Los resultados empresariales no logran sostener el rally tecnológico y reabren las dudas sobre la valoración de la Bolsa estadounidense

Dow Jones sube apenas 17 puntos hasta los 49.499 puntos

Dow Jones - Nasdaq

La última sesión en Wall Street dejó un mensaje incómodo para los inversores: la temporada de resultados ya no basta para justificar unas valoraciones al límite. La Bolsa estadounidense cerró mayoritariamente en rojo, con caídas relevantes en el sector tecnológico pese a los focos puestos en Nvidia y Salesforce, dos de los grandes nombres llamados a sostener el rally. Sin embargo, ni sus cifras ni sus previsiones fueron suficiente bálsamo. El Nasdaq 100 cedió un 1,16%, el S&P 500 retrocedió un 0,54% y solo el Dow Jones consiguió aguantar prácticamente plano al cierre. Entre los nombres propios, Nvidia se dejó un 5,46%, Zoom se desplomó un 14% tras sus cuentas y PayPal perdió un 4% al desinflarse los rumores de una integración con Stripe. La sesión estuvo marcada, además, por nuevos ajustes laborales y señales de cambio estructural: eBay anunció el recorte de unas 800 posiciones, mientras que Warner Bros. Discovery comunicó una caída del 6% de los ingresos trimestrales.

La clave de la sesión no fue tanto que las cifras fueran malas, sino que no fueron lo suficientemente buenas para un mercado acostumbrado a que la tecnología sorprenda siempre al alza. En un contexto en el que muchos valores cotizan con múltiplos exigentes, el listón para no decepcionar es extraordinariamente alto.

En este escenario, Nvidia y Salesforce llegaban a la cita con la presión de justificar meses de subidas y un relato casi incuestionable sobre el impacto de la inteligencia artificial y la digitalización corporativa. Las compañías cumplieron en términos de beneficios e ingresos, pero los inversores miran ahora más allá del trimestre: la visibilidad sobre el crecimiento futuro empieza a ser mucho más escrutada.

Este hecho revela una realidad incómoda: Wall Street lleva meses descontando un escenario casi perfecto, en el que la macroeconomía se enfría lo justo, los tipos bajan a tiempo y los beneficios empresariales siguen creciendo a doble dígito. Cualquier matiz en las guías de negocio, cualquier mención a la prudencia en el gasto corporativo o al retraso de proyectos, se traduce de inmediato en ventas.

Índice Dow Jones Industrial Average

Nvidia y Salesforce, del papel de refugio al de termómetro del riesgo

Durante buena parte del último año, nombres como Nvidia o Salesforce han actuado como refugio para los inversores: compañías grandes, con balances sólidos y posicionadas en las tendencias más potentes del ciclo tecnológico. Sin embargo, la caída de más del 5% en Nvidia en una sola sesión envía una señal diferente: estos títulos empiezan a comportarse como un termómetro del riesgo más que como un seguro.

La explicación es doble. Por un lado, la concentración del mercado ha llevado a que un puñado de valores tecnológicos expliquen una parte muy relevante de las subidas del S&P 500 y, sobre todo, del Nasdaq 100. Cualquier corrección en estos nombres provoca movimientos amplificados en los índices. Por otro, las valoraciones se han estirado hasta niveles que obligan a un crecimiento casi impecable durante varios años.

Lo más relevante es que la reacción del mercado no se limita ya a las sorpresas negativas, sino también a los resultados simplemente “en línea”. Cuando se descuenta un futuro perfecto, cumplir se parece demasiado a fallar. El diagnóstico es inequívoco: la tecnología deja de ser intocable y vuelve a estar sometida al escrutinio clásico de beneficios, márgenes y disciplina de gasto.

Zoom, PayPal y el castigo a los modelos en revisión

Más allá de los gigantes, la sesión dejó dos ejemplos claros de lo que el mercado penaliza hoy: Zoom y PayPal. La primera, símbolo del auge del teletrabajo durante la pandemia, se hundió un 14% tras presentar sus cuentas. La cifra refleja algo más que una mala acogida puntual: el mercado duda de la capacidad de la compañía para reinventar su modelo y sostener el crecimiento en un entorno de normalización del trabajo híbrido.

En el caso de PayPal, la caída del 4% llegó después de que la empresa desmintiera las informaciones sobre una posible operación corporativa con Stripe. En otras palabras, el mercado estaba empezando a poner en precio un escenario de consolidación o de giro estratégico relevante, que finalmente no se materializará. La consecuencia es clara: los inversores descuentan que el camino para recuperar ritmo de crecimiento será más largo y más costoso.

Estos movimientos ilustran un patrón: los modelos de negocio percibidos como maduros o en fase de reinvención son mucho más vulnerables a cualquier signo de debilidad. Cuando la liquidez es abundante y los tipos son bajos, el mercado concede tiempo. En un entorno más exigente, la paciencia se acorta y el castigo en Bolsa se multiplica.

Despidos en eBay y la reconversión silenciosa del ‘e-commerce’

El anuncio de eBay de recortar aproximadamente 800 empleos encaja en una tendencia más amplia: la reconversión silenciosa del comercio electrónico “clásico” frente a nuevos formatos de consumo digital. Plataformas nacidas en la primera gran ola del e-commerce se enfrentan ahora a la competencia agresiva de modelos de marketplace integrados, redes sociales con funciones de compra y gigantes asiáticos que operan con márgenes mucho más ajustados.

Los recortes de plantilla no son un fenómeno aislado. Desde 2022, las tecnológicas estadounidenses han anunciado cientos de miles de despidos a escala global, en un proceso de ajuste que combina la corrección de excesos de contratación tras la pandemia con un giro hacia negocios de mayor margen y automatización intensiva. En este entorno, decisiones como la de eBay actúan como un recordatorio de que el crecimiento digital ya no es homogéneo ni garantiza rentabilidades crecientes para todos los actores.

El contraste con la narrativa de hace apenas tres años resulta demoledor: donde antes se hablaba de expansión sin límites del comercio online, ahora se habla de eficiencia, reducción de costes y reorientación de inversión hacia segmentos de mayor valor añadido. La Bolsa premia esa disciplina, pero también castiga de forma inmediata a quienes llegan tarde a la reconversión.

Warner Bros. Discovery y el modelo audiovisual bajo presión

Otro de los protagonistas de la sesión fue Warner Bros. Discovery, que comunicó una caída del 6% de sus ingresos trimestrales. La respuesta del mercado fue rápida: el valor se vio presionado ante la percepción de que la compañía sigue atrapada entre un negocio tradicional en declive —la televisión lineal— y un modelo de streaming que todavía no alcanza la escala y la rentabilidad esperadas.

La transformación del consumo audiovisual sigue siendo uno de los procesos más complejos del ciclo digital. Las compañías arrastran un peso significativo de deuda, compromisos de contenido muy costosos y una guerra de precios creciente en sus plataformas de suscripción. En ese contexto, cada trimestre sin mejora clara en márgenes o crecimiento neto de suscriptores se interpreta como un paso atrás.

Lo más grave para el sector es que el mercado empieza a asumir que no habrá espacio para tantos actores rentables a la vez. La consecuencia es evidente: se acelera la presión para consolidaciones, alianzas estratégicas y posibles desinversiones de activos no core. La sesión de ayer no cambia la tendencia, pero la refuerza: el audiovisual seguirá siendo un foco de volatilidad en Wall Street.

Un mercado que duda entre el relato de la IA y la realidad macro

Mientras las empresas rinden cuentas, el fondo de mercado sigue condicionado por la macroeconomía y, en particular, por las expectativas sobre la Reserva Federal. Con unos tipos oficiales todavía en niveles restrictivos y una inflación que se modera pero no desaparece, los inversores han pasado en pocas semanas de descontar varios recortes de tipos agresivos a un escenario más prudente y escalonado.

Este cambio de guion choca con el relato dominante de los últimos meses: la idea de que la inteligencia artificial generativa y la automatización abrirán una nueva fase de productividad capaz de sostener beneficios empresariales elevados incluso con un coste del dinero más alto. Cuando los resultados no confirman esa narrativa de forma contundente, el mercado corrige.

El diagnóstico es claro: Wall Street está en una fase de ajuste entre relato y realidad. La tecnología seguirá siendo el motor de beneficio a medio plazo, pero la tasa a la que ese beneficio crece a corto plazo ya no es tan incuestionable. Cada publicación de resultados se convierte así en un referéndum sobre cuánto se está dispuesto a pagar hoy por el crecimiento de mañana.

El papel del dólar y el contraste con Europa

Aunque la sesión estuvo dominada por la renta variable, el mercado de divisas ofreció una nota de estabilidad relativa. El euro se mantuvo prácticamente plano frente al dólar, en torno a 1,1800 dólares, lo que sugiere que los movimientos en Bolsa se explican más por factores internos de beneficios empresariales que por un shock macro o geopolítico.

Sin embargo, el contraste con Europa sigue siendo significativo. Mientras el inversor estadounidense ajusta expectativas pero permanece mayoritariamente invertido en renta variable, en el Viejo Continente pesa todavía el recuerdo de una década de rentabilidades más discretas y episodios de crisis sucesivas. El contraste con otras regiones resulta demoledor: incluso en días de corrección, Wall Street conserva una profundidad y una capacidad de financiación corporativa que Europa no ha logrado replicar.

Para el inversor europeo, la jornada refuerza una idea recurrente: la exposición a Estados Unidos sigue siendo casi obligada para participar plenamente en las grandes tendencias tecnológicas globales, pero exige convivir con fases de volatilidad intensa cuando las expectativas se recalibran.