Washington declara la emergencia por unos incendios fuera de control
La sequía récord, las temperaturas extremas y las rachas de viento obligan a evacuar miles de hogares cerca de Spokane y movilizar a la Guardia Nacional.
Washington afronta una de las jornadas más críticas de su temporada de incendios. El gobernador del estado, Bob Ferguson, ha declarado la emergencia ante la rápida expansión de varios fuegos alimentados por una combinación extrema de sequía, calor y fuertes vientos.
El incendio de Old Trails, iniciado en las proximidades de Spokane, había quemado alrededor de 3.500 acres —más de 1.400 hectáreas— y permanecía sin control al cierre de la jornada. Miles de residentes recibieron órdenes de evacuación inmediata mientras las llamas atravesaban el río Spokane y alcanzaban zonas residenciales. La movilización de la Guardia Nacional confirma la magnitud de una crisis que amenaza con prolongarse durante semanas.
Evacuaciones sin margen de espera
Las autoridades ampliaron las órdenes de evacuación de nivel 3 —la categoría denominada «Go Now»— en varios sectores del noroeste de Spokane. Este aviso exige abandonar la zona de manera inmediata, sin esperar nuevas instrucciones ni intentar proteger las viviendas.
El avance del fuego obligó también a evacuar instalaciones sensibles y a cortar carreteras próximas a los frentes activos. Algunas viviendas quedaron destruidas, aunque las autoridades todavía no han publicado un balance definitivo de daños. El incendio se desplazó con una velocidad excepcional debido a rachas que alcanzaron aproximadamente 72 kilómetros por hora, haciendo prácticamente imposible establecer líneas estables de contención.
Una sequía de récord
Ferguson atribuyó la situación a unas condiciones meteorológicas especialmente peligrosas. La sequía récord, las temperaturas anormalmente altas y los fuertes vientos han convertido amplias extensiones de vegetación en combustible preparado para arder.
Washington había registrado ya más de 1.000 incendios durante la temporada, con unas 425.000 acres quemadas, cerca de 172.000 hectáreas. El volumen convierte 2026 en el peor ejercicio desde 2021 incluso antes de entrar de lleno en agosto, uno de los meses históricamente más problemáticos.
El diagnóstico es inequívoco: el problema no reside únicamente en el número de focos, sino en la capacidad de cada incendio para crecer de forma explosiva.
Doce grandes fuegos activos
Al menos 12 incendios de gran tamaño permanecían activos en el estado, consumiendo más de 200.000 acres, una superficie superior a 800 kilómetros cuadrados. La simultaneidad de las emergencias está tensionando los recursos disponibles y obliga a distribuir aeronaves, brigadas y maquinaria pesada entre numerosos frentes.
La declaración de emergencia permite acelerar contrataciones, movilizar recursos estatales y activar formalmente la asistencia de la Guardia Nacional. También facilita una eventual solicitud de apoyo federal cuando los medios locales resulten insuficientes.
Lo más grave es que las previsiones meteorológicas no anticipaban una mejora inmediata. Las temperaturas nocturnas seguían siendo elevadas, impidiendo que el terreno recuperase humedad y reduciendo las horas útiles para las tareas de extinción.
Prohibición de quemas hasta septiembre
El Gobierno estatal ha prohibido la mayoría de las quemas agrícolas y al aire libre hasta el 30 de septiembre de 2026. La medida busca reducir cualquier ignición adicional en un momento en el que una chispa puede transformarse en un incendio de grandes dimensiones en cuestión de minutos.
La prohibición tiene también una dimensión económica. El fuego amenaza explotaciones agrícolas, redes eléctricas, carreteras y viviendas situadas en la interfaz entre zonas urbanas y forestales. Las compañías eléctricas han aplicado cortes preventivos para evitar que las líneas dañadas por el viento provoquen nuevos focos.
La consecuencia es clara: incluso los territorios alejados de las llamas pueden sufrir interrupciones de suministro y deterioro de la actividad empresarial.
Un fenómeno que golpea al oeste
La emergencia de Washington forma parte de una ola de calor que afecta a buena parte del oeste de Estados Unidos. En distintos puntos del país se registraron temperaturas cercanas o superiores a los 46 grados, acompañadas de una humedad extremadamente baja.
Oregón, Idaho, Nevada y Montana afrontaban igualmente condiciones críticas. En todo el noroeste del Pacífico se habían quemado ya más de 1,6 millones de acres, cerca de 650.000 hectáreas, antes del periodo tradicionalmente más intenso de la campaña.
El contraste con temporadas anteriores resulta demoledor: los incendios empiezan antes, encuentran una vegetación más seca y permanecen activos durante más tiempo.
El coste que llegará después
La prioridad inmediata es proteger vidas y contener las llamas. Sin embargo, el impacto económico aparecerá durante los próximos meses en forma de reconstrucción de viviendas, reparación de infraestructuras, pérdida de cosechas y aumento de las primas de seguros.
También crecerá la presión sobre las cuentas públicas. La movilización de miles de efectivos, aeronaves y equipos especializados supone un desembolso extraordinario, al que posteriormente se añadirán ayudas a familias y empresas.
Washington entra así en una fase de emergencia prolongada. Aunque el fuego pueda estabilizarse, la sequedad del terreno y la prohibición de quemas hasta finales de septiembre anticipan una temporada larga. El incendio de Spokane no es un episodio aislado, sino la señal más visible de un sistema sometido al límite.