev, con The Telegraph calificando la orden de evacuación diplomática de «intento de capitulación psicológica por otros medios». Ambos coinciden en la lectura de que Rusia actúa desde una posición de debilidad táctica pero peligrosa impunidad estratégica.

El Financial Times y el Wall Street Journal ofrecen los análisis más completos sobre la cumbre Trump-Xi, coincidiendo con CSIS, Brookings y el Atlantic Council en que los resultados son «más óptica que sustancia» —mucho Boeing prometido, poco ejecutado— y que China ha obtenido una concesión retórica sobre Taiwán que Pekín tratará de explotar.

Le Monde y Le Figaro, desde ángulos editoriales distintos pero con idéntica nitidez analítica, subrayan el deterioro de la posición europea ante la nueva arquitectura de seguridad que emerge del conflicto iraní, con especial atención al escándalo de las bases españolas. Le Figaro utiliza el término «abdicación» para referirse a la actitud del gobierno Sánchez.

La FAZ y Die Welt reflejan el nuevo consenso alemán en torno al gasto de defensa: el canciller Merz ha convertido la presión sobre España en un asunto de principio, no de cortesía diplomática. Die Zeit aporta un largo análisis sobre el peligro de que la distracción iraní de Washington debilite irremediablemente el flanco Este de la OTAN.

Al Jazeera y Al Arabiya ofrecen coberturas divergentes: la primera mantiene su sesgo favorable a las posiciones del eje de resistencia (léase Irán y sus proxies terroristas); la segunda, más alineada con Riad, enfatiza el coste económico del bloqueo del Estrecho y la urgencia del acuerdo. Asharq Al-Awsat —la publicación arabófona de referencia del mundo del Golfo— publica un análisis exhaustivo sobre la fractura interna del CGRI iraní tras la muerte de Jamenei.

Reuters, AFP y AP mantienen la cobertura factual más rigurosa de todas las crisis simultáneas. Es reseñable que Reuters cite a «una fuente iraní senior» negando expresamente cualquier acuerdo sobre el uranio enriquecido, lo que contradice las declaraciones públicas de Trump.

Axios y Politico, desde Washington, publican análisis sobre el estado caótico de la diplomacia iraní desde la Casa Blanca, con especial atención a la brecha entre los mensajes de Trump y los de Rubio. Axios revela que la propuesta iraní de acuerdo parcial —solo el estrecho, sin el expediente nuclear— divide profundamente al equipo de seguridad nacional americano.

TASS y Russia Today (RT) reproducen la narrativa del Kremlin sobre la «necesidad» de los ataques sobre Kiev como respuesta al «terrorismo del régimen de Kiev», en lo que constituye un ejercicio de desinformación tan tosco como sistemático. Su mención aquí tiene únicamente valor referencial: son instrumentos de propaganda estatal, no fuentes de información.

El Corriere della Sera y L'Osservatore Romano dedican atención a las implicaciones humanitarias del bloqueo del Estrecho de Ormuz, con L'Osservatore Romano reproducciendo la postura del Papa, quien ha calificado de «inmorales» los obstáculos al libre paso de mercancías vitales para la población civil.

Ukrinform y Kyiv Independent mantienen una cobertura detallada y contrastada de la situación en el frente, desmintiendo con datos geolocalizados las afirmaciones rusas sobre sus avances territoriales.

 

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

🔴 RIESGO EXTREMO — Negociaciones EEUU-Irán / Estrecho de Ormuz

El impasse entre Washington y Teherán sobre el expediente nuclear en el contexto de las conversaciones para reapertura del Estrecho de Ormuz constituye hoy el mayor riesgo geopolítico del panorama internacional. La brecha entre las declaraciones de Trump —que augura un acuerdo inminente— y la posición iraní —que lo desmiente— crea el escenario perfecto para una ruptura súbita del alto el fuego y una reanudación de hostilidades de consecuencias imprevisibles sobre los mercados energéticos mundiales, la inflación global y la estabilidad de los socios del Golfo. El triúnviro del CGRI —Vahidi, Zolghadr y Rezaei— carece de la autoridad de Jamenei para imponer disciplina interna: la paradoja del descabezamiento convierte cualquier acuerdo en estructuralmente frágil, ya que ninguno de los tres tiene poder suficiente para obligar a los demás a respetar sus términos.

🔴 RIESGO EXTREMO — Escalada rusa en Ucrania / Amenaza sobre Kiev

La amenaza de «ataques sistemáticos» sobre Kiev y la orden de evacuación de diplomáticos extranjeros constituyen una escalada deliberada y peligrosísima de la estrategia rusa de terror y presión psicológica. Si Putin decide materializar la amenaza con una campaña de destrucción masiva sobre la capital ucraniana —precedida de la evacuación de testigos incómodos—, las consecuencias para la credibilidad de la Alianza Atlántica y para la resistencia ucraniana pueden ser devastadoras. La distracción de Trump con Irán no hace sino agravar este riesgo, al enviar a Moscú la señal de que el momento es propicio para la acción.

🟠 RIESGO ALTO — Líbano: fragilidad del alto el fuego e irredentismo de Hizbulá

La extensión de cuarenta y cinco días del alto el fuego Israel-Líbano, acordada el 15 de mayo, proporciona un margen temporal, pero Hizbulá —la organización terrorista financiada por Teherán— continúa mejorando sus capacidades de guerra de drones y rechazando cualquier proceso de desarme. El Estado libanés sigue siendo incapaz de imponer su autoridad sobre el partido de Dios en el sur del país. El riesgo de una ruptura del alto el fuego iniciada por Hizbulá —para alinearse con una posible reanudación del conflicto iraní— es real y no debe subestimarse. La comunidad internacional debe exigir el despliegue efectivo del ejército libanés en el sur y el cumplimiento de la Resolución 1701.

🟠 RIESGO ALTO — Rivalidad sistémica EEUU-China: ausencia de acuerdos sólidos post-cumbre Pekín

La cumbre Trump-Xi del 14 y 15 de mayo no produjo los acuerdos estructurales necesarios para estabilizar la relación sino-americana. Las concesiones retóricas de Trump sobre Taiwán —sin garantías verificables de que Pekín modifique su postura—, la ausencia de una extensión explícita de la tregua comercial y el dominio chino sobre las tierras raras y los semiconductores avanzados configuran un escenario de vulnerabilidad estructural para Occidente. China avanza sin apresuramientos en su estrategia de largo plazo, mientras Washington oscila entre el triunfalismo y la imprevisión. Esta rivalidad sistémica —que no es una nueva Guerra Fría, porque es cualitativamente diferente— exige una estrategia coherente y sostenida que el trumpismo transaccional no garantiza.

🟡 RIESGO MODERADO — OTAN: credibilidad del sur de Europa y posición de España

La exención española del compromiso del 5% del PIB en defensa y la negativa del gobierno Sánchez a permitir el uso de Rota y Morón para operaciones vinculadas a la respuesta ante Irán generan un daño acumulativo a la credibilidad de España en el seno de la Alianza. La presión norteamericana y alemana —Merz ha pedido explícitamente a España que suba al 3 o el 3,5%— refleja una pérdida de confianza entre aliados que puede acabar teniendo consecuencias institucionales. El riesgo a corto plazo es moderado porque los mecanismos formales de la OTAN no se han activado; el riesgo a medio plazo —si España sigue siendo el eslabón débil del sur de Europa— es considerablemente mayor.

 

V. COMENTARIO EDITORIAL

Hay jornadas en las que la actualidad internacional parece una acumulación aleatoria de crisis. Este 28 de mayo de 2026 no es una de esas jornadas: es una en la que los hilos que conectan cada crisis resultan visibles para quien se tome la molestia de mirar con atención. El impasse sobre el Estrecho de Ormuz y el programa nuclear iraní, la amenaza rusa de destrucción sistemática sobre Kiev, la tibieza de los resultados de la cumbre Trump-Xi y el escándalo permanente de la postura española en la OTAN no son fenómenos aislados: son capítulos de una misma novela sobre el declive del orden liberal multilateral que Occidente construyó —con sangre y esfuerzo— durante la segunda mitad del siglo XX.

Trump tiene razón en el diagnóstico sobre Irán: el régimen de la oligarquía yihadista de Teherán es una amenaza real, inmediata y permanente que no puede ser ignorada ni apaciguada. Pero tener razón en el diagnóstico y equivocarse en el tratamiento no es una virtud: es una irresponsabilidad de primer orden. Un presidente que anuncia acuerdos que el adversario desmiente en tiempo real; que no tiene plan alguno para el día después del acuerdo o del colapso del régimen; que confunde el impacto mediático de una declaración en redes sociales con la solidez de un compromiso diplomático —ese presidente necesita a Marco Rubio más que nunca, y Rubio necesita que su jefe le deje trabajar con la seriedad que el momento exige.

Sobre Ucrania es necesario decirlo sin eufemismos: la amenaza rusa de convertir Kiev en un campo de ruinas no es una declaración vacía de contenido. Es la manifestación de la desesperación de un régimen que no puede ganar en el campo de batalla y que intenta ganar en la mesa de negociación mediante el terror. Occidente —incluyendo a una Unión Europea que lleva cuatro años en la sala de espera de la Historia— debe responder con firmeza, con armamento, con apoyo financiero y con la claridad política que hasta ahora ha faltado. Ucrania no puede perder porque, si pierde, será Moldavia la próxima, luego los países bálticos, y entonces el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte dejará de ser el pilar del orden europeo para convertirse en una reliquia del tiempo en que Occidente todavía se tomaba en serio su propia supervivencia.

Y sobre España, con el dolor que produce ver a un gran país —con una historia diplomática brillante, con una Transición que fue modelo universal, con una posición geográfica estratégica de primer orden— rebajado al papel de aliado sospechoso, de socio poco fiable, de gobierno cuya neutralidad ante la oligarquía yihadista de Teherán mereció el agradecimiento de la embajada iraní: la factura de esta irresponsabilidad llegará antes de lo que el señor Sánchez cree. Y la pagará España entera, no solo quien la contrajo. 

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