ALERTA TU DINERO ESTÁ EN PELIGRO: lo que está pasando en Japón
La intervención coordinada de Estados Unidos y Japón apenas ha contenido la caída del yen mientras los bonos nipones alcanzan niveles inéditos. El riesgo ya no está sólo en Tokio: una repatriación masiva de capital podría tensionar la deuda estadounidense y europea, golpear las bolsas y reactivar el temido carry trade.
El yen ha vuelto a acercarse a 158 unidades por dólar apenas unos días después de que Japón y Estados Unidos protagonizaran una excepcional intervención conjunta en el mercado de divisas. La operación consiguió llevar temporalmente la moneda japonesa desde niveles próximos a 164 hasta la zona de 155, pero buena parte del avance ya se ha evaporado.
El problema trasciende el mercado de divisas. Japón combina una enorme deuda pública, tipos todavía reducidos respecto a otras grandes economías y un mercado de bonos que exige rentabilidades cada vez mayores. Una mezcla que amenaza con alterar los flujos internacionales de capital construidos durante tres décadas.
Una intervención que pierde fuerza
La ofensiva coordinada de Tokio y Washington logró inicialmente lo que buscaba: frenar una depreciación que había llevado al yen hasta mínimos no vistos en cuatro décadas. Japón movilizó decenas de miles de millones y Estados Unidos participó en una operación extraordinaria que incluyó ventas de euros para comprar moneda japonesa.
El movimiento llevó al dólar desde más de 163 yenes hasta aproximadamente 155,20, pero este viernes la cotización vuelve a rondar los 158.
La reacción demuestra los límites de intervenir contra una tendencia respaldada por fundamentos económicos. Comprar yenes puede alterar temporalmente la oferta y la demanda, pero no elimina el diferencial de tipos ni las dudas fiscales.
“Una intervención en divisas permite ganar tiempo, pero si las causas que presionan a la moneda permanecen intactas, el mercado termina volviendo sobre ellas.”
La deuda complica al Banco de Japón
El verdadero dilema aparece en la política monetaria. El FMI calcula que la deuda bruta de las administraciones públicas japonesas alcanzará alrededor del 204,4% del PIB en 2026, frente al aproximadamente 125,8% estadounidense. Japón continúa así entre las economías desarrolladas con mayor endeudamiento público.
Subir los tipos con rapidez ayudaría a fortalecer el yen al reducir el diferencial de rentabilidad frente al dólar. Sin embargo, también encarecería progresivamente la refinanciación de una gigantesca montaña de deuda.
El Banco de Japón se enfrenta por tanto a un equilibrio extraordinariamente delicado: normalizar el precio del dinero sin provocar una escalada excesiva de los costes financieros del Estado ni desestabilizar unos mercados acostumbrados durante décadas al dinero barato.
Los bonos ya están enviando señales
El mercado de deuda está reflejando esa tensión. La rentabilidad del bono japonés a diez años se mueve alrededor del 2,8%, después de alcanzar recientemente máximos no registrados en tres décadas.
La presión resulta todavía más visible en los vencimientos largos. La curva oficial japonesa situaba el 6 de agosto el bono a 30 años alrededor del 4,26%, mientras otros tramos ultralargos superaban incluso ese nivel.
No significa que Japón esté cerca de dejar de pagar. Sus subastas continúan funcionando y dispone de una enorme base doméstica de ahorro. Pero unas rentabilidades persistentemente elevadas modifican una ecuación financiera que durante años descansó precisamente sobre unos costes de financiación excepcionalmente bajos.
El dinero japonés puede volver a casa
Aquí aparece el riesgo internacional. Japón ya no es el mayor acreedor neto del planeta: cerró 2025 como tercer mayor acreedor, por detrás de Alemania y China, aunque sus activos exteriores netos alcanzaron un récord de 561,75 billones de yenes.
Su importancia sigue siendo formidable. Japón continúa siendo el mayor tenedor extranjero de deuda del Tesoro estadounidense, una posición que convierte cualquier cambio significativo de cartera en un asunto global.
Si aseguradoras, bancos y fondos japoneses encuentran rentabilidades atractivas dentro del país, parte del capital invertido durante décadas en Estados Unidos y Europa podría regresar. Ese movimiento presionaría a la baja el precio de los bonos extranjeros y, por tanto, elevaría sus rentabilidades.
El peligro del ‘carry trade’
El segundo canal de contagio está en el conocido yen carry trade: pedir prestado en una moneda tradicionalmente barata para invertir en acciones, bonos o activos con una rentabilidad superior.
Ya existe un precedente reciente. El 5 de agosto de 2024, el TOPIX perdió aproximadamente un 12% en una sola sesión y la volatilidad mundial se disparó durante una abrupta reducción de posiciones financiadas en yenes.
Cuando la moneda japonesa se fortalece rápidamente o aumentan los costes de financiación, estas estrategias pueden dejar de ser rentables. Los inversores venden entonces los activos comprados y recompran yenes para devolver sus préstamos. Ese mecanismo puede convertir una corrección japonesa en ventas simultáneas de acciones, bonos y otros activos de riesgo en medio mundo.
Las tres señales que vigila el mercado
El deterioro actual todavía no equivale a una crisis soberana. Sin embargo, existen señales capaces de elevar sustancialmente el nivel de alerta.
La primera sería una subasta de deuda japonesa con una demanda extraordinariamente débil, señal de que los inversores exigen una prima creciente para financiar al Estado. La segunda, que el dólar supere nuevamente la zona de 165 yenes incluso después de nuevas intervenciones, porque indicaría una pérdida de eficacia de las autoridades.
La tercera sería probablemente la más relevante fuera de Japón: una repatriación sostenida de capital japonés desde los mercados internacionales.
Ese movimiento podría elevar las rentabilidades de los bonos estadounidenses y europeos y reducir liquidez en las bolsas. Japón no necesita entrar en una crisis para provocar turbulencias. Basta con que uno de los mayores proveedores de capital del mundo decida que vuelve a necesitar más dinero en casa.