La firma de tarjetas eleva un 10% sus ventas, gana un 13% más y promete otro año de crecimiento a doble dígito pese a la presión regulatoria

American Express dispara ingresos a 19.000 millones en el cuarto trimestre

American Express cerró 2025 con unos ingresos de casi 19.000 millones de dólares en el cuarto trimestre, un 10% más que un año antes, consolidando la apuesta por el cliente de alto poder adquisitivo. El beneficio neto trimestral alcanzó 2.400 millones, un avance del 13%, con un beneficio por acción (BPA) de 3,53 dólares, frente a los 3,04 dólares de 2024. En el conjunto del ejercicio, la compañía sumó 10.800 millones de dólares de beneficio, superando las cifras históricas de 2024, cuando ganó 10.100 millones sobre 65.900 millones de ingresos. Sin embargo, el mercado recibió las cuentas con frialdad: la acción llegó a ceder en preapertura pese a la mejora de márgenes y a unas previsiones optimistas para 2026.

EPA / JENS WOLF
EPA / JENS WOLF

Un trimestre de récord en plena desaceleración global

El cuarto trimestre de 2025 confirma que American Express juega en una liga propia dentro de los pagos. La compañía elevó sus ingresos hasta 18.980 millones de dólares (casi 19.000 millones), un 10% interanual, impulsados por el mayor gasto con tarjeta y el crecimiento de las cuotas de producto. El beneficio neto se situó en 2.400 millones, un 13% más, lo que implica una mejora en la rentabilidad pese al aumento de costes comerciales y de inversión en tecnología.

El BPA trimestral, en 3,53 dólares, quedó prácticamente en línea con lo esperado por el mercado, apenas un céntimo por debajo del consenso, pero suficiente para desencadenar ventas en un valor que venía de un fuerte rally previo. En términos anuales, el beneficio de 10.800 millones supone un crecimiento cercano al 7% frente a 2024, año en el que AmEx ya había marcado máximos históricos con 65.900 millones de ingresos y 10.100 millones de resultado neto.

Lo más relevante, sin embargo, es la consistencia del modelo: los ingresos crecen a doble dígito en un entorno de tipos altos, desaceleración del consumo en algunos segmentos y competencia feroz en medios de pago. El diagnóstico es inequívoco: la franquicia premium de American Express está consiguiendo trasladar la inflación y la mejora del servicio a precios, al tiempo que mantiene a raya la morosidad.

El motor oculto: clientes de alto poder adquisitivo

Detrás de las cifras de American Express hay un factor clave: el gasto de los clientes de renta alta resiste mejor que el del resto. La compañía registró en el trimestre un aumento del 8% en el gasto total con tarjeta, con un crecimiento del 10% en retail y del 15% en compras de lujo, según ha detallado la propia entidad.
El segmento de viajes, tradicionalmente uno de los pilares de la marca, vivió un auténtico boom: las reservas gestionadas por AmEx Travel aumentaron alrededor de un 30%, apoyadas en la mejora de las prestaciones de la tarjeta Platinum y en una nueva aplicación de viajes integrada.

Lo más llamativo es el cambio generacional: la media de edad de los nuevos titulares de la tarjeta Platinum ronda los 33 años, y la de la Gold, los 29 años.
Es decir, la firma no solo se apoya en su base tradicional de ejecutivos y altos patrimonios, sino que está captando a millennials y Gen Z con alto potencial de gasto futuro. Este hecho revela una estrategia clara: fidelizar al cliente desde fases tempranas de su carrera profesional, incluso a costa de un mayor gasto en recompensas y marketing en el corto plazo.

La consecuencia es clara: un aumento estructural del ticket medio y una menor sensibilidad al ciclo económico frente a otras entidades más expuestas a consumo masivo. Mientras parte de la banca teme a un eventual repunte de la morosidad, American Express puede permitirse seguir invirtiendo en beneficios exclusivos, salas VIP y experiencias que refuercen la sensación de pertenencia a un club.

La apuesta por el modelo de membresía

El CEO, Stephen Squeri, lo resumió así: “Hemos seguido invirtiendo estratégicamente en áreas que fortalecen nuestro Membership Model y alimentan nuestro crecimiento”. La compañía ha convertido la tarjeta en un producto de suscripción de alto valor, donde las cuotas anuales y los servicios asociados pesan cada vez más frente al mero uso para pagos.

En 2025, American Express dio un paso significativo al elevar por primera vez desde 2021 la cuota anual de su tarjeta Platinum en Estados Unidos hasta 895 dólares, desde los 695 anteriores, acompañando la subida de precio con una batería de nuevos beneficios: créditos en firmas como Lululemon u Oura, ventajas en restaurantes de Resy, mayor cobertura en hoteles de lujo y suscripciones a plataformas digitales.
El contraste con otras redes resulta demoledor: mientras Visa y Mastercard dependen en mayor medida de comisiones de transacción, AmEx ha logrado que un porcentaje creciente de sus ingresos provenga de cuotas y servicios, una fuente más estable y predecible.

Este giro tiene dos efectos. Por un lado, blinda el negocio frente a la guerra de precios en comisiones que marcan los reguladores y la competencia de ‘fintech’ de bajo coste. Por otro, obliga a la compañía a innovar de forma constante en beneficios, alianzas y contenidos para justificar una cuota que roza los 900 dólares anuales. La fidelización deja de ser un concepto abstracto y se convierte en un flujo recurrente de ingresos con alto margen.

Tecnología, ‘app’ y experiencias con inteligencia artificial

El otro gran vector de la estrategia es tecnológico. American Express está volcando recursos en una nueva aplicación móvil y en experiencias apoyadas en inteligencia artificial generativa, desde asistentes personalizados para viajes hasta recomendaciones de gasto o alertas inteligentes.
El objetivo es doble: aumentar el uso de la tarjeta y profundizar en el conocimiento del cliente a través de los datos.

Las mejoras en la app se combinan con un esfuerzo por integrar en un solo entorno reservas de hoteles, vuelos, restaurantes y eventos, todo ello asociado a beneficios exclusivos según el nivel de tarjeta. Esa capa de “superapp” de viajes y estilo de vida refuerza el papel de AmEx como intermediario de alto valor añadido, no solo como mero procesador de pagos.

La compañía insiste en que la inversión tecnológica no es coyuntural. En los últimos años ha destinado una parte creciente de su presupuesto a renovar sistemas, mejorar la detección de fraude y desarrollar modelos de riesgo basados en IA. A corto plazo, esto presiona el margen operativo; a medio plazo, puede ser la barrera de entrada definitiva frente a nuevos actores que intenten competir en el segmento premium. El mensaje al mercado es claro: American Express quiere ser, a la vez, banco, emisor, red de pagos y plataforma tecnológica.

Guía 2026: crecimiento a doble dígito y margen bajo vigilancia

Lejos de conformarse con un año de récord, American Express ha presentado unas previsiones ambiciosas para 2026. La compañía espera un crecimiento de ingresos del 9% al 10% y un BPA anual de entre 17,30 y 17,90 dólares, por encima o en línea con las expectativas del consenso en el punto medio del rango.

Estas cifras implican que, pese a la normalización de algunos motores de crecimiento —como el rebote postpandemia en viajes—, AmEx confía en mantener su ritmo por encima de la media del sector financiero. La clave será la evolución de las provisiones por riesgo de crédito: por ahora se mantienen contenidas, pero cualquier deterioro rápido del empleo o de los mercados bursátiles podría forzar mayores dotaciones y recortar parte del beneficio adicional.

Además, sobrevuela un riesgo regulatorio nada menor. En Estados Unidos se ha planteado la posibilidad de limitar temporalmente los tipos de interés de las tarjetas de crédito, una medida que, aunque hoy tiene pocas probabilidades de aprobarse, ya ha pesado sobre las valoraciones del sector.
Si una iniciativa de este tipo avanzara en el Congreso, el modelo de negocio de las emisoras, incluidas American Express, Visa y Mastercard, tendría que reajustarse con rapidez. Por ahora, la compañía responde con más crecimiento y más inversión, confiando en que la regulación se quede en ruido político.

La reacción del mercado y la comparación con Visa y Mastercard

Pese a las buenas cifras, la acción de American Express reaccionó a la baja en los primeros compases de negociación tras el anuncio, con caídas en torno al 1%-3% en preapertura, penalizada por un ligero desajuste frente a las estimaciones de BPA y por la recogida de beneficios tras un fuerte tramo alcista.

Con todo, el recorrido reciente del valor es difícil de discutir. En 2025, los títulos de AmEx subieron alrededor de 25%, superando ampliamente el avance de Visa y Mastercard, que se quedaron en el entorno del 13%, y batiendo también al S&P 500.
El contraste con la caída puntual tras resultados es evidente: el mercado no cuestiona tanto el modelo como el precio al que se paga.

En términos de valoración, American Express cotiza con un PER inferior al de sus grandes rivales, pese a ofrecer un crecimiento de beneficios similar y una estrategia claramente diferenciada. Para muchos gestores, esa combinación de “calidad con descuento relativo” sigue siendo atractiva, pero obliga a vigilar de cerca cualquier señal de agotamiento en el consumo de alta gama. El efecto dominó de un frenazo en este segmento se notaría antes en AmEx que en redes más diversificadas, aunque, por ahora, los datos no apuntan en esa dirección.

Riesgos regulatorios y de ciclo: el reverso de la tarjeta

El principal foco de preocupación a medio plazo es, como casi siempre en el sector financiero, regulatorio. La discusión en Estados Unidos sobre un posible tope a los tipos de interés de las tarjetas se suma a la ya larga batalla por las comisiones de intercambio y las condiciones de competencia entre redes.
AmEx, que combina las funciones de emisor y red, podría verse afectada de forma distinta a Visa y Mastercard, más orientadas al procesamiento de pagos.

En paralelo, el ciclo económico plantea interrogantes. Aunque el desempleo sigue en niveles históricamente bajos, el encarecimiento de la financiación y la eventual moderación bursátil podrían presionar a parte de la base de clientes, especialmente aquellos que han elevado su gasto al calor del boom bursátil de los últimos años. Cualquier repunte de la morosidad en crédito revolving obligaría a AmEx a reforzar provisiones, recortando parte del beneficio esperado para 2026.

Lo más grave, desde la óptica de los inversores, sería una combinación de ambos factores: regulación más dura y giro del ciclo al mismo tiempo. El escenario central, por ahora, sigue siendo de crecimiento sólido y consumo resistente en los segmentos altos; pero la compañía ya ha comenzado a blindarse con modelos de riesgo más finos y un mayor peso de ingresos por cuotas, menos expuestos al ciclo que los intereses de crédito.

Comentarios