Samsung multiplica por 19 su beneficio impulsada por la inteligencia artificial

El grupo surcoreano alcanza un beneficio operativo récord de 89,5 billones de wones, pero el mercado teme que la expansión de capacidad provoque una nueva sobreoferta de chips.

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Foto de Harold Hisona en Unsplash
Samsung Foto de Harold Hisona en Unsplash

Samsung Electronics ha pulverizado cualquier previsión razonable. El gigante surcoreano cerró el segundo trimestre de 2026 con un beneficio operativo de 89,5 billones de wones —unos 62.000 millones de dólares—, una cifra 19 veces superior a la registrada un año antes. Los ingresos alcanzaron los 171,5 billones de wones, un 130% más, impulsados por la fiebre inversora en inteligencia artificial y la escalada del precio de las memorias.

El dato confirma la transformación del mercado tecnológico. Samsung ya no depende principalmente de los teléfonos móviles o los televisores. Su auténtico motor vuelve a estar en los semiconductores, donde la demanda de centros de datos ha provocado uno de los ciclos expansivos más intensos de la historia reciente. Sin embargo, el tamaño del beneficio también plantea una pregunta incómoda: cuánto tiempo puede mantenerse este ritmo.

Un beneficio fuera de escala

La comparación interanual resulta demoledora. En el segundo trimestre de 2025, Samsung obtuvo un beneficio operativo de apenas 4,7 billones de wones, frente a los 89,5 billones actuales. En solo doce meses, el resultado se ha incrementado aproximadamente un 1.814%.

La mejora también es notable respecto al trimestre anterior: los ingresos crecieron un 28%, mientras que el beneficio operativo avanzó cerca de un 56%. El margen operativo se situó así por encima del 52%, un nivel extraordinario para un conglomerado industrial con negocios tan diversos como móviles, electrodomésticos, pantallas y componentes electrónicos.

La inteligencia artificial cambia el negocio

El origen de este salto está en las memorias avanzadas utilizadas por los servidores de inteligencia artificial. Los grandes centros de datos necesitan cantidades crecientes de DRAM, NAND y memoria de alto ancho de banda para entrenar y ejecutar modelos cada vez más complejos.

Samsung asegura que su «competitividad tecnológica diferenciada» se ha reflejado con claridad en los resultados. La explicación es coherente: cuando la oferta de chips especializados no crece al mismo ritmo que la demanda, los fabricantes recuperan capacidad para subir precios. La consecuencia es clara: cada nuevo pedido aporta márgenes mucho mayores que durante la fase depresiva del ciclo.

De los móviles a los centros de datos

Durante años, el mercado identificó a Samsung con sus teléfonos Galaxy. Esa imagen resulta ya incompleta. La división de semiconductores concentra la mayor parte del beneficio y convierte al grupo en uno de los grandes proveedores de la infraestructura física que sostiene la revolución de la IA.

Este cambio reduce parcialmente la dependencia del consumo minorista, pero introduce otra exposición: las decisiones de inversión de los grandes operadores de centros de datos. Microsoft, Google, Amazon y otras compañías están destinando cantidades históricas a capacidad informática. Samsung se beneficia directamente, aunque queda sometida a cualquier desaceleración futura de ese gasto.

El riesgo de fabricar demasiado

Lo más grave para los inversores no está en las cuentas actuales, sino en las fábricas que se están proyectando. Samsung y SK Hynix preparan inversiones masivas para ampliar su capacidad, mientras China acelera el desarrollo de una industria nacional de semiconductores.

La memoria es un mercado especialmente cíclico. Cuando varios fabricantes aumentan simultáneamente la producción, la escasez puede transformarse rápidamente en sobreoferta. Ya ocurrió después de anteriores etapas expansivas: los precios cayeron, los inventarios aumentaron y los márgenes se desplomaron. El récord actual puede incentivar precisamente las decisiones que debiliten la rentabilidad futura.

El mercado desconfía del récord

La reacción bursátil demuestra que unos resultados extraordinarios no garantizan nuevas subidas. Las acciones de Samsung habían acumulado un fuerte avance durante 2026, de modo que parte del beneficio ya estaba descontado. Tras conocerse las previsiones iniciales, el valor llegó a caer alrededor de un 7%.

El contraste resulta revelador. El mercado no cuestiona la magnitud del trimestre, sino su sostenibilidad. Los inversores analizan ahora cuánto capital tendrá que destinar Samsung a nuevas plantas, si podrá mantener su ventaja tecnológica y hasta qué punto la competencia china presionará los precios.

La prueba definitiva llegará después

Samsung afronta los próximos meses desde una posición financiera excepcional. Dispone de escala, liquidez, tecnología y capacidad industrial para disputar el liderazgo en las memorias destinadas a inteligencia artificial. Pero el diagnóstico no está cerrado.

La compañía deberá demostrar que este beneficio no responde únicamente a una combinación irrepetible de escasez, subida de precios y gasto acelerado de las grandes tecnológicas. El verdadero éxito consistirá en conservar márgenes elevados cuando aumente la producción mundial. El récord de 62.000 millones de dólares impresiona; mantenerlo sin alimentar una burbuja industrial será mucho más difícil.

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