Putin vuelve a usar el terror aéreo como herramienta negociadora contra Kyiv

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La jornada del 2 de junio de 2026 concentra, con escalofriante simultaneidad, varios de los grandes ejes de inestabilidad que vienen definiendo el orden internacional en este convulso arranque de la segunda mitad de la década: la guerra de agresión rusa contra Ucrania alcanza en esta madrugada uno de sus picos de brutalidad más intensos desde el inicio de la invasión a gran escala.

El frente israelo-libanés amenaza con desbordarse pese a un acuerdo de alto el fuego parcial que nadie respeta; la tensión entre Washington y Tel Aviv estalla en un intercambio telefónico de una crudeza inédita. 

El mundo tecnológico vive en paralelo una semana de capitalismo de plataforma acelerado —con Anthropic encaminándose a la bolsa, Alphabet captando ochenta mil millones de dólares para alimentar su ambicioso plan de expansión de su división de inteligencia artificial y Nvidia confirmando que la demanda de sus procesadores es sencillamente insaciable— mientras la Unión Europea, fiel a su secular incapacidad de mirar más allá de sus propias fronteras regulatorias, responde al reto global de la inteligencia artificial con un arsenal de normas proteccionistas que no construyen capacidad propia sino que, en la práctica, entorpecen el acceso de las empresas europeas a las mismas herramientas y capacidades que los EEUU o China. 

Este analista lleva meses advirtiendo de la convergencia entre la barbarie rusa, la volátil ecuación del Oriente Próximo y la creciente tensión transatlántica en los ámbitos político, geopolítico, económico y comercial así como en el decisivo sector  tecnológico. Los hechos de esta jornada no hacen sino confirmar ese diagnóstico con una nitidez que haría ruborizarse a quienes aún confían en la estabilidad del sistema. Empecemos por los hechos.

 

II. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. Rusia lanza uno de los ataques aéreos más devastadores de la guerra contra Ucrania

Hechos

En la madrugada del martes 2 de junio, las fuerzas armadas rusas lanzaron un ataque masivo y coordinado contra múltiples ciudades ucranianas, con especial ferocidad sobre Kyiv y Dnipro. Las fuerzas aéreas ucranianas informaron del lanzamiento simultáneo de 73 misiles —crucero, balísticos e hipersónicos— y 656 drones, que impactaron en 38 localizaciones distintas repartidas por todo el territorio. El balance provisional arroja al menos once muertos y más de cien heridos. En Kyiv, al menos cuatro personas perdieron la vida y otras 58 resultaron heridas, incluyendo varios menores, según el alcalde Vitali Klitschkó. Edificios residenciales, una clínica, una gasolinera y numerosas infraestructuras civiles quedaron destruidas o gravemente dañadas en ocho distritos de la capital. En Dnipro, el resultado fue todavía más letal: siete muertos y al menos 25 heridos, entre ellos niños. En Járkiv, segunda ciudad del país, al menos seis personas resultaron heridas, incluida una niña de once años.

El contexto político es igualmente revelador. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, por boca de Serguéi Lavrov, había advertido el día anterior al secretario de Estado Marco Rubio de que Moscú lanzaría ataques «sistemáticos y consistentes» contra instalaciones militares en Kyiv y «centros de toma de decisiones pertinentes», llegando a recomendar la evacuación del personal diplomático y de los ciudadanos estadounidenses. La advertencia se cumplió con aterradora puntualidad.

Implicaciones

Rusia demuestra, una vez más, su voluntad de emplearse a fondo en el terror contra la población civil precisamente en los momentos en que las negociaciones de paz —por vagas y borrosas que sean— parecen ganar algo de tracción. Este patrón no es accidental: es doctrina. Moscú utiliza los ataques masivos como palanca negociadora para maximizar su posición antes de cualquier acuerdo, al tiempo que destruye sistemáticamente la infraestructura que Ucrania necesitaría para su reconstrucción postbélica. La escala del ataque —73 misiles y 656 drones en una sola noche— representa además una señal inequívoca de que la industria de defensa rusa, pese a las sanciones, sigue produciendo a un ritmo que debería avergonzar a los socios occidentales de Ucrania, incapaces de mantener el ritmo de suministro de municiones prometido.

La advertencia previa de Lavrov a Rubio introduce un elemento de deliberada escalada diplomática: Moscú no sólo ataca, sino que avisa antes de hacerlo, convirtiendo cada bombardeo en un mensaje político dirigido tanto a Kyiv como a Washington. La recomendación de evacuar diplomáticos estadounidenses tiene un evidente componente de presión psicológica sobre la Casa Blanca en un momento en que Trump busca desesperadamente algún avance negociador.

Perspectivas y escenarios

La continuación de ataques de esta magnitud indica que Rusia no siente ninguna presión real para frenar su máquina bélica. Las negociaciones de paz, en este contexto, no son un camino hacia la paz sino una táctica para ganar tiempo y mejorar la posición de partida. Mientras Occidente no aumente de manera sustancial el coste que Rusia paga por cada ataque —sea mediante sistemas de defensa más robustos, sanciones verdaderamente eficaces o respuestas asimétricas— el ciclo de terror seguirá. La pregunta que nadie en las cancillerías europeas parece querer responder es cuántas Kyivs más necesitan arder antes de que Europa entienda que su propia seguridad está siendo destruida con cada misil que cae sobre suelo ucraniano.

 

2. Conversación explosiva entre Trump y Netanyahu: “Estás loco” y un pulso sobre El Líbano

Hechos

El lunes 1 de junio, el presidente Donald Trump mantuvo una llamada telefónica con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu que, según fuentes de primera mano citadas por Axios y confirmadas por el Times of Israel, se convirtió en uno de los intercambios más tensos entre ambos mandatarios desde que Trump regresó a la Casa Blanca. Trump, furioso por la escalada israelí en el Líbano, utilizó un lenguaje de una brusquedad inusitada incluso para sus estándares, llegando a decir al líder israelí «estás jodidamente loco» (en el original inglés: «you're fucking crazy») y recordándole que «estarías en prisión si no fuera por mí». Trump exigió a Netanyahu que frenara los planes de ataque israelí sobre Beirut y su cinturón sur, controlado por los terroristas de Hezbolá. Tras la llamada, Trump publicó en Truth Social que la conversación había sido «productiva» y anunció que Israel y Hezbolá dejarían de atacarse mutuamente en las próximas horas.

Sin embargo, la realidad sobre el terreno desmintió de inmediato el optimismo del presidente estadounidense. Netanyahu declaró pocas horas después que Israel continuaría sus operaciones militares en el sur del Líbano «según lo planeado», mientras que el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, negó lisa y llanamente la existencia de alto el fuego alguno. El Líbano anunció por su parte un alto el fuego parcial según el cual Israel se abstendría de atacar Beirut y sus suburbios, mientras que Hezbolá cesaría sus ataques contra territorio israelí —aunque las hostilidades en el sur del Líbano continuaron sin interrupción esa misma tarde.

Implicaciones

La ruptura entre Trump y Netanyahu no es coyuntural: refleja una tensión estructural entre los objetivos estratégicos de ambos gobiernos. Netanyahu llegó a fanfarronear de tener a Trump “en el bolsillo trasero del pantalón”. Eso llegó a oídos de Trump y la relación se agrió de manera irreversible. Éste no es el primer choque entre ambos líderes, los ha habido en persona (cuando le obligó a disculparse con el primer ministro de Qatar) y varias veces por teléfono. Por otra parte Trump busca con toda urgencia un acuerdo con Irán que incluya garantías sobre su programa nuclear, y la escalada israelí en el Líbano —vista por Teherán como parte de un plan coordinado con Washington— ha llevado a Irán a suspender las negociaciones indirectas con Estados Unidos. El fanático triunvirato de supervivientes del régimen iraní, el general jefe de la Guardia Revolucionaria Ahmed VAHIDI, el general Zolghadr secretario general del Consejo de Seguridad Nacional y el general Mohsen Raezee asesor militar del “líder supremo” cree que las prisas de Trump son un signo inequívoco de su debilidad y de que ellos no perdiendo la guerra han ganado. Se equivocan radicalmente, pero la realidad no importa, pesa más la percepción que los hechos o la desastrosa situación económica de decenas de millones de iraníes. Netanyahu, en cambio, utiliza la presión militar sobre el Líbano para consolidar su posición política interna en vísperas de lo que él mismo presenta como un esfuerzo de «erradicación definitiva» de la capacidad operativa de Hezbolá. Ambas agendas son incompatibles en este momento, y la llamada del lunes puso esa incompatibilidad en evidencia con una crudeza que ningún comunicado oficial puede disimular.

El hecho de que Trump haya tenido que apelar al más crudo lenguaje para frenar una operación que su propio aliado tenía en marcha indica hasta qué punto Netanyahu siente que puede permitirse ignorar las presiones de Washington cuando su supervivencia política está en juego. Este analista viene advirtiendo desde hace meses de que Netanyahu opera con una lógica de maximización de su propia permanencia en el poder que no siempre coincide con los intereses estratégicos de Israel, y mucho menos con los de Estados Unidos.

Perspectivas y escenarios

El alto el fuego parcial anunciado es, en el mejor de los casos, un paréntesis. La profundidad de la ofensiva terrestre israelí en el Líbano —las tropas avanzan hacia el río Zahrani en la penetración más profunda en territorio libanés desde hace veinticinco años— y la determinación de Netanyahu de no dar marcha atrás hacen difícil imaginar una estabilización duradera. 

El escenario más probable a corto plazo es una escalada contenida: Israel evitará atacar Beirut para no irritar más a Trump, pero continuará sus operaciones en el sur con renovada intensidad. Hezbolá, mientras tanto, mantendrá un perfil más bajo en sus ataques directos sobre Israel pero no abandonará su posición en el sur. 

El riesgo real es que cualquier incidente —un ataque mortal sobre civiles israelíes o una respuesta israelí especialmente letal— haga saltar por los aires el frágil equilibrio.

 

3. El Líbano, entre el papel del acuerdo y el fuego de la realidad

Hechos

Directamente vinculada a la noticia anterior, la situación en el Líbano merece un tratamiento separado por su gravedad intrínseca. El 1 de junio, Lebanon anunció desde Washington un alto el fuego parcial negociado con intermediarios norteamericanos: Israel se comprometería a no atacar Beirut y sus suburbios bajo control de los terroristas de Hezbolá, mientras que la organización terrorista proxy de Irán se abstendría de atacar territorio israelí. El acuerdo fue anunciado por el propio Trump, que afirmó haber hablado con representantes de Hezbolá —algo sin precedentes para un presidente estadounidense, dado que Estados Unidos considera a Hezbolá una organización terrorista— y que Netanyahu había accedido a retirar las tropas preparadas para atacar Beirut.

En la madrugada del martes 2 de junio, el ejército israelí informó de la interceptación de dos proyectiles lanzados desde el Líbano hacia el norte de Israel. El acuerdo, sobre el papel, no había llegado ni a doce horas de vida antes de su primera violación. Mientras tanto, el comandante de la Fuerza Quds de los Guardianes de la Revolución Iraní (CGRI), Esmaeil Qaani, amenazó con ampliar el bloqueo del estrecho de Ormuz al estrecho de Bab el-Mandeb, otra arteria vital del comercio internacional en el mar Rojo.

Implicaciones

La situación en el Líbano ilustra con claridad meridiana los límites de la diplomacia transaccional que caracteriza el estilo Trump: un acuerdo anunciado con gran pompa que, en el terreno, no cambia nada. Hezbolá —organización terrorista que financia, arma y dirige Irán desde Teherán— no tiene ningún incentivo real para respetar un acuerdo que no incluye la retirada israelí del sur del Líbano, que es su condición sine qua non. Y Netanyahu no tiene ningún incentivo político para detener una ofensiva que, al menos en términos de presentación doméstica, le permite proyectar la imagen del hombre que está acabando con Hezbolá de una vez por todas. La amenaza iraní sobre el estrecho de Bab el-Mandeb añade una dimensión naval y económica a un conflicto que ya tiene demasiadas variables.

Perspectivas y escenarios

El Líbano se dirige hacia una nueva fase de deterioro. La población civil libanesa —ya devastada por décadas de dominación de Hezbolá, la pandemia económica de 2019 y la explosión del puerto de Beirut— paga el precio de una guerra que no eligió y de unos terroristas que gobiernan por la fuerza de las armas. Este analista, que conoce el Líbano desde dentro y que ha vivido personalmente algunos de sus peores momentos, alberga una profunda tristeza ante el espectáculo de un país extraordinario —el único árabe que fue democracia plena, el que más se acercó a la convivencia interconfesional— destruido sistemáticamente por los proxies del régimen oligárquico-yihadista de Teherán.

 

4. Revolución de la inteligencia artificial: Anthropic va a bolsa, Alphabet capta 80.000 millones y Nvidia confirma su hegemonía

Hechos

En menos de cuarenta y ocho horas, tres noticias de primera magnitud han redefinido el paisaje de la inteligencia artificial global. 

Primero: Anthropic, la empresa de inteligencia artificial fundada por Dario Amodei y su equipo, ha presentado de forma confidencial ante las autoridades reguladoras estadounidenses su solicitud de salida a bolsa —una OPI (oferta pública inicial), en el lenguaje anglosajón— en lo que representa una señal inequívoca de madurez del sector y una apuesta por la financiación pública en un momento de competencia feroz con OpenAI. 

Segundo: Alphabet, la matriz de Google, anunció un plan para captar 80.000 millones de dólares en capital mediante una emisión de acciones destinada a financiar su infraestructura de inteligencia artificial, con Berkshire Hathaway de Warren Buffett comprometiendo 10.000 millones mediante colocación privada. 

Tercero: Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, declaró que la compañía tiene capacidad suficiente para atender el «robusto crecimiento» de la demanda de procesadores de inteligencia artificial —tanto GPU como CPU— a pesar de las restricciones existentes, en un contexto en que Nvidia acaba de publicar unos resultados trimestrales récord de 81.600 millones de dólares en ingresos, con un crecimiento del 85% interanual.

Implicaciones

Las tres noticias apuntan en una misma dirección: la carrera por la supremacía en inteligencia artificial ha entrado en una fase de aceleración que requiere cantidades de capital difícilmente imaginables hace apenas dos años. La OPI de Anthropic, competidora directa de OpenAI y una de las empresas más relevantes en el campo de la inteligencia artificial responsable, indica que los inversores institucionales están dispuestos a apostar por modelos de negocio basados en la IA generativa incluso antes de que estos modelos hayan demostrado plenamente su rentabilidad a escala. La captación de 80.000 millones por parte de Alphabet —con el respaldo simbólico pero poderoso de Buffett— es una señal de que las grandes plataformas tecnológicas consideran que el gasto en infraestructura de IA no es opcional sino existencial: quien no construya hoy la capacidad de cómputo necesaria quedará fuera del mercado mañana.

Los datos de Nvidia son, en este contexto, el espejo más fiel de la dinámica real del sector. Con 75.200 millones de dólares de ingresos solo en el segmento de centros de datos —un 92% más que el año anterior— la empresa ha confirmado que la demanda de chips de inteligencia artificial no es una burbuja especulativa sino una transformación estructural de la economía global. La IA agéntica —capaz de actuar de forma autónoma en nombre de usuarios y empresas— está empezando a generar valor económico real y medible.

Perspectivas y escenarios

La concentración del ecosistema de inteligencia artificial en un puñado de grandes plataformas norteamericanas plantea preguntas de largo alcance sobre el equilibrio de poder tecnológico global. China, con DeepSeek y otros modelos de desarrollo propio con menores recursos computacionales, ha demostrado que la brecha no es insalvable. Europa, como veremos en la siguiente noticia, opta por el camino equivocado. El riesgo de una polarización tecnológica análoga a la polarización geopolítica que ya vivimos —con bloques incompatibles de infraestructura digital— es real y creciente. Este analista cree que Occidente debe apostar decididamente por el desarrollo de inteligencia artificial propia, competitiva y abierta, antes de que la ventana de oportunidad se cierre.

 

5. Europa, en dirección contraria: la UE blinda sus contratos públicos de nube contra Amazon, Google y Microsoft

Hechos

Según documentos confidenciales filtrados a Reuters y publicados el 1 de junio, la Comisión Europea está preparando una propuesta regulatoria —enmarcada en la denominada Ley de Desarrollo de la Nube e Inteligencia Artificial— que establecería criterios de exclusión de facto para que Amazon Web Services, Google Cloud y Microsoft Azure no puedan participar en contratos públicos altamente sensibles en la Unión Europea. La propuesta, que anunciará la comisaria de Tecnología Henna Virkkunen, introduce criterios de adjudicación no vinculados al precio —incluyendo requisitos de desarrollo de software y hardware dentro de la UE, auditorías del grado de control de terceros países sobre la empresa proveedora y evaluaciones de reciprocidad de mercado— que en la práctica discriminan a las grandes plataformas norteamericanas. Los sectores afectados incluirían banca, energía, sanidad y defensa.

Implicaciones

La justificación oficial apela a la soberanía digital europea y al temor a que la legislación norteamericana —en particular la llamada Cloud Act, que obliga a las empresas estadounidenses a entregar datos a las autoridades de Washington incluso si están almacenados en el extranjero— permita un acceso indebido a datos sensibles europeos. Hay en este argumento una parte de verdad que este analista no puede ignorar: la dependencia estructural de Europa de infraestructura tecnológica norteamericana es un riesgo de soberanía real. Sin embargo, la respuesta europea vuelve a ser la de siempre: regular, excluir, proteger. No construir, no invertir, no competir.

La Unión Europea no tiene, hoy por hoy, una alternativa europea creíble a Amazon Web Services, Google Cloud o Microsoft Azure. Excluir a los proveedores norteamericanos sin haber desarrollado una capacidad propia equivalente no es soberanía digital: es autarquía digital, con todos los costes de ineficiencia que eso conlleva. Peor aún, en un momento en que la relación transatlántica necesita todo el cuidado posible, esta iniciativa añade otro frente de fricción innecesaria con Washington en un contexto ya cargado por los aranceles y las disputas en materia de regulación de plataformas.

Perspectivas y escenarios

La propuesta necesita el respaldo de los estados miembros y del Parlamento Europeo, por lo que su recorrido será largo y probablemente accidentado. Los países más atlantistas —Polonia, los bálticos, los Países Bajos— se resistirán a una iniciativa que perciben como un paso hacia el proteccionismo tecnológico. La Administración Trump ya ha criticado con dureza las regulaciones europeas de plataformas digitales y no tardará en responder. El riesgo de una guerra regulatoria transatlántica en plena carrera por la IA es exactamente el tipo de frivolidad estratégica que Europa no puede permitirse en este momento.

 

III. RACK DE MEDIOS

Reuters / AP / AFP: Cobertura extensa y detallada del ataque ruso sobre Ucrania, con datos precisos de víctimas y armamento empleado. La agencia Reuters lidera el seguimiento de la situación en el Líbano. AP confirma el ataque con datos de servicios de emergencia ucranianos.

Kyiv Independent / RFE-RL: Reportes en tiempo real del ataque; el Kyiv Independent es la fuente más completa en el terreno. Datos de 73 misiles y 656 drones confirmados por las fuerzas aéreas ucranianas.

Axios (Barak Ravid): La exclusiva sobre la llamada Trump-Netanyahu es una pieza de primer orden. Ravid —con fuentes directas en ambos gobiernos— detalla los insultos de Trump y el pulso sobre Beirut. Confirmada por Times of Israel y CNN.

Times of Israel / CNN: Amplian y confirman la información de Axios sobre la llamada. CNN ofrece análisis del contexto de las negociaciones con Irán y la conexión con el acuerdo de alto el fuego libanés.

Reuters / SiliconAngle / Financial Times: Cobertura de las tres grandes noticias del ecosistema de inteligencia artificial: OPI de Anthropic, captación de Alphabet y declaraciones de Jensen Huang en Nvidia. El Financial Times añade análisis de implicaciones financieras.

BBC / The Guardian / Le Monde: Los tres medios dedican portada al ataque ruso sobre Ucrania y a la situación en el Líbano. The Guardian recoge las reacciones de Zelensky y el análisis de la escalada. Le Monde enfatiza la dimensión europea de la crisis.

Reuters / Investing.com / The Star (Malasia): Cobertura de la propuesta europea de regulación de nube. Reuters tuvo acceso exclusivo al documento confidencial de la Comisión Europea.

TASS / Russia Today: El aparato propagandístico ruso presenta el ataque como operación legítima contra «infraestructuras militares». Silencio absoluto sobre las víctimas civiles. Lavrov, según TASS, reafirma la voluntad de negociar —al tiempo que los misiles caen sobre Kyiv.

Al Jazeera / Al Arabiya: Cobertura amplia de la situación en el Líbano y del acuerdo de alto el fuego. Al Jazeera, con sus habituales simpatías hacia los actores que califica eufemísticamente de «resistencia», presenta a Hezbolá como parte defensiva del conflicto.

Haaretz / Jerusalem Post: Perspectivas divergentes sobre la llamada Trump-Netanyahu y las operaciones en el Líbano. Haaretz, crítico con Netanyahu, amplía los detalles de la ruptura. Jerusalem Post suaviza las tensiones y enfatiza la coordinación estratégica con Washington.

 

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

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ROJO — CRÍTICO

Ataque masivo ruso sobre Ucrania: 73 misiles y 656 drones, 11 muertos confirmados. Lavrov amenaza con ataques «sistemáticos» sobre Kyiv. Máxima urgencia.

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ROJO — CRÍTICO

Frente libanés-israelí: alto el fuego parcial violado en menos de 12 horas. Netanyahu ignora a Trump. Irán suspende negociaciones nucleares y amenaza el estrecho de Bab el-Mandeb.

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NARANJA — ELEVADO

Tensión Trump-Netanyahu: fractura visible y pública en la alianza estratégica. Riesgo de descoordinación en el momento más delicado de las negociaciones con Irán.

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AMARILLO — MODERADO

Carrera por la IA: riesgo de polarización tecnológica global y burbujas especulativas asociadas a la aceleración de inversiones. Posibles implicaciones sistémicas a medio plazo.

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AMARILLO — MODERADO

Regulación europea de nube: riesgo de nueva fricción transatlántica en un contexto de relación ya tensa con la Administración Trump. Potencial respuesta norteamericana en otros sectores.

 

 

V. COMENTARIO EDITORIAL

Hay jornadas que condensan en pocas horas la complejidad entera de un momento histórico, y la del 2 de junio de 2026 es, sin duda, una de ellas. Mientras Rusia demostraba una vez más que su única respuesta diplomática es el misil balístico —lanzando contra civiles ucranianos el ataque más devastador de los últimos meses en la misma semana en que supuestamente negocia con Washington— el Oriente Próximo ofrecía el espectáculo grotesco de un alto el fuego anunciado con fanfarria y violado antes de que la tinta diplomática se secara.

La llamada entre Trump y Netanyahu merece un análisis sin concesiones. Trump tiene razón en lo sustancial: la escalada israelí en el Líbano —con su profundísima penetración en el sur hasta el Zahrani, con el número creciente de bajas civiles, con los ataques a Beirut que amenazan los acuerdos con Irán— es desproporcionada y políticamente contraproducente en este momento preciso. Netanyahu tiene la costumbre de utilizar a sus aliados hasta el límite de su paciencia y luego pedir que le salven de las consecuencias de sus propias decisiones. Este analista es amigo de Israel, de su pueblo y de su derecho inalienable a existir y a defenderse; pero ser amigo de Israel significa también decirle las verdades que los aduladores no le dicen: que una política de seguridad dominada exclusivamente por la lógica de la supervivencia política de su primer ministro no es una política de seguridad, sino una apuesta al todo o nada con consecuencias que van mucho más allá de las fronteras israelíes.

En cuanto a Rusia, no hay mucho que añadir a lo que vengo diciendo desde el primer día de la invasión a gran escala. Putin ataca porque puede hacerlo. Ataca porque el coste que le impone Occidente —a pesar de todas las sanciones, a pesar de todo el apoyo a Ucrania— sigue siendo inferior al beneficio que percibe en términos de presión negociadora y destrucción sistemática de un país al que considera parte legítima de su espacio imperial. La única manera de cambiar esa ecuación es elevar el coste hasta el punto en que continuar la guerra resulte insostenible. Occidente sigue sin tener el coraje de hacerlo.

Y luego está Europa. En la misma semana en que el mundo entero vive una revolución tecnológica sin precedentes —con 80.000 millones de dólares fluyendo hacia la infraestructura de inteligencia artificial norteamericana, con Anthropic encaminándose a la bolsa, con Nvidia rompiendo todos los récords de facturación— el único movimiento relevante de Bruselas consiste en diseñar barreras regulatorias para excluir a sus propios aliados de los contratos públicos. No hay en esa propuesta ni un solo euro de inversión en capacidad tecnológica europea propia. Ni un plan. Ni una hoja de ruta. Solo la vieja tentación del proteccionismo vestida con la retórica de la soberanía digital. Como diría mi querido amigo el embajador Alejandro Álvargonzález, Europa sigue siendo una Disneylandia con museos: maravillosa para visitarla, incapaz de gobernarse en el siglo XXI.

El mundo va a mayor velocidad que la capacidad de respuesta de sus instituciones. Eso, en sí mismo, es un riesgo sistémico de primer orden. Y mientras los incendios se multiplican —en Ucrania, en el Líbano, en el estrecho de Ormuz, en el corazón de la alianza atlántica— demasiados líderes siguen mirando el telémetro cuando lo que necesitan es un extintor.

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