Aumentan víctimas tras terremoto en Colombia mientras ayudas de Suecia y Noruega se despliegan
Colombia ha entrado en la fase más amarga de la catástrofe. Cuatro días después del terremoto de magnitud 7,4, las autoridades contabilizan 281 muertos, cerca de 400 desaparecidos y más de 3.900 heridos. A la emergencia humana se suma una destrucción material de enorme escala: alrededor de 10.600 viviendas han quedado destruidas y otras 65.800 presentan daños, mientras casi 44.900 familias aparecen ya entre las afectadas.
La prioridad continúa siendo encontrar supervivientes. Sin embargo, la crisis empieza a desplazarse hacia otro terreno: reconstruir ciudades, alojar a decenas de miles de personas y gestionar una ayuda internacional que ya ha provocado el primer choque político.
La ventana de vida se cierra
Los equipos de emergencia continúan trabajando entre los escombros de Cali, Pereira, Manizales y Quibdó, algunas de las zonas más golpeadas. Pero las posibilidades de localizar supervivientes disminuyen a medida que pasan las horas. Más de 348 personas han sido rescatadas con vida, mientras los equipos comienzan a combinar las búsquedas con la recuperación de cadáveres.
La situación se complica por las réplicas. Colombia ha registrado más de 160 movimientos posteriores al terremoto, un factor que mantiene a miles de ciudadanos fuera de sus viviendas y dificulta las operaciones en estructuras inestables.
Casi 45.000 familias golpeadas
La dimensión social empieza a superar incluso a la fase inicial de rescate. Cerca de 44.900 familias han resultado afectadas, según el último balance comunicado por el Gobierno. La cifra incluye hogares destruidos, evacuados o inhabitables ante el riesgo estructural.
El volumen de daños anticipa una reconstrucción prolongada. No se trata únicamente de levantar viviendas. Carreteras, hospitales, colegios, redes de agua y edificios públicos necesitarán inversiones extraordinarias mientras el Estado mantiene simultáneamente la atención sanitaria y los alojamientos temporales.
La factura económica apenas empieza a aparecer.
De la Espriella afronta su primera prueba
El terremoto ha golpeado al país apenas después de la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia, el 7 de agosto. Tres días después, el sismo convirtió su estreno institucional en una gigantesca operación de emergencia.
El mandatario ya ha presentado un primer plan de reconstrucción y ha pedido la participación del sector privado. Su Ejecutivo estudia además recurrir a instrumentos extraordinarios para movilizar recursos ante una catástrofe cuya dimensión presupuestaria todavía resulta imposible calcular.
La cuestión decisiva será cómo se ejecuta ese dinero y con qué controles.
Miles de millones sobre la mesa
La cooperación exterior será determinante. El Gobierno colombiano aseguró haber recibido propuestas de organismos multilaterales por unos 1.300 millones de dólares en distintas modalidades de cooperación. Estados Unidos anunció 15,5 millones, mientras Emiratos Árabes Unidos comprometió 10 millones y China comunicó ayudas financieras y humanitarias por más de 3 millones.
Países como Suecia, Japón, Ecuador, Brasil, Suiza, México y El Salvador también han ofrecido apoyo. El desafío ya no es únicamente conseguir recursos, sino coordinarlos y hacerlos llegar con rapidez a las zonas más castigadas.
México abre el frente diplomático
La controversia más delicada afecta a México. La presidenta Claudia Sheinbaum explicó que una brigada de rescate de las Fuerzas Armadas mexicanas no pudo desplegarse porque Colombia solicitó una certificación adicional para autorizar su participación. La mandataria evitó presentar el episodio como un conflicto bilateral y recordó que la ayuda material mexicana sí fue aceptada.
México preparó un dispositivo de 255 militares, médicos, especialistas, perros de rescate, medicamentos y toneladas de suministros. El incidente ha alimentado críticas precisamente porque las primeras 72 horas resultan especialmente valiosas para localizar supervivientes.
Los Topos sí llegaron a Cali
La situación, no obstante, tiene matices. Una brigada independiente de Topos Aztecas consiguió llegar a Cali desde Venezuela y participar en las operaciones, mientras otro grupo mexicano, Topos Tlatelolco, decidió concentrarse en recolectar ayuda después de no ser requerido oficialmente.
Colombia terminó autorizando además equipos internacionales de Estados Unidos, Ecuador, El Salvador e Israel, argumentando que cumplían los estándares y certificaciones exigidos.
Este episodio revela un problema que trasciende el terremoto: América Latina todavía carece de mecanismos suficientemente automáticos para desplegar capacidades internacionales en grandes catástrofes.
La reconstrucción será la verdadera prueba
Cuando terminen las búsquedas comenzará una crisis menos visible, pero probablemente más larga. Decenas de miles de viviendas dañadas, familias desplazadas y servicios públicos afectados obligarán a mantener durante meses un esfuerzo financiero extraordinario.
Para el nuevo Gobierno, el terremoto se convierte así en una prueba de gestión casi inmediata. La emergencia ya ha dejado 281 vidas perdidas; la reconstrucción determinará ahora cuánto tarda Colombia en recuperar la normalidad.
La velocidad será importante. La transparencia, todavía más.