Trump abre frente en Groenlandia mientras la plata se dispara y el Dow Jones bate récords
La escena geopolítica se ha vuelto tan densa que un mismo día caben amenazas veladas sobre Groenlandia, mensajes cruzados sobre quién manda en Venezuela y un Dow Jones tocando máximos históricos con Amazon al frente del rally.
En paralelo, la plata se dispara más de un 6 % y el oro roza los 4.500 dólares por onza, síntoma claro de que, pese a la fiesta bursátil, el dinero sigue buscando refugio.
Marco Rubio admite en un briefing privado que los guiños agresivos de Donald Trump sobre Groenlandia buscaban “comprar, no invadir”, mientras en Caracas Delcy Rodríguez insiste en que “ningún agente externo gobierna Venezuela” tras la captura de Nicolás Maduro.
En Washington, el propio Trump aprieta a los suyos: si los republicanos no ganan las midterms, “me van a imputar”, advierte a puerta cerrada.
El diagnóstico es inequívoco: la política de la Casa Blanca mezcla expansión estratégica, presión judicial y espectáculo mediático, y los mercados reaccionan con un doble mensaje de euforia… y miedo contenido.
Groenlandia: de broma viral a prioridad estratégica
Lo que durante años muchos tomaron como una extravagancia se ha convertido en un dossier serio de política exterior. En un briefing a puerta cerrada con líderes del Congreso, el secretario de Estado Marco Rubio explicó que las amenazas de Trump hacia Groenlandia buscaban “asegurar una compra”, no preparar una invasión.
La reunión, en la que también estaba presente el secretario de Defensa Pete Hegseth, se vio sacudida por una pregunta directa del líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer: ¿hay intención de usar la fuerza en Groenlandia u otros territorios estratégicos? La respuesta no fue una negación rotunda, sino una pirueta que confirma el fondo del asunto: la Casa Blanca ve la isla como pieza clave del Ártico, tanto por sus recursos como por su posición geopolítica.
Este hecho revela una realidad incómoda para Europa: mientras las cancillerías europeas ven Groenlandia como un asunto casi administrativo de Copenhague, Washington la integra en una estrategia global de control de rutas árticas, minerales críticos y proyección militar. Que Rubio admita en privado que el objetivo es “comprar” no despeja la duda de fondo: ¿qué ocurre si la diplomacia y el dinero no bastan?
La insistencia en no descartar “opciones militares” desde la Casa Blanca alimenta la sensación de que el mapa del siglo XXI se redibuja también en torno al hielo. Y que Trump está dispuesto a usar la ambigüedad calculada como herramienta de presión, tanto sobre aliados como sobre rivales.
Delcy Rodríguez niega el mando externo mientras Trump presume de control
A miles de kilómetros, en Caracas, la batalla es por el relato de soberanía. Delcy Rodríguez, convertida en presidenta interina tras la captura de Maduro por fuerzas especiales estadounidenses, apareció en televisión para lanzar un mensaje contundente: “El gobierno venezolano gobierna nuestro país, nadie más; no hay ningún agente externo gobernando Venezuela”.
La frase, enmarcada en un discurso donde aseguró haber enviado una carta a Trump solicitando “una relación respetuosa y equilibrada”, pretende frenar la percepción de tutela desde Washington. Pero choca frontalmente con las palabras del propio presidente estadounidense, que ha insistido en que Estados Unidos “tiene el control sobre Venezuela” y que no habrá elecciones en el corto plazo porque “primero hay que arreglar el país”.
La consecuencia es un choque frontal de narrativas:
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Caracas necesita proyectar una mínima apariencia de autonomía para mantener cohesionada a su base y evitar que las Fuerzas Armadas perciban al nuevo Ejecutivo como simple administración colonial.
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Washington presume abiertamente de mando sobre el calendario y las condiciones de la transición, enviando el mensaje a socios y adversarios de que el que manda sobre el petróleo manda sobre la política.
Entre ambas versiones se mueve un país asfixiado por sanciones, con millones de exiliados y una economía que apenas respira, mientras la cúpula chavista intenta reordenarse sin su líder y bajo la amenaza explícita de nuevas acciones dirigidas.
Dow Jones en máximos: la fiesta de Amazon y la IA
En Wall Street, el ruido geopolítico ha sido, por ahora, puro ruido de fondo. El Dow Jones llegó a sumar más de 400 puntos a media sesión, avanzando en torno a un 0,8-1 % y encadenando su segundo récord histórico consecutivo, mientras el S&P 500 subía alrededor de un 0,5-0,6 % y el Nasdaq rondaba el +0,7 %, en un movimiento claramente “risk on”.
El gran motor del día ha sido Amazon, que rebotó más de un 4 % tras anunciar que su asistente de inteligencia artificial Alexa+ se integrará este año en televisores Samsung, vehículos BMW y otros dispositivos. El mercado interpreta este despliegue como un paso más en la carrera por los asistentes de próxima generación, con la compañía utilizando su dominio en comercio y nube para extender su huella en hardware de terceros.
El rally no se limita a Amazon: los valores ligados a la IA y a los semiconductores de memoria y almacenamiento encadenan subidas de doble dígito, con compañías del segmento saltando entre un 10 % y casi un 30 % en pocos días. La tesis que se impone es que la primera ola de corrección de diciembre ha dejado paso a un enero de “recarga” de posiciones en tecnología, apoyado en la expectativa de una temporada de resultados muy sólida para la Big Tech.
La paradoja es evidente: mientras Venezuela vive uno de los mayores shocks políticos de su historia reciente, Wall Street utiliza ese mismo episodio para reforzar una narrativa de crecimiento, acceso a recursos y superciclo de inversión en IA.
La plata vuela, el oro acompaña: refugios al alza
A pesar de la euforia bursátil, el comportamiento de los metales preciosos lanza una señal muy distinta. La plata se ha disparado más de un 6 %, hasta rozar los 81 dólares por onza, mientras el oro subía cerca de un 1 % hasta los 4.488 dólares. Junto a ellos, el platino avanzaba alrededor de un 6,5 % y el paladio otro 6 %, en una jornada que ha colocado al complejo de metales de refugio en el centro del radar inversor.
El detonante inmediato ha sido la combinación de crisis venezolana y tensión con Europa por el dossier Groenlandia. La operación militar que terminó con la captura de Maduro, sumada a las “bromas serias” de Trump sobre la isla ártica, han llevado a muchos gestores a reequilibrar carteras hacia activos tangibles.
Este hecho revela un doble mensaje del mercado:
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Por un lado, se compra renta variable como si el ciclo de beneficios fuera a mantenerse fuerte, especialmente en tecnología y consumo.
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Por otro, se acumulan posiciones en plata, oro y otros metales como póliza de seguro frente a un eventual descontrol geopolítico o a una corrección brusca si la Fed decepciona con el ritmo de recortes.
La subida particular de la plata, superior incluso a la del oro, apunta a su doble naturaleza de activo refugio e industrial: además de “valor seguro”, es pieza clave en tecnologías verdes y electrónicas, lo que le da un plus de atractivo en un momento en el que el mercado apuesta por un 2026 de inversión intensiva en transición energética e infraestructuras de IA.
Trump, midterms e impeachment: el frente interno también pesa
En el plano político doméstico, Trump ha vuelto a poner presión máxima sobre su propio partido. En un retiro a puerta cerrada con congresistas republicanos, lanzó un aviso tan descarnado como claro: “Si no ganamos las midterms, me van a imputar. Encontrarán el motivo”.
El mensaje combina victimismo calculado y disciplina de partido. Por un lado, el presidente se presenta como víctima de una persecución inevitable si los demócratas controlan la Cámara, reforzando la idea de que él es el último muro frente al “sistema”. Por otro, convierte las elecciones de mitad de mandato en un plebiscito sobre su propia supervivencia política, exigiendo a los suyos cerrar filas.
Trump no se queda ahí. Vuelve a reprochar a los republicanos que no impulsaran un impeachment contra Joe Biden “por cien motivos distintos”, al tiempo que califica las políticas demócratas de “horrendas” y presenta a su partido como el de la “política de sentido común”. Es una forma de marcar territorio ideológico mientras alimenta la polarización, en un momento en el que su estrategia exterior —de Venezuela a Groenlandia— necesita respaldo interno fuerte.
Para los mercados, estas declaraciones funcionan como ruido de fondo por ahora, pero añaden un elemento nada menor: si el cálculo político interno se complica, la tentación de escalar en frentes externos para cohesionar a la base siempre está ahí.
Un mismo hilo: poder duro, relato de fuerza y mercados en tensión
El conjunto de los mensajes del día —Groenlandia, Venezuela, récords en el Dow, plata disparada, miedo al impeachment— dibuja una misma lógica de fondo:
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La Casa Blanca asume abiertamente el uso del poder duro: desde operaciones militares quirúrgicas hasta presiones territoriales y advertencias personales a líderes extranjeros.
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El relato se construye sobre la idea de un Estados Unidos que sigue mandando porque nadie puede impedirle actuar, ya sea en el Caribe o en el Ártico.
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Los mercados financieros aplauden mientras la fiesta continúa, pero compran seguros en metales preciosos y deuda, conscientes de que el margen de error es cada vez más estrecho.
La figura de Marco Rubio como arquitecto de la estrategia hemisférica, las palabras de Delcy Rodríguez defendiendo una soberanía en entredicho, y la imagen de Trump alternando amenazas externas con quejas de persecución interna componen un cuadro en el que la política, la economía y la seguridad se han fundido en una misma ecuación de riesgo.
La incógnita es cuánto tiempo podrá el mercado seguir celebrando máximos históricos mientras la geopolítica acumula pólvora. Porque, como muestran la plata a 80 dólares y el oro acercándose a 4.500, una parte del capital ya ha tomado nota de que este rally convive con un mundo más inestable de lo que sugieren los índices.