3I/ATLAS, Hubble y James Webb revelan un núcleo de 2,6 kilómetros y un extraño brote de metano que no encaja

3I/ATLAS, el cometa interestelar gigante que desconcierta a los astrónomos
El objeto interestelar 3I/ATLAS desconcierta con tres mini-jets simétricos. Avi Loeb
El objeto interestelar 3I/ATLAS desconcierta con tres mini-jets simétricos. Avi Loeb

El tercer visitante interestelar detectado en nuestro sistema solar acaba de volverse mucho más enigmático. Nuevos datos de los telescopios espaciales Hubble y James Webb muestran que 3I/ATLAS no solo es un cometa inusualmente grande, con un núcleo de 2,6 kilómetros de diámetro, sino que además presenta una química volátil anómala, marcada por un metano “tardío” que desafía las predicciones. El objeto sería unas 40 veces más masivo que 2I/Borisov y al menos 20.000 veces más que 1I/‘Oumuamua, según el análisis difundido por el astrofísico Avi Loeb en un texto publicado en las últimas horas. Lejos de aclarar el misterio, las nuevas observaciones plantean una conclusión inquietante: cuanto más aprendemos de 3I/ATLAS, más atípico parece. Y, quizá lo más relevante para el futuro, sugieren que podrían estar cruzando el sistema solar muchos más objetos de este tipo sin que nos demos cuenta.

Nuevos datos del Telescopio Espacial Hubble. Detección del núcleo de 3I/ATLAS (tercer panel desde la izquierda) mediante la sustracción del modelo de coma de mejor ajuste (segundo panel) de las imágenes observadas del Hubble (primer panel) para cada visita de observación (indicado a la derecha). En cada fila, las flechas roja y magenta indican el norte y el este locales, respectivamente, con la dirección antisolar proyectada y la velocidad heliocéntrica negativa de 3I/ATLAS representadas por las flechas amarilla y cian, respectivamente. La barra blanca horizontal cerca de la parte inferior marca una escala de un segundo de arco en longitud aparente, correspondiente al rango de 1300 a 1700 kilómetros de arriba a abajo durante este período. (Crédito  imagen: Man-To Hui et al. 2026)
Nuevos datos del Telescopio Espacial Hubble. Detección del núcleo de 3I/ATLAS (tercer panel desde la izquierda) mediante la sustracción del modelo de coma de mejor ajuste (segundo panel) de las imágenes observadas del Hubble (primer panel) para cada visita de observación (indicado a la derecha). En cada fila, las flechas roja y magenta indican el norte y el este locales, respectivamente, con la dirección antisolar proyectada y la velocidad heliocéntrica negativa de 3I/ATLAS representadas por las flechas amarilla y cian, respectivamente. La barra blanca horizontal cerca de la parte inferior marca una escala de un segundo de arco en longitud aparente, correspondiente al rango de 1300 a 1700 kilómetros de arriba a abajo durante este período. (Crédito imagen: Man-To Hui et al. 2026)

Un visitante interestelar mucho más grande de lo previsto

3I/ATLAS, descubierto en 2025 por el sistema de búsqueda ATLAS, es solo el tercer objeto interestelar identificado tras 1I/‘Oumuamua (2017) y 2I/Borisov (2019). Su órbita es inequívocamente hiperbólica, lo que confirma que procede del exterior del sistema solar y que no volverá. Hasta ahora se pensaba que estos visitantes serían, en su mayoría, cuerpos pequeños y difíciles de estudiar. Sin embargo, las nuevas imágenes de Hubble muestran que 3I/ATLAS juega en otra liga: su núcleo, oculto tras una coma de polvo y gas, tiene un tamaño comparable al de muchos cometas “domésticos” del cinturón de Kuiper.

El telescopio espacial ha logrado aislar el núcleo restando digitalmente el modelo de la coma a las imágenes originales, un trabajo de precisión que permite reconstruir la fuente sólida del material que vemos escapar. La sorpresa no es solo visual. Si el diámetro efectivo es de 2,6 ± 0,4 kilómetros y asumimos un albedo típico del 4%, la masa estimada se dispara. Y aquí aparece el primer contraste: lejos de ser un pequeño fragmento errante, 3I/ATLAS sería un auténtico “bloque de hielo interestelar”, mucho más cercano a los cometas clásicos de nuestro sistema que a la imagen minimalista que dejó ‘Oumuamua.

El tamaño del núcleo: 2,6 kilómetros que lo cambian todo

En cometas y asteroides, la masa escala aproximadamente con el cubo del diámetro. Eso significa que un objeto con un núcleo 3 o 4 veces mayor puede ser decenas de veces más masivo. Aplicado a 3I/ATLAS, el cálculo es contundente:

  • Es unas 40 veces más masivo que 2I/Borisov, cuyo diámetro se estimó en torno a 0,7 km.

  • Es al menos 20.000 veces más masivo que 1I/‘Oumuamua, cuya longitud se situaba por debajo de 0,2 km y con un grosor unas 10 veces menor.

Esos números encajan, además, con estimaciones independientes derivadas del llamado “efecto cohete”: la aceleración no gravitatoria que sufre el cometa por el chorro de gas al sublimar. El impulso medido por las trayectorias, cruzado con las tasas de pérdida de masa, apunta al mismo rango de tamaño que Hubble ha confirmado.

El comportamiento fotométrico también es revelador. Tras su perihelio de finales de octubre de 2025, 3I/ATLAS se apagó más rápido de lo esperado respecto a su fase de acercamiento al Sol. Esa asimetría de actividad sugiere que el calentamiento solar ha vaciado rápidamente ciertos reservorios de hielo cercanos a la superficie, dejando expuesto un material diferente en la fase de salida. No es un detalle menor: revela una estructura interna estratificada y, probablemente, una historia térmica compleja.

La química imposible: agua, CO₂, metano y níquel

Si el tamaño del núcleo ya era noticia, la química del cometa ha terminado de romper los esquemas. Las nuevas observaciones del James Webb con el espectrómetro MIRI –realizadas en diciembre de 2025, a distancias heliocéntricas de 2,20 y 2,54 unidades astronómicas– ofrecen la primera caracterización espectroscópica post-perihelio de 3I/ATLAS.

Los espectros muestran:

  • Agua (H₂O) en la banda de 5,8–7,0 micras.

  • Dióxido de carbono (CO₂) en torno a 15 micras.

  • Una firma de níquel (Ni) a 7,507 micras.

  • Y, crucialmente, metano (CH₄) en 7,6 micras.

Comparando ambos momentos, la actividad global se reduce de forma apreciable en solo 12 días, con el agua cayendo más deprisa que el resto de especies volátiles. Aun así, el cometa mantiene una fuente extendida de agua procedente de granos helados en la coma, lo que indica que no todo el vapor observado proviene del núcleo.

Antes del perihelio, las mediciones ya sugerían un perfil rarísimo: un cometa extraordinariamente rico en CO₂, con un 87% de la masa perdida en forma de dióxido de carbono, apenas un 4% en agua y alrededor de un 9% en monóxido de carbono (CO). En los nuevos datos, la relación CO₂/H₂O se reduce aproximadamente a la mitad, lo que apunta a un cambio real en la capa activa del objeto conforme se aleja del Sol.

El misterio del metano tardío que no debería estar ahí

El hallazgo más desconcertante es la detección robusta de metano. En las dos campañas de diciembre, la tasa de producción de CH₄ alcanza el 13,7% y el 27% de la producción molecular de agua, respectivamente. Es decir, el gas más volátil gana peso relativo después del perihelio.

Aquí se rompe la intuición física. El metano sólido es hipervolátil, con una temperatura de sublimación inferior a la del CO₂. Si hubiera metano cerca de la superficie, debería haber estado sublimando con fuerza ya en las primeras fases de actividad, mucho antes del máximo calentamiento solar. Sin embargo, no se detectó en las observaciones anteriores.

La explicación más plausible es que 3I/ATLAS tenga capas externas empobrecidas en metano y que el CH₄ haya quedado enterrado, protegido por una costra superficial que solo se fracturó o erosionó cerca del Sol. Pero esa hipótesis choca con otra observación: el CO, todavía más volátil que el metano, sí apareció antes. Si la superficie estaba “pelada” de metano, ¿cómo conservó CO accesible? La paradoja sugiere que el objeto podría tener reservorios internos desconectados, fracturas localizadas o mecanismos de transporte de gas más complejos de lo que recogen los modelos estándar de cometas.

Cuanto más se observa 3I/ATLAS, más se parece a un caso de química y dinámica fuera de guion.

Un cometa 40 veces más masivo que Borisov

El salto de escala respecto a los visitantes anteriores obliga a replantear la estadística. 2I/Borisov se consideró un cometa relativamente “normal” por tamaño y comportamiento. ‘Oumuamua, en cambio, fue un objeto pequeño, extraño y todavía debatido. 3I/ATLAS inaugura una tercera categoría: un cometa interestelar masivo y, aun así, químicamente singular.

El núcleo de varios kilómetros implica que su sistema de origen no solo expulsa “grava” cósmica, sino también cuerpos grandes, con capacidad para retener volátiles en profundidad durante largos periodos. Su riqueza en CO₂ y CH₄ apunta a un lugar de formación muy frío, probablemente lejano a su estrella, donde estos hielos pueden acumularse y sobrevivir. Esto convierte a 3I/ATLAS en una pista valiosa sobre cómo se ensamblan y se expulsan cometas en otros sistemas planetarios.

Cuántos 3I/ATLAS estamos perdiendo de vista

Uno de los datos más inquietantes derivados de estos trabajos es la estimación de abundancia: podría existir al menos un objeto del tamaño de 3I/ATLAS dentro de 4,5 unidades astronómicas del Sol en cualquier momento, y esa cifra sería un mínimo conservador porque los objetos inactivos –sin coma– son mucho más difíciles de descubrir. Si esto es correcto, el sistema solar estaría siendo atravesado con frecuencia por visitantes interestelares que simplemente no vemos.

La implicación estratégica es clara: el próximo gran salto científico no será solo detectarlos, sino interceptarlos. La comunidad astronómica lleva años planteando misiones capaces de reaccionar rápido, con sondas ligeras y trayectorias agresivas, para acercarse a estos cuerpos cuando aún están al alcance. 3I/ATLAS refuerza la urgencia: no solo por su tamaño, sino porque su química podría contener información “primordial” de un sistema estelar ajeno.

Lo que queda abierto: las preguntas decisivas

Las nuevas observaciones dejan un listado de incógnitas que marcarán la investigación en los próximos meses:

  • ¿Qué estructura interna permite CO temprano y CH₄ tardío sin contradecir la física básica de sublimación?

  • ¿La asimetría antes/después del perihelio es típica en cometas interestelares o una rareza de 3I/ATLAS?

  • ¿Hasta qué punto el núcleo es homogéneo o está compuesto por capas con historias térmicas diferentes?

Lo único seguro, por ahora, es que 3I/ATLAS está obligando a revisar supuestos. No es solo un visitante más: es un recordatorio de que el sistema solar es un cruce de caminos galáctico y de que, cuando llega algo de fuera, trae consigo sorpresas que nuestros modelos todavía no saben encajar.

 

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